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sábado, 18 de marzo de 2017

Flores con poesía CCXCVI: Balada del ángel rubio

Nace nuestro poeta en Santander en mil novecientos uno. Allí estudiará y llegará a ser escritor y odontólogo de fama. Se trata de Ignacio Romero Raizabal.


Tradicionalista hasta la medula, estuvo en el entierro de D. Alfonso Carlos de Borbón y Austria que murió en Austria y allí le dio pie para escribir el libro Boinas Rojas en Austria.
Colaborador de diversas revisas y periódicos, carlistas o no, Ignacio Romero fue un poeta intimo, al que le gustaba dar colorido a su obra, toda ella se puede considerar en el postmodernismo.
Entre sus titulo podemos citar Un alto en el camino, Cancionero carlista, Los tres cuernos de Satanás, Una novia coqueta….
Murió en Santander en mil novecientos setenta y cinco.
Espero que la poesía elegida sea de vuestro agrado

BALADA  DEL ANGEL RUBIO

Lloraba la madre,
sonreía el niño,
y oyó un ángel rubio
decir muy bajito:
¿Por qué lloras, madre?
-Si no lloro, hijo…
-Yo vi que llorabas.
¿No ves que sonrío?


Reía la madre,
sollozaba el niño,
y oyó que decía
el rubio angelito:
¿Por qué ríes, madre?
¿Por qué lloras, hijo?
No viene, no viene…
Ya falta poquito.


Temblaba la madre,
se moría el niño,
y oyó el ángel rubio
decir muy bajito:
¿Han llamado madre?
No, no llaman, hijo.
Es que vendrá pronto.
Duérmete, bien mío.


Lloraba la madre,
sonreía el niño;
sonaron las doce
y oyó el angelito:
Me voy con él, madre.
No me dejes, hijo.
Me dice que vaya…
¡Quien fuera contigo!
--o0o--


Nada mas por hoy. Sed felices.

Antonio 

viernes, 22 de mayo de 2015

Pensamientos alrededor de un capitel del monasterio de Silos.

Entrando por el desfiladero de La Yecla, formado por el rio Mataviejas, que discurre entre los riscos de la sierra de la Demanda, nos encontramos ante un maravilloso paraje que aprovecha la apertura de los montes y es el lugar que eligieron nuestros antepasados para crear el pueblo de Silos, hoy denominado Santo Domingo de Silos.


Plano en relieve de la ciudad se Santo Domingo de Silos

Silos, un nombre ligado a historia de España y a su cultura, un lugar de cruces de caminos, un lugar mágico por la belleza de sus alrededores y por magnificencia de la población en sí misma, donde se entremezclan el pasado en sus antiguas edificaciones y el modernismos, en paz, uniéndose los cantos gregorianos de los monjes con el sonido del silencio que rodea el lugar.

Plaza del Rollo

Silos es un lugar mágico. Hay algo en su ambiente que te abraza, te da la sensación que has estado allí siempre. Sus estrechas y antiguas calles, el rollo, la iglesia de San Pedro o las ermitas y conventos que existen en sus alrededores te predisponen para entrar en uno de los claustros más fantásticos de la arquitectura románica española. Y si tienes la suerte de poder relajar tu mente o tu espíritu escuchando antes a los monjes de Santo Domingo de Silos interpretando cantos gregorianos, la entrada se hace entonces increiblemente fantástica.

Iglesia de San Pedro

El claustro de románico del monasterio de Silos es una maravilla; de doble altura y con unas dimensiones 22x24 metros, con 16 arcadas en las caras norte y sur y 14 en las otras dos, estando ligeramente descuadrado.

Claustro románico de Santo Domingo de Silos

Entras e impresiona. Los ojos quieren marcharse a recorrer uno a uno sus capiteles y sus columnas, buscando aquello que los maestros de Silos quisieron dejarnos escrito en la piedra.
De entrada, los machones de las esquinas, labrados de forma maravillosa por el primer maestro, te sobrecogen por su estilizadas figuras y por la rotundidad de sus explicaciones ajustándose al nuevo testamento y en uno de ellos reproduciendo de forma magistral el árbol de Jesé o árbol genealógico de Cristo.


Extenderse en las explicaciones de cada uno de los capiteles del claustro sería obra ardua, que un inexperto como yo no puede asumir. Por el contrario esta entrada quiere materializar, de alguna forma, la incertidumbre y los interrogantes que crearon en mí desde su contemplación las imágenes representadas en un capitel del ala oeste, en su lado norte, y por lo tanto perteneciente al primer maestro de Silos.


