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miércoles, 8 de mayo de 2019

Pensamientos en la fachada de Sta María La Real de Aranda de Duero


Avanzo tranquilamente por la c
alle Boticas, haciendo tiempo, en una preciosa mañana del mes de marzo en la bella ciudad de Aranda de Duero.



De repente ante mí, aparece un templo, gótico isabelino, mandado construir por los Reyes Católicos y terminado ya en el reinado de du hija Juana, mal llamada la Loca, y de Felipe el Hermoso: es Santa María la Real de Aranda de Duero.
Introducirme a describir de forma profesional la fachada, sería por mi parte una tremenda imprudencia habiendo personas doctoradas en Historia del Arte que lo harán muchísimo mejor que yo.
Este escrito no es una lección de Historia del Arte, ni muchísimos menos, es la expresión de sentimientos y contradicciones que me supuso la visión de esta magnífica fachada. Solo nombraré escuetamente a sus arquitectos y escultores.

El arquitecto que diseño esta joya se cree que fue Juan Guas, aunque la autenticidad de ello está por demostrar. Fuese quien fuese, realizo una obra increíble que hay que visitar.
Cuenta con tres naves en planta de cruz latina y se cree que estaba terminada hacia el año mil quinientos, es decir cuatro años antes de que muriese la reina católica, pero le faltaba su portada, que financió la misma reina. En la fachada figura el escudo de Dª Juana porque se termino en su reinado 
Con buen tiempo es una delicia sentarse en el bar que hay frente a la iglesia y con una cervecita  observar tranquilamente la belleza de cada uno de sus relieves y tablas. Y si estás en buena y simpática compañía, aun más.
Yo dividiría la portada en cuatro partes fundamentales:
Una sería la que sostiene los signos de la realeza que intervino durante su construcción.


Otra, aquella que incrustada entre cada una de las dovelas que abrazan a la puerta representas a santos y santas de la iglesia, con una imagen central de la Virgen amamantando al Niño.

Por último una parte compuesta de tres zonas que describen distintos hechos de la vida de Cristo en dos momentos distintos:
1.- Representación encima de la puerta de tres momentos claves de la Pasión.


2.- Las esculturas a media altura que representan su nacimiento y la adoración de los magos.
3.- Escenas de a pasión grabadas en las hojas de sus puertas.
La fachada fue construida y diseñada por Simón de Colonia. Majestuosa, limpia, bien esquematizada.
Hoy voy a narraros mis sentimientos al observar el primer apartado. Otro día, os expondré las otras dos zonas, Esta entrada no es una lección de arte, no, es apoyándose en el arte una trasmisión de pensamientos y sentimientos. ¡Vamos allá!
Los ojos recorren la arriba abajo la fachada. Una sensación de alegría y tristeza se entrecruzan. Hay emociones que recorren mente y corazón ante tanta grandeza, ante tanto sacrificio…ante la representación de un Dios hecho hombre y como hombre, sufriendo, como uno mas, como un reo cualquiera condenado a muerte.
Encima de las dovelas que forman cada arco que enmarcan la puerta de acceso al templo, existen tres bajorrelieves que representan los tres últimos días de la Pasión de Cristo; tres días de angustia para terminar en un estado de éxtasis y de gloria.

Mirando a la fachada a la izquierda


A cuestas con su cruz, Jesús avanza camino del Golgota. La Verónica observa su andar ensangrentado, mientras intenta enseñarle su rostro marcado en el trapo, con el que le ha limpiado la cara, con la esperanza que obre uno de sus milagros; el que va a ser crucificado, Cristo, no la mira, no quiere ni ver su sufrimiento ni tener la tentación de escapar de él; gira su rostro mirando al mundo, diciéndole al mundo el sacrificio que está haciendo por él. 

Bastante dolor está soportando ya, después de haber sido azotado, coronado de espinas y ahora cargando con una cruz que es superior a su poder celestial. Si, su poder celestial le ha sido retirado durante tres días. Los milagros no sirven para él. Vuelve a sentir a Satanás tentándole a abandonarse, a perdonarle la vida, como aquella vez en el lejano desierto israelita.


