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jueves, 26 de septiembre de 2019

Pueblos blancos.Arquitectura popular II.- Detalles en Frigiliana (Málaga)





¿Qué es arquitectura popular? Existen muchísimas definiciones, pero a mi personalmente me gusta esta que oí una vez:” La arquitectura popular es el arte de la construcción, sin técnicos, que se basaba en la tradición y en las aportaciones generacionales a lo largo de los siglos”
Aportaciones que por tradición y necesidades se van incluyendo en viviendas  y restos de edificios..
Las poblaciones rurales, vivían dispersas en los campos, al abrigo siempre del campamento, des castillo o del convento, lugares donde refugiarse en caso de necesidad. El incremento de la población, dio lugar a la generación de aldeas, villas y burgos alrededor de estos enclaves.
Por regla general sus calles se alineaban a lo largo de un camino, alrededor del castillo o tomando como base antiguas cimentaciones de antaño.
Hay que considerar también su formación desde el punto de vista étnico y religioso, o de su situación respecto al clima, zonas de conflictos y un largo etc.


Todo ello ha dado una rica arquitectura popular en nuestro país de una considerable amalgama de distintos estilos en función de la zona por la que visitemos.
Hoy os voy a colocar aspectos que he captado en un pueblo que no conocía de Andalucía, en el extremo oriental de Málaga y a unos escasos diez kilómetros del mar Mediterráneo: Frigiliana.
Frigiliana es una hermosa villa blanca, asentada en una ladera a unos 350 msnm, de origen morisco, como muy bien  puede apreciarse al visitar el pueblo, con calles estrechas y empinadas y con gran cantidad de accesos a distintas propiedades que aprovechan las distintas alturas. Es, cómo no, un pueblo lleno de detalles de arquitectura popular del que yo he tomados algunos en una visita rápida que efectué no hace mucho.
Poco veréis del pueblo en sí, encontrareis en la Red infinidad de entradas sobre el mismo, y me he centrado más en aquellos detalles que pude captaren una hora de aseo por sus calles. Tengo que volver con menos prisas.


La arquitectura popular no es solo la arquitectura propiamente dicha, si no muchos de los objetos que la acompañan y que le dan su propia vida y estilo. 




Las plantas y los recipientes que las acogen son por regla general en la arquitectura de los pueblos mediterráneos un elemento esencial de vida y color que rompen la monotonía del blanco de cal y el rojo de la teja árabe o curva.


Las ventanas tienen su encanto personal. Madera pintada en tonos añiles es elemento que abre y cierra la vivienda a la calle. Elemento de dejar ver y ocultar en el que tras unos visillos y unos delgados cristales unos ojos pueden observarte sin que tú te des cuenta.


En la parte antigua la estrechez de las calles y los aprovechamientos del terreno para las construcciones no da sitio para demasiadas plazas, pero lo que en origen pudo ser una propiedad única se convierten múltiple propiedad o única con usos distintos a distintos niveles creando al abrirse las zonas explanadas que recuerdan pequeñas plazas.


La blancura es una constante de los pueblos blancos andaluces. Calles estrechas y paredes encaladas que cumplen las dos las mismas misiones: evitar las humedades y reflejar la luz para reducir al máximo la influencia solar en el interior de las viviendas.
En esta foto se puede apreciar el peto de la calle que asciende hacia lo alto del pueblo a manos derecha.


Uno de los encantos de la arquitectura popular, o al menos a mi me lo parece, es la conjunción entre antiguas construcciones con otras posteriores que no afean en absoluto al pueblo. En este caso una antigua muralla o un antiguo cerramiento derruido se ha consolidado con la edificación creando de cara al público u patio que sirve de distribuidor a distintos viviendas.


No podía faltar en un pueblo blanco la irrupción de una preciosa buganvilia que aparte de dar color corta la perspectiva y humaniza esa zona. Es nexo de enlace entre el jardín privado y la vía pública. La pequeña puerta que abre el jardín a los ojos extraños nos muestra sus rocas y en ellas tres cantaras de vidrio dan humanidad a la piedra (Lado izquierdo de la foto tras la puerta)


Y qué decir de las tejas árabes encaladas y mimadas en su colocación al máximo. La teja curva, teja llamada árabe, es uno de los elementos constructivos que han perdurado ante las nuevas técnicas constructivas, realzándolas en muchas ocasiones.
Y cuando las observas cubriendo el paramento al que deben proteger, te das cuentas que son capaces de soportar no solo el agua sino el paso del tiempo.
Volvemos a las macetas. Son un elemento particular en cada fachada. Están colocadas ahí unas de manera fortuita y otras incrustadas en los propios muros de manera consciente, como una aportación contemporánea a su entorno.
Los huecos en fachada son un elemento esencial en la arquitectura de nuestros pueblos.







