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martes, 12 de mayo de 2020

Meditaciones en el jardín de los campos.


En memoria  de mi amigo Luis Fernández que se fue.
A mi amigo Moli que se ha quedado entre nosotros después de Covi-19

Después de cincuenta días encerrado necesito salir un rato a pasear. Hace un radiante día, luminoso y caluroso para principios de mayo. Pero por mi edad tengo restringidos los horarios y de siete a ocho de la tarde puedo tomar mis maquinas e irme a meditar un rato por los límites del campo y la ciudad donde vivo.


Han pasado tantas cosas desde el uno de enero de dos mil veinte, que aún no hemos tenido tiempo de asimilar lo que realmente ha pasado. No hemos tenido tiempo de darnos cuenta del drama que estamos viviendo, todos, la humanidad entera. Y por eso el paseo en soledad, al que estoy acostumbrado desde hace muchísimos años, ayuda a la meditación al tiempo que puedes gozar de los pequeños detalles que te ofrece el campo cuasi urbano.
El calor aprieta; mi gorra roja con un enorme letrero que dice “España” la voy rotando en todas direcciones de acuerdo a mi posición con el sol. Unas veces parezco un ciclista con cara de velocidad con la visera hacia atrás y otras un muchacho, ya quisiera parecerme a un muchacho, con la visera a un lado e inclinada.


Las pequeñas alondras, salen de los campos cuando me acerco a sus lugares de descanso o de nidificación. A ellas no les incumbe lo que el mundo está pasando, no, más bien estaban disfrutando de una temporada sin ser molestadas. Habíamos desaparecido casi por completo y el campo lo demuestra también, hermoso y florido hasta la saciedad. ¡Ojala llueva pronto! para que la tierra, ahora cubierta por tanta vegetación pueda aguantar la humedad y tengamos flores hasta lo más tarde posible.
Pienso en los veinticinco mil muertos que llevamos sobre nuestras espaldas. Lo mismo que diez atentados como los de las Torres Gemelas o, ciento quince como los atentados de Atocha. ¿Cómo es posible esto? Ando despacio; tantas muertes inútiles pesan sobre mi conciencia. ¿Cómo es posible? Y hasta el momento nosotros somos la décima parte de los muertos en el mundo; la décima parte; que pronto se dice…


Las espigas están soltando sus semillas. La vida volverá con ellas este año si vuelve a llover o el año que viene cuando el invierno permia que arraiguen. Tan pequeñas, tan frágiles al son de la música que el viento impone, llevan en su interior la vida. Que pronto se dice, la vida y que bien suena la palabra vida. Es todo lo contrario a la muerte. Vida, maravillosa vida que ha encontrado mil formas distintas de burlar a la muerte en un constante nacer, en un constante nacer.


En un rincón del jardín del campo, donde las altas hierbas han dejado paso a un cardo de hojas puntiagudas y molestas, la flor de este reluce maravillosa imponiéndose a la vista y a los pensamientos. Es un rincón de belleza natural que surge espontaneo como si un experto paisajista lo hubiese diseñado. Rodeado de viboreas y malvas silvestres el cardo tiene luz y sombra y su flor atraerá en cualquier momento a una pléyade de insectos que se alimentarán de él.
De repente me doy cuenta que mis pensamientos se han desviado, que el campo ha conseguido sacarme de mi confusión y me ha transportado a un mundo idílico de luz, color y olor.
¿Quién nos iba a decir que la humanidad iba a atravesar una crisis como esta? ¿Quien no fue capaz de gritar al aire ante los primeros síntomas que nos protegiésemos? ¿Cómo se puede no prevenir a la gente? ¿Cuál es la misión de los gobernantes? ¿Por qué nos han dejado sufrir?


