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sábado, 25 de junio de 2016

Al gorrión que le gustaba posar.

Hace un calor insufrible.
Son las seis de la tarde y Madrid parece una hoya en ebullición.
Me he refugiado en el Real Jardín Botánico y estoy recorriendo sus lugares sombríos.



Me siento en el pilón fuente que hay cerca de la zona de la huerta.
Una gorriona, descarada, se planta delante mío y me mira.
Tomo la máquina de fotos y empiezo a disparar.
De frente y de perfil me deja hacerle tres fotos. (La de frente sale desenfocada)




Luego, tras un corto vuelo, se posa encima de un poste de una valla de la huerta.


Me acerco con cuidado.
Comienzo a disparar de nuevo.


Ahora te miro, ahora me hago la descuidada…






Cuando ya me acerco tanto que parece que la voy a tocar con la mano, pía una vez y sale volando.
No se va muy lejos, pero ya no puedo seguirla.
Nos miramos y nos despedimos
--o0o--
Sed felices y tener cuidado con el sol.

Antonio 

domingo, 8 de mayo de 2016

Sigo viendo fantasmas en la fuente.

La fotografía no es solo ver una realidad que captan también nuestros ojos, no, es también dejar reflejado aquello que nuestra vista no es capaz de observar.
También es cierto, que luego nuestra mente tiene que ser capaz, al igual que nuestro espíritu, de ver, distinguir y apreciar lo que normalmente no deberíamos ni siquiera imaginar. ¿No estáis de acuerdo? Seguidme:

Como cada martes bajo a Madrid para asistir a la tertulia y, al hacerlo con tiempo, llevo conmigo  las maquinas de fotografiar para retratar todo aquello me llame la atención. Hay que echar pie a tierra y lo hago comenzando por la Puerta del Sol.


Como siempre las dos fuentecillas me atraen, como si me estuvieran llamando con el susurro apagado de sus aguas cayendo al pilón. Y como cada vez, me acerco a ellas con las cámaras dispuestas a volver a fotografiar las cambiantes y agitadas aguas en cascada, sabiendo que siempre serán distintas a las de cualquier otro día. 
Las imágenes que me quieran regalar las fuentes, las veré al llegar a casa pues por lo general no suelo mirar las fotos en la cámara.
Y me han regalado un montón de ellas a cual más curiosa y significativa.

Me pregunto, si me estaré volviendo loco al fotografiar constantemente esas pequeñas cortinas de agua, no lo sé; pero de lo que si estoy seguro es que cada día son imágenes nuevas, distintas, como cuando te sientas delante de una chimenea y, sabiendo que el fuego es el mismo, sus contornos cambian constantemente.

Llego a casa, después de una tertulia interesantísima, reunión escasa de personal hoy, pero fantástica. Me asombra la capacidad cultural de mis compañeros y me quedo muy chico al lado de ellos.
Dejo las máquinas encima del escritorio. Notengo prisa en abrir las fotos, quiero hacerlo con tranquilidad. Un cierto temor a abrir las fotografías me recorre por dentro con un ligero cosquilleo.
Las veo después de la cena y una tras otra me ofrecen sorpresas de todas las formas y colores inimaginables.
Los fantasmas han vuelto a aparecer en varias de ellas y caras tormentosas, difíciles de apreciar, pueden observarse en varias fotografías.
Solo recordaros que en esta plaza se lucho el 2 de Mayo y hubo muertos...


Del fondo de la fuente parecen surgir  oscuros ojos que miran vacíos, mientras unas lágrimas brillantes corren bajo ellos. ¿Por qué lloras aparición? ¿Qué te tortura? La soledad y la terrible agonía de la muerte en el tiempo, contemplando la vida. La muerte contemplando la vida… Pienso en esas lagrimas eternas bajo esos ojos sin pupilas, ojos que ven la vida desde el frío de la muerte.



