miércoles, 22 de octubre de 2014

El oro de la acacia.-


Hoy he leído algo sobre las hormigas que, como perros de grandes, buscabann oro en Etiopia.
Magnífico trabajo de Ermitiella que me ha hecho pensar. 

 
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EL ORO EN LA NATURALEZA

Pensar, cosa rara en mí, en que el oro está a nuestro alrededor, en cada una de las distintas formas de vida con las que cohabitamos este mundo.

 
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Y he encontrado oro alrededor de una acacia en una parcela de Guadarrama. Sus colores amarillentos, en algunos casos casi auríferos, me han sublimado, me han llenado de alegría y, cómo no iba a ser de otra manera, me he emocionado con el árbol.

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Esa acacia de pinchos terribles, capaz de ensartarte al menor descuido, es a la vez un prodigio dorado en este otoño ya hecho, robusto, que inunda en la extensión de los campos; de todos y cada uno de nuestros campos.

 
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Y creo, que en este caso, que las hormigas auríferas son nuestros ojos a los que tenemos que enseñar a buscar el oro que nos rodea. Ese oro que se esconde en la belleza del ser humano, en la de cualquier animal, en las plantas, en nuestros llanos y nuestros mares…
Nuestras hormigas son y debe ser nuestro corazón, que sea capaz de apreciar lo bello sin colocarle un precio, pues ¿Qué diferencia existe de ser entre el insecto o la flor?

 
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Nuestras hormigas auríferas deben ser, en fin, todos y cada uno de nuestros sentidos dispuestos a comprender y amar a cada uno de los seres que habitan este planeta, que a la postre son copartícipes del suelo que pisamos.

 
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Mis ojos, acompañados de mi corazón y de mis sentidos, y de algo o alguien más, han visto así el oro de una acacia. Quizás este valorando en exceso mi apreciación; pero si a una hoja y a un árbol consigo encontrarle belleza ¿Qué no encontraré en el bosque?

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Hojas doradas maravillosas que engalanan los alrededores y que posaron para mi cámara y sobre todo para mi corazón.


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Espero que os haya gustado
Sed felices.
Antonio.

martes, 21 de octubre de 2014

FLORES CON POESIA CCXIII.- El patio de los frailes...

Nació nuestro poeta en Madrid en el año mil novecientos diecisiete, y por edad de nacimiento pertenece al Vanguardismo y dentro de este a la época de los Ismos.

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Estudio en Madrid donde se doctoró en Derecho y a la vez fue marino militar, especializándose como Jurista del Cuerpo de la Armada.
Juan Jesús Garcés, amigo de Francisco Umbral, escribió en distintas publicaciones españolas de la postguerra.
Era un asiduo del Café Gijón de Madrid. Fue uno de los miembros fundadores de la revista Garcilaso. Publico en distintas revistas y periódicos de la época postguerra como La Esfera Literaria, Juventud, El Español, etc.
De su obra lirica destacar entre otras: Lo nuestro es pasar, Sonetos, En medio del camino…
Jesús Juan Garcés es un poeta vanguardista interesante. Comenzó en un superrealismo del que se fue saliendo hasta llegar a un formato más clasista de modos y maneras al estilo de Góngora y Garcilaso.
Murió en Santander en mil novecientos ochenta y tres.

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Os he colocado un soneto en el que de alguna forma escribe con muy doble intención y titulado En el Jardín de los frailes del monasterio de  El Escorial.
Las rosas son del jardín de casa de mi madre.
Espero que os guste.

 
El JARDIN DE LOS FRAILES

 
Pisando tierra del jardín dorada
soy igual que un almendro. Se dirá
que este aire puro de la serranía
da a la sangre el frescor de una cascada.

 
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¡Que geometría encierra la fachada
magnifica de línea al Mediodía!
Una blanca cigüeña es el vigía
que anuncia primavera retornada.

 
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Aire, verdor. Aquí contemplo todo.
Un silencio barroco se derrama
en el alma tranquila y penitente.

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Dulce jardín, cambia mi sangre el modo
sano de algún pastor del Guadarrama,
que tengo el corazón convaleciente.
--o0o--

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Nada más por hoy. Solo, como siempre, desearos la mayor felicidad.
Antonio

domingo, 19 de octubre de 2014

Las mariquitas del paseo de hoy.-

Dedicado a María Antonia Sassot, a la que le gustan estos insectos.

