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sábado, 30 de marzo de 2019

Mirando alredor en una puesta de sol





No puedo mirar al sol de frente.
Aun está alto, pero lo suficientemente bajo como para molestar.


Un campo de nubes promete una buena puesta de sol.
Los árboles del paseo se recortan contra el horizonte.
A los pies el molinillo, espera al aire.



Los ladrillos absorben los últimos rayos como si del horno que los coció se tratase.


Y una planta de bella flor y nombre desconocido se presta a ser mirada.


El cielo se enciende.


El cielo se enciende mucho mas.


De repente se apaga y queda todo en silencio.


Todo, menos el ultimo canto del tordo antes de acostarse.


He mirado a mi alrededor y estas son algunas de las cosas que he visto.
Solo me falta mirarte a ti, Soledad.
Sed felices
Antonio

lunes, 11 de marzo de 2019

30 minutos acostando al sol. (Filosofía de albañil)

Buenas lo que sea, porque tu puedes estar incluso viendo la puesta de sol.
Todas las fotografías de este trabajo son continuas, están colocadas por orden, y solo se han recortado.
Todas son de la puesta de sol de ayer 9 de marzo de 2019.
Espero que os guste; si pensáis que los temas personales no son aceptables, no lo leáis.



 19:03 Tengo que taparme los ojos al mirar al horizonte. Con ello consigo ver el cielo de frente, Ya queda poco para que Lorenzo se esconda tras el horizonte. Quizás un par de minutos mas antes de que se duerma del todo. Es un buen chico. Puntual todas las tardes para dormir, aunque poco a poco se va escaqueando y se esta acostando todos los días un minuto mas tarde. Porlo menos me hace compañía, así no estoy solo.



 19:05 El cielo empieza a teñirse. Es un gran coqueto, Puede tirarse treinta o cuarenta minutos probando a ver que tono le va mejor. Es una delicia que lo haga, así puedo disfrutar y elegir el momento que mas me gusta.


19:06 Los últimos rayos están ya torpes, Solo queda un milímetro de la esfera celeste por esconderse tras el horizonte. Todos los días igual pero distinto. Como nuestros días, todos iguales, con las mismas discusiones, pero al final distinto del anterior y seguro que del siguiente. 


 19:07 Ya solo es resplandor. Lorenzo se ha acostado por fin. Cada vez que esto ocurre y yo lo veo, una sensación de paz me invade. Multitud de preguntas surgen, dudas también. Esas luces de multitud de colores distintos hacen en mi el mismo efecto que las luces de colores de las piscinas termales: me relajo y llevo mis pesares con mas tranquilidad.


19:08 Lo bueno que tienen los objetivos de gran longitud focal es que te trasladan a lugares que el ojo es incapaz de ampliar. Una llama de oro se recorta en ese cielo. Suelo con paz, me imagino un mundo pleno de felicidad y no este que en cualquier momento se puede convertir en un polvorín explotando. 


19:13 Ya han pasado diez minutos desde que el sol comenzó a esconderse. Ahora tengo tiempo para pensar un poco en ti. Y pienso en ti ahora porque en otro momento no puedo. Estas demasiado lejos, en un país tan distinto al mio que da vértigo. Las distancias pueden ser muy pequeñas pero los tiempos son eternos. Ya han pasado diez minutos, ya, y parece que hay sido un instante. Tienes demasiado poder sobre mi, cielo.


 19:16 Tres minutos más. Cada instante, cada segundo que vivimos, es un regalo maravilloso que despreciamos muchas veces. Un instante puede ser eterno o efímero. La medición del tiempo es una relación química entre la edad y las encimas que producimos. Y aterra ver como los instantes, incluido este, pasan a velocidades vertiginosas.Un regalo que tiramos normalmente por la borda, hasta que es demasiado tarde y se nos hunde el barco definitivamente,


 19:17 Un minuto mas. Y sigo solo, con mis nubes en el cielo que siguen maquillándose.


19:24 Han pasado otros siete minutos. Los colores comienzan a teñirse de rojo en gasas suaves que van abrigando a la bóveda celeste. Hay que tapar al sol para que no se enfríe. A mi me encantaría que tu me tapases cuando tengo frío; en este momento lo estoy empezando a notar. Pero el país de tu origen está muy lejos.


