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domingo, 3 de febrero de 2013

MADRID A LA CAIDA DEL SOL..- Alrededor de unos edificios.

Esta tarde, una tarde entre fría y muy fría en Madrid, me he acercado de nuevo al monumento a Isabel la Católica en el paseo de la Castellana pues tenía la necesidad de repetir unas fotos para la presentación que ya os he puesto.
El viaje lo he hecho en autobús y las luces de la tarde pedían disparar la cámara.
Las nubes, provenientes del norte venían a rachas; unas blancas como bolas de algodón y otras negras presagiando algo de agua, poca. Y con ellas un viento fuerte, racheado, que se metía dentro del abrigo buscando cobijo, y aumentaba la sensación de frío.
La luz de un sol poniente, que salía de esconderse entre las nubes de vez en cuando dejaba unos tonos dorados, casi lujuriosos, en todo aquello que alcanzaba a iluminar.
Ha sido un paseo agradable. Dentro del autobús, sentado al lado de una ventanilla, se estaba calentito, quizás demasiado. Y Madrid, como sospechando la noche de follones que ahora mismo tenemos estaba bastante parada.
Las fotos están casi todas realizadas en la confluencia de la calle Vitrubio con el paseo de la Castellana, punto de llegada y de regreso con el autobús.
Nada más por hoy, este ha sido el paseo. Nada del otro mundo pero más que nada.


 
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Las torres de Colon son dos edificios distintos unidos por el sombrero de la cabeza


 
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  Nubes y sol en los vidrios ahumados de las torres  



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  Desde la C/ Vitrubio los nuevos rascacielos de Madrid 


 
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  El Centro Azca iluminado por un rayo de sol


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  La Torre Picasso, Torre Europa y BBVA desde el monumento a Isabel I, la Reina Católica



La mano de Botero parece el ultimo adios de alguien ahogandose



 
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  Del blanco al negro.


 
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 Es un edificio sencillo que me gusta
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La Castellana en su parte moderna.
Se esta haciendo de noche y encima hace frio. Me voy a casa.
Hasta la próxima. Sed felices.
Antonio 

jueves, 31 de enero de 2013

HORMIGON Y CRISTAL EN EL CENTRO AZCA DE MADRID.-




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Cuando desde la calle Orense te dicen que para entrar en la zona más importante de Madrid de oficinas y centros comerciales, como es el centro Azca, tienes que hacerlo por este pasadizo, no te imaginas lo que va a aparecer detrás de él.
Da cierto miedo empezar a bajar las escaleras y sumergirte en un mundo oscuro y poco cuidado. Sabes que detrás vas a encontrar una fantástica zona de grandes edificios, pero la entrada no ennoblece al conjunto.
Botellas de bebidas alcohólicas rotas por el suelo y una dejadez en el cuidado que se deja notar hacen de esta entrada un lugar poco recomendable, pero como ya estaba dentro y eran las once del mediodía me dije. “Vamos para allá
Después de una serie de escaleras y de rampas que salvan la diferencia entre la calle Orense y la gran plaza del Centro Azca, me encontré de repente en una zona ajardinada que no conocía, con estanques con gradas a su alrededor y un parque con árboles e incluso una fuente de las antiguas de Madrid, a la que se le ha cambiado el grifo tradicional de bronce por uno moderno de acero inoxidable que desentona totalmente con la fuente, que como no, no se ha librado de las pintadas.
 
 
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Pero de repente, como si hubiese cambiado en unos minutos de lugar aparecen ante mí los grandes edificios, los rascacielos de Azca, capitaneados por la majestuosa torre Picasso.
Totalmente blanca, estilizada y alta fue durante algún tiempo el edificio más alto, hasta que llegaron las nuevas torres del final del paseo de La Castellana que otro día visitaremos.
Cierra la superficie edificada el edificio marrón oscuro del BBVA por un lado y la torre Europa por otro; este  edificio totalmente redondo  tiene una maravillosa elegancia arquitectónica.
 
 
 
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Y en medio de todos ellos otros edificios de oficinas, centros comerciales, restaurantes, ministerios etc., en un mundo de cristal y hormigón que permite ver delante lo que está detrás y aumentar así la sensación de amplitud del conjunto.
Aquí están las fotos.
 