Sigue caminando ayudado por el Cirineo que, vestido por otro Simón, Simón de Colonia, parece mas un soldado romano sin casco que otra cosa. El Cirineo, carga con parte de la pesada cruz; carga como Cristo con un madero que no es otra cosa que los pecados que los hombre hicimos, hacemos y seguiremos haciendo, porque ¿para qué vamos a dejar de pecar si El muere constantemente y repetidamente por esos pecados que cometemos? La sangre que resbala de su cabeza empapa el madero y hace más difícil su arrastre. Ya ha caído antes, y volverá a caer, pero ni el pueblo que vocifera y le observa, ni los soldados romanos le dejaran que muera sin ser clavado. Un soldado romano tirá de él con una cuerda ayudándole a avanzar, no quiere que llegue muerto a su destino, él con su martillo cogido a su cintura es el encargado de crucificarle


Y una trompeta va anunciando el sacrificio supremo que se acerca, como si de un juego circense se tratase. Juego es para muchos; un deber de cumplir con la ley para otros, un terrible dolor agónico para su madre que no le pierde de vista.  Un ignorante carga su peso sobre la cruz, como ¿si quisiera cargar sobre el madero también sus pecados? No, somos uno de nosotros descargando el peso del pecado sobre el madero; su hombro deshecho por el roce sangra y le mancha la túnica ya de por si ensangrentada. La cara del personaje infunde una sensación terrible de odio. El camino de la muerte sigue lentamente hasta un lugar llamado Calvario. Y ante tanto sufrimiento surgen mil preguntas que siempre llevan una interrogante ¿Por qué o para qué?

Mirando a la fachada al centro.-


Mis ojos corren al medallón central.


Allí encuentro con la Pasión en su momento culminante, en la consumación del acto para la que fue diseñada. Cristo acaba de morir clavado entre hierros sin ningún tipo de pudor. Los romanos sabían perfectamente donde tenían que colocar cada clavo y lo hacen con una maestría sensacional. Y después de unas horas en la cruz, todo ha terminado. ¿Todo? No, nada ha terminado, todo está a punto de comenzar. Una nueva religión está colocando sus fundamentos a los pies de una cruz. La piedra está ausente, ha corrido a esconderse, pero la cimentación está echada. Es cuestión de tiempo que vaya extendiéndose por el mundo.
 Un ángel acerca el cáliz a su costado para recoger hasta la última gota de su sangre vertida, de esa sangre que el Evangelio dice que es por nosotros. Cada vez que le veo crucificado, aquí en el medallón o en cualquier otra representación, me pregunto siempre lo mismo ¿Valía la pena tanto dolor, tanta vida para perdonarnos? ¿No hubiese sido mejor que, ese hombre-dios, hubiese vivido para con uno de sus milagros cambiarnos y hacer a la humanidad distinta? Si hubiese vivido y su gran milagro hubiese sido modificarnos ¿hablaríamos de guerras, de bombas, de colonización, de hambre, en fin de miseria…?


Allí clavado, con los ojos ya cerrados ,no puede observar a su madre arrodillada a sus pies; ella no comprende aun la grandeza del sacrificio, No entiende que su hijo, anunciado a través de los ángeles y sin haber conocido varón, siendo destinado a ser rey, este, como un maleante mas, clavado en una cruz. Recuerda  tantos momentos pasados con él; besos, regañinas..y aquellos días en que comienza a separarse de ella,,, ¿Por qué? se sigue preguntando, ¿Por qué? me pregunto yo, dos mil años después. 
El que fue capaz de resucitar a Lázaro, sigue ahí inerte, expulsando sangre y agua, que recoge un ángel, dejando sufrir a su madre. ¿Tiene lógica? ¿Por qué un Dios es capaz de realizar un acto como este para redimirnos los pecados? Es una pregunta que todos los días me sigo haciendo; hay tanta crueldad en la Redención que tiemblo de miedo pensando que me tengo que enfrentar a él en el momento final, Si fue capaz de hacer eso con su hijo por un pecado ¿Qué  nos hará a nosotros por nuestras innumerables faltas?