 19:24 Cada vez que disparo con la maquina, quemo un segundo de mi vida y no se cuantos me quedarán aún. Un amigo hablaba ayer de la soledad buscada, Esa debe ser impresionante, Poder escaparte del mundo recorriendo una orilla o subiendo una montaña porque has elegido estar solo. Terriblemente es muchísimo peor es estar contemplando la belleza porque nadie ha querido acompañarte.


 19:28 Los tonos por general en el cielo son rojizos. Van apagándose lentamente, como cada uno de nosotros desde el momento en que nacemos.


19:29 Solo en el horizonte refulge aun una cierta luz dorada, como la que se enciende dentro cuando pienso en ti. ¡Que mal hechas están las relaciones sociales! Somos tan hipócritas que nos regimos por un decálogo muchas veces absurdo, donde la libertad del hombre para amar solo está dirigida en una dirección, Todo es pecado, incluso amarte.


 19:29:30 Cada vez mas rojas, como si fuesen infinitos labios pintados ya de un carmín pasado de moda. El cielo se está apagando y yo con él.  Voy a emprender la vuelta y volver al mundo normal de las personas normales. Cuando cruce la calle y suba las escaleras del portal seré un respetable D. Antonio, padre de familia y cumplidor en su trabajo. Las ilusiones personales se habrán quedado fuera.


19:31 Enfoco de nuevo el horizonte con el teleobjetivo. Ya no queda nada. Incluso donde brillaba hace treinta minutos la esfera que nos calienta, queda ya solo un rescoldo con las ultimas brasas encendidas. Nos hacemos viejos y nuestras brasas están cada vez mas apagadas; ¿por que se inventaron los mandamientos? Seria por gente como yo, supongo; no, ¡seguro, seguro!

Sed felices. Una mirada  a una puesta de sol puede inundar el corazón de gozo, aunque no lo parezca tras mis reflexiones.
Antonio 

miércoles, 6 de febrero de 2019

El hombre de la cabeza gacha.-


En los últimos viajes que he realizado en el metro he observado y mirado descaradamente a mi alrededor y me he dado cuenta de que vivimos en un mundo cada vez mas distanciados los unos de los otros , más lejano para aquellos con los que no mantenemos unas relaciones de amistad o de familia. Surge, cada vez que se toca este tema, la discusión si las técnicas modernas acercan o alejan; si se lee mas ahora con los móviles o las tabletas que con los libros de papel. Pero lo que es cierto es que cuando subes a un vagón de metro solo ves ojos puestos en los aparatos electrónicos y no se desvían de ellos como si mirar a otro lugar  fuese saltarse una norma de urbanidad.


