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domingo, 15 de diciembre de 2019

En un día gris buscando el color


Estamos a finales del otoño, quedan escasos días para que el invierno nos entre trayendo consigo por un lado el frio, las heladas, la nieve… y a la vez en compensación comenzará a alargar los días, nos traerá la luz.




Hoy se ha levantado un día gris, muy gris; un día de esos que parece que las nieblas van a traer agua y frio; no apetece salir a la calle en una jornada así. Se está mejor en casa al abrigo de la calefacción o la chimenea.
He tomado en mis manos dos libros de poemas: uno de ellos de una escritora búlgara: Zhivka Baltadzhieva y el otro de un poeta español, Javier del Prado.
He pasado un buen rato con ellos, profundo, doliente a veces, pero con una humanidad detrás de cada verso, o de cada capitulo, que conmueven.
Después de eso me he puesto a buscar flores en que la luz no fuese la de un sol cegador, si no una luz entre penumbras y contraluces. Necesitaba darle color al día.
Son fotos que no había utilizado nunca, aunque puedan parecerse a otras tantas, y que me han gustado. No son de las que normalmente se colocan para quedar bien, como las rosas, son sencillamente fotos de flores y algún fruto que me han llenado según las encontraba,
Y no ha sido fácil entre las miles de ellas que tengo en los archivos de flora.
Espero que os gusten. Debajo de cada foto tendréis su nombre.

Achillea moonshine



Berberis jamesiana


Caesalpinia gilliesii


Helvatica sp


Kerria Japonica Golden Guinea


Lilium Regale


Magnolia stellata Royal Star 


Passiflora caerulea


Pieris japonica


Rhododendron Belle Heller


Scilla peruviana 


Tanacetum parthenium, Boton de plata 

Sed felices
Antonio 

sábado, 15 de septiembre de 2018

Flores con poesía, CCCXXIV : Otoño en el Retiro


Nace nuestro poeta en la bella ciudad asturiana de Gijón o en una pedanía de ella, allá por el año de mil ochocientos ochenta y tres.


Alfonso Camín Maena comienza a trabajar desde muy joven en una cantera y en el año mil novecientos cinco emigra a Cuba con unos veintidós años.
Allí edita su primera composición poética titulada Adelfas.
Después de realizar distintos trabajos en la isla comienza su carrera de periodista, regresando a España para ser corresponsal de guerra en la Segunda Guerra Mundial.
Director de revistas, periodista, redactor político, critico y sobre todo poeta.
Alfonso Comín Maena es un poeta modernista que sigue con su particular estilo los pasos de Ruben Dario, Santos Chocno, Salvador Rueda etc., pero manteniendo su propia personalidad.


Es un escritor vibrante, activo ya la vez le da sonoridad y ritmo a su poesía.
Entre sus obras destacar Adelfas, Los hombres y los días, Antología poética etc.
Murió en mil novecientos ochenta y dos en su tierra natal.


OTOÑO EN EL RETIRO

Caen las hojas sobre los caminos…
Cada árbol es una mujer honrada
que va quedando hasta los pies desnuda,
como en el fondo del jardín la estatua.


Sólo las primitivas
figuras de Don Sancho y Doña Urraca,
con sus rudos ropones de invierno,
están dispuestas a escalar montañas.
a cazar osos y a tumbar rebecos
en el inmenso farallón del alba,
Es el tremendo ayer en roca viva.
La hiedra, al sol, es una verde llaga.


Sinapismos multicolores:
Avenida de Cuba, Uruguay, Nicaragua,
como sufriendo por el sol nativo
estas evocaciones hispanoamericanas.
En el silencio armónico,
la vida va tejiendo una mortaja;


las agujas del frio, en las manos del aire,
quieren coser la tarde que se escapa.
El estanque, océano de verbena,
ya no luce las velas desplegadas.
Naufragaron las voces de los niños
en los ojos muertos del agua.


Las sirenas de bronce miran en el espejo
sus contornos desnudos y sus colas doradas;
el sol, entre las nubes rocallosas,
es un erizo de oro de las marismas cántabras.
Tras los gruesos barrotes del parque zoológico,
húmedas las pupilas de infinitas nostalgias,
majestuoso y magnifico,
con la felpa del cuerpo como el manto de un Papa,
¡hay un macho cabrío de barbas apostólicas,
soñando con el broce de la sirena en llamas!
--o0o--


Espero que os haya gustado este poema.
Sed felices
Antonio

domingo, 26 de noviembre de 2017

Recuerdos de niñez. Las hojas del espino y yo

Ya es tarde. El sol ilumina de vez en cuando las cimas de la Maliciosa pero en la zona de las Hermanitas de los Pobres, en Los Molinos, ya no llega.


Las cimas del Alto del León, Gibraltar y el paso del Arcipreste de Hita ocultan ya un sol dispuesto a esperar al siguiente día para calentar las frías y altas tierras de esta zona.
Un banco de nubes pegadas a las cumbres enturbian más aun el día. El frío se está empezando a hacerse notar y va calando poco a poco en el interior del cuerpo. Me abrocho el anorak y emprendo un paseo, solo, que no durará mas de media hora.


