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domingo, 29 de noviembre de 2015

La sombra del caminante.-



El camino, recto, sin la más ligera curva discurre a lo largo de una meseta en la que pequeños desniveles ora te quitan la visión, ora te colocan por encima del mundo.



Hace frío, un aire recio y seco golpea contra mi pecho como queriendo detener el andar cansino que tengo después de unos días encamado. No me preocupa; avanzo despacio y me protejo con una bufanda, de esas que llaman braga, desde la nariz hasta el cuello. 



Tengo que recuperar el movimiento de mis piernas, luchar contra ese entumecimiento que deja una enfermedad de cama prolongada.
El sol está bajando a marchas agigantadas en busca de su descanso diario. Las luces cada vez mas tumbadas producen sombras alargadas a lo largo de las orillas del camino, en las que pequeñas matas aun dejan entrever alguna flor y las hierbas secas absorben los rayos luminosos del sol, recordando viejos esplendores.
Sigue mi paso cansino, pero continuo, y mis ojos quieren absorber en cada una de sus miradas la belleza que la tarde proporciona.



Las siembras están sacando los tallos verdes que traerán el grano en verano y marcan el campo como si fuese un maravilloso y desordenado tablero de ajedrez en el que las piezas son los viejos y caducos arboles deshojados que aquí y allá aparecen, mientras que los peones, aun jóvenes, dejan entrever sus vestimentas doradas al sol de la tarde.
Andar despacio tiene la ventaja de poder observar con tranquilidad, fijarte en los más mínimos detalles que el mundo pone a tu alcance mientras das tiempo al espíritu a ser capaz de absorber todo ello.



Las sombras discurren largas y sujetas a sus dueños, bailando con ellos una bella danza, armoniosa bajo las notas rítmicas y desordenadas del viejo viento que baja desde la montaña.



Unas veces el ritmo recuerda una cálida y amorosa canción mientras que otras las ráfagas transforman la danza en un loco torbellino de bruscos movimientos.
En el fondo, esas sombras animadas de los árboles son un reflejo de nuestra propia sombra, la sombra del caminante que se mueve al ritmo inconstante de la vida, unas veces envuelta en el loco frenesí de una agitada vida industrial y otras en la calma y la paz de un camino rural, donde la sola compañía del aire te acerca los recuerdos que en ellas se esconden.


Sombras danzantes. Sombras quietas al acecho de cualquier recuerdo que de los oscuros rincones del cerebro se despiertan a cada paso. Rostros que fueron, y que son, asoman poco a poco del interior dormido de un baúl de recuerdos dispuesto a ser abierto con los distintos estímulos que cada paso y cada mirada ofrecen.
Lentamente, pausadamente, paso a paso, los metros del camino discurren.
Las sombras, como pregoneras de la noche, siguen alargándose y el tono de los campos en barbecho es cada vez más rojizo y tenue.
De repente caigo en la cuenta, en un pequeño altozano, que mi sombra se proyecta sobre un campo de mies recién salido. Es la sombra del caminante, pienso, la sombra que me acompaña siempre, la que me recuerda mis andanzas pasadas y la que me alerta de las futuras.



Cuántas veces hemos caído en la cuenta de algo porque la sombra estaba a nuestro alrededor. La caída de una bicicleta, el salto magnifico cuando aun las piernas aguantaban, entre dos peñas. Aquel esconderse inquieto porque la sobra de ella se cruzaba con la tuya y tú te perdías en un montón de colores distintos.



Sombra y yo avanzamos contra el sol que empieza ya a rozar la linea del horizonte. Ella, cada vez mas y mas larga, parece querer desprenderse de mi ya, pero aun no ha llegado el momento, falta llegar a casa y entonces descansará hasta mañana.
La sombra, siempre la sombra que acompaña al caminante.
Como la sombra que durante el día acompaña a todo, al árbol, al ave, al hombre…



La sombra del caminante, realmente la única e incondicional, capaz de acompañarte en la alegría y en la pena, acompasando su paso al tuyo, haciéndote grande cuando es necesario deslizándose delante tuyo por terrenos escabroso marcando y señalando el camino, nunca pidiendo nada a cambio.
Miro a mi alrededor y compruebo que con las luces de la tarde me sigue, inmensamente larga sembrado abajo, inmensamente larga como la vida transcurrida, como el camino andado.  Mi compañera de sendero de toda una vida anda ya igual de lenta que yo, paso a paso, poco a poco...



La sombra del caminante… siempre la sombra.

sábado, 9 de noviembre de 2013

CAMINANDO CON EL ARCIPRESTE DE HITA.- Un poco de historia y geografía de España.