Y hace falta observar para darnos cuenta que no estamos solos; nos rodea un mundo de miseria, de desgracia y desesperación, que aquellos que algo tenemos, no queremos ver y preferimos mirar a nuestros aparatos electrónicos, a nuestro interior.
Un mundo de silencios acompañados de una música celestial que llega a los oídos a través de infinidad distinta de tipos de cascos, pero con oídos sordos a los lastimeros gemidos de aquellos que quieren hablarnos de sus penas, de aquellos que nos suplican su atención. Y nos rodean a cientos, incluso cada uno de nosotros puede ser uno de ellos, porque hay muchas penas distintas en este mundo.
Las más vistas son aquellas que tienen relación con el dinero, el paro y la falta de tener cubiertas las mínimas necesidades, que conducen primero al resquemor, ala vergüenza, luego a ejercitar la mendicidad solicitando unos euros, comida, un cigarrillo, alcohol, luego cualquier cosa. Y esa desesperación que no queremos mirar o ver, conduce a caminos tan dispares como el ostracismo, la desesperación, el robo o el suicidio, esto último de infinidad de maneras distintas que no tienen porque llevar a una muerte física; a veces esta ultima mucho mejor que una muerte psíquica y de desesperación.
¿Por qué escribo esto? Tan sencillo como la presencia de tres indigentes distintos en un espacio de veinte minutos y seguramente rodeado de algunos más que aun no habían atravesado el primer estadio de lo dicho anteriormente.
El que más destacaba, era un hombre al que se le veía desesperado. Doblado sobre si mismo, mirando al suelo; no se atrevía a levantar los hombros como si una terrible carga recayera sobre ellos. Sus zapatos, casi botas, recias, miraban hacia adentro, como señalando el punto a donde sus ojos de se perdían en la desesperación. Ocupaba un asiento al extremo de la fila. Daba la espalda a todo el que se sentaba a su lado. Estaba solo; solo y rodeado de gente. Ni una sola vez levanto la vista hacia mí, ni hacia nadie. Cuando sus manos se desenlazan, abre algo los brazos, como si quisiera aceptar algo, y vuelve a entrelazarlas. Sigue mirando al suelo. Así seis o siete estaciones. ¿Cuál será su problema?
Seguro que la falta de trabajo y de dinero. La desesperación del que desea y no puede dar; desesperación si hay hijos pequeños a los que alimentar.
Sigue sin levantar la cabeza, sigue buscando una solución a su problema. Seguramente estará pensando que la suerte le ha abandonado, que todo está perdido…
Y todos seguimos mirando a nuestros móviles o escuchando música con la mirada perdida como si estuviéramos viendo un recuerdo, como si aquel hombre de la cabeza gacha no existiese.
Y realmente para los que vamos en el metro los hombres de cabeza gacha no existen porque no queremos verlos; no queremos sentir cerca de nosotros la pobreza. Nos asusta, nos da miedo que llegue un momento en el que tengamos que enfrentarnos a lo mismo y no queremos saber nada del hombre de la cabeza gacha, de los hombres de cabeza gacha. En el fondo con tanto transistor, con tanto adelanto, nos hemos convertido en maquinas egoístas que solo nos miramos a nosotros mismo y no queremos ver reflejada en nuestra mente la miseria de los demás.
Sed felices
Antonio

lunes, 3 de diciembre de 2018

Niebla


Silencio.
La niebla invade mi calle. Es un manto quela cubre y solo la luz de una farola despunta.
Paseo silencioso por la acera.
Pienso que estoy solo en el mundo. No se oye un ruido; no se vislumbra un alma.
Silencio sobrecogedor.



Al pasar bajo la farola mi sombra me acompaña en el aire.
Finas gotas mojan mi cara y empapándome del frio de la noche.
Silencio, niebla, silencio, nadie.
El ruido de mis pasos sobre las hojas caídas me acompañan. Me acompañas tú también.
Extraña forma de pensar de cada uno. Distintos enfoques para un mismo motivo.
Divergen los pensamientos en una única idea como los faros del coche en la niebla: cada uno por su lado.
Silencio, niebla, silencio, niebla.
Calla el mundo, todos pasamos de todo.
Estamos dormidos en una terrible niebla que nos maniata. Ya no pensamos por nosotros mismos. Nos hemos amparado en las maquinas y el pensamiento propio se ha perdido.
Teclados y pantallas discurren para que no hagamos esfuerzos. ¿Para qué pensar? Solo hay que hacerlo respecto al trabajo ¿Y el vecino? ¿Ylos demás? Seguramente detrás de un televisor, perdiéndose el espectáculo tenebroso de mi sombra andando entre el vapor helado.


Silencio. Subes en el ascensor con cuatro más y da la sensación que estas rodeados de estatuas vivientes. Un circo de malos actores incapaces de mirarte a los ojos.
La niebla está cerrada en la calle y en la mente.
Esa sabana que te envuelve y te enfría, ha conseguido introducirse en gran parte de la sociedad.
Silencio, niebla, silencio, niebla
La ciudad a mi alrededor está escondida en las casas. Asusta enfrentarse a la verdad, a la oscuridad luminosa.
Retorno sobre mis pasos. Silencio absoluto.
Lo que me encantaría escuchar, no lo oigo.
Con quien me gustaría andar, no está a mi lado.
Niebla, silencio, soledad… frio.
Un frio que se introduce dentro, una niebla terrible que va envolviéndote. Pensamientos, ilusiones se van perdiendo en el caminar nocturno entre la niebla.
Niebla y silencio ¿A dónde nos lleváis?
No, no me respondáis, que me da miedo vuestra respuesta.
Prefiero pensar en medio de la niebla y el silencio.
Niebla, silencio…. frio.


