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martes, 12 de mayo de 2020

Meditaciones en el jardín de los campos.


En memoria  de mi amigo Luis Fernández que se fue.
A mi amigo Moli que se ha quedado entre nosotros después de Covi-19

Después de cincuenta días encerrado necesito salir un rato a pasear. Hace un radiante día, luminoso y caluroso para principios de mayo. Pero por mi edad tengo restringidos los horarios y de siete a ocho de la tarde puedo tomar mis maquinas e irme a meditar un rato por los límites del campo y la ciudad donde vivo.


Han pasado tantas cosas desde el uno de enero de dos mil veinte, que aún no hemos tenido tiempo de asimilar lo que realmente ha pasado. No hemos tenido tiempo de darnos cuenta del drama que estamos viviendo, todos, la humanidad entera. Y por eso el paseo en soledad, al que estoy acostumbrado desde hace muchísimos años, ayuda a la meditación al tiempo que puedes gozar de los pequeños detalles que te ofrece el campo cuasi urbano.
El calor aprieta; mi gorra roja con un enorme letrero que dice “España” la voy rotando en todas direcciones de acuerdo a mi posición con el sol. Unas veces parezco un ciclista con cara de velocidad con la visera hacia atrás y otras un muchacho, ya quisiera parecerme a un muchacho, con la visera a un lado e inclinada.


Las pequeñas alondras, salen de los campos cuando me acerco a sus lugares de descanso o de nidificación. A ellas no les incumbe lo que el mundo está pasando, no, más bien estaban disfrutando de una temporada sin ser molestadas. Habíamos desaparecido casi por completo y el campo lo demuestra también, hermoso y florido hasta la saciedad. ¡Ojala llueva pronto! para que la tierra, ahora cubierta por tanta vegetación pueda aguantar la humedad y tengamos flores hasta lo más tarde posible.
Pienso en los veinticinco mil muertos que llevamos sobre nuestras espaldas. Lo mismo que diez atentados como los de las Torres Gemelas o, ciento quince como los atentados de Atocha. ¿Cómo es posible esto? Ando despacio; tantas muertes inútiles pesan sobre mi conciencia. ¿Cómo es posible? Y hasta el momento nosotros somos la décima parte de los muertos en el mundo; la décima parte; que pronto se dice…


Las espigas están soltando sus semillas. La vida volverá con ellas este año si vuelve a llover o el año que viene cuando el invierno permia que arraiguen. Tan pequeñas, tan frágiles al son de la música que el viento impone, llevan en su interior la vida. Que pronto se dice, la vida y que bien suena la palabra vida. Es todo lo contrario a la muerte. Vida, maravillosa vida que ha encontrado mil formas distintas de burlar a la muerte en un constante nacer, en un constante nacer.


En un rincón del jardín del campo, donde las altas hierbas han dejado paso a un cardo de hojas puntiagudas y molestas, la flor de este reluce maravillosa imponiéndose a la vista y a los pensamientos. Es un rincón de belleza natural que surge espontaneo como si un experto paisajista lo hubiese diseñado. Rodeado de viboreas y malvas silvestres el cardo tiene luz y sombra y su flor atraerá en cualquier momento a una pléyade de insectos que se alimentarán de él.
De repente me doy cuenta que mis pensamientos se han desviado, que el campo ha conseguido sacarme de mi confusión y me ha transportado a un mundo idílico de luz, color y olor.
¿Quién nos iba a decir que la humanidad iba a atravesar una crisis como esta? ¿Quien no fue capaz de gritar al aire ante los primeros síntomas que nos protegiésemos? ¿Cómo se puede no prevenir a la gente? ¿Cuál es la misión de los gobernantes? ¿Por qué nos han dejado sufrir?


