viernes, 20 de febrero de 2015

Un héroe militar, un monumento y un número: el 27

Todos tenemos un destino, pero este militar estaba unido a un número: el 27
Existe en la Plaza de Oriente de Madrid, un pequeño monumento que suele pasar bastante desapercibido debido a su situación, ya que todo el mundo que pasa por allí se fija en la maravillosa y espectacular fachada del Palacio Real.


El monumento fue levantado en honor de uno de nuestros militares muerto en el barranco de Los Lobos, en Melilla el 27 de Julio de 1909: el capitán Melgar.
Ángel Melgar y Mata nació en El Romeral, provincia de Toledo, el año 1876.
Su padre, no se sabe muy bien si era médico o secretario del pueblo, quería que su hijo hiciese la carrera de Medicina, pero él eligió la carrera militar e ingreso el 27 de agosto de 1893 en la Academia Militar de Toledo, recién inaugurada.


Fue destinado a Cuba al terminar la carrera, donde sirvió magníficamente, y volvió a la Península, cuando aquella guerra se dio por concluida, siendo incorporado al Batallón de Cazadores Arapiles nº  9, cuyo coronel le puso al mando de la segunda compañía.
El 27 de mayo de 1906 con el rey Alfonso XIII al frente de la compañía, el capitán Melgar desfila bajo el balcón del Pardo donde residía la princesa Victoria Eugenia, a la espera del enlace con el rey.


A principios de julio de 1909, los rifeños atacaron a los obreros que realizaban la construcción de un ferrocarril y la situación se puso tan grave que el batallón del capitán Melgar fue mandado hacia Melilla para unirse al Regimiento.
En Melilla ya, el día 27 de agosto de 1909 el batallón sale con socorros para un fuerte adelantado y en el barranco del Lobo es atacado.


Muere primero el comandante del batallón y puesto al mando el capitán Melgar se prosigue el avance.
Le hieren en la pierna y no deja que lo retiren y sigue dirigiendo el combate. Pero dos balas más le hieren de muerte.
Le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando a titulo póstumo.
Sus compañeros y el propio D. Alfonso XIII erigieron el monumento en el lugar donde está hoy situado.


Es curiosa la casualidad de los días 27 en la historia de este valeroso soldado. Un 27 ingresa en la Academia, el 27 desfila con el rey ante la que sería su reina y el 27 muere.
El monumento es obra del escultor Julio González- Pola García; busto y soldado en bronce y columna y pedestal en mármol.


JulioGonzalez-Pola García, nació en Oviedo en 1865.
Comenzó su carrera artística en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal y los termino en Madrid.
Gran escultor, se presento a gran cantidad de exposiciones y concursos.
Tiene muchas obras dedicadas a héroes nacionales por toda la geografía española.
Fue Vicepresidente del Circulo de Bellas Artes y Secretario de la Sociedad de Pintores y Escultores.
Murió en Madrid en 1929


 Cuando paséis por delante del Palacio Real acordaros de mirar hacia los jardines y veréis un soldado de bronce ofreciendo un ramo a su jefe.
Sed felices.
Antonio

lunes, 16 de febrero de 2015

¿Que le pasa a nuestro Mundo? Soledad.-

Querida Soledad:
Venía andando por el pasillo pensando en cómo está el mundo, como esta nuestro entorno y como todo ello influye en nuestra forma de ser e incluso de pensar.
El mundo comienza a estar de nuevo en una situación angustiosa, de quiebras mundiales, de genocidios, de guerras encubiertas de religión y todo ello me lleva a ver el futuro un poco más oscuro cada día.

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Aquí, Soledad, no se trata del bien personal de cada uno; no, se trata de asegurar el bienestar colectivo de tal forma que la sociedad pueda madurar y educarse, sin tener que estar contemplando constantemente guerras y desastres de una u otra índole.
El otro día los islamistas cortaron las manos a cuatro mujeres porque usaban el teléfono móvil. ¿Qué pretenden? ¿A caso dice algo el Corán del móvil? ¿Como acariciaran esas mujeres ahora a sus hijos o a sus maridos? Brutalidad sin límites en nombre de un Dios que no conocen bien.