Las margaritas son la alegría de los herbazales. Allí donde las hierbas altas crecen, allí ellas aprovechan y crean simpáticas alfombras que forman infinitos dibujos llenos de sonrisas. Recuerdo cuando era bastante crio, con aquella primera novieta, la de margaritas que pudimos llegas a deshojar… Si, no, si, no, como han pasado aquellos años románticos llenos de platonismo de los doce a los catorce. Sí, no…lo ves no me quieres. Y la pobre margarita desecha quedaba a los pies preguntándose porque ella debía ser el juez que marcase la veracidad del amor.
Me detengo un momento. Vuelvo a mis pensamientos. Se me ha ido un amigo y a otro he estado a punto de perderlo. Esta enfermedad, que no se quien la ha inventado, ni para que, ha destruido anti natura lo que a base de mucho tiempo hemos ido fundamentando. He podido palpar los sufrimientos y los daños colaterales que han sufrido los que la han pasado.
Angustia de familiares, de esposas y maridos, hijos que no han podido despedirse de sus padres…


La Naturaleza nos muestra su simetría en todo lo que la vista alcanza. Las hierbas de todo tipo giran por regla general alrededor de un eje  todas sus flores. Incluso algunas son capaces de llevar al sumun esto y construyen perfectas esferas transparentes de una belleza increíble que, no están hechas para la admiración, sino para extender por los aires, hasta donde los vientos quieran sus semillas en forma de helicópteros como los que tenía pensado Leonardo. Ligeras aspas que tienen por misión transportar y generar nueva vida, no nueva muerte.
Me está pegando una paliza el sol. No está acostumbrado este cuerpo a él después de tanto tiempo encerrado. Parece mentira como el ser humano es capaz de asimilar el castigo y obedecer. Encerrados en casa como si fuésemos terribles asesinos en serie a la espera de ser juzgados. ¿Por qué no se tomaron las medidas oportunas antes? Porque hacía tiempo que se sabía que venía esto…


Las espigas de la cebada han emprendido su vuelo, el viaje sin retorno a la conquista de nuevos territorios para su especie. Las glumas que las han envuelto mientras maduraban parecen aplaudir al son de la brisa que las hace danzar en una interminable y eterna sinfonía que durara hasta bien entrado los calores estivales. Mientras tanto las otras esperan impacientes que lo que en su interior han protegido durante tanto tiempo emprendan la marcha, al igual que sus hermanas.
Las consecuencias de este ataque brutal y despiadado, impensable hace seis meses, no son solo la enfermedad y la muerte. Ahora llega el momento terrible de la desesperación por la falta de trabajo. Ha llegado con la epidemia otra epidemia terrible, la epidemia del hambre y de la desesperación. Cuanta gente vive con miedo los meses venideros; están buscando la forma de encontrar un trabajo que se les niega por el miedo al contagio. Nos estamos contagiando de egoísmos absurdos, porque somos nosotros los que queremos estar por encima de las penalidades de otros, nos subimos un peldaño para que el barro no nos llegue a manchar los zapatos.


Veo a las abejas compartir una con otras el néctar que les da su vida en las flores de las malvas silvestres. Una a una van recorriendo las flores, cogiendo su polen y engrosando la bola de el que se va torneando en sus patas. Y seguirán así hasta que el peso de la bola les permita volar. Y cuando se llegue al límite volaran raudas hasta su colmena a compartir el alimento con las demás.  Vaya ejemplo nos dan algunos animales de solaridad.
He decidido que no quiero seguir pensando. Necesito que mis pensamientos vuelen en otras direcciones, en otros valles más alegras que ese. Las cifras y las estadísticas de los meses de marzo y abril las veo reflejadas en la curva que las televisiones se empeñan en enseñarnos todos los días como si las muertes se tratasen de una ecuación matemática que al final tendrá una asíntota en el infinito porque tarde o temprano nos tocará el turno a los demás.


Por ello quiero belleza. Quiero presenciar la belleza que cada metro cuadrado de vereda me ofrece para distanciarme del problema, para intentar olvidarme de él, asumiendo, deseando impregnarme del color y las formas que estas hierbas del campo me ofrecen. Y tenemos hierbas tan bellas que quieren asemejarse a pequeñas orquídeas.
Luchemos por vencer nuestro miedo, luchemos por ganar a un virus maldito; luchemos por seguir siendo nosotros y que esto no nos cambie. Estoy deseando poder dar un abrazo a la mujer, al amigo y al hijo y no un encuentro de codos que no llevan a ningún lado. Vivamos y disfrutemos de la belleza que baila a nuestro alrededor Disfrutemos con poco. 