Y a su lado, aunque representadas de pie, María Magdalena y otra de las mujeres angustiadas, lloran la pérdida de su ser mas amado. ¿Qué hacen dos mujeres a su lado, si no son de su familia? Cuanto se ha hablado de María Magdalena, cuanto se ha montado a su alrededor ¿Y por qúe no? Había un hombre en ese Dios y sería lógico que, como hombre, tuviese los mismos sentimientos y pasiones que nosotros. Si no ¿no habría una falsedad en el Dios hecho hombre? María Magdalena es la gran incógnita que queda pendiente de resolver, tanto en mis pensamientos, como en la misma Iglesia.
Juan, mas apartado del grupo, lleva en su mano izquierda la bolsa de los ungüentos. Y mira horrorizado a su hermano que ya no respira. Es el único de los doce que está presente. ¿Quién era Juan? ¿Un apóstol normal como los otros, un personaje elegido al azar para que se cumpliese un futuro? ¿O un hermano de carne y hueso? Si, un hermano de carne y hueso, que hubiera podido escuchar su saber divino durante toda su existencia . Y está allí, horrorizado, sabiendo que a él le puede suceder lo mismo. Sentimientos de dolor y de miedo se entremezclan.

Mirando a la fachada a la derecha.-

Giro lentamente mis ojos hacia la derecha. Un nuevo relieve me descubre el tercer y último día de la pasión. Pero en este caso el hombre vuelve a ser Dios y está vivo. Ha resucitado entre los muertos y se eleva glorioso ante los soldados que custodian su tumba. La muerte ha dado de nuevo paso a la vida como si un ciclo natural se cumpliese, pero de natural no tiene nada. En eso también se diferencia el Hombre-Dios, del hombre mortal que puebla el planeta Tierra.


Los soldados miran asombrados. Unos hablan con otros. No se creen lo que están viendo; tienen la suerte de presenciar una resurrección increíble, inimaginable para ellos y que nos hace dudar a muchos de nosotros dos mil años después, El Cristo resucitado se muestra aquí erguido, radiante y fuerte, como si nada de lo que pasó tres días atrás hubiese sucedido.


Los soldados no reaccionan. Lo raro es que no salieran corriendo despavoridos, sabiendo cómo eran de supersticiosos en aquellas épocas, pero dormían. ¿Cómo explicarían a Poncio y a los sacerdotes del Sanedrín que el hombre había resucitado? Quizá callaron y prefirieron que aquello pasase desapercibido. A fin de cuentas ¿Qué importancia tenía vigilar la tumba de un reo muerto?


Y como no, allí están las mujeres que presencian el hecho. Y entre ellas seguro que la madre y María Magdalena. Había demasiado en común entre ellos para que María y la Magdalena no estuvieran allí para rezar ante la tumba. ¿Nos lo han robado? No, ha cumplido su palabra. Esta de nuevo vivo. Ya no sirve de nada los ungüentos que llevan en la mano. ¡Qué torbellino de pasiones se producirían en las cabezas y en las mentes de aquellas mujeres! Si pensándolo yo, tanto tiempo después, mi cerebro duda y lucha, que cantidad de contradicciones no habrán discurrido por aquellos corazones y mentes femeninos. Pero allí están las tres, y Simón de Colonia lo refleja, como las únicas seguidoras del Maestro que tienen ese privilegio. ¡Que deshonor para aquellos hombres que pensaban que la mujer estaba muy por debajo de ellos! Por eso no las creen al principio.


El tercer acto ha terminado. Los actores han cumplido cada uno su cometido, hasta Judas
Sed felices
Antonio

jueves, 29 de marzo de 2018

Flores con poesía CCCXVI: Soneto al Cristo del Greco Jueves Santo 2018


Nace nuestro poeta en Barcelona en el año mil novecientos.
En su ciudad natal, Ángel Valbuena Prat, vivió su juventud y en su Universidad consiguió el doctorado en Filosofía y Letras.



