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domingo, 10 de marzo de 2019

Pajarillos de una mañana de paseo


Una cosa muy buena que tiene el bosque, cuando se está acercando a la primavera y los arboles aun están desnudos, a punto de brotar, y el día es caluroso, es que los pequeños pajarillos se dejan ver.
Sus trinos inundan la ladera y tus ojos corren de un lugar a otro intentando descubrir donde se encuentran.

Carbonero en pleno canto amoroso.

A lo largo de la mañana puedes ver unos cuantos. Otra cosa es que se dejen fotografiar.
Están revoltosos. La primavera esta cerca. La temperatura es alta. Hay insecto para alimentarse y las flores de los endrinos dan una nota increíble de color. Hay que preparar los territorios y conseguir una pareja a base de amorosas charlas  de trinos ardorosos.
Ayer pudimos fotografiar distinto pajarillos: herrerillos, carboneros, petirrojos y al final de la tarde un tordo que contemplaba igual que yo la puesta de sol.
De los cuatro, carboneros, herrerillos y petirrojos, estos son increíblemente sociables. Son capaces de acercarse a poca distancia y en épocas de frío y hambre, no dudan en acercarse a pedirte alguna miga de pan.
Y al mismo tiempo que disfrutas de su visión tienes también la suerte de poder ir contemplando un paisaje maravilloso que te rodea. En este caso los alrededores de El Escorial.
Las dos ultimas fotos son en Villanueva del Pardillo en la puesta de sol.
Con las fotos os dejo.

 Las vistas que existen desde el monte de la Herrería son increíbles.









 Endrino florido y una mariposa Inachis Io libando en sus flores






Ya estoy deseando volver de nuevo por allí.
Sed felices
Antonio

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Cuando el cielo pinta.




He salido a dar un paseo y me llevo las maquinas.
Según salgo por el portal noto una curiosa luz en el ambiente y, como el que sabe que va a llover, me doy cuenta de que el cielo quiere representar hoy una increíble escena.


Me adentro solo en la parcela de siempre; solo pero con el recuerdo puesto en ti.
Observo como poco a poco el astro rey va derecho hacia el lecho, cansado después de tantas energías consumidas.
La luna lo observa escondida en un velo transparente de nubes altas.
El sol ha desaparecido. El aire se vuelve fresco. El cielo comienza a apagarse.
Me acuerdo de ti y me gustaría tenerte al lado. No puede ser,
El cielo comienza a dibujar y su paleta de colores es infinita.
Mis sentimientos son de gozo mezclado con angustia y con pena.
Comienzan a hacer una tras otras las fotos
Comienza a hacerse de noche.
Otra vez solo.
--o0o--
Hasta aquí el escrito. Ahora una a una cada foto de esta tarde por riguroso orden,
















































Sed felices

Antonio

domingo, 10 de julio de 2016

Una puesta de sol al llegar de un viaje: nuestro tiempo.

Ha sido un día cuasi perfecto.
Un maravilloso viaje, visitando dos lugares ya conocidos, pero no por ello menos ansiados de volver  contemplar,
Los arcos visigóticos y los románicos se han dado durante unas horas las mano en nuestra cabeza, en  nuestros pensamientos y en la devoción que siento por el románico. Ha sido un día perfecto y lo hubiese sido más si tu, mi querida Soledad, me hubieses acompañado. Pero…


Llego a casa y unas pequeñas nubes me indican que algo está a punto de suceder.
Un silencio envuelve el piso, solo roto por el sonido de una televisión encendida para que el aire y el ventilador del techo del salón que lo produce, no se aburran.
Vuelvo a sacarlas maquinas de su cartera y emprendo el camino de mis observaciones celestes.
Cuando llego al prado, el sol acaba decolarse por detrás aun de Abantos, pero ya le quedan pocos días para que esto suceda. Dentro de poco, en su lento descenso hacia el solsticio de invierno, ira recorriendo el horizonte hacia el sur.