Las margaritas son la alegría de los herbazales. Allí donde las hierbas altas crecen, allí ellas aprovechan y crean simpáticas alfombras que forman infinitos dibujos llenos de sonrisas. Recuerdo cuando era bastante crio, con aquella primera novieta, la de margaritas que pudimos llegas a deshojar… Si, no, si, no, como han pasado aquellos años románticos llenos de platonismo de los doce a los catorce. Sí, no…lo ves no me quieres. Y la pobre margarita desecha quedaba a los pies preguntándose porque ella debía ser el juez que marcase la veracidad del amor.
Me detengo un momento. Vuelvo a mis pensamientos. Se me ha ido un amigo y a otro he estado a punto de perderlo. Esta enfermedad, que no se quien la ha inventado, ni para que, ha destruido anti natura lo que a base de mucho tiempo hemos ido fundamentando. He podido palpar los sufrimientos y los daños colaterales que han sufrido los que la han pasado.
Angustia de familiares, de esposas y maridos, hijos que no han podido despedirse de sus padres…


La Naturaleza nos muestra su simetría en todo lo que la vista alcanza. Las hierbas de todo tipo giran por regla general alrededor de un eje  todas sus flores. Incluso algunas son capaces de llevar al sumun esto y construyen perfectas esferas transparentes de una belleza increíble que, no están hechas para la admiración, sino para extender por los aires, hasta donde los vientos quieran sus semillas en forma de helicópteros como los que tenía pensado Leonardo. Ligeras aspas que tienen por misión transportar y generar nueva vida, no nueva muerte.
Me está pegando una paliza el sol. No está acostumbrado este cuerpo a él después de tanto tiempo encerrado. Parece mentira como el ser humano es capaz de asimilar el castigo y obedecer. Encerrados en casa como si fuésemos terribles asesinos en serie a la espera de ser juzgados. ¿Por qué no se tomaron las medidas oportunas antes? Porque hacía tiempo que se sabía que venía esto…


Las espigas de la cebada han emprendido su vuelo, el viaje sin retorno a la conquista de nuevos territorios para su especie. Las glumas que las han envuelto mientras maduraban parecen aplaudir al son de la brisa que las hace danzar en una interminable y eterna sinfonía que durara hasta bien entrado los calores estivales. Mientras tanto las otras esperan impacientes que lo que en su interior han protegido durante tanto tiempo emprendan la marcha, al igual que sus hermanas.
Las consecuencias de este ataque brutal y despiadado, impensable hace seis meses, no son solo la enfermedad y la muerte. Ahora llega el momento terrible de la desesperación por la falta de trabajo. Ha llegado con la epidemia otra epidemia terrible, la epidemia del hambre y de la desesperación. Cuanta gente vive con miedo los meses venideros; están buscando la forma de encontrar un trabajo que se les niega por el miedo al contagio. Nos estamos contagiando de egoísmos absurdos, porque somos nosotros los que queremos estar por encima de las penalidades de otros, nos subimos un peldaño para que el barro no nos llegue a manchar los zapatos.


Veo a las abejas compartir una con otras el néctar que les da su vida en las flores de las malvas silvestres. Una a una van recorriendo las flores, cogiendo su polen y engrosando la bola de el que se va torneando en sus patas. Y seguirán así hasta que el peso de la bola les permita volar. Y cuando se llegue al límite volaran raudas hasta su colmena a compartir el alimento con las demás.  Vaya ejemplo nos dan algunos animales de solaridad.
He decidido que no quiero seguir pensando. Necesito que mis pensamientos vuelen en otras direcciones, en otros valles más alegras que ese. Las cifras y las estadísticas de los meses de marzo y abril las veo reflejadas en la curva que las televisiones se empeñan en enseñarnos todos los días como si las muertes se tratasen de una ecuación matemática que al final tendrá una asíntota en el infinito porque tarde o temprano nos tocará el turno a los demás.


Por ello quiero belleza. Quiero presenciar la belleza que cada metro cuadrado de vereda me ofrece para distanciarme del problema, para intentar olvidarme de él, asumiendo, deseando impregnarme del color y las formas que estas hierbas del campo me ofrecen. Y tenemos hierbas tan bellas que quieren asemejarse a pequeñas orquídeas.
Luchemos por vencer nuestro miedo, luchemos por ganar a un virus maldito; luchemos por seguir siendo nosotros y que esto no nos cambie. Estoy deseando poder dar un abrazo a la mujer, al amigo y al hijo y no un encuentro de codos que no llevan a ningún lado. Vivamos y disfrutemos de la belleza que baila a nuestro alrededor Disfrutemos con poco. 