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Ayer ajusticiaron a no sé cuantos egipcios coptos por el mero hecho de no ser musulmanes, y nos miramos unos a otros y solo somos capaces de eso, de mirarnos. ¿Qué intereses hay detrás de todo esto? 
Como es posible que un occidental, convertido al islamismo, pueda cubrirse la cabeza con una capucha y degollar a un periodista japonés por el mero hecho de estar cubriendo una guerra. 
¡Son tan cobardes que para enseñar al mundo lo que hacen tienen que esconder sus rostros!


 
Yo pensaba, iluso de mi, queridísima Soledad, que las guerras de religión habían acabado para siempre. Creía, que aquello de la Confraternización de las Civilizaciones era verdad. Y en mi soledad se me acrecientan unas ganas enormes de gritar porque veo un mundo que se está destrozando. ¿Volvemos a una Edad Media? En aquella época las luchas de religión eran normales, Soledad porque la ignorancia de la gente era tal que había que matar y morir si era necesario por Dios o por Ala. Y me pregunto si una falta de cultura no acrecienta y anima a la matanza por la superstición.
Si estoy triste, Soledad, y es una tristeza profunda, una tristeza que sale del interior y que no puede refugiarse en ti, porque no estás a mi lado, ni puede refugiarse en el mundo porque el mundo está igual de triste que yo, o por lo menos eso quiero pensar.

 
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Paris, Copenhague, Libia, Medio Oriente, Ucrania, Kurdos, Somalia, África en general…
Hasta donde tiene que llegar la necedad humana para que nos demos cuenta de que al fin y al cabo, pensemos como pensemos, recemos de la forma que cada uno hagamos, todos somos iguales, con la única diferencia del lugar donde hemos nacido.
 
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Soledad, hay que ir pensando en cambiar un mundo que me parece que va directo a una nueva Edad Media.
Y en medio de todo ello, a nuestro alrededor, las calles se llenan, cada vez más de mendigos, de gente desvalida... ¿No es para estar deprimido? Soledad.
Con esaangustia que llevo dentro te dejo y te añoro, Soledad, soñando en tenerte cerca y que, con tu abrazo, me animes a seguir adelante.
Un beso Soledad.
Hasta pronto. Se feliz.
Antonio

Insectos: un día con una ninfa de Empusa pennata.-

Recuerdo la primera vez que vi una Empusa pennata en medio de un matorral de santolina. Iba siguiendo a una mariposa que revoloteaba por la zona y que se posó en una mata. De repente, ante mi asombro, unas hierbas secas atraparon a la mariposa: acababa de hacerse presente mi primera Empusa, una ninfa. Desde entonces todos los años me acerco a la mata y veo a sus descendientes que siguen ocupando la zona.

Empusa entre los troncos de la mata. Comprenderéis lo difícil de verlas.

Las empusas pertenecen al orden Mantoideo y son primas hermanas de las mantis, de las que se diferencian esencialmente por la forma de la cabeza, que presenta una especie de cucurucho.

Ninfa de Empusa pennata en su posición de espera.



Fijaros en el abdomen doblado completamente hasta ponerse paralelo al tórax

Verlas en mitad de un arbusto causa sensación, primero por el mimetismo con la planta en la que habitan ya que parecen una parte más de ella. Segundo por su posición increíble de reposo esperando a su presa, qué puede ser cualquier insecto o arácnido que se presente delante de ella.
La familia a la que pertenecen es la Empusidae y vulgarmente recibe distintos nombre según el lugar donde habite: diablillo, demonio, insecto palo (mal aplicado este nombre) etc.