Seamos capaces de  volver a asombrarnos con una amapola. Si conseguimos esto, volveremos a ser de nuevo humanos. Sepamos disfrutar de la que nunca debimos olvidarnos: la Naturaleza.
Sed felices
Antonio

viernes, 10 de abril de 2020

Soneto a Cristo Crucificado y consideraciones por en medio. Viernes Santo 2020


Todas las semanas santas, coloco el Viernes Santo, el soneto A Cristo crucificado, una obra anónima que es uno de los mejores sonetos de la literatura española.
Este año, no puede ser como otros, simplemente el soneto y unas flores.
Este año las flores tienen que ser para los miles de muertos que se están dando en todo el país y en todo el mundo.
La cruz la estamos viviendo en nuestras carnes. En la carne de todos los que están padeciendo la enfermedad aislados del mundo y sin la compañía de los suyos.
Por eso este año presento el soneto con pensamientos y dudas entre sus estrofas.
Los que seáis creyentes consolidados, quizá esto no os guste. Como hombre, como persona, creo que tengo todo el derecho del mundo a dudar y a expresar mis dudas.
Deciros que el soneto esta integro, tal como es, pero entre estrofa y estrofa hay pensamientos.




VARIANTE DEL SONETO A CRISTO CRUCIFICADO

I
No me mueve mi Dios para quererte
El cielo que me tienes prometido;
Ni me mueve el infierno tan temido,
Para dejar por eso de ofenderte.

Señor, Dios del cielo, que nos creaste a tu imagen y semejanza ¿Tú también sufres de la enfermedad de los hombres? ¿Padeces el mal que nos azota o acaso necesitas más sacrificios para que limpiemos nuestros pecados de la faz de la tierra? ¿Dónde está ese cielo prometido? Cuando el sufrimiento está aquí en la tierra. ¿No habría que arreglar antes esto y luego darnos lo otro? Pandemia que significa muerte, desolación y tristeza.

II
¡Tú me mueves, Señor! ¡Muéveme el verte
Clavado en una cruz y escarnecido!
Muéveme el ver tu cuerpo tan herido.
Muéveme tus afrentas y tu muerte

¡Claro que te compadezco clavado en ese tosco madero! Compadezco tu sufrimiento y la inutilidad de tu sacrificio. No sé si te  das cuenta que tu muerte de amor para redimirnos el hombre, este  la ha convertido en odio, afana de riqueza, sexo, y creación de armas para destruirse. Y esta pandemia no es otra cosa que eso. De que sirvió, Señor, ese sacrificio en el madero si los hombres seguimos igual.

III
Mueve, en fin tu amor en tal manera,
Que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
Y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

Pero reconozco, Señor, que quien escribiera esta maravilla de soneto, no se dio cuenta que el Infierno está aquí. De que les sirve la promesa del Cielo a los pobres si el resto de los hombres solo miramos llenar y tener contento nuestro estómago. De que le sirve al enfermo el cielo, si para llegar a el tiene que sufrir meses de padecimiento. ¿Por qué tenemos que padecer pandemias? ¿Por qué nos hiciste a unos peores que a otros? Acaso en tu semejanza existen valores distintos. ¿Qué es el infierno, Dios? El infierno es esto y muchas veces me pregunto: ¿Por qué fuiste tan mal creador? ¿Acaso fuimos nosotros los primeros en ocupar un trocito de ese maravilloso universo que creaste? Y salió mal el experimento.

IV
No tienes que me dar porque te quiera,
Porque, aunque cuanto espero no esperara,
Lo mismo que te quiero te quisiera.

Y si tendrías que darnos, Señor, aunque dudemos, aunque reneguemos, porque en el fondo somos unos pobres desgraciados que vivimos en un mundo que navega errante con sus sol por el universo. Estamos solos y a veces, muchas, nos hace falta ver que se nos da algo desde allí arriba. Y sentir que Tu, que dices estar en todas partes, te presentes aquí y nos inundes de gracia; un solo soplo tuyo sería la vida prometida.
Y aun así creo en Vos, pero dudo, y como dudo tengo todo el derecho a expresar mis dudas. Sobre todo hoy, el día santo de tu muerte, que, a veces, me parece inútil.