Conseguido este, opta a las cátedras de Literatura de distintas universidades.
La fama como historiador de la Literatura española se extiende por todas partes y su libro sobre el tema en aquella época supuso un gran y magnífico trabajo.
Pero aparte de historiador, Ángel Valbuena Prat es también poeta.
Un poeta de profundos sentimientos religiosos, cálido, emotivo, fantástico, Sabe transmitir sensaciones de beldad y de espiritualidad acercándose a veces al superrealismo.
Perseguido por el régimen franquista después de la guerra se le destina a Murcia.
Pero su voz clamará en  conferencias soberbias en las mejores universidades del mundo y de España .



Murió en Madrid en mil novecientos setenta y siete.
Por las fechas en que nos encontramos os he colocado un soneto ante la visión de un Cristo del Greco.

Soneto al Cristo del Greco

Jesús de la inquietud y la agonía,
de la sombra y la nube, yo te invoco,
llama en los cuadros del cretense loco,
descoyuntado y sin anatomía.



Líbrame de este siglo, que porfía
por hacerme de piedra. ¡Soy tan poco
para ser firme! Y cuanto veo y toco
se alarga en un temblor de melodía.


Contigo, sin el orden y el diseño,
en mi carne de aflicto penitente
de lágrima, crepúsculo y ensueño,


se grabará en dolor omnipotente,
como punzante clavo de tu leño,
como sangrienta espina de tu frente.
--o0o--



Nada mas por hoy.
Solo, como siempre, desearos que seáis felices. Ya sabéis que la felicidad es más importante que muchas otras cosas.
Antonio

lunes, 26 de marzo de 2018

Flores con poesia CCCXIV: A cristo Crucificado Lunes de Pasión


Nace nuestro poeta en Utrera, provincia de Sevilla, en el año mil setecientos sesenta y ocho.
José Marchena y Ruiz de Cueto nació en el seno de una familia adinerada sevillana que en cuanto tuvo edad lo mando a estudiar a Madrid.
En esta ciudad estudio en el colegio San Isidro y posteriormente se traslado a Salamanca donde profeso la carrera de Leyes y Cánones, si bien, después de recibir las ordenes menores se salió del seminario.




Con ideas volterianas empezó a ser perseguido por la Inquisición y decidió marcharse a Francia cuando esta vivía un momento histórico con su Revolución.
Fue condenado a morir en la guillotina, pero Murat le salvo de ella y lo trajo posteriormente a España donde sirvió a José Bonaparte...
José Marchena, fue un afrancesado y cuando Napoleón perdió la guerra tuvo que huir de nuevo a Francia.
Este curioso personaje, fue un gran traductor, periodista, revolucionario, antirreligioso y lo contrario,
Su poesía está entre el Neoclasicismo y el romanticismo que demuestra su forma de vida en busca de la revolución y la cultura.



Volvió a España en tras el golpe del general Riego, muriendo poco después en Madrid en mil ochocientos veintiuno abandonado por todos que lo seguían considerando revolucionario y afrancesado.
Os he dejado hoy copiadas las cuatro últimas estrofas de su poema A Cristo crucificado.
Espero que os gusten.


A CRISTO CRUCIFICADO
(Ultimas cuatro estrofas)

Del Oriente al Ocaso,
en alas de mil ángeles pasea
tu vencedora cruz, Verbo divino;
ni es de hoy más Israel único vaso
de lección, que el altísimo destino
de hijos de Dios nos elevo tu muerte;
con tu sangre la fea
mancilla de la culpa en nos lavaste,
y cual los querubines nos tornaste.
¡Oh gloria sin segundo
al Redentor, al Salvador del mundo,
por quien nos cabe tan felice suerte!


Ya miro el venturoso
que tu cruz santa al orbe hermana
con vínculo de amor indisoluble;
placida caridad, almo reposo
y paz perpetua reinan; la voluble
fraude trago el infierno en su honda sima;
la libertad cristiana
para siempre ahuyentó la tiranía,
y los tiranos bajo quien gemía,
triste, el linaje humano,
derrueca el Cristo con potente mano,
que no quiere que al hombre oprima .


Sí, que nuestra ley santa
es ley de libertad, y los tiranos
en balde se coligan contra el Verbo;
él los quebrantará con fuerza tanta,
cual león que destroza el flaco ciervo,
cual rompe el barro frágil metal duro;
iguales los cristianos
y libres vivirán, siempre sin sustos;
el Cristo reinará sobre sus justos;
el orbe renovado,
de la Sion celeste fiel traslado
será, Señor, bajo tu cetro puro.


