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domingo, 12 de abril de 2015

La gata que cazaba en el Real Jardín Botánico de Madrid.-

 

El día no era demasiado bueno; el tiempo primaveral de los días pasados parecía estar diluyéndose en una desapacible tarde que iba cubriendo el cielo de tonos grises. 


Una brisa a cada instante más fría comenzaba a ser molesta, pero me empeñe en seguir recorriendo el botánico en busca de alguna planta que se dejase retratar y al doblar la esquina del paseo que conduce a los invernaderos, una preciosa gata expectante estaba mirando fijamente una junta del muro que separa los distintos niveles del paseo.




Era una gata atigrada, gorda, muy suya, como casi todos los gatos, independiente y totalmente confiada ante los visitantes del jardín.
Estaba tan absorta en algo que debía moverse dentro de la junta que no hacia ni la más leve concesión a los siseos y a los distintos ruidos producidos por mi boca para qué me prestara atención.


Sentada, observaba el muro. Seguro que o una lagartija, o un pequeño insecto, se movía dentro de él y el ruido que pudiese producir llamaba la atención de la gata. De vez en cuando su pata delantera se introducía en la junta intentando atrapar con sus garras a cualquier insensato que se colocase a su alcance.


Tal era su atención. y su desprecio hacia mi presencia, que cuando me acerque hasta ella no salió huyendo, como hubiera hecho cualquier gato callejero, si no que, muy al contrario parecía indicarme que le ayudase en su caza vespertina.



Tumbada, sobre la piedra caliente aun, siguió manejando su pata. De vez en cuando se digno a levantar la cabeza como si quisiera recompensar mi acercamiento. Pero fueron solo unos pequeños instantes. Luego volvió a colocarse semitumbada sobre el murete y continuó prestando toda la atención a su caza.



Seguí mi camino. Continué andando.
Mientras fotografiaba la Corokia cotoneaster apareció de repente la gata y ante un leve siseo mío, vino rauda a saludarme y restregó su cuerpo contra mi pantalón. 


No pude fotografiarla, pero me quedó la duda si era una muestra de reconocimiento por el tiempo que había estado junto a ella mientras cazaba.


Nada más por hoy. Sed felices.
Antonio

domingo, 23 de noviembre de 2014

Los minusculos jardines de las hormigas.

 
Paseando cierto día del mes de octubre por los alrededores de la casa de mi madre, me fije que las hormigas disfrutan recorriendo sus jardines particulares que se forman sobre todo encima de las vallas de piedra.
Las pequeñas plantas que salen en estas fotos son pequeñísimas. tanto que la mayor de ellas tiene un centímetro de altura.

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Estos mini jardines están formados por musgos y líquenes que saben aprovechar el ambiente que les rodea para crecer y desarrollarse.En verano suelen apagarse, pero tienen la capacidad de revivir en cuanto la humedad es la necesaria para su supervivencia y son capaces de resistir las grandes heladas del invierno.


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La hierba acaba de abrir sus primeras hojas para aprovechar la luz del sol. Los tallos que salen de los musgos la rodean.


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Pero no solamente habitan estos lares las hormigas. No depredadores como las avispas y las lagartijas recorren los jardines en busca de cualquier alimento que ande.


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Las avispas en estos últimos días calurosos van buscando todas las proteinas posibles y azucares de las plantas para pasar el invierno.


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Las lagartijas también esperan su momento escondidas entre las grietas del muro. Cualquier descuido puede ser mortal.


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Espero no haberos aburrido.
Antonio

miércoles, 9 de abril de 2014

Depredadores y posibles víctimas en la valla de piedra.-

 
Un día del octubre pasado, subiendo hacia la Virgen del Espino, en el municipio serrano de Los Molinos al pie los picos de la Peñota, que son tres, me percaté que en la valla de piedra que cerraba el camino, estaban muy cerca el uno del otro el depredador, la lagartija, y sus posibles presas, los insectos y los arácnidos.
 
