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lunes, 19 de octubre de 2015

Filosofía de albañil: adiós Soledad, adiós Pena.

Querido seguidor: esta carta está dirigida a una persona, pero no te importe leerla.

Madrid, 19 de octubre, 2015 


Querida Soledad, aunque no sé si debería llamarte querida Pena:
hace días que no mantenemos una conversación o mejor dicho hace días que no mantengo contigo un monólogo. Y la verdad, no es que yo no quiera, válgame Dios, si no que las circunstancias así lo han querido. Pero decidido a hablar, cosa que hago con el mayor cariño del mundo, quiero comentarte cosas que pasan por mi cabeza de personas que como tú, Soledad o Pena, viven encerradas en un mundo suyo, unas veces real y otras imaginado a su conveniencia.

Fruto de Nicandra physalodes
 
No, no creas que escribo frio, demoledor o sarcástico, no. Todo mi empeño, Soledad, está en hacerte comprender que, cuando se está mal acompañada, puede llegarse sufrir una soledad terrible que hace ver el mundo que te rodea distorsionado. Las compañías que solo sirven para machacar, para crear más vileza, no son tal, sino terribles engendros que de la debilidad de los demás se aprovechan para conseguir un dominio psicológico en su propio beneficio. Y tú por desgracia, querida Soledad, querida Pena, llevas demasiado tiempo bajo ese influjo sin que yo pueda hacer nada en absoluto. Cuando he querido hacerlo, era demasiado tarde.
Reír o llorar, alegrías o penas, vida o muerte son todas ellas una parte de nuestra existencia que hay que saber compaginar sin mortificar. No se puede escribir la historia a conveniencia de cada uno, explicando lo que sucede a tu alrededor desde un solo punto de vista. No se puede pretender que al causar una reyerta uno siga indemne, completamente ajeno a lo que sucede a su alrededor. No, porque cuando uno tras otros esos actos se van repitiendo, se llega a provocar el enfado de los demás de tal manera que es fácil que estallen y que como mínimo quedes relegada al ostracismo, a estar separada de una sociedad que puede ser que perdone pero que por desgracia nunca suele olvidar.

Flor de Muscari armeniacum 

Querida Soledad, querida Pena, cada uno es dueño de sus actos, o por lo menos debe intertarlo. Cuando se provoca y se sigue provocando ante la impasibilidad de los demás hay que esperar el estallido, la explosión que tarde o temprano se producirá, y tu, mi querida Pena, mi querida Soledad, estarás, si es que no lo estas ya, en el centro de esa explosión de ira y furor que provocan las interpretaciones personales, llevadas en una sola dirección, de frases cambiadas de contexto.
A veces pienso que tus celos, escondidos, Soledad, son producto de tu reducto, de tu enclaustramiento en ese convento de puertas cerradas, separada de la realidad del mundo en el que te mueves. Si por mi fuere, y lo sabes bien, te hubiera levantado un altar en el mismo para que observases la belleza de todo lo que te rodea. Pero no puedo hacerlo, no porque no quiera, sino porque tú misma te hundes cada vez más en esa celda fría y estrecha con un solo camastro, el camastro del egoísmo, el catre de la vileza, y en la mesilla, junto a ti, el demonio que daña a los demás.

Flores de Osteospermum fruticosum 

Cada uno escoge su camino, Soledad. Cada uno debe hacerlo. Lo que cada uno no puede hacer es elegir el camino llenando de trampas y zanjas el camino de los demás. Y tú, mi queridísima Pena o Soledad, tienes a tu lado a un experto picador o barrenador en poner mentiras y engaños a tu alrededor, comotu misma, y tu caes en su trampa; te gusta que te diga que eres tu la única con la verdad en el mundo, te gusta que te mienta y tu creerle. Y tú, y ese es tu gran problema, dejas y consientes que te sigan aplastando, denigrándote, mintiéndote, ajándote, atacando a los demás y destruyendo a tu alrededor.
La vejez, amada Soledad, está aquí al lado. Cuando llegue será tarde para reaccionar. El cariño puede nacer en un instante, pero el amor lo matan infinidad de instantes desagradables. Y tú, y no hace falta más que ver cómo te tratan y te humillan, has elegido estar ahí, en el barro, en la soledad más absoluta, en la soledad de los que se quedan sin nadie...


Brotes de Spiraea japonica 

Ese camino, querida amiga, ya no es valido. Y no te puedes imaginar lo mal que me sabe imaginar "tú" vejez en soledad, en pena, rodeada por los recuerdos irrecuperables, por las miradas perdidas, por los instantes tirados, por los besos no dados. Y todo ello arrojado a la basura por ti y por los que te abrazan como medusas salidas del Averno.
Seguramente, la siguiente vez que no veamos nos miraremos a los ojos, pero no sé si serás capaz de saber leer en los míos mis sentimientos, quizás sea ya demasiado tarde el que sanes.