Como una llamarada solar en medio de la cortina de agua explota esta imagen. Es solo luz, solo el reflejo de algo que por allí pasaba o ¿no? Igual que ha aparecido, en el siguiente disparo fotográfico ya no está, hay algo distinto, diferente. ¿A dónde va ese manto de gasas transparentes? Quizás buscando escapar de las frías aguas de la fuente.




En cada ola de agua que se desliza hacia el fondo, en esas bandas transparentes, aparecen las caras. 
En la primera franja, abajo, una cara angustiada, con el ojo izquierdo perfectamente visible y una nariz de payaso, y una boca con rictus de dolor, me mira. ¿Será un soldado? ¿Sera un madrileño del 2 de Mayo?
En la siguiente franja, a media altura, mas escondida otra cara  y, si os fijáis, en cada franja descubriréis mas. Y a la derecha abajo, como queriéndose esconder de la maquina, un rostro apagado que parece cubierto por un velo.
¿Por qué todas estas imágenes cada vez que fotografío la fuente? ¿Quiénes son? ¿Por qué se muestran? No son imaginaciones, ahí están. Las fotos no están trucadas; lo que sale, sale porque estaba ahí en ese momento. Pienso, dudo, incluso me atemorizo con cada rostro, y llego a preguntarme si alguna vez el mío aparecerá en la cortina de agua.




En esta foto, más o menos en el centro y a lo largo de toda ella pueden verse rostros deformados con bocas que parecen estar cantando con sonidos de pánico, aullidos lastimeros. Están encerradas ahí esperando eternamente… Eternamente, ¿os lo podéis imaginar? Una eternidad chillando, presenciando la vida sin poder llegar a ella. Pero sus vibraciones son tan, pero tan intensas,  que consiguen mostrarse en imágenes difusas.




Una careta de hielo sobresale del agua que está al fondo. Un rostro plano, helado, me mira inquisitivamente. Estoy asustado. Veo vida muerta, vida muerta. Y se muestra de distintas formas y figuras. Pero en todas ellas, absolutamente en todas, hay una mirada perdida. Entonces ¿Por qué apareces? ¿Por qué te muestras? Mejor sería ver solo las aguas agitadas, sin caras, sin figuras, sin hielo, sin...; mejor sería ver vida.



De repente las imágenes no esperadas surgen tenebrosas en medio del agua, sin formar parte de ella, estáticas, visibles, cubiertas de trapos… como los dibujan en las escenas de terror. Solo les faltan las cadenas que… Pero que digo, a quien le hacen falta cadenas si está preso en el Eternidad por los tiempos de los tiempos.
La figura blanca de la derecha parece querer taparse los ojos y no ver al otro lado de la muerte. Sus piernas están dobladas como si de rodillas rezase…A la izquierda una imagen levanta los brazos: ¿quieren asustarme? Otra, mas pequeña, parece quererimitarle, pero no puede.
En el extremo derecho, oscuras pero perceptibles, contemplan inertes la escena.Y si te fijas en la foto, veras a los fantasmas por todas partes.
Los mantos cubren un cuerpo que no existe, pero el espíritu está ahí, dándole forma suficiente.

Cambia repentinamente el agua de color, como si algo quisiera teñirla como un arco iris.







Pero no, de aquí en adelante todas y cada una de las imágenes son colores en el agua, llamas encendidas en el líquido elemento, que se muestran a través de pequeños instantes que dura una fotografía… Instantes que pueden significar una eternidad.










Se mueven ondulantes a lo largo de su ininterrumpida caída, una caída que dura eternamente desde que la fuente se puso en marcha.
¿Qué vendrá después de este cambio cromático?
Me asusta pensar en caras nuevas, en sufrimientos de ánimas perdidas entre las aguas de la fuente de la Puerta del sol.





