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lunes, 4 de julio de 2016

Puertas y ventanas en Covarrubias, Burgos.

Esta entrada quiero dedicársela a mi amigo Luis Fernández, motor de muchas de estas visitas.

PUERTAS Y VENTANAS DE COVARRUBIAS

Fundada en tiempos romanos, allí existió un castro romano, fue habitada anteriormente a estos por tribus íberas, los turmódigos, y elevada a rango de población amurallada por Chindasvinto, pero con la invasión árabe fueron sus murallas destruidas.

Entrada a Covarrubias por la puerta del Archivo del Adelantamiento de Castilla.

Plano del casco viejo de la ciudad y recorrido aproximado.

Cuando la Reconquista avanza hacia el sur, el primer conde independiente castellano gusta de venir a la ribera del Arlanza y a los montes de Mamblas a cazar y elige Covarrubias como lugar donde pernoctar.
Su hijo, crea en el año 978 el Infantado de Covarrubias que desde ese momento dará grandeza a la villa.

Modernidad y antigüedad pueden vivir en perfecta armonía si se hace bien.


Antiguas carpinterías en nuevas fachadas.


Palacios, torres defensivas, colegiata, casonas, cruceros, iglesia etc. le darán a Covarrubias un aire increíblemente bello, destacando en ella una maravillosa y fantástica arquitectura popular.

Hueco de ventana antiguo en fachada nueva.


Construcción nueva, hueco viejo.

Aprovechando la visita del 22 de junio pasado, un día de sol y calor increíbles, recorrí sus calles y me quede asombrado de la cantidad de puertas y ventanas con exquisitos detalles tanto constructivos como estéticos se podían encontrar en ellas.

Otra combinación viejo nuevo perfecta.

La primera gran puerta que fotografié, aunque rodeada de furgonetas y vehículos, fue la fachada del Archivo del Adelantamiento de Castilla. Magnifica puerta en lo que debió ser la antigua muralla.
A partir de ese momento, puertas y ventanas, fachadas y soportales fueron cruzándose delante mío y gocé como un crio, eso sí a 35º de temperatura.

Crucero y torreón de Fernán González.

Hay que destacar el bien hacer del urbanismo de Covarrubias que, por regla general, en nuevas edificaciones ha sabido mantener esa arquitectura popular, manteniendo viejas ventanas en nuevas fachadas encaladas, puertas  antiguas y estructuras vistas de madera a la antigua usanza.

Curioso entramado de pies derechos y vigas acogiendo una puerta.


Se tiene que saber curar muy bien la madera para que aguante las inclemencias del tiempo.

Sorprendido gratamente de esta visita, tengo que volver con más tiempo a recorrer sus calles y empaparme de su historia y de su arte.
Creo que es interesantísimo que los pueblos, sin olvidar el progreso, sean capaces de conservar su historia tanto inmaterial como constructiva. Covarrubias es uno de ellos.

En la arquitectura popular se recurre a infinidad de recursos para solucionar averías; en este caso una tapa de lata de conservas soluciona algún desperfecto de la puerta ¿Lo veis?

En el plano que habéis visto arriba es el recorrido aproximado por esta preciosa villa. Se puede hacer en un ratito sin prisa, pero os aconsejo saliros de las calles principales y que os adentreis en las pequeñas y estrechas.

Maravilloso soportal con banco donde descansar del calor de las 4 de la tarde.


Viga, viguetas y sencillo hueco, le dan a esta fachada encalada y de piedra un aire fantástico.

Curiosos unos preciosos soportales que encontré en el camino y que me sirvieron para descansar cinco minutos a la sombra, mientras contemplaba las fachadas que sobre ellos crecían.

Por sobrar, no sobra ni el barril.


Una jardinera, una reja y, una mocheta a un lado y una viga de madera le dan un maravilloso encanto a este hueco.

Los entramados de madera son una maravilla de la construcción popular con los que conseguían a base de extrañas combinaciones de pilastras, vigas y cruces de San Andrés darle a los edificios una mayor estabilidad ante los elementos.

¿Quien es mas vieja la piedra o la madera?

Una ventana, un visillo y cuatro tiestos con años y cactus. Sencillo y genial.

Detalles sencillos, como un cántaro o una maceta, dan a cada ventana un particular aire que demuestra cómo es cada uno de los habitantes que tras ella mora.

Incluso el cable forma parte de la ventana. Hay belleza en toda esta fachada.

Y al final del camino, después de corto pero estimulante paseo, aparece frente a mí la Colegiata de San Cosme, fin del paseo y lugar de destino a una nueva y sorprendente visita que narraré en otra ocasión.

Viviendas situadas junto a la Colegiata de San Cosme.

Colegiata de San Cosme, gótica S.XV

Normalmente no suelo auto publicarme en mis entradas, pero hoy he encontrado esta foto que no sabia que había hecho. Me fije en el hueco, no en la posición dela hoja que me reflejaba a mi. Me ha hecho gracia y la pongo.