Las patas delanteras son terribles armas de caza. (Posición real)

Las ninfas de la Empusa pennata carecen de alas y presentan un abdomen curvado y con protuberancias que se pone prácticamente paralelo al alargado tórax del animal. Las ninfas realizan entre cinco y seis mudas al año.
Las ninfas, son voraces desde que nacen; a los dos días están ya cazando todo aquello que se mueve a su alrededor y que sea lo suficientemente osado como para ponerse al alcance de sus patas delanteras. Estas son formidables armas de caza, provistas de unas púas o pinchos interiores en las que quedan atrapadas las presas a las que la mantis suele coger por el abdomen o el tórax.

 Comparando el botón de la Santolina con la Empusa, podeis apreciar su tamaño



Entre sol y sombra esperando a su presa

La posición de espera es como en todos los mantoideos con los brazos encogidos que es capaz de abrir y cerrar en milésimas de segundo atrapando a la víctima.

Me cautivan sus ojos. Me recuerdan a las nubes de Júpiter y a su gran mancha roja

Las he visto cazar de todo: mariposas, arañas e insectos de todo tipo. Y lo que me ha chocado es que en la misma planta, en distintos lugares, he visto a dos ninfas de Empusa conviviendo sin atacarse la una a la otra, cuando suelen ser muy territoriales.

Fijaros como encajan el tarso y la tibia en el fémur.

Me puedo pasar buenos tatos observándolas. Me tumbo encima de las hierbas alrededor de la mata y observo cómo se va acomodando a distintas posiciones. Rara vez se las ve en la parte superior de la planta, pero el día que hice estas fotos encontré una Empusa encima de la flor de una santolina.


La Empusa pennata ninfa ha subido hasta la parte superior de la planta. Esta muy expuesta.

Cuando son adultas, se distinguen los machos de las hembras por las antenas que en el macho son filamentosas, con una especie de peines dobles en cada antena, mientras que las hembras las presentan anilladas.
Ambos tienen alas, aunque las hembras no suelen volar.
El tamaño de las ninfas que veis en estas fotos puede ser de unos 4 cms.


 Fijaros en la mimetización con el color de la santolina ya secándose

Al igual que las mantis colocan sus puestas en ootecas y es más difícil que la hembra se coma al macho, aunque suele suceder en ocasiones.
Dicen que las Empusas pennatas son de las zonas costeras, pero yo estoy harto de verlas en la sierra de Guadarrama a 1200 msnm.
El día que veáis por primera vez una Empusa pennata, seguro que os quedaréis prendados de ella. Eso si, la época en que se ven las ninfas es desde el mes de abril hasta finales de verano. Os aconsejo un buen sombrero para evitar insolaciones.


Una hembra de Empusa pennata en la adelfa del jardín.

Os he puesto un adulto de Empusa pennata, una hembra,  para que veáis el aspecto tan diferente entre ninfa y adulto.Este adulto mediría unos siete u ocho centímetros.
Nada más por hoy.
Sed felices.
Antonio

domingo, 15 de febrero de 2015

Los rododrendos o Rhododendron.-

Si hay una planta que provoca la admiración de la gente cuando está en plena floración esa es el Rododendro o Rhododrendon en latín.


Los rododendros son plantas “arbustivas” que se extienden por muchas regiones del globo pero que se dan principalmente en las montañas del Himalaya, países asiáticos, dos o tres especies europeas y algunas norteamericanas.
Los rododendros pertenecen a la familia de las Ericaceae que a su ver esta dentro del género de las Angiospermas. Son una planta con multitud de subfamilias distintas y dentro de ellas son rododendros también las azaleas que pertenecen a dos subfamilias: Pentanthera y Tsutsusi.




Las flores de los rododendros pueden tener distintos colores que van desde el blanco hasta los tonos morados, pasando por amarillos, rosados, rojos etc.
La diferencia en la floración entre rododendros y azaleas es que los primeros forman verdaderos ramos de flores, mientras que las azaleas solo sacan una flor por rama, si bien las floraciones de las azaleas son igual de espectaculares que los rododendros.