Un último destello fantasmal aparece de repente en el último fotograma. Una aureola blanca corre tras el agua, o en ella, no lo sé a ciencia cierta, mostrándose tímidamente. Un rostro parece dejarse ver en la parte superior de la blancura, como mirando asustado. No quiero ver mas fotos, con esta termino.
--o0o--
Hasta aquí las fotos de el martes pasado.
Y aun dándome cierto resquemor el fotografiar la fuente, se que volveré a hacerlo en breve, la siguiente vez que pase por la puerta del Sol con las maquinas al hombro.
Nada más por hoy.
Sed felices.

Antonio 

miércoles, 16 de marzo de 2016

Nuevos fantasmas en la fuente.-

Mirando las fotos me he acostado tarde, muy tarde.
Mis fantasmas, esos fantasmas que me acompañan en las noches de insomnio, de tribulaciones, angustias y soledad, han vuelto a aparecer en la fuente.
Cada vez que paso delante de ella una fuerza extraña, superior a mí, me obliga a fotografiarla, como si alguien desde dentro de cada una de sus laminas de agua quisiera trasmitir algo, decir algo, expresar algo.
No se si son los fantasmas o soy yo mismo que quiero verme allí dentro. 
Yo solo enfoco la cámara a las aguas y disparo.
Luego tranquilamente, ya en casa sentado ante el ordenador, miro una a una intentando encontrar en cada foto al fantasma que ha querido mostrarse.
Hoy creo haber captado unos cuantos surgiendo de las tenebrosas aguas del más allá. Un pianista sentado ante su piano, una procesión de plañideras, etc…
¿Estoy loco? Posiblemente, pero mi locura no está en imaginar fantasma, sino en saberlos distinguir en cada imagen. Mi mayor locura es trasmitiros su imagen, ya que no se las consecuencias que ello puede acarrear.
Debajo  de cada foto os he colocado un comentario para que veáis, sintáis comprendáis y os ayude a ver lo que yo he visto y que espero que vosotros sintáis también.
¿Lo intentamos? Vamos con ellos


Centraros en esta primera foto. En el centro dos oscuros ojos nos miran y a ambos lados de la imagen sendas profesiones de encapuchados. A la derecha en tonos rosas, las chulapas de antaño. A la izquierda un consejo.  Si, fijaros, abrid vuestros ojos y vuestro espíritu y lo veréis.



Detrás del consejo, a su izquierda y en el centro de la foto una cara con una enorme nariz nos mira. ¿Algún elefante de algún circo que murió en Madrid? Lo veis ¿No?


Cuatro imágenes seguida antes de que apareciese el guardián de los espíritus de la fuente. Los colores se fueron superponiendo en la cascada de agua hasta que apareció la pantera. Si, mirad a la izquierda de la siguiente foto y detrás de la cortina gris se ve aparecer su cara y un colmillo en la boca abierta y roja.



Si es una pantera, ¿no la veis?



El fantasma que solo muestra su careta con la apertura de los ojos y nariz, se va diluyendo. Parece que una corona se ciñe a su cabeza. Me pregunto a que se debe su presencia, que querrán decirnos o indicarnos esas mentes atormentadas de la fuente; su presencia ¿a que se debe? Pero no es solo una imagen. Si os fijáis bien son dos caras pegadas a la izquierda de la columna.


Esta toma es una de las más interesantes. Un organista toca su instrumento en la oscuridad del interior de la fuente, el más allá, y las notas hacen vibrar el agua de la fuente en un mundo mucho más cercano como se ve en el recuadro central.


Un mar de roca interrumpe las visiones. A partir de esta toma comienza otra forma distinta de presencia, de imagen captada por la cámara y que yo lo único que hago es reproducir.



Da la sensación que son un conjunto de mujeres en procesión. Quizás las plañideras de algún entierro y según pasan del limite y se introducen en la mancha gris se van deshaciendo.




La plañideras van perdiendo su silueta en la siguiente imagen




Unos ojos saltones emergen del agua y una boca debajo de ellos pidiendo auxilio, ahogándose. Quiere salir y no puede, solo se muestra por instantes tan ínfimos que el ojo es incapaz de verlo.