No me importa el tiempo. No me importa el frío. Me importa el silencio, la serenidad de la zona y su belleza y la facilidad de encontrarme a mí mismo; de centrarme en mi e intentar olvidar la falsa frialdad que he mantenido estos quince días de atrás. Mi problema es que soy cálido, no frío
Un espino en mitad del prado, con sus colores de otoño, con sus flores de otoño, me llama; me obliga a ir hacia él; parece decirme que quiere escucharme; entablo junto a él como testigo una conversación conmigo mismo.


Me llegan recuerdos de mi niñez que había olvidado casi por completo. Tomo nota para recordarlos luego en casa y  de toda una vida cuajada de penas y alegrías, de metas alcanzadas y otras por alcanzar aun. 
Recuerdos de personas queridas y de otras amadas. Amigos que lo son y amigos que dejaron de serlo porque no lo eran. (Que tristeza produce el ver que el amigo solo lo era por interés) Años cargados de pesares y angustias que pueden y deben resolverse en tiempos relativamente cercanos.


¡Cuan cortos se hacen ahora junto al espino los años pasados!
Los pinchos del espino me recuerdan aquellos pinchazos que me dio la vida y que es bueno aflorar. 
Una muerte que rondo mi cuerpo  cuando apenas tenía ocho años y a la que en aquel momento vencí momentáneamente; una victoria grande que fue solo el comienzo de una batalla que desde entonces vive una tregua débil y que tarde o temprano se romperá con la derrota decantada hacia mí. Pero asumida, aunque no deseada.


Recuerdo aquel primer día con nueve años en un mes de septiembre, cuando aún no habían comenzado las clases, acostado en una cama en un dormitorio con otras cien camas completamente vacías y sin saber la razón cierta de porque estaba allí. Recuerdo mi llanto. Recuerdo al hermano marista, grande, gigante, le llamaban mamut, que intentaba consolarme, cogiendo una silla y sentándose junto a mi hasta que me quede dormido. Aquella primera noche no la olvidaré nunca.


Y así estuve diez días viviendo en un colegio vacío hasta que mi abuela llego de Tarragona cuando había terminado la recogida de la avellana. Y es de entonces el primer amigo que recuerdo de mi estancia en Gerona: el Dar. Un maravilloso perro mezcla de bóxer y dogo que se hizo mi compañero y que murió antes de tiempo. Compartíamos la merienda y las comidas que no me gustaban cuando se descuidaba la abuela…Me esperaba a la puerta de la casa y sabia de sobras cuando subía por las escaleras.


¡Como vienen los recuerdos buenos y malos alrededor del espino!
En un momento determinado miro su contorno y aprecio la belleza de sus pequeñas hojas.
Forman grupos. Trasmiten serenidad. El frío que llega no les preocupa. Volverán a nacer el año que bien y a teñir de verde la pradera y luego, como ahora, lo harán con colores rojizos.


Me lo quedo mirando. Parece adivinar mi deseo. Una fuerza que no se de donde viene, quiere arrancármelo. ¿Sera el espino?
Mueve el aire sus hojas y me animo a decirle que quiero, si que quiero, con el amor que se puede dar en las puertas de la vejez.


¿A quién? parece que me pregunta.
Le digo que se lo contaré en primavera cuando esté verde de nuevo.
Ahora, pasadas ya unas horas aquí en casa, me arrepiento de haberle dejado con la pregunta en el aire, pero así tendré la oportunidad de hablar con él de nuevo en primavera.
--o0o--


Sed felices, lo demás ni siquiera es importante.

Antonio 

martes, 21 de noviembre de 2017

¡Vacia esta la presa! Filosofía de albañil.


(Tras la conversación con un amigo)

¡Vacía está la presa! Tan vacía que da pena mirar a sus orillas y no reconocerlas.


Las antiguas lindes de las fincas se hacen ahora visibles y el camino que conducía a la ermita se aprecia claramente.
¡Vacía está la presa!
Las luces de un atardecer de otoño obligan a mirar los arboles de ribera que amarillean en el horizonte cercano, mientras que los pinares, imperturbables al paso del tiempo, ponen tintes verdosos y azulados a las montañas de la Sierra del Guadarrama.


¡Vacía esta la presa!

Ando tranquilamente por el antiguo camino de la ermita, que cubren normalmente las aguas, acompañado por el silencio de un aire manso que no levanta ni olas en las aguas retraídas. La soledad es mi compañera de viaje desde hace tanto tiempo que me da miedo encontrarme con el bullicio, como si él de un nuevo examen se tratase. Vacío, estoy vacío. Me he ido vaciando con el paso de los años viviendo en un extraño mundo que las circunstancias han ido creando a mí alrededor.


¡Vacía está la presa!

Me pregunto cuántos días han pasado desde que me di cuenta que algo no iba bien. Muchos, no, muchísimos. Aguantando estoicamente el devenir de los hechos templando sobre mis hombros los nervios de sus consecuencias, tragándome las palabras y creando en mi interior con ellas un vocabulario ajeno a los pensamientos de los demás.