Huecos de trabajo, huecos de luz, de protección etc conviven unos con otros sin molestarse. Las diferencias estriban en la calidad del acabado de sus ventanas y puertas y en las rejas que sobre ellos se coloquen.

 


La importancia que se le da al hueco va en consonancia con su valor con respecto a la zona de la vivienda donde se realiza. Asi, lasescudrias de las maderas difieren en su ejecución y montaje. Incluso las pinturas y los herrajes pueden pasar de estar ocultos a mostrarse de la forma mas descarada.
Una parte importante y que pasa muchas veces desapercibida es la relación luz sombra.








La luz, sobre todo en los pueblos blancos, es el elemento esencial y por lo tanto la sombra es la luz opuesta que juega con la primera. La combinación de ambas nos aportan un cambio constante en el paisaje urbano.


Fijaros en la sombra de la reja de la ventana. Da la sensación que es una bolsa que quiere o espera recoger a aquello que la produce.
Por último una sencilla embocadura de un acceso a una vivienda. El contraste entre la luz blanca y esa madera oscura, pintada de tal forma, que se hunde en la fábrica que la rodea.


Volveré a este pueblo, como pienso volver a muchos de los pueblos de la geografía española buscando detalles.
Por hoy nada mas.
Sed felices
Antonio

viernes, 6 de julio de 2018

Contrastes


Es temprano, lo suficiente para que el sol de junio este aun bajo y le cueste entrar entre los altos abetos que rodean la casa. Los plátanos mas pequeños son la segunda cortina que la luz y las sombras tienen que atravesar para apagar o iluminar todo.


Los colores acompañan a esa luz que trae vida. Sin ella no seriamos nada.
Los contrastes en el aligustre son claros. Destacan sus racimos de pequeñas flores blancas sobre un fondo verde unas veces más claros que otras, rozando la sombra, la no luz, la oscuridad.


Luz y oscuridad, que yuxtaposición tan clara, valga la redundancia, pero que son fieles amigas la una de la otra. No existe en la tierra ni una luz perfecta ni una oscuridad total. Siempre junto a la una está la otra.
Los rayos del sol iluminan las flores perezosas de las hortensias. Estas aun ofrecen esos colores de la infancia tenues y tranquilos en busca de la madurez.


Unas partes de las flores están en la luz, las otras en las sombras. Vuelve el encuentro de ambas delante de nosotros para mostrarnos la belleza que conjuntamente ofrecen.





Luz, siempre la luz dando vida a su alrededor. La luz crea todo. Es la parte esencial de cualquier ser vivo, imprescindible, para plantas y casi todos los animales. Hay algunos que se han aclimatado a vivir sin ella, pero son los menos.
Los contrastes son fantásticos.
Lo único que hay que hacer es acostumbrar a nuestra vista a percibirlos. Una vez que ella se acostumbra a encontrarlos es muy difícil que nos pasen desapercibidos.


Fijaros en las sombras y en las luces que se producen en las hojas del pruno. Contraste de claros y oscuros donde la luz, que lo envuelve todo, permite a la sombra ocupar algunos lugares a su entorno.
Me gusta disfrutar de la luz y de la oscuridad. Cada momento tiene su encanto.





¿Quien no se ha tumbado de noche a observar el cielo sin luna y perderse en la inmensidad de estrellas que titilan en medio de la negrura y ha quedado prendado por ello?


Oscuridad y luz de la mano. Al fin y al cabo la oscuridad no es otra cosa que el espectro negro de la luz, pero sigue siendo luz.
Contrastes, siempre contrastes.
Sed felices
Antonio

lunes, 13 de marzo de 2017

Contrastes en los prunos... y en mi.


CONTRASTES



Iba andando, tranquilamente y en solitario, por debajo de una hilera de prunos que se ofrecían sin ningún tipo de restricciones a se fotografiados. La calma total del aire lo hacía blanco fácil al enfoque de la maquina. El calor excesivo para estas fechas del año parecía doblegar algo a sus flores, pero aun así la belleza del conjunto era extraordinaria y ya más cerca, casi en la intimidad de la mirada, cada ramita era una exposición de color y armonía.