Autorretrato en Covarrubias, junio 2016.

Sed felices

Antonio  

viernes, 13 de febrero de 2015

Historias de mi madre: ¿Ha dejado de llover?

Muy buenas:
En el relato de hoy, nos tenemos que situar en 1940 o 1941 que es cuando se desarrolla esta historia que me cuenta mi madre y que os escribo tal y como ella me lo ha narrado. No tiene conciencia de cuál de los dos años fue, pero a sus 95 años creo que eso se puede perdonar
También deciros que las fotos que vais a ver están sacadas de Wikipendia y son de más o menos de la época de la que vamos a hablar, pero muestran cómo eran esos autobuses del relato.
 
EL RELATO DE MI MADRE

 
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Terminada la guerra y habiendo perdido todo lo que teníamos en Barcelona, mi padre decidió quedarse en Gerona donde pasó a ser director de una fábrica de tejidos, en lo que era un gran especialista.
La casa que alquilaron mis padres en Gerona era a la antigua usanza. En ella naciste tú, años más tarde sobre una mesa de cocina, bajo una lámpara de gas, pues entonces había restricciones. Tardaste tres días en salir.
(Me debía encontrar yo muy a gusto ahí dentro, como para salir a un mundo que estaba destrozado. Pero sigamos con el relato.)
La casa estaba sobre unos soportales de lo que entonces se conocía como la Plaza del Grano, plaça del Gra en catalán, y que hoy en día es la avenida de San Francisco.
Allí se celebraban todos los sábados un mercado al aire libre donde se podía encontrar desde granos para simiente, de ahí el nombre de la plaza, productos de la huerta frescos, habas, guisantes y judías blancas ya cocidos, muy típico de la zona.


También estaban aquellos oficios que entonces eran necesarios como zapateros, curtidores, artesanos de distintos oficios etc.
Bajo los soportales había un bar que a la vez hacia de taquilla de autobuses, un restaurante y una sastrería. Enfrente, para la gente con dinero había un hotel, el Hotel Peninsular, y una enorme tienda de colmados donde por aquella época estaba todo muy limitado.
La gente que llegaba los días de mercado de todas las partes de la provincia venían en autobuses. En el bar del Dionisio, que así se llamaba el dueño del bar de debajo de nuestra casa, paraba la línea que hacía el recorrido desde Lloret de Mar a Gerona y viceversa.
Era normal que los autobuses de aquella época llevasen bancos en la parte superior para la gente que no tenía sitio en el interior, pues había que aprovechar todo. En verano era normal que mucha gente disputase el piso superior, pues en el interior volvían la gente después del mercado con sus compras y aquellos artículos no vendidos en el mercado y que no podían ir en la baca del autobús.
Estas bacas servían para transportar de todo: desde bicicletas que luego servían para llegar hasta la masía a pequeños animales como ovejas, que atados de pies eran conducidos a su nuevo hogar.
En los pueblos pequeños no había funerarias y mucho menos se fabricaban ataúdes, con lo que en los autobuses era frecuente ver ataúdes encima del techo con destino a algún pueblo donde había fallecido algún parroquiano, o estaba a punto de fallecer.


Los jóvenes en la época estival solían preferir, como no, ir en el techo del autobús e intentaban terminar pronto sus quehaceres en la capital para llegar pronto al autobús y elegir un buen sitio, aunque para ello tuvieran que esperar luego una o dos horas a que el autobús se pusiera en marcha.
Sucedió un día de mercado que el autobús tenía que transportar dos ataúdes para algún pueblo de la comarca o de la costa, y según llegaron los subieron a la parte superior del autobús.
Un poco más tarde, mi hermana y yo estábamos en el balcón viendo todo el trasiego de la plaza, llego un joven que se sentó en el primero de los dos bancos de la parte alta del autobús.
Era un día de primavera avanzada y hacia un calor excesivo, tanto, que al poco tiempo empezaron a aparecer nubes de tormenta sobre el cielo gerundense. Y al poco rato, una media hora, comenzó a llover, a jarrear, de tal forma que tuvimos que meternos dentro de casa y cerrar el balcón.



