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lunes, 3 de septiembre de 2018

¿Danza amorosa o territorial de dos Hipparchias?


Fue un día estupendo en compañía de mi amigo José Moli,  que me saco a pasear, para animarme, unos días después de la muerte de mi madre.


Primero paseando y fotografiando en los incomparables y bellos pinares del cauce del rio Gudillos, en la zona segoviana de la Sierra del Guadarrama,

Pinares en las laderas por donde discurre el río Gudillos en la provincia de Segovia.

 y posteriormente en las praderías que existen a los pies de Cabeza Lijar en el camino que desde el Alto del León conduce a Peguerinos.  Y entre paseo y paseo, la agradable e interesante charla de mi amigo José, que consiguió de distraerme, haciéndome olvidar mis penas por unas horas.

Panorama de la Meseta Sur vista desde la carretera de Peguerinos bajo Cabeza Lijar,

Ya después de comernos unos suculentos bocadillos de tortilla y de embutidos, en una pradería a unos 1600 metros sobre el nivel del mar, fuimos a la caza de distintas mariposas intentando encontrar alguna nueva, cosa que no sucedió.
Pero allí me llamo poderosamente la atención un ritual que no había presenciado nunca.
Delante de mí, mientras observaba una mariposa de la familia  Hipparchia, otra, de la misma familia, aterrizo justo a su lado.

El encuentro: dos hipparchias se observan detenidamente

Fotografié a ambas porque me hizo gracia y note ciertas diferencias en las alas de las dos.
¿Serian rivales o enamorados? Seguí observándolas y presencie el ritual que vais a ver a continuación.
Tengo la sensación de que es un cortejo, pero como no soy especialista en el tema lo dejo para que, como en algunas películas o novelas, el final lo pongáis vosotros.

 Una abre las alas y golpea a la otra con ellas.


 Parecen volver a la posición inicial.

 Despues del encuentro inicial una de ellas tiene lastimada el ala posterior.

 Vuelve de nuevo a reproducirse todo el proceso.





 Una de las mariposas abre las alas y parece pegarse al suelo...

 ...lo que parece que es aprovechado por la otra para montarla

 Pero la copula, si la hubo, duro escasos segundos y estamos acostumbrados a ver a las mariposas enganchadas cierto tiempo.

Después de ello cada una se fue por su lado. ¿Hubo copula? Creo que fue mas un conato que otra cosa, pero decididlo vosotros.


Espero que os haya gustado.
Sed felices
Antonio

lunes, 22 de mayo de 2017

La Empusa pennata y yo

Debían ser las nueve de la mañana cuando, después de haber tomado un suculento desayuno, salí a dar una vuelta observando los muros de la casa en busca de las mariposas nocturnas que, atraídas durante la noche por las farolas, se habían quedado reposando en los muros perfectamente encalados de la casa. 


Y fotografié algunas, unas pequeñas y otras de considerable tamaño, como las que podéis observar.



Todas ellas, quietas, como si de un trozo mas de pared fuesen, pegadas sus alas al encalado las pequeñas y las más grandes y voluminosas esperando que su quietud no fuese pasto de los pájaros y otros bichos.


Y hete aquí, que de repente en lo alto del recercado de una de las grandes ventanas de la casa, ventanales altos, veo a una figura inmóvil, como las mariposas, observarme desde su atalaya.


Fue  una bienvenida genial; el animal que más me gusta, esperándome.
La miro fijamente y parece mantener mi mirada.
Solo un leve balanceo de su cuerpo a mis movimientos alrededor del ventanal.
Parece que esta realizando los rezos matinales. Es un macho adulto de Empusa pennata.
Voy por la máquina de fotografiar, la del zoom, y comienzo a fotografiarlo desde abajo.
Hay poca luz y el blanco de la pared dificulta la foto.
Pasa el capataz de la finca  y le pido una escalera para poder subir más cerca y fotografiar a ese macho.


Pongo la escalera, sigue quieto y me observa. Me da miedo que vaya volando. Pero no. Me deja acercarme y se está quieto, mirando fijamente al enorme ojo del objetivo macro.
Le hago unas cuantas fotos y me bajo de la escalera.
Recogida ya la escalera el macho sigue ahí, impertérrito.
Pasan unos minutos y de repente comienza a volar y viene a posarse a mis pantalones de pana.


Trepa  por mi cuerpo y accede hasta situarse en mi hombro. Es lo último que me podía esperar.
Se queda un rato ahí.
Le tiendo la mano y sube a ella como si fuese la cosa mas natural del mundo.
 La observo. Le doy la maquina a mi sobrino y me hace una foto con ella en la mano.


Quizá el calor de mi cuerpo en una mañana fresca la retiene conmigo.
Luego, tan repentinamente como había llegado se fue volando y la perdí de vista.
Estaba emocionado, era lo mejor que me podía pasar. Había llegado a su territorio y había venido a saludarme y a congeniar un rato conmigo.
Al día siguiente ni rastro de ella.
Y ya el día que nos volvíamos, mientras los demás preparaban sus pertenencias para el viaje, decidí salir a visitar de nuevo los muros de la casa en busca de mariposas, y con la esperanza de que aquel macho de Empusa estuviera por allí. No estaba en la pared.