Lagrimas en las flores de Polygala myrtifolia 

Querida Soledad, querida Pena, intenta ser feliz sin hacer daño. Que las lágrimas no corran por tu causa. 
Deja vivir la verdad de cada uno a su manera, no la inventes tú. Mientras tanto, intenta ser feliz.
Te quiere, o quizás más, Antonio

martes, 15 de septiembre de 2015

Filosofía de albañil: Rosas en silencio, Soledad.

Querida Soledad:
hace tiempo que no te dedico unos minutos, aunque sí de pensamiento, pero las circunstancias que se han dado este verano a mi alrededor me han hecho dudar, padecer, pensar e incluso llorar. Lloro de lágrimas secas, de lágrimas que no salen, de tristeza interior, lagrimas del alma, de un alma atribulada por los acontecimientos.



Unos acontecimientos, Soledad, (me gustaría tener ahora tu nombre), que parten de malos entendimientos, egoísmos, miserables puntos de vista, que surgen todos ellos de una ficticia unión familiar. ¡Ay! Soledad. Que difíciles somos los humanos con lo sencillo que es el mundo que nos rodea.
 Pero todo este trajín, todo este embrollo que se ha liado, es la consecuencia de la mala costumbre de querer que los criterios de uno estén por encima de los demás, como si la charla, el razonamiento conjunto no existieran, para dar paso en un instante desde la risa al enfado.


¡Como te echo en falta, Soledad! Esos cruces de miradas que se han perdido, esos ratos de sola presencia, agradables, se han disipado en la lejanía de unas palabras, mal pronunciadas por todos.
Y a veces, Soledad, se toman decisiones equivocadas, se pronuncian palabras que no se debían haber pronunciado, porque otras circunstancias con brutal y desconocida fuerza para los demás, convergen en una discusión, provocando el equívoco, la mala actuación. Y, Soledad, no sabes, no te puedes imaginar la pena que llevo dentro desde entonces.


Pero aquella discusión, aquella tonta discusión, llevaba implícitas en sí misma un montón de opciones, motivos y acciones, que de no haber pronunciado esas palabras y haberme puesto de un lado, hubiese hecho daño a mucha más gente. Esos los inconvenientes de las guerras. Para proteger a unos, dañas a otros y los denominas daños colaterales.


¡Qué complicado lo hacemos todo, Soledad! Con lo fácil que es mirarte a los ojos y disfrutar. ¡Qué complicado!
Y si encima, querida Soledad, esos tontos enfados no se hablan, no se comentan, las consecuencias a la larga son terribles. Por una tonta discusión se puede perder una mirada, una caricia, un beso que ya nunca más volverán a suceder.


Y si a consecuencia de una toma de decisión, haces llorar a una persona, la haces sufrir, aunque sea tan culpable como tú, Soledad, entonces esa angustia no se apaga nunca, nunca.
No he escrito este verano, prácticamente nada mío, y he querido Soledad, compartir contigo mis pesares; y al mismo tiempo que veas, que sientas que sigo soñando en ti, aunque sea contándote algo que quizás ya conozcas, pero que me corroe. Y no ya solo por lo que yo hice o deje de hacer o decir, sino porque los pronósticos de una ruptura que se veía venir desde hacía mucho tiempo, y que se cumplieron a rajatabla.
 

No se puede estar, Soledad, a un lado unas veces y a otro en el instante siguiente sin que surjan desavenencias. No se puede estar rodeado de malos consejeros, que en el fondo lo que buscan es su satisfacción personal. Víboras que se aprovechan de los demás para crear desconsuelo, aconsejando lo que nunca debieron aconsejar. Y tú lo sabes bien, Soledad, pues, te guste o no, has tenido ese mal consejo a tu alrededor.
¡Soledad! ¡Querida Soledad! Me hubiese gustado tanto hablarte de miradas, de caricias o de deseos…



Pero sé que cuando leas estas letras comprenderás mi angustia y entenderás mis decisiones. Lo que no se, es si perdonaras que no te haya hablado hoy de mirarte a los ojos y emocionarme, de sentir tu cuerpo cerca del mío y explotar de gozo, de encontrarnos espontáneamente o buscándonos intentando encontrar la mutua y secreta compañía.
En fin, no sé si sabrás perdonarme, Soledad, por contarte todo esto.
Las roas que hoy te he colocado, son cada una, Soledad, un beso y una mirada. Ese beso que no pude darte y esamirada que se perdió sin encontrar tus ojos.



Tú sabes que yo te quiero y tu mirada para mí lo es todo.
Un beso
Antonio