El arbusto del rhododendron puede variar desde escasos centímetros de altura hasta muchos metros, unos treinta, en el rododendro arbóreo o Rhododendron arboreum. Las hojas de estas plantas suelen ser ovaladas y alargadas, pudiendo variar de tamaño desde pocos centímetros hasta los cincuenta y en algunos casos incluso ser mayores.




Son plantas, que como se puede observar en el Real Jardín Botánico de Madrid, aguantan bien las heladas y que tampoco necesitan estar al sol directo, pues con unas cinco horas de insolación tienen suficiente.




Necesitan cuidados, sobre todo al principio y los suelos sobre los que les gusta vivir deben ser ácidos pero estar bien drenados. No admiten los terrenos arcillosos.





A mí personalmente me parecen unas plantas fantásticas.
Espero que os haya gustado la entrada.


Sed felices.
Antonio

viernes, 13 de febrero de 2015

Insectos: 10 fotos de una mañana en el Botánico madrileño.-

Los que no hemos estudiado entomología y encima hemos llegado tarde a aficionarnos a observar a estas maravillas de la Naturaleza que son los insectos, tenemos que satisfacer nuestras carencias a base de sacar el máximo partido a las tomas fotográficas que hacemos y consultar a los entendidos que es cada uno de los animales que fotografiamos.
Por la razón expuesta, no me gusta dar explicaciones de cada uno de los insectos o arácnidos que pueda sacar en mis trabajos, solo, como bien expresa el titulo de mi blog, quiero enseñar ese mundo pequeño que bulle a nuestro alrededor y que muchas veces pasa desapercibido a espectadores que no lo ven porque no lo conocen.
Las diez fotos que os coloco hoy las realice en el Real Jardín Botánico de Madrid una mañana de junio del año 2011, al mismo tiempo que fotografiaba las flores de ese maravilloso lugar. Compaginar insectos y flores es muy fácil cuando se llevan dos maquinas con dos tipos de óptica completamente distintas.
En este caso utilicé un 300mm y un 60mm con macro y la conjunción de ambos es un buen equipamiento para ambas cosas.
Si os parece comencemos con los insectos fotografiados:



Fijaros en sus ojos, con esas líneas verticales a modo de cortinas. Y siempre ese punto negro en su mirada dirigido a ti, observándote. Se estaba pegando el gran festín con una planta crasa. Diez más como él y no hace falta en el Botánico podadores.



Curiosas las tonalidades que presenta esta mariposa en su lomo. Si lo que vemos es una mariposa desde la vertical. Si pudieses verle los ojos os darías cuenta que sus dos puntos negros están girados hacia arriba mirándonos. Esta sobre una flor de cebollino, flor a laque van infinidad de insectos, y que les debe gustar enormemente.



Cuando se fotografían insectos no es necesario que todo sean macros. Se puede obtener fotografías curiosas con el animal a cierta distancia como complemento de algo que se quiera fotografiar. Es el caso de esta abeja libando. La abeja aquí es un complemento de la fotografía.



Cuando miro esta foto, no se por qué, me acuerdo de las plantas carnívoras y me da la sensación que los pétalos se van a cerrar sobre la pobre abeja en cualquier momento. Si os fijáis en la abeja veréis que esta libando con su lengua que asemeja a un punzón.



Me encanta verlas de frente. Parece que lleven puesta una escafandra con esos enormes ojos que tienen. Da la sensación que en cualquier momento te va a disparar un misil. Fijaros en las mandíbulas, dispuestas a partir lo que haga falta. Y lo curioso es que en todos estos años jamás he tenido un ataque de una de ellas, en realidad de ninguno, claro que tampoco las molesto, solo las fotografío. Cuando no quieren posar, se marchan.



En esta otra foto, hay dos pequeños amigos que comparten la misma flor. Dos especies distintas en completa armonía disfrutando de los mismos sabores. Está claro que no son depredadores y que solo buscan los néctares que gustosas las flores ofrecen a cambio de transporte gratuito de polen.