¡Cual mi inflamado pecho
ansia ver tu gloria, y las venturas
del linaje humanal que redimiste!
Ya de la edad presente el coto estrecho
traspaso, y veo volar la serie triste
de los males del tiempo venidero,
y las culpas futuras;
mas tu gracia, Señor omnipotente,
desciende, en fin, y tornase inocente
el mundo iluminado
con tu ley, y en tu amor santificado
y despojado del Adán primero.
--o0o--


Este poema contradice el espíritu revolucionario del poeta y su anticlerical forma de ser.
Por lo demás no hay un exceso de palabras difíciles de interpretar , salvo “derrueca” que significa en este caso derrota.
Nada mas por hoy.
Sed felices, lo demás es menos importante.
Antonio

miércoles, 21 de marzo de 2018

Flores con poesía CCCXII: Soneto a Cristo crucificado


Nace nuestro poeta en Albacete, de casualidad debido a un viaje familiar, en el año de mil ochocientos doce.


Su juventud la pasó Mariano Roca Tagores en Madrid donde estudió en el colegio San Mateo y tuvo como maestros a Hermosilla, Garriga y Lista. 
Es en este colegio donde conocerá a grandes escritores del Romanticismo, como Espronceda, Ventura de la Vega y otros.
Tenía que ser una mente privilegiada pues a los diecisiete años era profesor de matemáticas en Alicante. Volvió enseguida a Madrid y en la capital del reino acompaño a Larra, Bretón de los Herreros entre otros en la asociación poética el Parnasillo.
Mariano Roca Tagores es un literato que toca todos los temas literarios, desde la prosa a la poesía pasando por el drama, lo religioso, el periodismo  y los ensayos.
Fue el precursor de los escritores que escribieron teatro durante el romanticismo.


Ministro, Grande de España, liberal moderado, Académico de la de Bellas Artes y de La Real Academia Española, de la que fue presidente, urgió y dispuso de la fundación de las Academias de cada una de las naciones que hoy forman América latina.
Murió en Lequeitio, en mil ochocientos ochenta y nueve.



A CRISTO  CRUCIFICADO


¿Adonde esta, Señor, tu poderío?
Ese brazo, que el mundo ha fabricado
¿de clavo ignominioso traspasado
pende, cruento, del madero limpio?


¿Tanto alcanza el ingrato desvarío
del hombre, que a tu lívido costado
el hierro vibra, impune y obcecado?
¿No eres ya Rey de reyes, Jesús mío?


Pues lanza, en fin, tu cólera, y, segura,
fulmine el rayo que al malvado aterra,
y caiga la soberbia criatura.


Mas no; que, lejos de nefanda guerra,
das en la cruz de mor y de dulzura
lección a os monarcas de la tierra.
--o0o--


Espero que os haya gustado.
Sed felices, ya sabéis que el tiempo pasa volando.
Antonio

sábado, 5 de diciembre de 2015

Un capitel del MAN que me emociono: El descendimiento. S.XII o XIII.-

Dentro del maravilloso espacio que es el Museo Nacional Arqueológico, en la segunda planta existe una zona, relativamente pequeña, dedicada al arte románico español en la que se pueden apreciar, pilas bautismales, cruces, sarcófagos, bajorrelieves, vírgenes y sobre todo capiteles provenientes de distintas iglesias y monasterios del norte de España.


Y dentro de todo el conjunto, para mí, es especial un capitel que representa un descendimiento en el que hay cinco personajes: lógicamente un Cristo, José de Arimatea, Nicodemo (o eso me parece a mí), María madre de Jesús y creo que el quinto es San Juan, aunque me hizo dudar.
Proviene del Monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo, Palencia.
Según el catalogo del MAN, pertenece al Segundo Maestro que trabajó y labró capiteles para la construcción del convento.
Datado entre los siglos XII y XIII, según indica la ficha, la estructura del mismo es muy concisa, los personajes están muy bien colocados, y las formas y movimientos recuerdan el arte románico primitivo.