Y seguiré mirando solo los ocasos del astro rey, de la misma manera que observo, poco a poco, mi ocaso hacia mi solsticio de invierno. Cuan solo te sientes cuando sin compañía ves avanzar el tiempo inexorable en un discurrir continuo de días que pasan como si de meros instantes se tratasen.
El cielo se ha apagado un poco más, pero aun brilla considerablemente.


Me acerco con el teleobjetivo y observo como las nubes adquieren tonalidades que rayan los dorados y los grises. 


Unos tímidos rayos se cuelan vergonzosos entre las nubes y el cielo parece empezar a bostezar, buscando un placentero descanso, merecido después de tantas horas de luz y de calor.


Se ha vuelto a repetir un nuevo atardecer, parecido al de hace unos días, pero distinto.
Hoy mis pensamientos, entre nube y luz, están en aquellos arcos maravillosamente trazados hace unos mil trescientos años y en aquellos otros de unos siglos después y en ti, Soledad.


El cielo comienza a dorarse. Pero no es un dorado limpio, maravilloso como el de otros días, no, sus tintes rojizos le dan un aire de calor, da la sensación que los efluvios de los infiernos eternos quieren apoderarse de él.
Pero eso no quita para que la belleza que despide el cielo que parece inamovible, no sea fantástica.


Como un pequeño cometa un avión deja su estela en el aire, como si quisiese orbitar alrededor del sol. Unos instantes más tarde, ese cometa terrestre está un poco más alejado hacia el sur. Su estela, su corta estela, denota prisa, todo lo contrario de la necesidad que tengo ahora mismo de que el tiempo transcurra plácidamente, tranquilamente.


Las nubes más grandes, me indican que el tiempo del atardecerse está acabando y llega, poco a poco, el tiempo de la noche, de esa noche en la que estoy sumergido desde hace tanto tiempo.


Si, se ve claramente que los tonos alegres que sembraban el cielo están pasando a unos cada vez más grises. Aun se aprecia el resplandor en el horizonte, pero ya ha perdido fuerza. Da la sensación de que cada tarde el astro rey desconecta la bombona de gas, cierra el chiringuito y se va a dormir.
Seria fenomenal parar el tiempo por las noches y volverlo a encender a la mañana siguiente.


Mi tiempo va pasando. Ya ni soy el crio que se comía el chocolate escondido debajo de la mesa del comedor, ni el muchacho que en sus primeros intentos de conquista salió más trasquilado que la mula del campesino, ni el padre recién estrenado… Mi tiempo está pasando, como está mandado; como por desgracia está mandado, porque ¿a caso no es una desgracia que el tiempo este para cada uno de nosotros entre corchetes? Las dudas, Soledad, sobre nuestro tiempo no terminan nunca. La existencia después de la existencia, unas veces la veo posible y otras la mentira mayor que se le ha contado al hombre; pero quiero creérmela, es mucho mas bella la mentira que la realidad de un sueño donde no se sueña nada.


El cielo está coloreado de tonos grises adornados con pequeñas bandas rojas. La luz ha perdido fuerza y el color también. La noche ha llegado ya, ya no es necesario quedarse aquí observando y testificando que lo que debía suceder ha sucedido: el sol se ha acostado. Pero no sé si valdrá mi certificación porque no tengo testigos que acompañen lo presenciado. Ni siquiera tú, Soledad, estabas allí conmigo para ratificar que el sol se había acostado.
Cada vez que te miro a los ojos, como cuando miro al sol, por dentro me ilumino; el problema es que tu estas ciega y no puedes ver mi mirada, aunque a mí me veas. Nadie puede certificar mi mirada, en cambio como cada puesta de sol, está ahí cuando tú estas cerca.
                                      Villanueva del Pardillo, 10 de Julio de 2016

Sed felices.

Antonio 

miércoles, 29 de junio de 2016

Cuarenta y cinco minutos disfrutando con el sol y con el aire

Un amago de tormenta ha pasado esta tarde por encima de nuestras cabezas. Después del aire fresco que la acompañaba y de un cierto olor a tierra mojada, señal de que ha llovido cerca, un terrible bochorno se ha apoderado del ambiente.
Un cielo extraño, que permitía ver de vez en cuando al sol detrás de las nubes, grisáceo, cubría por completo el horizonte. A las nueve de la noche, lo de noche en este tiempo y a esa hora es un eufemismo, un cielo dorado que he visto desde mi ventana me ha llamado la atención. He tomado la máquina de fotos y me he ido al prado que está cerca de casa.