Andaba tranquilamente; me di cuenta que realmente buscaba el detalle y el contraste, No quería fotografiar flores en general cegadas por una potente luz cenital del mes de marzo a las doce de la mañana, no, quería contrastes. 



Intentaba encontrar las diferencias entre la luz y la sombra, entre el color blanco de las flores y el casi marron rojizo de las hojas y el azul del cielo; quería encontrar también el contraste entre lo que el objetivo enfocaba y aquello que quedaba detrás como un fondo tejido de colores diversos que le daban al objeto fotografiado personalidad, preferencia sobre el resto. En fin, queria encontrar los contrastes internos y compararlos con los del mundo exterior






Pero a la vez, aunque mis ojos buscaban los detalles, mi espíritu gozaba del conjunto, intentando sacar el máximo partido a ese milagro de la naturaleza que son las flores de los frutales adelantándose con su belleza a las hojas que le darán la vida al árbol. Ellas, las flores,  le darán el fruto, la continuidad, la prolongación en el tiempo.
Los abejorros de la madera, violáceos y negros, aprovechaban esas flores para ir libando de una en una e ir transportando los gérmenes de una nueva generación de flor en flor.



Esa era la belleza del entorno, el detalle fantástico de la lucha por la supervivencia en una expresión maravillosa de belleza y yo estaba sumergido en ella y quería seguir estándolo, impregnándome de cada pétalo blanco; había que superar las angustias, había que abrirse a un mundo pleno y dejar los pensamientos agoreros a un lado.



Difícil, muchas veces, esquivar el contraste entre la belleza que te rodea y las angustias que llevas dentro o que otro lleva dentro y tienes que compartir. Pero esos contrastes son parte de la vida que nos toca vivir. Alegrías y penas comparten un mismo espacio y un mismo tiempo. La vida nos exige complementar unas y otras y luchar por cada segundo de permanencia sobre la tierra intentando que sean las alegrías las más poderosas. Pero es cierto que al final la experiencia se basa en esos contrastes de belleza y fealdad, alegría y pena, triunfo y derrota que son a la fin y a la postre el pan nuestro de cada día.



La vida es un puro contraste de momentos distintos, como las flores de los prunos y el medio que les rodea. La vida es lucha constante, paciencia, esperanza, deseo de llegar a donde sea… La vida es un contraste continuo que tenemos que superar, con el que tenemos que luchar y vencer.



Seguí paseando bajo los prunos y mantuve la vista en las flores y en sus distintas coloraciones y contrastes. Allí había vida; allí se luchaba por salir adelante aprovechando cada instante, cada momento de sol y calor para que, como otros años, los frutos naciesen.



Mire por última vez los arboles, las flores, y sentí, dentro de mí, una sensación de paz que no tenía desde hacia tiempo: había contemplado la belleza al tiempo que charlaba o dejaba charlar a un amigo. Y creo que un poco de paz transmitieron aquellas pequeñas flores y sobre todo aquella charla.




Sed felices

Antonio 

viernes, 7 de octubre de 2016

Contrastes: luz y sobras en las hojas.

Estamos en otoño.
Ultimas horas de luz de un sol que busca un horizonte de casetones de ascensor, antenas y chimeneas sucias.
Sus rayos caen potentes y a la vez suaves sobre las hojas de los arboles del Jardín Botánico.


Los contrastes de sombras y luces se reproducen constantemente en muchos lugares de esta maravilla enclavada en pleno centro de Madrid.
Me encanta experimentar con las luces y las sombras de las tardes otoñales.
No es la primera entrada que monto con este mismo tema, pero todas son diferentes.
Cada día, por no decir cada instante, aporta un tono mas o menos suave de luz a ciertas horas de la tarde otoñal.


Compiten en competencia desleal la luz y la sombra. El problema es que la sombra existe siempre, la luz solo medio día.
Experimento una sensación de plenitud mientras voy fotografiando las hojas de los distintos árboles. Me gustaría saber transmitir esos impulsos que, a través del ocular de mi maquina, aparecen en mi cerebro. El cerebro recicla, el corazón siente.
Hay alegría en esos contrastes.


No voy buscando una guerra entre luz y sombra, no. Voy buscando y encuentro una coordinación maravillosa entre ambas.


Hay alegría en ellas ¿O no?
Juzgad vosotros mismos.







Ha llegado el momento en que los árboles han de tomar la decisión de desnudarse y quedar ateridos durante los meses de frío.  Pero este año, en Madrid, las hojas tienen una lenta y perezosa caída; no quieren perder de vista el verano que ya se ha acabado









Sed felices.

Antonio