Seamos capaces de  volver a asombrarnos con una amapola. Si conseguimos esto, volveremos a ser de nuevo humanos. Sepamos disfrutar de la que nunca debimos olvidarnos: la Naturaleza.
Sed felices
Antonio

viernes, 10 de abril de 2020

Soneto a Cristo Crucificado y consideraciones por en medio. Viernes Santo 2020


Todas las semanas santas, coloco el Viernes Santo, el soneto A Cristo crucificado, una obra anónima que es uno de los mejores sonetos de la literatura española.
Este año, no puede ser como otros, simplemente el soneto y unas flores.
Este año las flores tienen que ser para los miles de muertos que se están dando en todo el país y en todo el mundo.
La cruz la estamos viviendo en nuestras carnes. En la carne de todos los que están padeciendo la enfermedad aislados del mundo y sin la compañía de los suyos.
Por eso este año presento el soneto con pensamientos y dudas entre sus estrofas.
Los que seáis creyentes consolidados, quizá esto no os guste. Como hombre, como persona, creo que tengo todo el derecho del mundo a dudar y a expresar mis dudas.
Deciros que el soneto esta integro, tal como es, pero entre estrofa y estrofa hay pensamientos.




VARIANTE DEL SONETO A CRISTO CRUCIFICADO

I
No me mueve mi Dios para quererte
El cielo que me tienes prometido;
Ni me mueve el infierno tan temido,
Para dejar por eso de ofenderte.

Señor, Dios del cielo, que nos creaste a tu imagen y semejanza ¿Tú también sufres de la enfermedad de los hombres? ¿Padeces el mal que nos azota o acaso necesitas más sacrificios para que limpiemos nuestros pecados de la faz de la tierra? ¿Dónde está ese cielo prometido? Cuando el sufrimiento está aquí en la tierra. ¿No habría que arreglar antes esto y luego darnos lo otro? Pandemia que significa muerte, desolación y tristeza.

II
¡Tú me mueves, Señor! ¡Muéveme el verte
Clavado en una cruz y escarnecido!
Muéveme el ver tu cuerpo tan herido.
Muéveme tus afrentas y tu muerte

¡Claro que te compadezco clavado en ese tosco madero! Compadezco tu sufrimiento y la inutilidad de tu sacrificio. No sé si te  das cuenta que tu muerte de amor para redimirnos el hombre, este  la ha convertido en odio, afana de riqueza, sexo, y creación de armas para destruirse. Y esta pandemia no es otra cosa que eso. De que sirvió, Señor, ese sacrificio en el madero si los hombres seguimos igual.

III
Mueve, en fin tu amor en tal manera,
Que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
Y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

Pero reconozco, Señor, que quien escribiera esta maravilla de soneto, no se dio cuenta que el Infierno está aquí. De que les sirve la promesa del Cielo a los pobres si el resto de los hombres solo miramos llenar y tener contento nuestro estómago. De que le sirve al enfermo el cielo, si para llegar a el tiene que sufrir meses de padecimiento. ¿Por qué tenemos que padecer pandemias? ¿Por qué nos hiciste a unos peores que a otros? Acaso en tu semejanza existen valores distintos. ¿Qué es el infierno, Dios? El infierno es esto y muchas veces me pregunto: ¿Por qué fuiste tan mal creador? ¿Acaso fuimos nosotros los primeros en ocupar un trocito de ese maravilloso universo que creaste? Y salió mal el experimento.

IV
No tienes que me dar porque te quiera,
Porque, aunque cuanto espero no esperara,
Lo mismo que te quiero te quisiera.

