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jueves, 15 de octubre de 2015

Doce años ya con insectos

Todo comenzó hacia 1965 cuando con mis amigos de Gerona comenzamos a fotografiar arañas del tipo Agiope, que montaban sus telarañas en los campos de hinojo, donde abundaban en verano todo tipo de insectos voladores. ¡Cuan atrás quedan esos años!
Aquello fue el inicio de una fotografía que solo practicaba algunos días del verano para realizar pequeños documentales sobre las arañas. De aquellas fotos no queda ni rastro. De las películas no se si habrá algún recuerdo. Y ahí quedo la experiencia.

Pasaron muchos, muchísimos año, hasta que de nuevo me encontré en mis manos con una cámara digita de bolsillo, de las primeras, regalo de mis hijos, que tenía una función macro; con ella un día sin aire, al no poder volar mis aviones de aereomodelismo, hice una foto a un insecto, una mariquita en un cardo. Había vuelto a los inicios sin darme cuenta. La foto la que está aqui abajo.

La primera foto digital de un insecto: La mariquita en su casa.

A partir de ese momento sean sucedido las tomas de insectos y arácnidos, siempre que he podido. Comence a fotografiarlos de nuevo porque me fascinaba verles actuar. Nome hacia falta nada mas. De echo, ni siquiera me importaba en un principio sber nombres, ordenes, familias. ¿Para que? Si la belleza estaba en lo que veía.
El mundo de las comunicaciones, la Red, me fue abriendo el conocimiento básico de muchos de los bichos que fotografiaba, la posibilidad de conocer, gracias a un montón de gente extraordinaria, infinidad de familias, subfamilias, especies, géneros etc. etc. que me han abierto más aun si cabe mi interés por los pequeños.
Mi mala memoria para nombres, se ve compensada por la paciencia de personas como Adela, Fer, Jose, Enrique, Andres, Julio Cesar, Luis, etc. etc., que constantemente me ponen al día de todo aquello que voy fotografiando.
Desde aquel diez de octubre de 2003 han pasado exactamente doce años. Mis discos duros están a rebosar de muchas malas fotos de insectos y arañas y de algunas buenas.
Pero la foto de que aquella mariquita en su casa es un recuerdo imborrable, de un nuevo contacto con la naturaleza, a través de los pequeños animales que pueblan un mundo muy desconocido para la gente en general
Doce años, fantástico número el 12 rodeado de dos números primos, poniendo el ojo tras el ocular, tumbándome en la hierba, pasando calor, corriendo tras las mariposas... 
Gozo al ver luego las fotos que han quedado decentes y grandes desilusiones muchas, mas de las que quisiera, ante malos resultados. Pero siempre con un "mañana saldrán mejor."
Hay una serie de “bichines” que me llaman poderosamente la atención.
Unos son las maravillosas mariposas. Las mariposas pertenecen al orden de los lepidópteros. 

Carchadorus alceae. (Piquitos castaña)

Las mariposas, grandes o pequeñas, diurnas o nocturnas son siempre atrayentes. Las hay visibles, con colores maravillosos, vistosos y otras en cambio, aparecen apagadas, confundiéndose con el terreno en un maravillosos camuflaje.

Familia Pterophoridae. Mariposa nocturna

Hipparchia alcyone

Otros maravillosos insectos, aunque no os lo creáis son los dípteros. A estos pertenecen esos pequeños incordiantes que son las moscas. Pero su cuerpo cuando te acercas a ellas presentan una cierta belleza y complejidad, como podeís ver.

Colliphoridae sp. Fijaros en los tonos de la mascara.

Las moscas cumplen tareas de limpieza. Gracias a ellas, entre otros, desaparecen los restos orgánicos,sanean en resumidas cuentas, limpian ala tierra de la muerte.

Bombyliidae anastoechus sp. Preciosa forma suave de volar.



Las grandes organizadoras laborales con alas, como son las abejas, las avispas y las hormigas, que pertenecen al grupo de los himenópteros.  Esos maravillosos ojos que tienen unas y otras, todo el día en las flores recolectando para la colmena o el hormiguero. He visto avispas venir a comer las sobras de mi plato y recortar pedazos de carne para llevar a la colmena y repetir la operación la misma avispa hasta que se quedo sin bocado que llevarse entre las patas.
 Anthidiini sp. Estas abejas duermen los machos fuera de la colmena agarrándose con la boca a los tallos de las plantas.