Las medidas del capitel son, siempre según el catalogo del MAN, 46 cms de alto, 62 de ancho y treinta y cuatro de fondo.

Ante todo, perdonarme la calidad de las fotos, pero la iluminación de esta sala es bastante oscura y hacerlas a pulso y sin flas se nota algo.

Si os parece bien, podríamos entrar en las disquisiciones que a esta cabeza mía y al corazón se le han ocurrido para relataros mis sensaciones ante la contemplación de esta maravillosa piedra caliza.

REALISMO Y TERNURA.

Me paro delante del capitel. Siento un pequeño escalofrío. Me da la sensación que en cualquier momento los integrantes del mismo comenzarán a moverse. Reacciono. Doy un paso atrás. De momento no me atrevo a usar la máquina de fotos…
Pongámonos en el momento de la Crucifixión. Un viernes ya tarde, casi anocheciendo, y al día siguiente fiesta judía. Jerusalén ha vivido unos días mágicos. Tumultos, regocijos y al final muerte.
Dejemos que sea un testigo quien nos narre los acontecimientos.
Leamos en el Evangelio según San Juan:




“Después de esto, rogó a Pilatos José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por temor de los judíos, que le permitiese tomar el cuerpo de Jesús, y Pilatos se lo permitió. Vino, pues, y tomo su cuerpo. Llego Nicodemo, el mismo que había venido a El de noche al principio, y trajo una mezcla de mirra y aloe, como unas cien libras. Tomaron, pues el cuerpo de Jesús y lo fajaron con bandas y aromas, según es costumbre sepultar entre los judíos.” San Juan 19, 38 a 40.

Me quede mirando largo rato el capitel. Una sensación de armonía trasmitía a mi mente aquella piedra caliza tan bellamente labrada.
Ella, me estaba narrando uno de los momentos cumbres del Evangelio: el descendimiento.
Analicemos el capitel paso a paso.
Primeramente si miramos el conjunto podremos observar como el autor del mismo nos ha trasmitido un montón de sensaciones en el mismo.
La muerte en la rigidez del cuerpo de Cristo; el amor en el beso que María madre le da en la mano derecha a su hijo muerto. La desesperación de ¿Juan o Maria Magdalena? a la derecha del capitel que parece preguntarse porque. La ternura con que José de Arimatea sostiene el cuerpo del Cristo mientras que Nicodemo, o un siervo, va retirando con serenidad poco a poco los clavos y los sostiene en su mano derecha.



Cristo está muerto. El maestro escultor ha conseguido trasmitir la sensación de muerte, no de sueño; la rigidez del brazo derecho que no se dobla al desclavarlo, indica un rigor mortis. El hombre ha dejado de sufrir, pero el padecimiento aun está en el rostro.
Fijaros cuando estéis delante de este capitel, en la parte interna de la cara de Jesús. Dala sensación de ver el rostro hinchado, abultado por los golpes.
Hay un detalle muy tonto en el capitel, pero que le da una sensación de realismo increíble: el agujero en la cruz donde ha estado clavado el brazo derecho. Ese agujero es un puente de unión entre los tiempos: esta y fue ahí donde estuvo.
Fijaros en la ejecución de la cruz. No es la cruz realizada a base de troncos o maderos como estamos acostumbrados a ver, no, está moldeado, realzada de alguna forma para, sin quitarle importancia a la escena, incrementar su valor simbólico.
Mis sentimientos mirando al Cristo me hacen reflexionar. ¡Dios! ¿Por qué tanto sufrimiento? Un pequeño sesgo de emoción noto dentro. Me pregunto si la última mirada de Jesús fue a su madre. Cuando lo bajan, la primera mirada muerto es para ella.
Emociona el beso de María en la mano de su hijo muerto. 