El pequeño saltamontes de grandes antenas. Fijaros la desproporción existente entre el cuerpo y su antena. La verdad es que nunca sé donde clasificarlos a estos pequeños. No sé si son quilíferos o ensíferos. Lo que sí está claro es que tienen unas enormes patas para dar saltos.


Otra mariposa. Me encanta poder observarlas y ver sus dibujos, en este caso al tener las alas cerradas poco se ven, y como se caracterizan las distintas especies en ellos. Y la lengua. Parece mentira que un animal en proporción pequeño, pueda tener una lengua tan larga y que recoge enrollándola. Ahora mismo está libando.


Esta maravilla de la evolución, me encanta. Parece que esta andando sobre un mar de fuego, encima de las flores de un cebollino o algo similar. Fijaros en su lengua introducida dentro del cáliz de la flor, buscando el néctar. Hace poco que ha salido de su colmena porque no lleva polen acumulado en sus patas. Está demasiado limpia. Y el abrigo de pelos que la rodea es curioso.



Por último y de nuevo la langosta que ni se inmuto cuando me puse a fotografiarla. Seguía comiendo como tal cosa, para de vez en cuando mirarme con esa caída de ojos cortineros, como indicándome que estaba ocupada en ese momento y que me atendería mas tarde.

Dos objetivos, dos formas distintas de fotografiar bichos, dos formas distintas de entender a los insectos en un mismo paseo.
¿A qué vienen estas reflexiones? A que alguien me decía ayer que le gustaría fotografiar solo con objetivos macro y le dije que era un error. Esto es un ejemplo de que no es necesario. Los insectos viven al igual que nosotros rodeados del mundo.
Nada más por hoy.
Sed felices
Antonio

Historias de mi madre: ¿Ha dejado de llover?

Muy buenas:
En el relato de hoy, nos tenemos que situar en 1940 o 1941 que es cuando se desarrolla esta historia que me cuenta mi madre y que os escribo tal y como ella me lo ha narrado. No tiene conciencia de cuál de los dos años fue, pero a sus 95 años creo que eso se puede perdonar
También deciros que las fotos que vais a ver están sacadas de Wikipendia y son de más o menos de la época de la que vamos a hablar, pero muestran cómo eran esos autobuses del relato.
 
EL RELATO DE MI MADRE

 
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Terminada la guerra y habiendo perdido todo lo que teníamos en Barcelona, mi padre decidió quedarse en Gerona donde pasó a ser director de una fábrica de tejidos, en lo que era un gran especialista.
La casa que alquilaron mis padres en Gerona era a la antigua usanza. En ella naciste tú, años más tarde sobre una mesa de cocina, bajo una lámpara de gas, pues entonces había restricciones. Tardaste tres días en salir.
(Me debía encontrar yo muy a gusto ahí dentro, como para salir a un mundo que estaba destrozado. Pero sigamos con el relato.)
La casa estaba sobre unos soportales de lo que entonces se conocía como la Plaza del Grano, plaça del Gra en catalán, y que hoy en día es la avenida de San Francisco.
Allí se celebraban todos los sábados un mercado al aire libre donde se podía encontrar desde granos para simiente, de ahí el nombre de la plaza, productos de la huerta frescos, habas, guisantes y judías blancas ya cocidos, muy típico de la zona.


También estaban aquellos oficios que entonces eran necesarios como zapateros, curtidores, artesanos de distintos oficios etc.
Bajo los soportales había un bar que a la vez hacia de taquilla de autobuses, un restaurante y una sastrería. Enfrente, para la gente con dinero había un hotel, el Hotel Peninsular, y una enorme tienda de colmados donde por aquella época estaba todo muy limitado.
La gente que llegaba los días de mercado de todas las partes de la provincia venían en autobuses. En el bar del Dionisio, que así se llamaba el dueño del bar de debajo de nuestra casa, paraba la línea que hacía el recorrido desde Lloret de Mar a Gerona y viceversa.
Era normal que los autobuses de aquella época llevasen bancos en la parte superior para la gente que no tenía sitio en el interior, pues había que aprovechar todo. En verano era normal que mucha gente disputase el piso superior, pues en el interior volvían la gente después del mercado con sus compras y aquellos artículos no vendidos en el mercado y que no podían ir en la baca del autobús.
Estas bacas servían para transportar de todo: desde bicicletas que luego servían para llegar hasta la masía a pequeños animales como ovejas, que atados de pies eran conducidos a su nuevo hogar.
En los pueblos pequeños no había funerarias y mucho menos se fabricaban ataúdes, con lo que en los autobuses era frecuente ver ataúdes encima del techo con destino a algún pueblo donde había fallecido algún parroquiano, o estaba a punto de fallecer.