  El joven que estaba en el primer banco, viendo el aguacero que le pedía empapar, cuando comenzaron a caer las gotas mas rápidamente, no se le ocurrió otra cosa que meterse dentro de uno de los ataúdes para protegerse de la tormenta.
Esto ya no lo presencie yo, me aclara mi madre, pero me lo contaron a las pocas horas al bajar a la plaza.
Por lo visto el chico se quedo dormido dentro del ataúd.
Dejo de llover y la gente según iba llegando fue ocupando sus asientos tanto dentro como en el techo del autobús.
Cuando el chófer puso el motor en marcha, y el autobús vibró, el chaval sacando una mano del ataúd pregunto ¿Ha dejado de llover? Con el consiguiente susto de los parroquianos que habían subido al techo.
Tal fue el susto, que varias personas, al ver levantarse la tapa del ataúd, salir una mano y oír unas voces salieron corriendo, con las caras desencajadas y alguno saltó desde la parte superior del autobús a la calzada produciéndose heridas de consideración, costillas y alguna tibia rota, de tal forma que tuvo que intervenir la Guardia Civil para esclarecer los hechos.
Al chaval no lo lincharon de puro milagro.
Ni que decir tiene, que muchos de aquellos jamás volvieron a subirse a la parte alta del autobús.



El dueño del bar, responsable de la venta de billetes, me comento que aquella incidencia le había reportado una ganancia extra para un día de mercado, ya que hasta que se levantó el atestado la gente tuvo que salir del autobús a declarar y el ponía bocadillos y bebidas a quien se lo solicitaba.
Hasta aquí el relato de mi madre.
Sigo riéndome nada mas imaginarme la cara de susto y el salto mortal que daban los del anfiteatro del autobús al ver levantarse la tapa de un ataúd y salir una mano que tanteaba el aire mirando si había dejado de llover.
Yo creo que también hubiera saltado o por lo menos corrido hacia la escalerilla.
Mi madre narra este hecho en un momento de difiultades, donde las supersticiones estaban a la orden del día y se acababa de pasar una guerra con todas sus consecuencias.
Otro día os contaré el relato de la bicicleta.
Son historias de recuerdos de mi madre, que quizás no tengan nada especial, pero que al fin de cuentas son recuerdos de una época ya lejana, como nosotros contaremos a nuestros hijos y nietos las nuestras.
Nada más por hoy.
Sed felices.
Antonio

jueves, 21 de febrero de 2013

PLAZA MAYOR DE TEMBLEQUE.- Plaza manchega.

 
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TEMBLEQUE.-
Urbe visigoda y posteriormente musulmana, fue ocupada de nuevo por  Alfonso VI en 1085.
 
 
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En 1241, poco después de la batalla de las Navas de Tolosa recibe la carta de población de manos del prior de la orden de San Juan y en 1509 la reina Juana le otorga el titulo de Villa.
 
 
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Vale la pena detenerse un rato, contemplar su plaza, la Casa de las Torres, la Iglesia ahora en restauración etc.
 
 
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Dedicarle un día soleado de invierno a esta villa y a sus alrededores os aseguro que no es ninguna perdida de tiempo.
Tembleque es la puerta desde Madrid a La Mancha, la tierra del Quijote y de la frontera con los moros durante siglos. 
 
 
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Nuestra visita de hoy está encaminada a conocer su plaza Mayor, de la que me hablaron ayer antes de emprender el viaje a Málaga.
 
PLAZA MAYOR.-
Cuando apareces ante la primera portada de entrada a la Plaza Mayor de Tembleque sabes que algo que no te imaginabas está a punto de ser descubierto, tu cuerpo se pone en tensión y estas deseando llegar bajo el soportal para ver todo el interior.
 
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Lo primero que sorprende es sus dimensiones. Luego su sencillez y por ultimo su grandiosidad en todos los aspectos.
Iluminada y preciosa, muy bien conservada, excepto en la zona en reparación que se venía abajo, es totalmente una plaza manchega.
 
 
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Diseñada como centro de reunión de la villa y como lugar donde celebrar ferias y corridas de toros, forma una U en donde en su parte inferior un porche corrido, formado por columnas de granito, sostiene sobre él una doble galería abierta que permitía su ocupación durante las fiestas.
 
 
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Las galerías están soportadas mediante unos pilaretes de madera y sus correspondientes refuerzos en el capitel para absorber los cortantes que se producen en los mismos.
La zona del Ayuntamiento interrumpe el soportal y en la fachada sur no existe.
 
 
 
 
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Existen tres zonas de entrada que dan acceso a dos calles.
Bajo cada galería y a modo de cenefa que enmarca cada espacio entre pilarotes existe una representación de la cruz de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, ya que estos en tiempos de la Reconquista tuvieron a la villa bajo su protección.
  
 
 
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Los soportales de la plaza y sus balconadas sobres las calles son de una exquisitez extraordinaria. La arquitectura popular hecha luz y confortabilidad. Union de pueblo y para el pueblo, lugar sagrado, agora donde reunirse y discutir, parlamentar y comentar. Zona festiva donde sacar en tardes de toros las mejores ropas para olvidar el sufrimiento en un campo dificil, torrido, que en funcion de la lluvia daba  asi sus cosechas.

 
 
 
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Nada más. Si tenéis un ratito en vuestro viaje pararos a visitar esta villa de la que no saldréis nada decepcionados.
Nada más. Sed felices
Antonio