Ha valido la pena. Han sido cuarenta minutos de contemplación y de disfrute, una representación teatral maravillosa entre dos actores: el sol y la atmósfera.


El sol se esta acostando. He tenido que esperarme un rato porque alto aun era demasiado potente y oscurecía en demasía al cielo y la tierra. Realmente la tierra en este caso me importaba poco, no era un actor necesario y se estaba preparando para albergar las sombras de la noche.


El monte Abantos, allí a lo lejos es hoy la cuna por donde se acuesta el sol. Lentamente el astro rey desciende por detrás de él y va acurrucándose en la cama bajo el horizonte. En retirada magnifica, va dejando tras de sí en el cielo una enorme cantidad de tonos que van desde el oro al rojo fucsia, que es casi imposible fotografiar, en una lección magistral de pintura. ¡Cuántos artistas quisieran saber expresar así!




Estoy completamente solo en medio de la pradera. Estoy disfrutando con los instantes que la Naturaleza me está regalando. Dos actores y un solo espectador aplaudiendo cada cambio de luz, de interpretación. ¡Qué maravilla! El cielo, allí tras Abantos, está cada vez más oscuro. El astro rey se ha dormido, pero aun mantiene algún ojo despierto para dejar su sello en un cielo que ahora comienza a iluminarse de tonalidades maravillosa.


Hemos pasado del dorado de hace unos minutos a unos blancos fantásticos acompañados de dorados, azules, grises… Da la sensación que el sol va a salir de nuevo por el horizonte, cada vez más oscuro, como si hubiese olvidado algún trazo que realizar en el cielo.


Sigo absorto en la contemplación. Tengo que forzarme a hacer fotos, pues a cada instante el cielo va cambiando de manera espectacular. Sigo solo en mitad del campo. Nada, absolutamente nada, interrumpe el gozo y el disfrute que ahora mismo me invade. 




Por unos minutos he abandonado las angustias de esta vida moderna que nos hemos inventado olvidándonos de la contemplación de la Naturaleza que nos ha creado y nos ha dado su espacio. Nada entorpece mi mirada, nada es un instrumento de distracción. Estoy en plena comunión con el cielo y con la luz del sol. Esa luz que sigue emanando desde mucho más lejos de donde yo me encuentro.




Es una sinfonía de colores lo que estoy viendo, disfrutando y gozando. Cada instante es una nueva nota de color y de luz dirigida por un magnifico director de orquesta. Las claves de dorados y grises, alternan con la de rojos y azules. ¿Se puede pedir más? En un lento adagio de melodiosa música la noche comienza a ganarle terreno al cielo.


Los colores cada vez menos brillantes comienzan a experimentar esa tendencia al rojo que indica que la luz le llega desde muy lejos, agotándose después de tantas horas de recorrido por el espacio.


Los tonos se están haciendo cada vez mas forzados. A ras de suelo cada vez se ve menos, aunque aun es de día. El cielo toma unos tonos amarillos que parecen forzados, como resistiéndose a ser desplazados. Pero como con nosotros, el tiempo es implacable incluso con el cielo y le obliga a irse retirando poco a poco. El concierto de las alturas está a punto de acabar.


Ya, prácticamente ha desaparecido. Solo quedan sobre un fondo cada vez más ultravioleta unas manchas rojas difusas, que han sustituido brevemente a los dorados finales.
Hago la última foto.


Le doy gracias a la Madre Naturaleza por haberme hecho gozar de ella durante cuarenta y cinco minutos. Lástima que hayan sido cuarenta y cinco minutos en soledad, Soledad.
Vuelvo sonriendo al bullicio y al asfalto. Quizás mañana haya más. De todas maneras con lo de esta tarde tengo para sonreír y disfrutar con el recuerdo durante bastante tiempo.
--o0o--

Puesta de sol en Villanueva del Pardillo el 28 de junio de 2016.
Sed felices.

Antonio