¡Vacía esta la presa, como el alma mía!

A veces incluso pienso que mi actitud mas que de valentía podría ser considerada de estoica. El sufrimiento soportado, la incomunicación con una sociedad que solo habla con los vencedores, el seguir con la cabeza erguida mientras la espada te va lacerando el corazón y no gritar, es puro estoicismo. Pero a diferencia de los ideales del estoicismo, la felicidad se  ha apartado del camino y aquellas previsiones de alcanzar la sabiduría se han quedado en un mero y burdo saber.


 ¡Vacía está la presa!

Amor, sabiduría, belleza, logros… todo se diluye en las aguas del pensamiento, como se ha ido vaciando la presa. Poco a poco, casi sin percatarte, hasta que de repente notas la ansiedad y la necesidad de beber y te das cuenta que tu interior se ha vaciado, se ha ahogado en un agua llena de lodo y de amargura. Tus ideales se han roto por intransigencias de pensamientos a tu alrededor. Porque te das cuenta que el sacrificio de tantos años pende de un hilo y que el resultado incierto solo tiene un final más o menos próximo.


¡Vacía esta la presa!

La luz, cada vez más tendida. Da color al valle y enciende aun mas los amarillos de los arboles de ribera. El sol está cansado y sus rayos ya no calientas como hace un rato. Una ligera bruma muy tenue que ya estaba cuando llegue, me impedía ver al cuervo que graznaba encima mío, la cruz que se levanta en el horizonte y poco a poco se ha colado en mi interior impidiéndome ver mi propia luz.


¡Vacía esta la presa!

Aun así,  sigo empeñado en encontrar la felicidad y la sabiduría, buscando una solución en medio de la niebla, del agua enfangada y de la sociedad perdida.
Si una sociedad que se ha perdido, convirtiéndose en un inmenso robot manejado por un pequeño y microscópico aparato llamado microchip, diluyéndose en los mundos perdidos de la incomunicación. De repente los arboles de ribera me dicen lo que realmente soy. Soy un robot en una sociedad de millones de robots que hemos dejado nuestros ideales y nuestro mundo para sumergirnos en los mundos misteriosos de la electrónica y el dinero como verdaderos esclavos.


¡Vacía está la presa! ¡No! No puedo estar vacío como la presa, no debo estarlo. No quiero ser una maquina sin contenido. Me doy cuenta que mirando a mi alrededor es todo belleza, desde el pequeño mirto que vuela de rama en rama en bandada parlante y alegre, al enorme pinar que me rodea. Hay vida a mí alrededor, y si la aprecio, no puedo estar seco. Ahí te quedas angustia. Ahí te quedas angustia, que yo me pongo de nuevo en marcha, hay demasiada belleza a mi alrededor como para despreciarla. Retomaré el camino del estoicismo y de la vida.


Espero que las lluvias llenen la presa y limpien el fango.
--o0o--



Sed felices, ya veis que lo demás casi no importa.

Antonio 

domingo, 24 de septiembre de 2017

Dalias en la sombra.

Hay días que las cosas no salen como uno quiere.
Tenía organizado el día para poder asistir a la presentación de un libro y por motivos familiares tuve que cambiar todo el día. Pero, como siempre voy con las maquinas encima, tuve un rato a mitad de tarde, antes de llegarme al hospital a ver  mi amigo Luis, para fotografiar las dalias que aun quedaban por el Real Jardín Botánico de Madrid.
Paseo bajo un cielo gris, amenazante de tormenta, sin sol, que para fotografiar flores y monumentos es los mejor que te puede pasar.
Las luces no tienen reflejos, son planas, sin contrastes y hay que aprovechar la fuerza de los tonos de las dalias que están a la entrada del Botánico madrileño. No me moví de allí en la media hora escasa que estuve, pero suficiente para salir con la ilusión de haber vuelto de nuevo a un maravilloso jardín.
No suelo utilizar el flash, no me gusta; el trípode tampoco, se que hago mal, pero me estorba; no sé qué hacer con él. Lo que si utilizo siempre para las flores es mi zoom de 70-300 mm y la Nikon 3300, que me están dando ambos bastante buen resultado; me permiten fotografiar a distancia y borrar los fondos.
La paz que se siente en los caminos y contemplando las flores es maravillosa. Puedes convivir en el espacio con otras personas que están allí contigo porque a ellas les gustan también las flores. No hace falta hablar. Un cruce de miradas y una sonrisa es suficiente para decir buenas tardes y que belleza tenemos alrededor nuestro.
Quizás echas en falta a un ser querido que te acompañe, pero no se puede pedir todo, máxime en un día como este.
Os dejo con las dalias. Debajo de cada una de ellas su nombre. Espero que os gustes mis dalias en la sombra.

Babylon


Lucky number


Boy Scout


Mister Frans


Seniors Hope


Apache


Vicent


Lavender perfection


Balidahlia yellow


Wittemans best


Gerrie Hoek


Blue bell


Arnhem


Pink corona


Orage queen


Seniors Dream


Red cap

--o0o--
Sed felices.

Antonio