 
 
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Son días los de octubre en que puedes pasar o un calor agobiante como encontrarte en menos que canta un gallo en medio de una terrible tormenta serrana. Este día hacia un maravilloso sol que obligaba a cubrirse la cabeza y a ponerse el jersey en la cintura.
Las lagartijas, son en el fondo pequeños lagartos, que corretean entre las rendijas que dejan las piedras del muro y que les gusta tomar el sol plácidamente. Son a la vez curiosas y asustadizas, pero si tienes paciencia y les silbas dulcemente terminan sacando la cabeza y dejándose fotografiar.
Sus presas a las que también les gusta el sol, son muy dispares. Desde mariposas a arañas pasando por cualquier otro insecto o arácnido que buscan en los días del otoño o un lugar donde alimentarse para luego pasar el invierno o un lugar para morir.
 
 
 
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Aquí está la señora lagartija posando sobre una cama de musgo, tomando el sol tan ricamente y dejándose observar a un metro de distancia.
 
 
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Un chinche, avanza tranquilamente por una piedra de granito. Dentro de unos días si no ha encontrado refugio entre las piedras puede morir en una helada temprana.
 
 
 
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Una avispa, no sé si viva o muerta, esta inmóvil sobre una flor seca de una hierba.
 
 
 
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Este pequeño coleóptero trepa por una tardía espiga de gramínea silvestre.
 
 
 
 
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Esta mariquita de siete puntos asciende por el tallo buscando la tranquilidad de las alturas.
 
 
 
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Esta Phlogophora meticulosa descansa durante el día entre las hojas de una hierba. Ahí está a salvo de la lagartija, pero no de las arañas.
 
 
 
 
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Saca su cabeza entre dos piedras. Está interesada en saber qué es lo que hago. Mientras la cámara le enfoca no deja de mirarme.
 
 
 
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Este saltamontes esta tranquilamente tomando el sol. Sabe que el pequeño lagarto está a distancia segura y un rápido salto le evita el peligro.
 
 
 
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Un solitario gorgojo avanza increíblemente confiado sobre el granito. Es una presa segura si sigue por estos pagos.
 
 
 
 
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Otra incauta que anda tranquilamente de caza, pudiendo pasar a ser presa.
 
 
 
 
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Muy largo es. Esta en lo alto de la valla. Mal lugar para tomar el sol, no solo las lagartijas están ahí, también pájaros y grandes moscas cazadoras.
 
 
 
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Nos despedimos de todos ellos. Otra lagartija nos dice adiós con su mirada.
 
Otro día de estos volveremos por ese camino a mirar a los habitantes de la valla.
Sed felices.
Antonio

viernes, 28 de marzo de 2014

UN DRAGON EN MADRID.-

Si subís por la Calle del Prado en dirección a la Plaza de Santa Ana, cuando lleguéis a la esquina con la Calle del León, pararos. Dar una vuelta alrededor vuestro y mirar la asombrosa salamandra que una escuela de diseño ha colgado en la fachada.
 
 
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No os asustéis, ni anda, ni muerde, pero eso si tiene una memoria increíble, lo único que no sé es si es capaz de almacenarla.
 
 
 
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Desde que aparecieron los lápices para almacenar datos y las pequeñas tarjetas de memoria los Cd’s han ido quedando en desuso. La idea de esta escuela de diseño es más que aceptable para no tirarlos a la basura.
 
 
 
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La idea es original y pertenece a la escuela de diseño "iade", realizada entre profesores y exalumnos.
El diseño llevo la friolera de 346 horas y la producción 896 horas entre fabricación y montaje.
 
 
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Se emplearon 4200 Cd’s, las misma cantidad de bridas y arandela, que sujetaban los CD’s a una tela metálica o malla que reforzaba el diseño de 34 m2. El peso total de la lagartija, dragón o salamanquesa es de 125 kg y la longitud total del angelito desde la cabeza hasta el final de la cola 17 metros.
 
 
 
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Desde luego hay que darles el aprobado, creo que la idea es original y más de un Cd’s ha sido fotografiado.
 
 
 
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Nada más. Solo sed felices, que esto dura poco.
Antonio