Sed felices
Antonio  

domingo, 26 de agosto de 2018

INCONGRUENCIAS: Obligándome a escribir


Incongruencias


De hace un tiempo a esta parte tengo la sanación  que mi cerebro se ha vuelto perezoso; mi imaginación deja un rastro de vaguería total; la inapetencia marca cierta pautas de mi conducta que hasta ahora no habían surgido nunca.
Luchar contra ello es una imposición que yo mismo me he impuesto.
Luchar contra la inapetencia es cuestión de voluntad.
Contrala imaginación comienza a ser un poco más complicado y creo que lo más difícil es luchar contra la pereza de mi seso.
Pero vamos a ello con vuestro permiso y que mejor que ocho rosas para acompañarnos en un relato que puede estar lleno de incongruencias y contra sentidos.


Me gustan las flores. Y muchas rosas en especial. Me encanta verlas plantadas en jardines y rosaledas formando grandes islas de color en medio de un mundo de asfalto que las rodea.
Siento pena cuando comienzan a estropearse sus pétalos y poco a poco van muriendo encima de su tallo, dejando a otras roas ocupar su puesto. La vida corta de la rosa, una belleza efímera y a veces con unas tijeras afiladas la hacemos aun más corta.


Comparten sus rincones las jóvenes y las viejas. Eso me recuerda un viaje que hice en mi juventud a Dinamarca y allí los patios de los colegios compartían el uso con las casas para mayores; las residencias y colegios juntos. El principio y el fin dándose la mano. ¿Y aquí juntamos a ambos? 


A veces, las flores se juntan, formando preciosos ramos que no necesitan de grandes floreros de cristal para lucir su belleza. No necesitan nada para cumplir su trabajo. Forman una unión perfecta que ya quisiéramos muchos a nuestro alrededor. Composiciones poéticas sin tener que escribir el mas mínimo verso el poeta.


Una flor, puede traernos el recuerdo de una persona. Su visión puede achuchar los sentimientos escondidos que mantenemos en secreto en nuestro corazón y nuestra cabeza. Cuantas veces una rosa ha sido el complemento de un beso o de una solicitud de amor. También lo son del recuerdo y del deseo. Guarda su visión el cariño escondido en lo mas profundo de nuestro ser; el mejor secreto guardado.


Me encanta ver volar a los insectos por encima de las flores y posarse en ellas con una seguridad increíble. Unas flores tienen sus corazones abiertos a los insectos. Otras, por el contrario, lo cierran alrededor de infinidad de pétalos, como las rosas,  como si quisiesen limitar el acercamiento de estos y dejar su intimidad solo para algunos elegidos. ¡Qué forma tan distinta de crear vida entre los humanos y las flores!


Colores de oro mezclados con los de la tierra producen efectos maravillosos. La belleza y la rudeza de las tierras se compaginan a veces como en esta rosa, que a la sombra, no se atreve a mostrar otros tonos. Pero si muestra una belleza increíble. Seguramente muchos ni siquiera giraran sus ojos hacia ella… como muchos no quieren girarla vista a la vida desigual que a nuestro alrededor sucede. Y yo sigo mirando flores. 


Qué extraño. Parece querer la rosa abrigarse de los vientos serranos apoyándose contra el muro de ladrillo. Da la sensación de resguardarse con miedo. Posiblemente tema que su belleza anime al jardinero a usar sus tijeras y acabar en el triste vaso de cristal de una cocina o en el jarron opulento de un salón. Hay que preguntarse si somos y sabemos admirar la belleza que existe en nuestro mundo. Pienso que la creamos como aquel poeta que lanzaba poemas al publico solo para satisfacer su vanidad sin sentir su escrito, no como otros que dejan sus lagrimas, sus sentimientos en forma de pétalos maravillosos sobre el pergamino. 


Pienso si es incongruente desear, sabiendo que nunca serás correspondido. Como la rosa que se inclina sobre la otra solicitando sus caricias y sabiendo que es imposible que ni siquiera sus pétalos se rocen. ¿Cuántas veces ocurrirá a nuestro alrededor esta situación? Sentir y no sentirse en un mismo tiempo, solo añoranza y tristeza infinita equilibrada por el amor. Amor, correspondidos o no.
Espero que mis incongruencias no os lleven al desanimo, pues para mi, todos sin excepción, sois parte de mi existencia.
Sed felices
Antonio

jueves, 19 de julio de 2018

Hortensias, Soledad (Filosofía de albañil)


Silencio: un total silencio se extiende como una densa niebla por los rincones del jardín.