Y si tendrías que darnos, Señor, aunque dudemos, aunque reneguemos, porque en el fondo somos unos pobres desgraciados que vivimos en un mundo que navega errante con sus sol por el universo. Estamos solos y a veces, muchas, nos hace falta ver que se nos da algo desde allí arriba. Y sentir que Tu, que dices estar en todas partes, te presentes aquí y nos inundes de gracia; un solo soplo tuyo sería la vida prometida.
Y aun así creo en Vos, pero dudo, y como dudo tengo todo el derecho a expresar mis dudas. Sobre todo hoy, el día santo de tu muerte, que, a veces, me parece inútil.



--o0o--

Cuidaros, que el bicho sigue atacando.
Pero vivir, sed felices.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Niebla


Silencio.
La niebla invade mi calle. Es un manto quela cubre y solo la luz de una farola despunta.
Paseo silencioso por la acera.
Pienso que estoy solo en el mundo. No se oye un ruido; no se vislumbra un alma.
Silencio sobrecogedor.



Al pasar bajo la farola mi sombra me acompaña en el aire.
Finas gotas mojan mi cara y empapándome del frio de la noche.
Silencio, niebla, silencio, nadie.
El ruido de mis pasos sobre las hojas caídas me acompañan. Me acompañas tú también.
Extraña forma de pensar de cada uno. Distintos enfoques para un mismo motivo.
Divergen los pensamientos en una única idea como los faros del coche en la niebla: cada uno por su lado.
Silencio, niebla, silencio, niebla.
Calla el mundo, todos pasamos de todo.
Estamos dormidos en una terrible niebla que nos maniata. Ya no pensamos por nosotros mismos. Nos hemos amparado en las maquinas y el pensamiento propio se ha perdido.
Teclados y pantallas discurren para que no hagamos esfuerzos. ¿Para qué pensar? Solo hay que hacerlo respecto al trabajo ¿Y el vecino? ¿Ylos demás? Seguramente detrás de un televisor, perdiéndose el espectáculo tenebroso de mi sombra andando entre el vapor helado.


Silencio. Subes en el ascensor con cuatro más y da la sensación que estas rodeados de estatuas vivientes. Un circo de malos actores incapaces de mirarte a los ojos.
La niebla está cerrada en la calle y en la mente.
Esa sabana que te envuelve y te enfría, ha conseguido introducirse en gran parte de la sociedad.
Silencio, niebla, silencio, niebla
La ciudad a mi alrededor está escondida en las casas. Asusta enfrentarse a la verdad, a la oscuridad luminosa.
Retorno sobre mis pasos. Silencio absoluto.
Lo que me encantaría escuchar, no lo oigo.
Con quien me gustaría andar, no está a mi lado.
Niebla, silencio, soledad… frio.
Un frio que se introduce dentro, una niebla terrible que va envolviéndote. Pensamientos, ilusiones se van perdiendo en el caminar nocturno entre la niebla.
Niebla y silencio ¿A dónde nos lleváis?
No, no me respondáis, que me da miedo vuestra respuesta.
Prefiero pensar en medio de la niebla y el silencio.
Niebla, silencio…. frio.


Sed felices
Antonio  

lunes, 18 de diciembre de 2017

Del infinito pequeño al grande: pensamientos nocturnos.

Observo a los pequeños pulgones encima de un pétalo de una rosa. Su tamaño es increíblemente pequeño, un milímetro y medio de cuerpo, y en su interior, como en el nuestro, bulle una vida increíble.
Infinitamente mas pequeño es el mundo que existe detrás de ellos, pero ahí ni mis ojos ni mis cámaras son capaces de llegar a un.
Y ese infinito mundo pequeño es mi punto de partida para llegar a comprender un espacio inmenso que me rodea. Porque si comprendemos lo pequeño veremos de forma totalmente distinta lo grande.


Aquí comenzamos el viaje con estos dos pequeños pulgones que increíblemente tienen sus aparatos bucales clavados en el pétalo de la rosa y le están extrayendo el jugo de la vida.
Esos escasos centímetros del pétalo es el universo del pulgón, un universo lleno de color, luz y olor.
De repente el mundo crece.
En otro pétalo, en otra rosa, una pequeña crisopa, de algo mas de un centímetro nos muestra un mundo de vida, lleno de vida, que va creciendo. Ya no es los escasos milímetros que ocupa el pulgón, no, ahora la crisopa ocupa casi por completo una buena parte del pétalo de la rosa y su universo es muchísimo mayor y será capaz de extenderlo y aumentarlo.