¿Qué significado tiene? ¿Qué son esas cabezas bajo las patas de las aves en posición contraria a lo normal?
Lo mire más de una vez. Me marche y volví de nuevo buscando una interpretación lógica, algo que el maestro hubiese querido trasmitir y que nadie del lugar supo indicarme.
Ha pasado casi un año desde entonces y el capitel me viene al recuerdo una y otra vez. Miro las fotografías e intento descifrar esas cabezas bajo las garras de esas aves.


La cabeza superior, más pequeña que la inferior, parece el rostro humano, de pelo corto rizado, no le caen melenas por los costados, escupiendo algo por su boca. Si nos guiamos por los maestros podría tratarse de la representación de la palabra, la enseñanza que parte desde arriba. ¿Es quizás un ángel anunciando algo? ¿Quizás dictando una sentencia?
Miro de nuevo la imagen y tengo otra sensación: la sensación de ver una especie de felino que parece que quiere comerse a los flamencos y los atrapa desde arriba. Esa nariz, esos bigotes y esa pequeña boca tienen más apariencia felina que humana; pero si fuese un felino atacando al ave ¿No tendría que tener un mayor peso dentro del conjunto del capitel?


Las aves tienen sus cuellos entrecruzados. Parece que cada una quiera picotear las plumas de la contraria, y con su mirada que da la sensación de dirigirse al infinito, parecen desentenderse del individuo que cabeza abajo está entre ellas.
¿Qué representas estas dos aves? ¿Por qué tienen entrelazados sus cuellos y miran en direcciones opuestas? ¿Es quizás la lucha del alma entre lo terreno y lo espiritual?
Plumajes perfectamente realizados, una cantidad enorme de detalles para un capitel que nos quiere decir algo y que nadie sabe decirme el que. Los plumones de las aves parecen estar realizados con un detalle exquisito y a mitad de su cuerpo salen como unas manos emplumadas que agarran algo que parece venir desde la cabeza invertida, como si fuera parte del cuerpo de esa figura. ¿Por qué unas garras asiendo dicha figura a mitad del ala?


Y ya en la parte inferior del capitel la cabeza mirando hacia el cielo, mirando a la parte superior del capitel, pero sin mirar.
Fijémonos en esa figura, que no sé porque creo que es la esencia del capitel.
Ojos que parecen estar cerrados; da la sensación que los dos parpados están cerrados, por lo tanto o la figura duerme o la figura representa a un ser muerto.
La representación es curiosa. ¿Significara acaso la lucha entre el cuerpo y el alma? ¿Querrá indicar el capitel en su conjunto la lucha del alma para desprenderse de lo terreno?
Si nos fijamos en la figura da la sensación de quietud. Los pelos descansan sobre el suelo y parece que las garras de las aves solo los rozan, no hay una acción de retener o pisar. Si así hubiera querido expresarlo el maestro, habría colocado las garras pisando de alguna forma definida una parte de ese cuerpo. ¿Es quizás una expresión del desprendimiento del alma del cuerpo?


Llevo rumiando mucho tiempo alrededor de este sencillo y, para mí, misterioso capitel del lado oeste del claustro.
Tengo ganas de volver al Monasterio de Silos y volver a colocarme delante de él y preguntarle. Tengo ganas de encontrar una respuesta.
Aquí os dejo. Espero no haber cometido graves errores de ignorancia en esta entrada, que no ha sido otra cosa que expresar lo que uno siente.
Ya solo me queda desearos felicidad.
Antonio

lunes, 23 de diciembre de 2013

FLORES CON POESIA CXLVIII.- Muy apropiada para Navidad, ya vereis.

Nuestro poeta de hoy, (es la segunda vez que aparece en este apartado), nació en Granada en el año mil novecientos veinticuatro y se educo en los Jesuitas. Desde muy joven comenzó a colaborar en revistas literarias y la primera de ellas fue Vientos del Sur.
 