Una mañana soleada de octubre; un veranillo de San Miguel que llega retrasado.
Temperaturas altas, suelos húmedos e insectos que aprovechan los últimos días de bonanza para alimentarse y poder pasar el letargo invernal en buenas condiciones.


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He fotografiado de todo, mucho más que muchos días de este verano pasado y he disfrutado con los colores del otoño, de un otoño en estas latitudes que comienza a mostrarse sin prisas.
He encontrado mariquitas de siete puntos en casi todas las matas que he visto, en las varas de los junquillos ribereños e incluso en las pequeñas margaritas amarillas que aprovechan el sol para sacar sus estambres a los insectos.
Y ahí estaban ellas. Unas veces plácidamente abrigadas en una hoja tomando el sol, otras compartiendo rascacielos con una hormiga alada y otras caminando tranquilamente en busca de sus pulgones, de los que dará buena cuenta.
Preciosas, discretas, fáciles de fotografiar y siempre distintas y siempre iguales.
Pertenecen al orden de los coleópteros y a la familia Coccinellidae y sus tamaños pueden oscilar de los dos a los 5 o 6 milímetros. Son unas devoradoras insaciables de pulgones y por lo tanto unas buenas auxiliares de jardines y campos.


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Suelen vagar solas por las ramas de los arbustos en las hierbas y en las flores, pero normalmente están en aquellas zonas del tallo donde los pulgones se asientan a extraer los jugos de las plantas.
Capaces de volar, son en cambio bastante perezosas para alzar el vuelo y la mayoría de las veces prefieren tomar el camino inverso que echarse al espacio infinito.
Las instantáneas qué vais a ver son fotos tomadas en los paseos de ayer y hoy y por lo tanto a distintas horas y con distintas situaciones de luz. Son instantáneas, sensaciones que se captan desde la vista y que la cámara se encarga de guardar.

 
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Espero que os hayan gustado estas fotos. Nada más por hoy.
Sed felices.
Antonio

sábado, 18 de octubre de 2014

Mis primeros colores de este otoño.-

Después de 23 días, en los que he estado enclaustrado entre las habitaciones de un hospital, la espera en los pasillos para tener una noticia esperanzadora sobre el estado de mi madre, por fin he podido colgarme las máquinas al hombro y sin alejarme mucho de casa fotografiar pequeñas cosas que son parte del otoño, al igual que los bellos paisajes de un Pirineo multicolor o la línea zigzagueante de un arroyo con sus filas de álamos y chopos a su lado luciendo unas maravillosas galas.

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Pequeñas hojas en una zarza o las hojas amarillas de un solitario árbol nos recuerdan que la naturaleza sabia, comienza a preparar a sus súbditos de cara a un invierno que poco a poco se aproxima y que el sol, inexorable en su recorrido, nos recuerda todos los días acostándose cada vez un poco más abajo y un poco antes.
Son mis primeras fotos del otoño de este 2014 ya conocedor y experimentado que va acercándose a su final. Mañana, o pasado tal vez, comenzaremos a ver nuestras calles y caminos sembrados de un precioso manto de hojas ya no necesarias que terminan cumpliendo la postrera misión: abonar los suelos de cara a una primavera que aun estando lejana también se acerca ya.

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Lo importante es disfrutar de estos maravillosos días de colores, aunque sea con pequeños detalles de nuestro alrededor. Con ellos os dejo y espero que os gusten.

 
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El otoño es al fin una época de luz y de color. Las plantas comienzan a reservar todo alimento capaz de sustraer a las hojas y estas van perdiendo sus tonos habituales convirtiéndose en un puzle maravilloso a nuestros ojos.

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Nada más por hoy. Sed felices.
Antonio

viernes, 17 de octubre de 2014

FLORES CON POESIA CCXII.- La cordera y el lobo

Nuestro poeta de hoy nació en Segovia en el año mil seiscientos.
Hijo de judío portugués converso realizo estudios hasta que entro al servicio de la milicia donde llego a alcanzar el grado de capitán y fue galardonado con el habito de San Miguel.