Vamos observando poco a poco el mundo que nos rodea y esos pequeños universos que se nos  van apareciendo, nos enseñan que todo lo que nos rodea es relativo y a la ves forma un solo espacio.

La realidad de cada mundo nos vendrá dimensionada no por lo que seamos capaz de medir, si no por cada universo que seamos capaces de comprender.


El conjunto de los pétalos le dan la forma a la flor. Y la rosa es ya una estrella en un universo de flores en que cada sol tiene sus propios habitantes. Cada individuo será capaz de alimentar, mientras viva, a pequeños seres que compartirán su entorno, unas veces en perfecta armonía y otras combatiendo para comer. Es una de las leyes que se aprende en los universos, ya sean grandes o pequeños, incluido el nuestro propio.


Qué grande es el micro espacio en el que vivimos. Está formado por una enorme inmensidad de soles y formas distintas que nos acompañan, que están orbitando a nuestro alrededor y que para llegar a ellos solo hay que abrir los ojos y dejar que su luz, su forma y sus aromas lleguen a nosotros.
Y así, de un sol solo, pasamos a una galaxia llena de hermosas flores que nos contemplan.


Fijaros en la galaxia de rosas que forman todas ellas juntas. Un conjunto nuevo está llegando a nuestros ojos. Un universo formado por infinidad de galaxias, unas mayores que otras comienzan a rodearnos. Y su belleza ha partido de la contemplación de un pequeño insecto que la mayoría de los humanos somos incapaces de contemplar. Y así una tras otra las galaxias van expandiéndose para formar distintos universos.
Universos que se complican y crecen cada vez más, y aun no hemos salido de nuestro pequeño mundo. Los rosales han dejado paso a los árboles que con sus hojas y sus frutos forman un espacio infinitamente mayor y que empequeñece el nuestro propio.


Crecen los arboles unas veces puestos por la mano del hombre intentando crear un universo ordenado, con galaxias cuadriculadas, mientras que la propia Naturaleza en un orden desordenado alinea a sus especímenes contando con el azar, pero acompañada siempre por las propias leyes que han regido desde la creación de los mundos.
Y de repente, ese universo que comenzaba a expandirse, se amplía maravillosamente con la imagen de unas tierras inmensas en las que miles de millones de distintos seres que formamos la Creación, nos movemos.
Ya no es cuestión de pequeñas galaxias, no, la galaxia terrestre se nos abre en plenitud, con sus seres vivos y sus seres dormidos, y de ella vivimos todos de los que todos sacamos provecho.


El infinito se extiende hasta donde quiera la vista y cuando pensamos que detrás de la montaña se acabará nuestro mundo, aparece siempre otra llanura de tierra o de agua que sigue demostrándonos que es infinitamente mucho más grande que nosotros, casi eterna.
Y entonces entra en juego el Universo que acoge a todos los universos que formamos el planeta tierra y nos muestra un cielo repleto de distintos mundos de formas y colores, que nunca es igual. Unas veces azul, otras gris y muchas rojizas como si quisiera trasmitirnos un aliento de ánimo y de calor.
Pero tenemos que saber mirar y sobre todo saber percibir las sensaciones que todo ello produce en nuestro ser. 


¿De que nos vale tener tantos universos a nuestro alcance si no somos capaces de verlos?¿Los desperdiciamos? Por supuesto que si.
Cuando cae la noche y parece que ya nada mas puede acontecer un mundo de maravillosas candilejas nos envuelve por todas partes. Cada estrella, cada rosa encendida en el infinito de otros universos, reluce exponiendo infinidad de mundos que debemos imaginar pues no somos capaces de llegar a ellos.