Los jóvenes en la época estival solían preferir, como no, ir en el techo del autobús e intentaban terminar pronto sus quehaceres en la capital para llegar pronto al autobús y elegir un buen sitio, aunque para ello tuvieran que esperar luego una o dos horas a que el autobús se pusiera en marcha.
Sucedió un día de mercado que el autobús tenía que transportar dos ataúdes para algún pueblo de la comarca o de la costa, y según llegaron los subieron a la parte superior del autobús.
Un poco más tarde, mi hermana y yo estábamos en el balcón viendo todo el trasiego de la plaza, llego un joven que se sentó en el primero de los dos bancos de la parte alta del autobús.
Era un día de primavera avanzada y hacia un calor excesivo, tanto, que al poco tiempo empezaron a aparecer nubes de tormenta sobre el cielo gerundense. Y al poco rato, una media hora, comenzó a llover, a jarrear, de tal forma que tuvimos que meternos dentro de casa y cerrar el balcón.



  El joven que estaba en el primer banco, viendo el aguacero que le pedía empapar, cuando comenzaron a caer las gotas mas rápidamente, no se le ocurrió otra cosa que meterse dentro de uno de los ataúdes para protegerse de la tormenta.
Esto ya no lo presencie yo, me aclara mi madre, pero me lo contaron a las pocas horas al bajar a la plaza.
Por lo visto el chico se quedo dormido dentro del ataúd.
Dejo de llover y la gente según iba llegando fue ocupando sus asientos tanto dentro como en el techo del autobús.
Cuando el chófer puso el motor en marcha, y el autobús vibró, el chaval sacando una mano del ataúd pregunto ¿Ha dejado de llover? Con el consiguiente susto de los parroquianos que habían subido al techo.
Tal fue el susto, que varias personas, al ver levantarse la tapa del ataúd, salir una mano y oír unas voces salieron corriendo, con las caras desencajadas y alguno saltó desde la parte superior del autobús a la calzada produciéndose heridas de consideración, costillas y alguna tibia rota, de tal forma que tuvo que intervenir la Guardia Civil para esclarecer los hechos.
Al chaval no lo lincharon de puro milagro.
Ni que decir tiene, que muchos de aquellos jamás volvieron a subirse a la parte alta del autobús.



El dueño del bar, responsable de la venta de billetes, me comento que aquella incidencia le había reportado una ganancia extra para un día de mercado, ya que hasta que se levantó el atestado la gente tuvo que salir del autobús a declarar y el ponía bocadillos y bebidas a quien se lo solicitaba.
Hasta aquí el relato de mi madre.
Sigo riéndome nada mas imaginarme la cara de susto y el salto mortal que daban los del anfiteatro del autobús al ver levantarse la tapa de un ataúd y salir una mano que tanteaba el aire mirando si había dejado de llover.
Yo creo que también hubiera saltado o por lo menos corrido hacia la escalerilla.
Mi madre narra este hecho en un momento de difiultades, donde las supersticiones estaban a la orden del día y se acababa de pasar una guerra con todas sus consecuencias.
Otro día os contaré el relato de la bicicleta.
Son historias de recuerdos de mi madre, que quizás no tengan nada especial, pero que al fin de cuentas son recuerdos de una época ya lejana, como nosotros contaremos a nuestros hijos y nietos las nuestras.
Nada más por hoy.
Sed felices.
Antonio