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Antonio Enríquez Gómez tomo de nuevo el judaísmo como religión y fue perseguido por ello por la Inquisición que llego a quemar una efigie suya de madera a lo que nuestro poeta comento: “Así me las den todas”
Huyo a Francia donde entro a servir a las órdenes del rey Luis XIII y se cree que murió en Paris o en Ámsterdam, en el año mil seiscientos sesenta.

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Antonio Enríquez es un poeta de verso fácil, imaginativo, que pone en sus estrofas un gran ingenio y maneja extraordinariamente bien la metáfora, como podemos apreciar en el soneto que llega a continuación, titulado La cordera y el lobo.
Espero que sea de vuestro agrado.

 
LA CORDERA Y EL LOBO

 
Débil cordera, cuya blanca nieve
copo a copo formo naturaleza,
cándida ofrece al valle su pureza,
si a tanto armiño su verdor se atreve.

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Al cristal de un arroyo, altivo mueve
lobo cruel su barbará fiereza,
y la simple cordera la cabeza
inclina al agua, y descuidada bebe.

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No bien hubo tocado los cristales,
cuando el nocivo monstruo a la desierta
campaña dio de purpura señales:

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quedando la traición mal encubierta,
el agua salpicada de corales,
el lobo ausente y la cordera muerta.
--o0o--

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Cuidado con los verdes campos y los lobos que a nuestro alrededor pululan.
Nada más por hoy.
Sed felices
Antonio

sábado, 11 de octubre de 2014

Simplemente gorriones

Chillones, descarados y sinvergüenzas, estos pájaros que se han adueñado de nuestros entornos y que se han convertido en compañeros inseparables de las terrazas primaverales viniendo a pedir, como si en ello les fuese la vida.

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Los gorriones, esos pajarillos maravillosos que en las ciudades nos han perdido el miedo, vuelan delante de nuestras narices cuando ya no les queda más remedio.
Los gorriones comunes, y otra multitud de especies que hay distribuidas por todo el mundo, pertenecen a la familia Passeridae. El número de especies distintas dentro de la misma familia en grande, por lo menos treinta, sino más.
Característicos con su pequeño pico, negro en los adultos y amarillo en los peques, y su plumaje que oscila entre tonos grises y marrones, pequeñas patas cortas y vuelos de aleteo y caída cuando las distancias son considerables. No medirán más de quince centímetros de pico a cola y sus alas abiertas tienen prácticamente la misma envergadura.
Viven en grupos con familias separadas en las que ambos padres alimentan a unas crías que buscan el alimento servido por los padres incluso después de haber crecido. Es curiosísimo verles detrás de sus mayores con el típico temblor de alas para que los mayores les den de comer, aunque hayan pasado ya a la edad de alimentarse por sí solos.
Se cobijan en nuestras cubiertas, debajo de las tejas y en cualquier hueco que encuentren en las construcciones humanas, y si tienes una casa con tabiques palomeros, lo más probable es que hayan encontrado la manera de llegar a ella para refugiarse, vivir y reproducirse allí. Incluso son capaces de arrancar pequeñas ramitas de las mimosas y otros árboles para acomodar sus nidos y hacerlos más confortables.
La mayoría de los que vais a ver, están fotografiadas en el Parque del Retiro de Madrid, en los abetos de los pantanos que se elevan en mitad del lago del Palacio de Cristal y junto al estanque del monumento a Alfonso XII.
No son fotos maravillosas, pero son instantes de un día detrás de ellos. Junto a los estanques, entre las ramas de los pinos o sobre las piedras de las orillas.
Os dejo con ellos y con sus fotos… Espero que os gusten.

 
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Colocado sobre su pedestal, este macho de gorrión observa todo aquello que sucede a su alrededor y está pendiente de encontrar alguien dispuesto a compartir una migaja de pan.


 
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Esta joven hembra observa desde su atalaya los movimientos tanto humanos como de otras aves. Seguramente tiene a un gorrión en las cercanías para darle de comer.

 
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Hay que dedicarle también un rato al aseo; es fundamental desparasitarse y quitarse todo aquello que pueda estropear el plumaje.
 

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Sed felices.
Antonio