Y una enorme esfera, nuestro vecino más cercano, celosa, quiere tapar el resplandor de tanta estrella y pletórica de luz se nos muestra. Y así podríamos seguir hasta mas allá del infinito cercano e ir avanzando hasta el último y dormido infinito.
Cuando despierto del sueño de los mundos, me doy cuenta que tengo un universo precioso cerca de mi, Soledad.
Sed felices, que esto pasa, muy, pero que  muy rápido, y la belleza que nos rodea nos puede ayudar.

Antonio 

domingo, 22 de octubre de 2017

La soledad y el amor. (Las dalias para despistar)

Recordando un paseo.-

Leyendo autores españoles posmodernistas, poetas, de la época de los ismos, he encontrado un poema de tres versos que vienen a reflejar mis padecer y preocupaciones por la soledad ante la sociedad y ante ti, Soledad
Es de Rafael Montesinos y dice así:


SOLEDAD
Soledad del ir viviendo
mi soledad con los otros
es la soledad que tengo.

Dalia Barbarossa

Nada es mas difícil que vivir toda una vida haciendo ver sin sentir y sintiendo sin poder hacer ver.
Me refugio muchas veces en las profundidades de mis pensamientos, intentando encontrar soluciones lo menos dañinas posibles y siempre choco con las mismas fronteras de nostalgia y amores no posibles, como el tuyo, Soledad.

Dalia Café con leche

Y por mas que quiero borrar de mi mete tu figura, tu imagen, amanezco todas las mañanas contigo en mi pensamiento, me acompañas durante el día y a la hora del sueño te busco a mi lado y no te encuentro.

Dalia Topmix purple 

Soledad terrible en la que los cómplices no existen y los compañeros de viaje son exclusivamente tus propios sentimientos y silencios. Pensamientos perdidos y mezclados con deseos sencillos de tenerte a mi lado; silencios que taladran poco a poco el ánimo porque van desgastando el espíritu y la esperanza. Si, no renuncio a nada, pero veo tan lejano el día de poder hablarte tranquilamente, que se diluye en los espacios infinitos de los relojes tenebrosos y misteriosos del tiempo.

Dalia Lucky number 
Pasear, tenerte a mi lado, aunque sea solo por breves instantes en escasos días a lo largo de un año, es un regalo maravilloso que templa las angustias que se sufren en la soledad diaria, en la incomprensión diaria, en el sacrificio diario realizado por otros y en el cariño, Soledad, que tengo que silenciar.
Y la soledad de sentimientos es la más pérfida de todas, porque entre otras cosas, amar significa sacrificarse muchas veces en no ser amado o por lo menos en no poder recibir amor.

Dalia G.F. Hemerick

Soledad que intento tapar navegando por los mundos que la Naturaleza tiende a mis pies. Las flores son un mundo increíble que me permite divagar contemplándolas y pensar sin tener que exponer la soledad a nadie. Es la respuesta que mi yo ha dado a mi soledad.

Dalias Lavender Perfection 

Volver a pasear a tu lado algún día será un maravilloso regalo y una felicidad absoluta.
Quizá en aquella parada de autobús tenía que haberte pedido que esperases a que pasasen dos mas y no lo hice. Creo que me arrepentiré toda la vida, Soledad.

Soledad del ir viviendo
mi soledad con los otros
es la soledad que tengo.

Dalia Apache

Me han vuelto los versos de Rafael Montesinos. 
En el fondo es tu soledad lo que tengo.
Se feliz, lo demás no importa, Soledad.

Antonio

martes, 22 de agosto de 2017

El sueño de mi madre y la luz

Son casi las ocho de la tarde. Un sol radiante de agosto está donando sus últimos rayos.
Mi madre dormita en la silla de ruedas. El sol le ayuda a calentar su cuerpo, lo que casi no puede hacer su corazón.


Estoy sentado junto a ella observando la luz que, casi horizontal, ilumina todo con tonos cálidos y brillantes. Se introduce entre los árboles encendiéndolo todo. Los últimos estertores antes de acostarse tras el Alto del León.


Mi madre sigue dormida. Es un sueño reparador de la fatiga que su cuerpo lleva soportando durante mas de noventa y ocho años.
Tomo mi maquina de fotografiar, la tengo al lado.