 
 
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En mil novecientos cuarenta y tres gana el Premio Nacional de Teatro, que le abre las puertas y acelera su éxito en el mundo de las letras.
Pero Manuel Benítez Carrasco, es fundamentalmente poeta y sobre todo poeta recitador.
Marcha a Madrid en mil novecientos cuarenta y cuatro y aunque consigue grandes éxitos con sus recitales de poesía, no consigue conectar con el público madrileño por lo que decide su aventura americana donde consigue desde mil novecientos cincuenta y cinco un éxito arrollador en Cuba y México, país este último donde vivirá hasta los años setenta casi de continuo.
Años más tarde regresa a Granada definitivamente y en su ciudad natal morirá en mil novecientos noventa y nueve.
Manuel Benítez Carrasco es uno de los poetas contemporáneos más interesantes y su neopopulismo es propio, cálido, con enormes matices de expresión y sonido.
 
 
 
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De entre sus obras Como Dios manda, De estrellas eran los geranios…, El perro cojo etc. etc. con un largo listado posible, he elegido este poema para el día de Navidad, titulado Letrillas de Maria y José esperando el Nacimiento.
Como veréis hoy, por respeto y significado del poema he intentado que todas las flores fuesen blancas.
 
 
Letrillas de María y José esperando el nacimiento
 
 
 
-¿Te acuerdas de Nazaret
y de aquella tarde, tarde…?
                                      -Si que me acuerdo, José.
 

-Estaba yo en el taller,
¿te acuerdas?, y vino un aire…
                                     -Si que me acuerdo, José.
 
 
-Vino el aire sin saber
por donde. ¡Que aire tan suave!
                             -¡Ay, que aire tan dulce aquel!
 
 
 
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-Y aquel aire se me fue,
se me fue porque era un ángel
                                   -Si que me acuerdo, José.
 
 
-Y el ángel se me fue,
llego hasta ti con el aire. 
                                                        -Si que me acuerdo, José
-Cuando vine del taller,
¿te acuerdas?, por ocultarte,
callaste como un clavel
lo que te había dicho el ángel.
                                   -Si que me acuerdo, José.
 
 
 
 
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-Pero al volver al taller,
no sé si fue aquello el aire
o el ángel, no se quien fue,
me contaron lo del ángel,
y bien que me enteré
                                 -Si que me acuerdo, José
 
 
-¡Que pronto se me hizo tarde!
Y después, después, después…
        - Calla un momento, José;
           dile al viento que se calle,
      que acaba de llegar El.
 
 
 
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-¿El que te predijo el ángel
en aquella tarde, tarde
tan suave de Nazaret?...
                   - ¡Calla! ¡Que aquella tarde,
                      con la dicha de esta noche,
                   ya no me acuerdo, José!
 
 
(Cuando el ángel se marchó)
El rastro del ángel después de la Anunciación
 
 
Temblor de plumas plegadas
en señal de adoración.
¡Que olor a gloria quemada
dentro de la habitación!
 
 
 
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Por la puerta…                                               
                                      ¡Aire que salgo!
¿Quién salió…?, ¿Quién saldría…?
 
Salió tan solo un rumor
de plumas recién abiertas,
pero en la puerta quedó
un musgo de Ave María
y un resol de Anunciación.
 
 
El rosal…          
                                         ¡Aire, que paso!
¿Quién paso…? ¿Quién pasaría…,
tan sin pies y tan de raso,
para que todo el rosal
se empinara…?
                                        ¡Aire, que paso!
 
 
 
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¡Y que murmullo de alas
movio las rosas al paso!
En la fuente…
                                         ¡Aire, que salto!
 
¿Quién saltó,                    
que, estando el agua serena,
de pronto se estremeció?
 
Sobre el agua saltó el dulce
ángel de la Anunciación,
                                                  y a su viento,
 
el cristal cuajó
de espumas su encantamiento.
Pero no.
No fue el agua que, al temblar,
frunció nevadas espumas.
Fue que, al ángel, al saltar,
se le mojaron las plumas.
 
 
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Por la pradera…
                                                ¡Aire, que vuelo!
Un rumor de alas tendidas
por la pradera se fue.
Cada flor, nube pequeña
para el apoyo del pie.
                                                ¡Aire, que vuelo!
para el apoyo del ala.
                                                 ¡Aire, que vuelo!
 
 
Y en la lejanía…
                                             ¡Aire, que subo!
la palmera se movió…
la palmera se movía
como diciéndole adiós.
 
Todo Nazaret quedó
transido de Ave Maria
y blanco de Anunciación.
--o0o--
 
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Espero que os haya gustado.
Sed felices.
Antonio