--o0o--

Cuidaros, que el bicho sigue atacando.
Pero vivir, sed felices.

lunes, 28 de enero de 2019

Observando la belleza




Me pregunto el por que de las distintas sensaciones que el ser humano experimenta con las puestas de sol.
Hoy, volviendo a casa, en lo alto de una altiplanicie, he parado el coche para presenciar otro de esos espectáculos que la Naturaleza nos ofrece a través del astro rey.


El Sistema Central, mas o menos por el puerto del Pico, cobijaba y daba cama a un sol ya cansado de iluminarnos. Hacia la puesta un contraste de colores oscuros y claros y contra esa dirección unas tenues nubes de gas, de suaves y pálidos colores como si con ellas no fuese el evento.




Y allí plantado, con un aire norteño, frio, que llegaba a rachas que  te hacían oscilar, contemplaba  el cielo y me contemplaba a mi mismo experimentando extrañas sensaciones de belleza que querían hacerme gritar: ¡sol detente!
Pero, claro está que yo no era Josué, el sol siguió su camino perdiéndose en un horizonte cada vez mas oscuro ya la vez menos brillante.
Y pensé, y sigo pensando ahora miso, que por lo que quizá atraiga a los hombre la puesta de sol, no es ni mas ni menos porque vemos en ella un ejemplo de muerte que sucede a diario y que seguramente nos recuerda que tarde o temprano nos toca a nosotros acostarnos igual que él, pero sabiendo que no habrá un nuevo amanecer terrenal.
Y en esos pensamientos, en medio de esa belleza que solo se siente cuando se observa una puesta de sol, me doy cuenta que añoro, que quiero, que siento, que recuerdo, que deseo y que en muchos de esos casos tengo que mantener una sonrisa ante el mundo al no poderlos alcanzar.
El cielo en este momento es oro.


Borro deseos y esperanzas y me dedico a la contemplación del ambiente que me rodea. Las hierbas secas del verano pasado, son mecidas por el viento que, vengativo, es capaz de tumbarlas y hacerlas correr por los prados. Allá al fondo, las nieves de la montaña ya no reciben la luz del sol. Se han dormido antes de que el sol se acueste. Una manta blanca y gris las calienta en el principio de la noche.


Imágenes, sentimientos y recuerdos vuelven a entremezclarse en una lucha entre lo contemplado y lo deseado.  Y nubes, recuerdos y luces que me ciegan se entrecruzan en pensamientos como si fueran autos de choque.
Pero ¡Ja! ¡Que os estoy contando! ¿A quién le importa mis sentimientos, sean por una puesta de sol  o por una mujer o un hombre?


Ahora, ante la pantalla tonta, cierro los ojos y ese ocaso, y te recuerdo a ti, y  a ti, y a ti también. En realidad os recuerdo a todos porque formáis parte de ese mundo que vive a mi alrededor y con el cual puedo      hablar, comunicarme, sentir; si, sobre todo sentir. Siento estando contigo y contigo también, mientras el sol va sucumbiendo un día mas.


Sed felices
Antonio




viernes, 26 de octubre de 2018

El reflejo prisionero: paseando por Madrid


Después de una comida genial, solo y acompañado por un televisor mudo y el ruido indiscreto de multitud de conversaciones a mi alrededor, en un pequeño restaurante de la zona de Bilbao, compuesto a base de ensalada y merluza, con la compañía de un vino de la casa y gaseosa, sobre un mantel de papel, de cuadros rojos y blancos de los de toda la vida, casi del siglo pasado, salí a la calle.


Volvía a pasear por Madrid, como muchos días en mi vida.
Tenía un encuentro previsto y tiempo de sobra para andar en una preciosa tarde otoñal, más primaveral que otoñal.
Las maquinas de fotografiar me habían abandonado, o yo a ellas, y solo el teléfono compartía conmigo lo que mis ojos veían. ¡Qué distinto mirar conla cámara que en la pantalla del móvil!
Comencé a pasear, despacio, sin prisa y caí en la cuenta que me volvía a encontrar con la vida al otro lado del vidrio. Los reflejos se daban de bruces con mi vista y me hacían filosofar en silencio con sus imágenes.