Estaba tranquilamente descansando en al apoyabrazos del banco de fabrica de una de las terrazas.
Me acerque lentamente y me senté un rato a su lado sin moverme.


La Empusa tampoco se movió.
Estuvimos los dos largo rato despidiéndonos. Yo le daba las gracias por dejarse fotografiar y haber venido a mí en el primer día.


Me levante del banco. Le acerque la máquina de fotografiar y se dejo hacer de nuevo las fotos.
No quise molestarle mas.
No hice intención de  subiese a mi mano. Si él quería, que lo hiciese por sí solo.
Me despedí en silencio, mientras nos observábamos.
Me di la vuelta y no volví la cabeza. Yo volvía a mi territorio y el estaba en el suyo.
Fue un maravilloso encuentro.


Sé que cundo alguna vez vuelva por allí no estará. Ha llegado al fin de su etapa después de unos tres años de vida, pero su descendencia es posible que sí.
Recordare siempre sus antenas emplumadas y sus ojos jovianos, pero sobre todo aquel rato que pasamos juntos…
Sed felices.

Antonio 

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Flores con poesía CCLXXXIV. Frente al vivir, soledad (Soneto)

Nace nuestro poeta en una familia acomodada de Granada en mil novecientos diez.
En su ciudad natal, Luis Rosales Camacho, pasa toda su niñez y juventud, estudiando en su universidad Derecho así como Filosofía y Letras.


Pronto se interesa por la poesía  y acude a las reuniones que se celebran en El Rinconcillo, donde comparte pasión y amistad con poetas como Lorca, Amigo, Gómez Arboleya y otros.
Los dos primeros murieron tragicamente en bandos distintos y es por ello que Luis Rosales Camacho, en plena Guerra Civil escribe La Voz de los Muertos. En su casa granadina se había refugiado Lorca que fue sacado por los falangistas y Amigo, que era catedrático en Ronda, fue tirado desde el viaducto que cruza el Tajo rondeño por los milicianos.
En Madrid, ya después de la guerra sigue escribiendo poesía y alcanza grandes premios literarios y entra en la Real Academia Española como miembro de pleno derecho en mil novecientos sesenta y dos.
Recibe el Cervantes en mil novecientos ochenta y dos.
Escritor en numerosas revistas de poesía, grandes publicaciones diarias y especializadas, gran orador y conferenciante.
Murió en Madrid en mil novecientos noventa y dos.
Se puede decir de Rosales que es inicialmente un clásico seguidor de Garcilaso para terminar en un modernismo surrealista.


Su poesía es intimista, espiritual, amorosa y recordatoria inicialmente, de hondo calado garcilasista, para pasar poco a poco a acercarse  la poesía surrealista, concreta y falta de adjetivos.
Os dejo un soneto titulado: Frente al vivir, soledad.

SONETO

¿No eres mi gozo tú? Ya está vencida
mi soledad de incienso en el acanto,
la soledad viril donde levanto
la esperanza de ser frente a la vida.


¿No era eterno el amor? Ya está perdida
la guirnalda de nieve del encanto;
silencio tiene el mar que amaste tanto,
silencio el corazón que no te olvida.


¿No era tiempo el dolor? Ya el viento ordena
la espuma de tu leve arquitectura,
ya el cielo se detiene en tu hermosura;


recordarte es vivir, ¡ay!, siempre ajena
soledad de varón henchida y plena,
¿no es más alta tu voz, no es más oscura?
--o0o--


Sed felices.

Antonio 

lunes, 2 de diciembre de 2013

UNAS FLORES DEL ALTO TAJO.-

Si abrís una de estas fotografías  veréis que su numeración es muy baja. Son las primeras fotos que fotografié con mi primera cámara réflex y fue en el Alto Tajo.
Las encontré buceando en el disco duro, eliminando archivos no validos, y allí estaban ellas esperándome.
Recuerdo la zona perfectamente donde las fotografié. Estábamos con mi amigo Julio, técnico del ayuntamiento de Brunete, pasando un fin de semana en su casa cerca de Molina de Aragón. Nos acercamos al Alto Tajo a dar un paseo maravilloso y en una de las zonas encontramos, entre riscos y sonido de un Tajo que bajaba cargadito de agua, una zona de flores maravillosa.
No hice muchas fotos, quizás otras diez más, pero lo que sí recuerdo es el maravilloso día que pasamos por aquellas tierras y en una compañía maravillosa.
Julio se nos fue hace tres veranos ya, pero estoy seguro que desde allí arriba vera estas fotos y se sonreirá de los ratos pasado juntos.


 
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Nada más, fueron ratos geniales. Han pasado ya muchos años, pero el Alto Tajo sigue siendo un verdadero paraíso. Sed felices.
Antonio