Los pájaros han callado. Son ahora los murciélagos los que corretean entre las lámparas horribles de la calle desde hace ya bastantes horas.
No se les oye; no te oigo a ti, ni a nadie que quiera decirme frases consecuentes.Solo Soledad me llega.


Todo son palabras vanas que corren en el silencio de la noche.
Maldito silencio que habla y hiere con pensamientos, con deseos.
Añoro otros ojos, otra boca. Pero no puedo acercarme a ellos.


Derechas e izquierdas se cruzan en mi camino.
Me machacan unos y otros. Los escupo de mi mente, No tenemos hombres de estado; la paz no se busca, se destruye. Silencio.


En la negrura observo las hortensias. Se recortan contra la noche.
El silencio del jardín se hace insoportable con tus palabras necias.
El silencio del jardín quiere borrar otras conversaciones que si me interesan.


Llegan a mi cerebro otras palabras. Las tuyas, no las quiero. Las de Soledad, irrumpen con fuerza.
Comienza a encenderse el horizonte y algún trino suena entre los árboles.


La vida vuelve de nuevo. Pero es tu vida.
Un murmullo que se convierte en concierto termina con el silencio.
Es verano.
Pero a las seis de la mañana hace frío.
Los tordos afinan sus flautas. Los mirlos brabuquean escondidos bajo las matas de arrayanes. Los trepadores comienzan sus carreras subiendo y bajando por los árboles.
Tu imagen a estas horas se diluye con la luz del día. En cambio su recuerdo fluye en mi cómo una cascada de miles de sonidos y arrullos maravillosos.


Las hortensias del jardín están despertando.
El sol hace despertar al mundo, pero mi sentimiento encendido no puede convertiré en brasa.
Su recuerdo me acecha. Sus ojos me atraen incluso en el amanecer de julio.
Me levanto de la hamaca.
Me gustaría tener a Rachmaninov, Tchaikovsky  o incluso a Joseph de Bologne De Saint George, animando el cotarro del jardín.
Sueño con Soledad aunque sé que jamás me dedicará su mirada.
Avanza el día. Los primeros rayos de sol se cuelan entre los árboles.
Las hortensias comienzan a encenderse. Comienzan a parecerse a mis sentimientos.
Giro en torno a cada planta.

Observo una a una sus flores compuestas.
Disfruto con sus colores y sueño con ella estando despierto.
Ya ha amanecido, ya es de día. Las hortensias siguen en la sombra.
Yo sigo en la penumbra. Suena el jardín. Yo estoy silencioso.
Vivo, si, de recuerdos e ilusiones. El petirrojo descaradamente se asoma.

El mirlo sigue huyendo. Las hortensias bailan en las sombras
Yo pienso, en ti, claro, y me duermo en la hamaca.
Ya ha pasado la noche
Ya se ha ido la angustia.
Maravillosos sueños en los que se cumple el deseo, el deseo del sueño.


Cuando despierto, las hortensias me vigilan; no, vigilan mis sueños.
No saben, que no sueño contigo, sueño con ella, con Soledad.
Siempre las hortensias me vigilan.
Siempre vigilan a Soledad
--o0o--

Sed felices.
Antonio

domingo, 15 de julio de 2018

Lilium entre dos luces


Lilium entre dos luces


La luz y las flores, una combinación que en ciertos momentos resulta fascinante, o por lo menos a mi me lo parece.
Unos simples Lilium entre las sombras y las luces del jardín pueden producir maravillosas sensaciones; traer recuerdos de personas a las que quieres, o has querido, incluso instantes de soledad.
Su contemplación me atrae y, aunque no soy botánico, disfruto con ellas, observándolas, fotografiándolas, y oliéndolas.
Hoy creo que el trabajo fotográfico ha salido bastante decente.
Lilium entre la luz y las sombras del atardecer.
Recuerdos entre flores a la luz del atardecer.
Silencios alrededor de las flores.
Soledad entre flores; tu soledad, mi soledad.
Recuerdos…




















Sed felices.
Antonio