Estamos acostumbrados a ver a la Virgen con Cristo en brazos, llorando, sufriendo. Aquí sufre también, cuando vayáis a ver el capitel fijaros, hay dolor en la escena, pero el beso, ese beso de madre a hijo muerto es un detalle impresionante del maestro escultor.
¡Que tétrica y a la vez que armonía en la composición! Dolor y amor están unidos en un detalle fantástico. La madre toma la mano del hijo y la besa. Y es que María, es madre. Aquel cuerpo que José de Arimatea está ayudando a bajar es su hijo, carne de su carne. Y lo besa en un intento desesperado de trasmitir calor a aquel cuerpo de momento muerto.
Me sigo emocionando y cuanto más lo miro más me emociono.
¡Que delicadeza en las posturas y en los actos de las imágenes labradas! Que realismo en la escena en la que no ha hecho falta añadir ningún tipo de ornamento exterior a la gran tragedia.
En la figura de José de Arimatea se dan un montón de circunstancias.






Primero la suavidad con que la mano colocada sobre la espalda sujeta el cuerpo, mientras que su mano derecha intenta mantenerlo en una posición para que puedan desclavarle la mano izquierda.
Las piernas dobladas realizando el esfuerzo de cargar con el cadáver de Cristo. La mirada cerrada en un momento de infinita pena, da la sensación que quisiera oír los latidos del corazón del Maestro apoyando su mejilla en el pecho del crucificado.
José debe estar padeciendo el no haber sido más generoso con Jesús, de haber aceptado públicamente que era seguidor suyo. Pero intenta compensar ahora su falta, solicitándole a Pilatos el cuerpo de Cristo y desclavándolo de la cruz.


Juan (o María Magdalena) está desesperado. Dice el Evangelio que María madre y María Magdalena con otras mujeres estuvieron presentes en el Calvario, por ello no me atrevo a indicar qué esta imagen es ella y no San Juan.

Juan tiene apoyada la palma de su mano derecha contra su mejilla como reflexionando que lo que está viviendo no puede ser, al mismo tiempo que recuerda las palabras del Maestro.
Pero ¿Y si fuese María Magdalena sin el velo? El hombre que la devolvió la serenidad y la esperanza a muerto, se queda sola




Pero ella allí estuvo. Presencio el calvario que sufrió su amigo, su maestro y le acompaño hasta el final. A Él y a su madre, desesperada, pero allí estuvo.
Por fin, la figura que está retirando los clavos: ¿Nicodemo?
Quizás si, quizás un sirviente de José de Arimatea, pero la figura ocupa un lugar esencial dentro del cuadro, esta desclavando a Cristo y se ve que pone un infinito cuidado en ello. Y tanto cuidado pone, y tal alto es el valor que le da a lo que está haciendo, que no tira los clavos que va sacando sino que los conserva en su mano, como si aquello para él fuera un tesoro.



¿Y por que sostiene dos clavos si solo ha desclavado una mano? No lo sé, pues en el madero hay un solo agujero y los pies siguen aun cosidos al madero. Quizá el escultor mas que clavos quiso representar unas tenazas.
Es curioso que en el capitel haya movimiento y quietud en un mismo compás. Las figuras, excepto la de Jesús, demuestran vida. El Maestro está inmóvil, totalmente inmóvil.
Me quede mucho rato mirando el capitel porque a diferencia de los demás de la sala, este trasmitía una emoción increíble, era cercano, real, trágico a la vez y tierno, como ya he dicho antes.
Otros capiteles quizás estén mucho más elaborados, con espadas y soldados, o Pantocrátor ascendiendo al cielo, o niños colgados por los pies para ser sacrificados en nombre de Herodes.



Pero este descendimiento me ha sobrecogido. Y quizás no sea la obra de arte más importante de las reunidas en la sala, seguramente no, pero es con todo la mas real de todas las allí representadas.
Me impongo marcharme. El capitel tira de mí como si quisiese atraparme en su interior, como si quisiera hacerme participe de lo que en él se representa. Doy un paso atrás. Lo miro por última vez y comienzo a descender lenta y pensativamente por las escaleras.
Salgo del MAN muy tranquilo, excesivamente tranquilo de espíritu.
Está claro que el capitel y su historia me han cautivado. Una piedra de hace mil años y una historia de hace dos mil me han atrapado.
El ruido de un autobús me descubre que estoy andando tranquilamente por la calle Serrano, paseando sin saber a dónde me llevan los pasos. ¡Caramba con el capitel!
Sed felices.
Antonio