En esta toma hay mucho más de lo que parece. Ir recorriendo la fotografía a un tercio de su altura por arriba y veréis rostros, bocas abiertas que sollozan y gritan, ojos escondidos detrás de sabanas imaginarias de agua, incluso una cruz dibujada en una de las túnicas.



Dala sensación que una imagen sale de un infierno en llamas. Una sombra gris en el centro de la imagen parece querer escaparse del fuego y una barrera negra esta dispuesta a impedir que escape.




Fijaros en el lado derecho de la foto: ojos, boca y más abajo lo que parece una mano que esta saliendo del agua. Y el coletazo del espíritu que para mostrarse ha dejado un rastro a franjas a lo largo de la cortina de agua.



Caras entre las grietas del agua. Ojos sueltos, angustia en las miradas. Los fantasmas de la fuente quieren abandonarla y juntarse a nosotros, nos suplican, pero no pueden,




Y esta es quizás la imagen mas clara de todas ellas. Ala izquierda de la foto una silueta de mujer que ha perdido la cabeza. A su derecha dos posibles calaveras parecen colgar de los cortinajes y antes de llegar al recuadro claro, otra imagen difuminada y sobre aquel dos caballos que podrían ser de Picasso observan la escena. Y todo parece suceder en un antro en el interior de la fuente.
Estas fotos están todas ellas tomadas el día quince de marzo de 2016 sobre las 16,30 de la tarde en una de las fuentes de la puerta del sol.
Lo único que he hecho ha sido darles algo más o menos de luz y cortarlas, pero lo que veis es lo que ha captado la maquina.
Yo no he imaginado nada, solo he mirado y he trasmitido lo que la maquina a querido enseñarme. ¡Perdón!, lo que los fantasmas de la fuente han querido de nuevo enseñarme.
Sed felices.

Antonio

lunes, 29 de febrero de 2016

El beso de dos gotas de agua. Cuento y realidad

Estaba  cansado. Llevaba andando todo el día y mi cuerpo me pedía un descanso. El frío hacía mella en músculos y huesos.
Una pequeña fuente de la que sale un tenue chorro de agua me ofreció su peana de piedra para sentarme en ella.


No lo dudé. Un tibio sol parecía querer calentarme suavemente el cuerpo.
Cierro durante unos instantes los ojos e intento abstraerme de mis dolores, de mis pesares y de mis amores perdidos.
El ruido del aire en los arboles se hacía cada vez más tenue, me arrullaba y me  adormeció.
Del pequeño chorro de la fuente salían ruidos cada vez mas armoniosos como si allí se estuviese manteniendo una entrañable conversación.


Presté atención a aquel  murmullo , no sé si dormido o despierto, y poco a poco empece a escuchar cada vez con más fuerza una conversación que surgía del ruido del agua, como si quisiera alguien ocultar a mis oídos sus sentimientos, vivir íntimamente un momento muy especial.


Puse más atención, me concentré en el burbujeo del agua al caer sobre la piedra, después de haber recorrido un corto trecho desde su salida por la  boquilla de la fuente, y de repente escuche lo que a continuación os trascribo: 
De nuestro amor nacen los ríos y los mares.
De cada uno de nuestros hijos, esas gotas que salpican a miles el agua placida de la fuente, un caudal impetuoso bajará por las laderas y en los días cálidos volaran como hojas con el viento y ascenderán hasta manifestarse impetuosas y ruidosas en lo alto de los cielos.


Muchos de ellos, formaran lagos de aguas transparentes en lo alto de las montañas, que los humanos llaman ibones, y en sus transparencias los cielos, las montañas y las nieves se miraran en un orgulloso espejo cristalino.
Y los hijos, los miles de millones de hijos que nacen de nuestro encuentro, bañaran las costas de los continentes y serán capaces de horadar las tierras formando enormes olas ayudados por el sol, la luna y los vientos.