La sierra del Guadarrama está llena de caminos y senderos por los que se puede transitar y que le llevan a uno a rincones de espectacular belleza. La Calzada romana de Cercedilla, que enlaza con el puerto de la Fuenfría, el sendero de las Dos Castillas que atravesando distintos parajes de ambas vertientes discurre por lugares increíbles, camino de Peguerinos, etc.


 
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 Inicio del camino; atrás, a escasos metros, la N-VI en el Alto del León
Uno de estos senderos está cargado de muchísima historia y conduce hasta un paso de montaña conocido actualmente como el Paso del Arcipreste de Hita y es realmente espectacular.
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 El pinar frondoso, repoblado en el siglo pasado.

Situado en el centro de la Sierra del Guadarrama tiene hacia el norte como pico más pronunciado la Peñota y hacia el sur el Alto del León y el pico de Cabeza Lijar, al este la provincia de Madrid y al oeste la de Segovia.


 
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 Camino forestal hacia la base de la Peñota.

Comienza el camino, perfectamente marcado, en Guadarrama, pero yo lo tome a unos mil cuatrocientos metro de altura muy cerca del Alto del León y algo por encima del pueblo de Tablada.


 
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 Mar de helechos, las ultimas retamas antes de comenzar la subida la puerto.

Discurre, entre formaciones rectilíneas de pinos rectos y altos a cuyos pies se forma una maravillosa alfombra de helechos, a través de un camino forestal durante una distancia aproximada de unos mil metros.


 
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 Es facil que algun rebeco salga corriendo entre los helechos.

Ahí se comienza a ascender por un sendero que va cambiando paulatinamente de paisaje, dejando el helecho atrás y cambiando la fisonomía del bosque, hasta llegar a las piedras que dice la tradición que son el Arcipreste de Hita.


 
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 El sendero marca ya otro tipo de paisaje y vegetación. Comenzamos a rozar los 1500 msnm.

Pero vayamos a la historia del sendero.
Balat Humayd es como se le conocía por los conquistadores moros pasando posteriormente a tomar los nombres de camino de Valathomé y posteriormente de Tablada.


 
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 Pinos cada vez más chaparros y escobas cubren un suelo pobre

Este paso fue usado ya por Abd al-Rabman II después de conquistar Toledo y cien años después Abd al-Rabman III en el 938 lo utilizó para sus rafias de castigo a los territorios del norte.


 
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 Una de las fuentes del camino

En la Crónica General de España se describe este puerto cuando el rey Alfonso VI viaja a través de él en su retorno desde el exilio en Toledo al Reino de León y el historiador Al-Idrisi lo describe en su geografía de la Península Ibérica.


 
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 Las rocas que representan al Arcipestre de Hita. Al fondo cerro Lijar y en la lejanía Abantos

El Arcipreste de Hita lo utiliza en uno de sus viajes al norte, lo describe perfectamente en uno de sus poemas, a finales del siglo XIII o comienzos del XIV.


 
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 Realmente parece un monje con casulla

El puerto deja de utilizarse cuando el marqués de la Ensenada realiza la construcción del camino de Guadarrama en el siglo XVIII que es el actual puerto del León.


 
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 Buscando el cielo. ¡Cuanto habrán visto estos caminos!

Caminar por estos senderos cargados de historia es fantástico. Y en soledad como hice el día de Todos los Santos maravilloso pues te ayuda a pensar y reflexionar. Además no es excesivamente empinado y las vistas un poco por encima del paso son maravillosas.
 
 
 
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 Los modernos caminos que sustituyen a aquellos que pisó el arcipestre.

Si tenéis tiempo os aconsejo seguir el GR que pasa por allí y adentraros hacia la Peñota con sus tres picos y llegar a las dehesas de Cercedilla. Es una excursión de día completo, pero maravillosa.



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Las primeras tierras altas de la meseta en el término municipal de Guadarrama. 

En esta foto podéis apreciar setecientos metros mas abajo el camino de la Virgen del Espino del que os mande fotos en mis caminatas veraniegas. Desde la izquierda termina a la derecha de la foto kilómetros 4 al 2.



 
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La Meseta Sur con el nuevo perfil de Madrid producido por los nuevos rascacielos. Había algo de bruma y se veía con facilidad la contaminación sobre la capital.



 
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Hasta estas rocas llegue. Iba solo, no había indicado por donde andaba y no me apeteció seguir en solitario por unos parajes donde prácticamente no pasa nadie y además se acercaba la hora de comer. Al fondo el cerro de San Juan la ultima cima de los montes Escurialenses antes de Abantos. Abajo la autopista colapsada en la entrada al túnel y aquí donde estaba yo la paz y la tranquilidad solo rota por el ruido de algún avión al pasar.
Sed felices.
Antonio