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lunes, 6 de marzo de 2017

La taza de te.-

LA TAZA DE TE.-

La tarde está tranquila. Corre una ligera brisa. El cielo parece mal hecho. Nubes altas y bajas tapan cada una a su antojo el viejo sol de invierno. Ya le queda menos a este sol para que de nuevo sonría como un niño cuando llegue la primavera.
Y yo sonreiré también cuando sepa que al salir al campo los bichines vuelvan a volar a mi alrededor, enseñándome toda la belleza que la Naturaleza encierra en esas pequeñas cositas de seis patas.
Pero aun quedan unos días y eso que las temperaturas hoy durante la mañana y la tarde han sido ya cuasi de primavera.
La verdad es que la soledad en estos días de cambio no ayuda. Salir a dar un paseo solo, hay veces que es genial,  otras por el contrario es un lastre que te vuelve rápidamente a casa.


Eso me ha pasado hoy, he bajado a por té al pueblo y ya estoy de nuevo en mi escritorio mirando de soslayo hacia la puesta de sol que dentro de poco quizá se decida a ser bonita. Si así es puede ser un espectáculo grandioso entre tantas nubes, pero puede resultar ser una gran decepción.
A las seis y media, antes de que el sol baje al horizonte, después de su jornada laboral, un te reconfortara algo el ánimo, aunque sea solo un poquito.
Me encantaría tomarlo acompañado, pero no puede ser. El té, esa tradición que nos trajeron de allende el mar y los desiertos, es una fuente de inspiración, de relax, de degustación de dulces, de charlas a veces insustanciales y otras por el contrario llenas de una fantástica sensación de plenitud y alegría.
El té, el de las cinco para los británicos, el de cualquier hora para nosotros, es un mágico elixir del que se han conseguido infinidad de variaciones a base de aditivos distintos que le dan un toque sensacional y distinto.
Unos elevan el ego, otros excitan, otros ayudan a la caricia, otros por el contrario relajan y algunos aportan sabores de hierbas y productos que quizás solos no te atreverías a usar.
Pero hay una cosa fantástica en dos tazas de té y no es otra que la complicidad en saber que se hace gustosamente, que obliga a compartir un tiempo delicioso alrededor de ellas. Si no estás a gusto, no vas  tomar el té. El té requiere pausa, tranquilidad, sosiego, relax en fin.  Y es agradable compartir esos momentos. ¿Estáis de acuerdo conmigo?


Hay veces que no se puede compartir la taza, pero se puede pensar que la estas compartiendo; y es en esos momentos de soledad es cuando echas en falta la compañía en la otra taza vacía.
Os dejo, se me va a enfriar demasiado la taza y lo único que no se puede hacer con un te, es meterlo en el microondas y recalentarlo.
La puesta de sol está a punto de comenzar, ya os diré que tal.


Lo que sí es cierto es que mirar una puesta de sol solo es como tomar la taza de té solo; unas veces apetece y otras entristece,
Pero siempre mirar al cielo trae algún momento positivo de reflexión.
Sed felices.
Antonio



P.D. La puesta de sol no ha sido gran cosa, pero os dejos un par de fotos. 
Todas las fotos son de esta tarde

martes, 5 de agosto de 2014

A ras de suelo; tumbado en la hierba.

Ayer fue un día especial. Primera sesión fotográfica con el nieto en el campo. Yo fotografiando tumbado en el suelo y el encima de mis espaldas pasándoselo en grande. Pero me vino genial para presentaros esta entrada que quiero titular “A ras de suelo”

 
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Y es que tumbado en un mar de manzanilla, mezclado con las plantas del té verde y una infinidad increíble de pequeñas flores, la perspectiva cambia radicalmente.
Un maravilloso bosque se extiende hasta los limites finitos que se obtienen al apoyar la cabeza en el suelo y observar un mundo de color increíble, (y eso que la tarde no estaba muy buena), donde pequeños saltamontes comparten su espacio con coleópteros y abejorros que vienen a libar aquí.

 
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Y cuando te levantas llevas impregnado en toda tu ropa una maravillosa fragancia compuesta de todas las plantas sobre las que has estado tumbado. Me sabe mal no poderos trasmitir esos olores, os tendréis que conformar con lo que vio mi máquina a ras de suelo.

 
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Todo lo que habéis visto en un espacio de un metro a mi alrededor.
Los vaqueros me siguen oliendo a manzanilla.
Sed felices.
Antonio