 
EL CENTRO AZCA
 
 
 
 
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Aquí termina el reportaje. Una visita rápida a uno de los centros económicos del País. Esta ultima foto es la visión del Centro Azca desde el interior de la zona ajardinada de los Nuevos Ministerios. Otro lugar para visitar y darse un paseo matinal por el interior de la enorme plaza y alrededor de su estanque y jardines.

lunes, 15 de octubre de 2012

EL PALACIO DE TELECOMUNICACIONES DE MADRID, HOY AYUNTAMIENTO




PALACIO DE COMUNICACIONES

El edificio que actualmente es la sede del Ayuntamiento de la capital de España, era hasta hace muy poco tiempo el Edificio de Correos, denominado oficialmente Palacio de Comunicaciones, Correos y Telégrafos.

Este edificio de aspecto neo barroco, modernista, de influencia vienesa, fue diseñado por los arquitectos españoles Antonio Palacios y Joaquín Otamendi, ganadores de un concurso al que se presentaros tres proyectos y que la Real Academia de Bellas Artes aprobó por unanimidad.






Colocado en la esquina Este-Sur de la plaza de La Cibeles, su estructura rectangular se acopla perfectamente a la plaza por el ángulo que forman entre si los edificios que lo componen.


Destacan sus fachadas a la plaza, que con una altura máxima de setenta metros de su torreón central, que están llenas de alegorías a dioses de varias épocas, conquistadores españoles, representaciones de caballeros armados o titanes sosteniendo la esfera del mundo; también son impresionantes los pináculos que decoran sus torres que son una alegoría a los postes de telégrafos.


Se empezó a construir en año 1905 y se termino en marzo de mil novecientos diecinueve, después de pasar por distintas fases debidas normalmente a cambios político.




Fue inaugurado por D. Alfonso XIII, rey de España en aquellas fechas y bisabuelo de D. Felipe VI.

Patio acristalado que da  las calles Alcalá y Montalbán y que a parte de zona de recepción el ayuntamiento alquila para grandes eventos.

El edificio si al exterior esta diseñado para que el publico contemple su fachada, en el interior ocurre lo mismo. 

Se accede a él a través de una gran escalinata que da paso a un hall de buenas proporciones en horizontal y de unas grandes proporciones en altura. En el se ha respetado la distribución que existía en la época de correos y las plantas superiores se han dedicado a salas de distintas exposiciones.




La arquitectura interior, al igual que la fachada, esta llena de detalles espectaculares modernistas y barrocos, con grandes espacios.




Para adaptar el edificio a las nuevas necesidades ha habido que realizar una impresionante obra de ingeniería, ya que las alturas que tenían las plantas eran enormes y a la vez respetar sus fachada.



Las vistas del hall desde la planta superior son fantásticas y no digamos las de Madrid desde el mirador de uno de los torreones a unos cincuenta metros sobre el asfalto. Vale la pena subir a verlo.


Las vistas que se observan desde el mirador al que se sube directamente son impresionantes y la visión de la diosa Cibeles cambia completamente desde las alturas, mostrando sus aguas transparentes.


Espero que os haya hecho pasar un ratito agradable.
Hasta pronto
Antonio

domingo, 23 de septiembre de 2012

LA ESTACION DE ATOCHA.- UNA FORMA DE APROVECHAR EL TREN

Aun recuerdo aquellos años de mi niñez cuando íbamos a la estación de Atocha a esperar a los abuelos que venia de viaje.
Impresionaba ver las maquinas de vapor, sentir el calor que desprendían sus calderas; los maquinistas con sus monos de faena y el carbonero con la pala que atizaba la caldera de la Mikado para que estuviera pronta para el largo viaje.
De vez en cuando una automotor Taf o un Abuelo, que era una especie de autobús con dos o tres vagones, aparecían en los andenes.
Pero lo impresionante era el silbido de la maquina, el chuf chuf de su arrancada. Recuerdos de una estación que hoy en día se destina a viajes de alta velocidad y en su subsuelo cercanías incansables que no paran de pasar y sonar. 
Y aquel jefe de estación que salia con su gorra roja, su banderín y su silbato a dar la salida de cada tren e indicar las ultimas circunstancias en la vía, ha desaparecido y con el el encanto de aquellas estaciones de cestas con pollos, maleteros con sus carretillas, ofertantes de posadas baratas y taxis que ofrecían viajes mas baratos de estrangis. 
Pero hasta aquí el recuerdo de aquellos años pasados; es hora de regresar a mi futuro, el presente de hoy y observar en el maravilloso punto de encuentro en que se ha convertido la estación de Atocha, el ultimo jardín de Madrid que ve un viajero al partir.