La primera sensación vino de la mano de un vidrio que parecía una hoja en la que se reflejaba un sencillo coche rojo. ¿O quizá era al revés? Lo interesante de los reflejos es que nos muestran un mundo simétrico al nuestro, en un mismo tiempo pero en otra dimensión, capaz de hacer desaparecer un objeto, por el mero hecho de darle la realísima gana, cuando nuestra vista sigue viéndolo.
Tan asimétricos son los reflejos que son capaces de perturbar nuestro entendimiento mezclando la realidad con la ficción. Observar la siguiente foto: si un coche pasase de verdad por encima de unas porcelanas puestas en un escaparate, no quedaría ni una de ellas entera. El reflejo es tan cuidadoso que permite que coche y figuras compartan, en un armonioso espejismo, el mismo espacio sin molestarse los unos a los otros. ¿Nos estarán indicando algo para armonizar nuestras vidas y convivencias?


Los reflejos, aunque nosotros no nos demos cuenta, ayudan a aumentar los espacios por donde transitamos, ampliándolos y dándoles y una perspectiva nueva, larga, profunda. Las luces de una oficina convierten el plano sin profundidad de una farola en un enrome y alargado paseo que se desliza por el aire iluminando nuestros razonamientos. Pero ellos sin el reflejo no serian mas que unas luminarias colgadas de un techo de una fría oficina repleta de mesas y ordenadores, quizá con unas pantallas indicándonos el momento en que se debe actuar.


Los reflejos por lo general son limpios, libres, capaces de cambiar la perspectiva en función de tu manera de moverte. Son capaces de mantener el reflejo aunque te acerques al propio soporte. (Claro que en ese caso entras a formar parte del mismo, y en mi caso con la poca belleza de mi cara, puede llegar a romperse el hechizo).


Muchas veces son la mera representación de lo que tenemos a nuestro alrededor y otras demuestran con la mezcla de componentes reales y reflejados situaciones que pueden conducirnos a reflexiones más o menos acertadas.



Es el caso de los reflejos mezclado con un traje de novia. Desde una simple reja a un bosque imaginario desilusiones que podemos colocar en el propio traje. Está deseando ser usado, salir de su escenario y compartir con la novia imaginaria esos momentos maravillosos en la vida de cualquier mujer. Pero en la parte inferior del mismo una reja, las malditas rejas, parece querer cerrar su salida a las ilusiones. ¿Cuántas miradas habrán desfilado mirándolo y deseándolo? Me magino que muchas. En el fondo, el reflejo y el traje son prisioneros el uno del otro y del tiempo; o de una belleza que quiera separarlos para siempre.


Normalmente los reflejos son libres. Aprovechan los grandes vidrios o las pequeñas ventanas para mostrarse al viandante. Unos, como si en una escuela clásica hubiesen sido fabricados, reflejan a la perfección su envolvente. Otros, por el contrario, con ideas modernistas, muchas veces llegando a un cubismo increíble, interpretan nuestro mundo a su manera; toman las líneas arquitectónicas y las transforman en verdaderos artificios inimaginables para el arquitecto que los diseño, llegando en algunos casos, a transformarlos de tal forma que resultan irreconocibles.


Pero hay veces que esa libertad de expresión del reflejo queda amordazada por una simple reja, haciéndonos ver que muchas veces la libertad esta maniatada y que nuestro pensamiento se reduce en ocasiones, en muchas ocasiones, a un reflejo tras una reja. Y si no, que se lo pregunten a ese pobre árbol encerrado tras esa horrible cuadricula metálica de una ventana, colocada ahí por la poca fe en nosotros mismos y en nuestros semejantes.