Poliestes sp. Sp significa que no se sabe exactamente el nombre. Se pone la familia delante. Avispa.

Termita alada. No es una termita que ataca la construcciones. Esta hace sus nidos en las raices de los árboles.

Los coleópteros, entre ellos las mariquitas y sus parientes cercanos los escarabajos, son un mundo fantástico también. Animales a los que prácticamente no se conoce. Unos dañinos para las cosechas y otros totalmente beneficiosos.
¿Sabéis de qué se alimentan las mariquitas? Pues de los pulgones que invaden las plantas. Son tan devoradoras de ellos, que incluso en su fase de larva nada más nacer van a por ellos. Por eso a los jardineros no les importa verlas en sus rosales y otras plantas con flores.

 Mariquita de siete puntos en busca de pulgones.

 Pariente cercano de las mariquitas, este coleoptero se llama Chrysolina sanguinolata.


Heliotaurus ruficollis sobre flor de malva.

Un grupo que me llama poderosamente la atención es el de los chinches, orden de los heterópteros. 
Los hay de todos los tamaños, formas y colores distintos. A unos les encanta meterse dentro de las formaciones de semillas del hinojo cuando aun esta verde y en las horas de calor se refugian dentro. Otros, por lo general muy tímidos, intentan parapetarse detrás de la ramita o tallo donde están para que no les veas.

 Ranglius confusus.


 Spilostethus pandurus (Ninfa)

Graphosoma lineatum. Los haypor todas partes, pero les encanta el hinojo.

Luego está el grupo de los grandes voladores cazadores que es el de los odonatos, las libélulas.
Ingenio sublime de la naturaleza que ha dotado a estos seres de la capacidad de volar y cazar en vuelo con una facilidad pasmosa para ejercitar cualquier tipo de maniobras.
Con una visión extraordinaria, les he visto cazar de todo, desde otras libélulas más pequeñas, a mantis, moscas, crisopas, efímeras, etc. etc. Son espectaculares sus vuelos en todos los sentidos y los estáticos. Estoy seguro que Juan de la Cierva debió meditar mucho al verlas volar y su vuelo le debió inspirar para la construcción del autogiro.


Enallagma cyathigerum (Caballito del diablo) 

 Sympetrum fonscolombii. 

 Sympetrum fonscolombii.  Fijaros la cantidad de celdillas que tienen sus ojos.

Y llegamos al último grupo de mis preferidos, el de los mastoideos, y con él a mi pieza más preciada, que ni es la mantis religiosa, ni la ameles, no, es la Empusa pennata. 
Las empusas son otra de las maravillas de ingeniería genética de la Naturaleza.
A diferencia de sus primas, las mantis y ameles que son anuales, esta vive tres años pasando por fases distintas, siendo la de ninfa la que más me gusta.
De adultos, como la que veis en la foto, imponen cierto respeto, pero son para nosotros inofensivas, si bien pueden clavarte alguno de los dientes de sierra que llevan en sus patas.

Empusa pennata adulta. Despues de una tormenta sobre adelfa.

Las ninfas, pequeñas y valientes, son cazadoras increibles. Todo lo que se mueva a su alrededor es factible de ser apresado por esas patas llenas de dientes, que sslen disparadas a una velocidad fantástica sin que el enemigo se percate de lo que esta pasando.

 Ninfa de Empusa pennata sobre santolina.

Ninfa de Empusa pennata devorando una araña.