Si, de nuestro amor, puro y cristalino, vive el mundo, somos agua, pero agua viva que busca de una forma u otra encontrar un recorrido hasta llegar a su palacio oceánico.
Mira los pajarillos que vienen a beber de nosotros, a vivir de nosotros, y las plantas que ansiosas nos buscan en el frescor hundido de la tierra; y en los hombres que nos necesitan mas que nadie, pues no pueden subsistir sin nosotras, son débiles. 
Y todo porque supimos combinar de la tierra dos elementos maravillosos de los que estamos realizados. El oxigeno y el hidrogeno están en el comienzo de nuestro árbol genealógico, como los parientes más lejanos, pero que dejaron con su unión esta maravilla que somos tu y yo, y cada una de nuestras gotas hermanas y nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
Besame y unamonos para que cumplamos con nuestro deber para con la tierra.
No quería moverme, ni siquiera me atrevía a abrir los ojos, para no despertar del maravilloso sueño que, sentado en una fuente del Botánico madrileño, estaba viviendo. ¿Sueño?
¿Podían amarse dos gotas de agua? ¿Podían besarse?


En silencio, volví a concentrarme en el ruido de la fuente. Ya solo se escuchaba el gorgoteo de aquel pequeño surtidor. Comencé a abrir los ojos y de repente me di cuenta de porque el silencio: las dos gotas de agua estaban besándose y no podían hablar.


Espere con delicadeza a que terminaran su beso. Luego observe las consecuencias de aquel largo beso: comenzaban a desprenderse de ambas gotas infinidad de otras mas pequeñas mientras que la charca pareció entrar en ebullición. 


Me levante. Comencé a caminar con una sensación agradable en mi interior y una pregunta vino a mi cabeza: ¿Volveré a escuchar alguna vez una conversación como la de las dos gotas y las veré de nuevo besarse? 
¡Que mas da! Con una vez he comprendido tantas cosas cosas...


Ahora cuando miro a las nubes o a los ríos que cruzo, o los propios charcos que se forman en los caminos, pienso en aquellas dos gotas de agua, en su beso...
Sed felices.

Antonio

sábado, 21 de febrero de 2015

Movimientos del agua en una fuente.

Todo lo que a mí alrededor sucede está en pleno movimiento, desde las personas que se mueven rápidas por la plaza hasta las rachas de viento que, frías, me hacen girar la vista hacia la fuente.
 



Y veo en la fuente el movimiento del agua. No es una fuente prodigiosa llenas de fantásticas esculturas, no, es una fuente sencilla que desde su vaso deja caer el agua, impulsada por las rachas de viento que transforman sus movimientos en una danza distinta a cada segundo que pasa.





Me embeleso mirando la cortina de agua y sus distintos movimientos. Me absorbe observar durante un buen rato como aquellos chorros que parecían un cortinaje se convierten en formas subjetivas que los ojos de mi cámara interpretan de una forma distinta a la de mis ojos.
Mis ojos la veían en movimiento. Mi cámara ha conseguido trasladar ese movimiento a un tiempo parado, aun tiempo guardado dentro de un disco duro de donde no puede escaparse.


Unas veces la cascada es una simple cortina que cae uniforme, como si el movimiento hubiese cogido todas las gotas de agua y las hubiese unido en un acompasado caer.


Otras, una tormenta se desencadena entre las aguas y se forman rizos y revueltas sin ningún sentido, como si una inmensa batidora agitase las aguas.


E incluso llegan las caídas de la fuente a querer imitar inmensas olas marinas que avanzan amarradas a las piletas. Da la sensación que un surfista puede aparecer en cualquier momento.


Y de vez en cuando suaves transparencias nos regalan imágenes insinuantes, como si alguna sirena de cristal estuviese mirando tras de ellas.


Dejo la fuente, pero en mi memoria guardo el movimiento del agua.
Sed felices.
Antonio