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viernes, 20 de mayo de 2016

Las urracas que vencieron a la terrible gata atigrada

Buenas tardes.
Hoy quiero contaros la historia de dos urracas que tenían un nido cerca de uno de los arcos de casa de mi cuñada. Un lugar, donde a últimas horas de la tarde el sol calienta la piedra cuando en el resto del jardín está ya prácticamente en sombra.
Y ese lugar es también el lugar donde a una de las gatas de la dueña de la casa le gusta colocarse a tomar el sol antes de su cena.
Estábamos tomándonos un te tarde,  cuando desde el interior de la vivienda presenciamos como dos urracas acometían contra la gata. Valor le echaron, pues conociendo a la felina…

Las dos urracas posadas en la columna observan a la gata.


La gata pasa olímpicamente de las urracas, pero...

Mientras la gata se coloca para tomar el sol una de las urracas la observa. La otra se ha bajado al suelo y es lo que mira la gata.


La gata comienza a rascarse, momento en que la urraca aprovecha para colocarse cerca de la gata y...



Y le lanza un picotazo


Después de varios intentos de picotazos la gata decide dejar a las malhumoradas urracas e irse a tomar el sol a otro lugar.

La sombra de la urraca distrae durante unos instantes a la gata.


La gata nos descubre detrás de los cristales. Nos ha oído.

Viene toda oronda, disimulando su derrota, a comer a la casa.


La urraca triunfadora toma posesión del arco.

Esta historia duro unos cinco minutos y la pena es que los ataques de la urraca a la gata con picotazos eran tan rápidos que no me dio tiempo a fotografiar ninguno.
Nada mas por ahora.
Eso sí: sed felices

Antonio 

domingo, 12 de abril de 2015

La gata que cazaba en el Real Jardín Botánico de Madrid.-

 

El día no era demasiado bueno; el tiempo primaveral de los días pasados parecía estar diluyéndose en una desapacible tarde que iba cubriendo el cielo de tonos grises. 


Una brisa a cada instante más fría comenzaba a ser molesta, pero me empeñe en seguir recorriendo el botánico en busca de alguna planta que se dejase retratar y al doblar la esquina del paseo que conduce a los invernaderos, una preciosa gata expectante estaba mirando fijamente una junta del muro que separa los distintos niveles del paseo.




Era una gata atigrada, gorda, muy suya, como casi todos los gatos, independiente y totalmente confiada ante los visitantes del jardín.
Estaba tan absorta en algo que debía moverse dentro de la junta que no hacia ni la más leve concesión a los siseos y a los distintos ruidos producidos por mi boca para qué me prestara atención.


Sentada, observaba el muro. Seguro que o una lagartija, o un pequeño insecto, se movía dentro de él y el ruido que pudiese producir llamaba la atención de la gata. De vez en cuando su pata delantera se introducía en la junta intentando atrapar con sus garras a cualquier insensato que se colocase a su alcance.


Tal era su atención. y su desprecio hacia mi presencia, que cuando me acerque hasta ella no salió huyendo, como hubiera hecho cualquier gato callejero, si no que, muy al contrario parecía indicarme que le ayudase en su caza vespertina.



Tumbada, sobre la piedra caliente aun, siguió manejando su pata. De vez en cuando se digno a levantar la cabeza como si quisiera recompensar mi acercamiento. Pero fueron solo unos pequeños instantes. Luego volvió a colocarse semitumbada sobre el murete y continuó prestando toda la atención a su caza.



Seguí mi camino. Continué andando.
Mientras fotografiaba la Corokia cotoneaster apareció de repente la gata y ante un leve siseo mío, vino rauda a saludarme y restregó su cuerpo contra mi pantalón. 


No pude fotografiarla, pero me quedó la duda si era una muestra de reconocimiento por el tiempo que había estado junto a ella mientras cazaba.


Nada más por hoy. Sed felices.
Antonio

miércoles, 13 de marzo de 2013

LAS ARDILLAS ROJAS.- En el parque.

 
La ardilla roja, la ardilla más común en los bosques europeos, es la protagonista de nuestra página hoy.
Conocida científicamente como Sciurus vulgaris, suele vivir en los bosque poblados de todo tipo de coníferas, aunque se la puede ver en otro tipo de bosque siempre que produzca frutos que las alimenten.
Viven en libertad entre tres y siete años, dependiendo esto de la cantidad de alimento disponible. Las hembras pueden criar a partir de los dos años teniendo de 2 a 4 crías que sobreviven en un treinta por ciento como mucho.
Aunque solitarias, se las puede ver en grupo, sobre todo en la época de reproducción, pero suelen ser en libertad muy esquivas a dejarse ver corriendo siempre en la parte alta del árbol al notar nuestra presencia.
En el parque del Buen Retiro de Madrid  estos animalitos viven en libertad compartida con los humanos. Se las puede ver corriendo por los árboles o en las praderas desenterrando sus semillas escondidas. Corren a veces dos o tres por un árbol como si estuviesen en el suelo sin importarles la verticalidad del mismo. Y  dentro del parque  solo tienen que tener cuidado de los grandes gatos que conviven con ellas.
Su trato con la gente llega a ser espectacular y si les llevas cualquier fruto seco seguro que con paciencia bajaran a comer, algunas, de tu mano. ¡Pero cuidado con sus uñas!, que cortan como cuchillos, si haces un movimiento que las asuste, pues te pueden arañar.
Curiosas lo son un rato; solo hay que tener paciencia, llamarles la atención con algo y aprovechar los momentos de posado que dan a veces fotos interesantes.
Os dejo con las imágenes; espero que os gusten
 
 
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Nada más por hoy. Cuando paseéis  por un bosque o un parque de una gran ciudad, mirad de vez en cuando a lo alto de los árboles y seguramente podréis observar a alguna ardilla que a su vez os observa a vosotros.
Buen día. Sed felices.
Antonio