¿Qué me ha traído mi relación con los insectos? Muchísimas cosas y casi todas buenas.
Me ha enseñado que hay que observar, mirar a tu alrededor para ver. Mirando, buscando, de repente, cuando menos te lo esperas, allí, entre unas ramas, o sobre la hoja de una planta o en el propio suelo, aparece el animal buscado u otro que no esperabas encontrar.
Me han traído la paciencia, mucha paciencia. Este verano todos los días he salido a buscar ninfas de Empusa y no había forma. El domingo, con el grupo de San Lorenzo de El Escorial, aparecieron tres de repente.
Me han enseñado también a no intervenir en sus cacerías. ¿Quién soy yo para entrometerme en lo que la Naturaleza ha organizado? He visto a libélulas cazar y ser acto seguido cazadas. Arañas diminutas paralizar en un instante a una abeja que les triplica en tamaño…
Y quizás, lo más importante, la observación de estos pequeños seres, me ha enseñado a observar a las personas, a ver en ellas aquellos detañes que antes me pasaban desapercibidos.
Me han enseñado a tener paciencia,a ser mas tranquilo, mas humilde. Me han demostrado que los tamaños no importan, pero que si vale la constancia, el tesón y el trabajo. Y que, con sentimientos o sin ellos, tambien luchan por mantener a sus especies en este mundo. 
Quizás esta sea la mejor de las enseñanzas.
Sed felices.
Antonio

lunes, 13 de julio de 2015

Por el camino de las libélulas de chocolate: Calopteryx sp

He salido quizás un poco tarde. Las chaparras proyectan ya sobre el campo una sombra demasiado corta. 


En estos días de calor andar por los caminos de la planicie madrileña suponen un pequeño sacrificio.
Voy en busca de una preciosa libélula, que vista de lejos tiene color de chocolate.


Poco a poco, el camino va cambiando su entorno y comienzan a distinguirse cada vez más retamas altas y algún que otro árbol de ribera, señal que estamos acercándonos al arroyo.
El calor aprieta y mi garganta, resentida seguramente por tragos de agua fría y aires acondicionados esta protestando con un cierto picor molesto solamente.


Las plantas cada vez se ven más verdes. Hay flores y sobre las flores insectos de todos los tipos y colores y de repente, como si de un oasis se tratase, aparece el manantial delante de mis ojos y con él las libélulas que había venido a buscar.




Es uno de los brazos del nacimiento del arroyo de los Palacios, un afluente del rio Aulencia, Muy cerca de Villanueva del Pardillo. Surge un constante fluido de agua a borbotones que a estas alturas del año suena a gloria.
A su alrededor mariposas, insectos de todo tipo y arácnidos, conviven en el mundo de la supervivencia.


Sobre un alto poste de madera, una libélula Calopterix sp, monta guardia como un vigía expectante. Permanece allí quieta como si defendiese un puesto de guardia.


A mi alrededor una multitud de hermanos y hermanas se congregan por todas partes. Lo curioso es que estas casi todas al sol, a un sol que ya pega.


Encaramadas en pequeñas ramas de arbustos o sobre las flores de los cardos borriqueros e incluso descansando en las finas ramas de las retamas, todas observan mis movimientos, dispuestas a emprender el vuelo ante cualquier movimiento brusco.


Estas libélulas, pertenecen a la familia Calopterygidae, se extienden por varios continentes en nueve especies distintas. Están cerca de los arroyos y lagunas porque las hembras, como el resto de los odonatos, ponen sus huevos en el agua. 


Es normal por lo tanto que en las riberas de arroyos las encontremos.


A simple vista parecen de un marrón oscuro increíble. Pero cuando acercas el objetivo a ellas descubres colores verdosos que tiran a cobrizos. Unos enormes ojos separados dan la sensación que su cabeza es una especie de martillo. Sus cuatro alas a diferencia de otras libélulas, prácticamente no dejan pasar la luz e incluso forzando el contraluz son prácticamente opacas.


Está claro que tal abundancia de libélulas se debe a una eclosión programada para que las nuevas generaciones copulen y un nuevo ciclo se ponga en marcha. Es ley de vida y en el mundo de os insectos es bastante frecuéntelos nacimientos coordinados de machos y hembras.


Me chocase facilidad para asentarse sobre las ramas de hierbas y arbustos.
Dan la sensación de ser saltadores maravillosos que en cualquier momento van a emprender un salto desde un trampolín vivo.
Se me olvidaba deciros que estas libélulas adultas comen cualquier insecto que pase volando por delante de ellas.