Quiero fotografiar los contrastes de luz que se dan en las adelfas y el pruno que tengo delante.
Es un brutal contraste entre luz y sombra, como es el contraste entre la vida y la muerte.


El objetivo me permite fotografiar sin moverme del sitio y si lo hago son solo unos pocos pasos los que me separan de ella.
Igual que observo la luz filtrarse por las hojas observo su tranquilo dormitar. La tranquilidad de un sueño reparador que le hace olvidarse de sus achaques y sus dolores, que son muchos.


Muchas veces me pregunto si es justa una duración tan larga de la vida cuando se sufre. Y el sufrimiento no es solo el dolor de una escara, o un ataque de reuma, o una digestión mal hecha, no, hay un dolor moral de personas que han sido activas y ahora dependen para todo de otras personas y una silla de ruedas.


Pero resiste estoicamente.
Esta dormida mirando a la única rosa que está a su alcance.
Cuando despierte y los rayos de luz iluminen la flor, me dirá que la ve.


A la rosa le quedan ya pocos días de permanecer encendida. Pero parece que está resistiendo nada mas para que mi madre la vea.
Y cuando mejor la ve es cuando la luz de la tarde enciende sus colores maravillosos de un profundo rojo que parece las brasas de un fuego apagándose.


La luz, esa luz que ilumina la rosa y deja a los ojos de mi madre apreciarla, traspasa también las flores de la adelfa que están sacando las últimas flores del verano.
Me vuelvo a sentar junto a ella. En silencio. Disfruto de su sueño, de su tranquilidad momentánea; de la luz entre las hojas...
Cuando despierte verá de nuevo la rosa.


Sed felices.

Antonio  

lunes, 5 de junio de 2017

Pasión: cosas de un filósofo del ladrillo

Rojo de pasión en esos pétalos maravillosos que llaman poderosamente la atención, como unos labios de pintura carmesí en una boca sonriente.

Scarlet Meidiland 


Pasión en cada rama y en cada flor. Escondidas o al aire, entre las hojas del rosal o buscando las alturas de las plantas, las rosas apasionantes están ahí.
Rojo de pasión. Rojo de una pasión que se va escapando poco a poco entre las canas y los años, pero que sigue persistiendo, escondida en la vergüenza de la edad y en la ignorancia de los demás.

Penelope

Pasión, dulce sabor de momentos increíbles que perduran en el tiempo y que pueden volver a aparecer en cualquier momento. Quien sabe cómo, dónde y por qué.
Quizás el tiempo ayuda a controlar los impulsos que en la juventud no hubiesen sido callados.

Barkarole

Pasión que se pierde en minutos que van discurriendo sin que pueda mitigarse con alguien.
Mi pasión, como la de esas rosas rojas está escondida dentro, en un rinconcito de mi pensamiento, esperando el momento que pueda salir a la luz.

Priscila Bourton

Es curioso que a estas alturas hable yo de pasión. Pasión roja de fuego, como los pétalos de las rosas, que poco a poco van desapareciendo y son arrastrados por las brisas de los vientos.
Como me gustaría compartir mis pasiones con quien yo quisiera; compartir esos pétalos que aun quedan en la flor antes de que mi viento los arrastre en pos de los tiempos infinitos, donde la pasión será otra cosa.

Scarlet Meidiland

Hay que ver como son las cosas, hay que ver cómo juega la mente con recuerdos que se han perdido en los tiempos infinitos que quedaron atrás y de repente retornan como si hubiesen sucedido ayer.
Pasión por el perro, por aquel pajarillo que se bañaba en la fuente… pasión posiblemente por ti si te conociese o me conocieses.
Pasión en fin por la vida como esos pétalos rojos de las rosas que se resisten a caer ante los rigores de la climatología.
Pasión por ti, aunque realmente no sabes quién eres y seguramente no lo sabrás nunca.

Ville de Caen

Al fin y al cabo esto no son más que pensamientos de un extraño filósofo del ladrillo.
Sed felices y apasionados

Antonio