LA ESTACION DE ATOCHA TAL COMO ES HOY




Al final del Paseo del Prado, como se de repente Madrid se zambullera en un caos de trafico, desolación y ruido, y detrás de la plaza del emperador Carlos V, vulgarmente conocida por Atocha, aparece la antigua estación de Atocha con su cubierta metálica, sus edificios de ladrillos adosados y limpia, sin los humos de aquellas maquinas de vapor. Hoy es otra cosa, es el adiós al viajero que se sube en un AVE y el hola al que viene a una ciudad abierta. La estación se ha quedado hundida, la verdad es que siempre lo ha estado, pero los distintos cambios en la plaza han alterado la fisonomía.





Lo que eran los andenes y vías de los trenes se han convertido en un maravilloso parque tropical en donde los galápagos llenan cualquier estanque que haya y la gente los mira embobada muchísimo tiempo. Los humos de las maquinas de vapor se han convertido en en troncos verticales que suben hacia el cielo.


Parece que los viajeros que van hacia la moderna estación del AVE y de los cercanías, estén colgados de la maraña de cables que cuelgan del techo. Otros sentados en los bancos descansan a la sombra ficticia de unas palmera y plataneras que lo cubre todo. Antes aquí se estaba pendiente de los silbatos y las llegadas. Lo moderno y lo antiguo por una vez conjugan y las maletas con ruedas han sustituido a los carros de los maleteros.



La estación fue construida en 1851 y su diseño neoclásico se mantiene en todos sus aspectos. Girolas, cenefas y fabricas de ladrillo perfectamente ejecutadas recuerdan que esta estación fue inaugurada por y desde aquí salían todos los trenes que desde el centro convergían a todo el este peninsular. 
Inaugurada con Isabel II, era la primera estación de Madrid y cubrió la linea Madrid - Aranjuez.



La estación sufrió un severo incendio y en 1888 se vuelve a construir bajo la dirección del arquitecto Alberto de Palacio, discípulo de Eiffel, que fabrica una impresionante cubrición de la nave a base de una estructura metálica rígida, una gran obra que solo esta cerrada por su cara oeste, que es la que se ve desde el Paseo del Prado. Conserva la estacón, aquel buen sabor de boca que dejan las obras de finales del XIX en que la mano de obra era fantástica.



Unas lamparas colgando del techo, en alineación casi germánica, iluminan la zona de bares y restaurantes que hoy están donde anteriormente se situaba la oficina del jefe de estación, almacenes etc de la antigua MZA y luego de RENFE.




Los andenes se han convertido en paseos y las vías en enormes jardineras. Si Isabel II levantara la vista no conocería jamas la estación.



Los modernos globos con lamparas de bajo consumo en su interior no desdicen que las farolas de fundición existentes por la estación. En ellas como si fuese un espejo, que reflejase el bien y el mal, la estación viene a mirarse. Si al mirarse ve su parte positiva y al otro lado la negativa y por en medio, como fantasmas, imágenes de las fachadas en otra dimensión.



 Al fondo, allí donde durante mucho tiempo estuvo un bar restaurante, en una zona elevada, un restaurante ofrece sus viandas al viajero que apetezca de ellas o al visitante que solo viene a pasear. Y las sombrillas, como mero elemento decorativo, quieren dar la sensación de estar al aire libre.


Un maravilloso arpa cuelga de los arcos de la bóveda esperando que la mano de un dios, quizás Cupido o quizás el mismos Zeus, venga a sacarles unas maravillosas notas que los mortales si son capaces de abrir sus corazones oirán.



 Un moderno restaurante parece soportar las antiguas fabrica de ladrillo con sus cenefas de aspas y sus molduras clásicas. La rampa mecanizada parece querer enseñarnos su interior, rompiendo la intimidad del que allí ha venido a refugiarse.





Las técnicas antiguas y las modernas, confluyen en un armónico entendimiento entre lo que fue y lo que es. Fue estación y hoy es parque; parque-puerta a las modernas estaciones  que a su alrededor funcionan.



Y este personaje, que no se quien es, parece estar tomando nota de cada viajero que baja por la rampa, como si de un antiguo reportero se tratase que con sus garabatos ponía la imagen a la edición. Y cuando la estacion cierre un poco mas allá de la media noche, el en la soledad del lugar, bajara del pedestal y  paseara entre los arboles del bosque artificial ensayando su articulo.



El antiguo reloj de la estacion, al que miraban tristes los soldados que partían hacia la Guerra de África, o aquellos campesinos que por falta de todo tenían que marcharse a trabajar al extranjero. Reloj que mas de un enamorado miraba ansioso esperando la llegada del tren y que mas de alguno quería parar mientras daba el ultimo beso antes de subir al tren.
Adiós Madrid, adiós estación de Atocha, esto era lo ultimo que veía el viajero al subir al tren y lo primero al bajar, el gran reloj de Atocha.


Hasta la próxima, es hora de partir
Antonio