El sol ha subido ya mucho. Cada vez veo menos libélulas de chocolate en las ramas y plantas que hay a mi alrededor. Está claro que ante la subida de las temperaturas se están adentrando en el mundo mucho más fresco de la ribera.
Pero yo ya he conseguido un primer encuentro con estos amigos, y es hora de comenzar el regreso hacia casa.


Dentro de unas horas volveré y estoy seguro que las libélulas seguirán esperándome tan tranquilas.
Sed felices.
Antonio

domingo, 12 de julio de 2015

Sali en busca de mariposas, pero...

Una mañana cualquiera del mes de julio.
Salgo a la busca de mariposas y doy con ellas, pero no paran quietas, están en un constante baile en el que es muy difícil fotografiar.


 
El entorno es fantástico y la humedad relativamente alta. El pinar y el robledal se dan la mano y como no la encina no quiere quedar fuera de del entorno y compite con ellos para tener también su sitio.
Y junto a los grandes del bloque las zarzas y las pequeñas matas de achicoria, las malvas, las margaritas de todos los tipos y condiciones, campanillas, los botones de las santolinas y un sinfín de pequeñas hierbas y originales gramíneas.





Y aprovechándose de todo ello, buscando muchas veces las sombras del bosque o el sol, para alimentarse o reposar sobre las flores y las hojas, una miríada de insectos y arácnidos pululan por ellas.


Sí, yo iba buscando mariposas y encontré de todo, y no pude dejar de fotografiarlos.
Espero que os gusten:


Un nido de arañas Pisaura mirabilis. Es como una guardería donde los pequeñines están protegidos por las capas de tela de mama araña. Impresiona cuando te acercas a él, ver a las pequeñas arañas corretear por dentro de la tela. Pronto dejaran el cuidado del jardín de infancia y saldrán a conquistar el mundo.


Esta mosca muestra sus defensas por todo el cuerpo. Pelos pincho, como yo les llamo, que parecen defenderla y que a la vez son sensibles a los diferentes cambios de presión que puede provocar el aire de un cazador que se acerca.



Una larva de Crisopa va recorriendo la hoja de un roble en busca de todo aquello que se ponga al alcance de sus poderosas pinzas. Insaciables comedores de pulgones son estas crías.


Un coleóptero de bellos colores, seguramente de la familia Cleridae, anda poniéndose morado en las flores de una zarza. Su misión, aparte de reproducirse, es polinizar las flores, seguir ayudando a crear vida.


Una libélula en su posadero.
Siempre me ha dado la sensación que estos maravillosos helicópteros de la naturaleza tienen cara de payaso. No sé porque tengo esa sensación. Sera quizás por esas abultadas mejillas y esos ojos increíbles y una sonrisa especial.



La mosca de la tripa transparente.
Es un efecto curioso. Estaba posada sobre la hoja de un roble y la fotografié prácticamente a contraluz. La luz atravesaba su abdomen como si en su interior solo hubiera aire o liquido.
Realmente muy pocas moscas puede decirse que son bellas. Esta no lo es demasiado.


Una mariposa nocturna descansa sobre un botón de santolina, a la sombra de los arboles del bosque. Lo normal hubiese sido encontrarla en una zona más protegida éntrelas hierbas, pero a esta se ve que le gustaba exponerse.


Estos bichines siempre me han llamado la atención; son pequeñas cigarras del día de mañana en una de sus primeras fases.
Cogido a la varilla de uno de los cientos de junquillos de ribera que cerca de un arroyo existen. 


De nuevo una libélula. A mí me gusta llamarla, cuando son rojas como esta, el Barón Rojo, pues son extraordinarias voladoras, capaces de cazar su alimento en el aire, para luego ir a comérselo a su posadero como hizo esta delante nuestro.


Una mosca de la familia Bombylidae, toma el sol a nuestros pies mientras charlábamos tranquilamente en un pequeño claro del bosque.
Pero es cierto, habíamos salido a la busca de mariposas y lo cierto es que fue difícil fotografiarlas, pero siempre hay alguna que te dedica unos segundos. Os dejo con ellas; hasta la próxima.










Sed felices.
Antonio