El final del paseo ha llegado.
Mis razonamientos se detienen, tengo una cita importante..
Mi recuerdo sigue pensando en esa ventana y en el árbol encerrado.
Sed felices
Antonio

domingo, 26 de agosto de 2018

INCONGRUENCIAS: Obligándome a escribir


Incongruencias


De hace un tiempo a esta parte tengo la sanación  que mi cerebro se ha vuelto perezoso; mi imaginación deja un rastro de vaguería total; la inapetencia marca cierta pautas de mi conducta que hasta ahora no habían surgido nunca.
Luchar contra ello es una imposición que yo mismo me he impuesto.
Luchar contra la inapetencia es cuestión de voluntad.
Contrala imaginación comienza a ser un poco más complicado y creo que lo más difícil es luchar contra la pereza de mi seso.
Pero vamos a ello con vuestro permiso y que mejor que ocho rosas para acompañarnos en un relato que puede estar lleno de incongruencias y contra sentidos.


Me gustan las flores. Y muchas rosas en especial. Me encanta verlas plantadas en jardines y rosaledas formando grandes islas de color en medio de un mundo de asfalto que las rodea.
Siento pena cuando comienzan a estropearse sus pétalos y poco a poco van muriendo encima de su tallo, dejando a otras roas ocupar su puesto. La vida corta de la rosa, una belleza efímera y a veces con unas tijeras afiladas la hacemos aun más corta.


Comparten sus rincones las jóvenes y las viejas. Eso me recuerda un viaje que hice en mi juventud a Dinamarca y allí los patios de los colegios compartían el uso con las casas para mayores; las residencias y colegios juntos. El principio y el fin dándose la mano. ¿Y aquí juntamos a ambos? 


A veces, las flores se juntan, formando preciosos ramos que no necesitan de grandes floreros de cristal para lucir su belleza. No necesitan nada para cumplir su trabajo. Forman una unión perfecta que ya quisiéramos muchos a nuestro alrededor. Composiciones poéticas sin tener que escribir el mas mínimo verso el poeta.


Una flor, puede traernos el recuerdo de una persona. Su visión puede achuchar los sentimientos escondidos que mantenemos en secreto en nuestro corazón y nuestra cabeza. Cuantas veces una rosa ha sido el complemento de un beso o de una solicitud de amor. También lo son del recuerdo y del deseo. Guarda su visión el cariño escondido en lo mas profundo de nuestro ser; el mejor secreto guardado.


Me encanta ver volar a los insectos por encima de las flores y posarse en ellas con una seguridad increíble. Unas flores tienen sus corazones abiertos a los insectos. Otras, por el contrario, lo cierran alrededor de infinidad de pétalos, como las rosas,  como si quisiesen limitar el acercamiento de estos y dejar su intimidad solo para algunos elegidos. ¡Qué forma tan distinta de crear vida entre los humanos y las flores!


Colores de oro mezclados con los de la tierra producen efectos maravillosos. La belleza y la rudeza de las tierras se compaginan a veces como en esta rosa, que a la sombra, no se atreve a mostrar otros tonos. Pero si muestra una belleza increíble. Seguramente muchos ni siquiera giraran sus ojos hacia ella… como muchos no quieren girarla vista a la vida desigual que a nuestro alrededor sucede. Y yo sigo mirando flores. 


Qué extraño. Parece querer la rosa abrigarse de los vientos serranos apoyándose contra el muro de ladrillo. Da la sensación de resguardarse con miedo. Posiblemente tema que su belleza anime al jardinero a usar sus tijeras y acabar en el triste vaso de cristal de una cocina o en el jarron opulento de un salón. Hay que preguntarse si somos y sabemos admirar la belleza que existe en nuestro mundo. Pienso que la creamos como aquel poeta que lanzaba poemas al publico solo para satisfacer su vanidad sin sentir su escrito, no como otros que dejan sus lagrimas, sus sentimientos en forma de pétalos maravillosos sobre el pergamino. 


Pienso si es incongruente desear, sabiendo que nunca serás correspondido. Como la rosa que se inclina sobre la otra solicitando sus caricias y sabiendo que es imposible que ni siquiera sus pétalos se rocen. ¿Cuántas veces ocurrirá a nuestro alrededor esta situación? Sentir y no sentirse en un mismo tiempo, solo añoranza y tristeza infinita equilibrada por el amor. Amor, correspondidos o no.
Espero que mis incongruencias no os lleven al desanimo, pues para mi, todos sin excepción, sois parte de mi existencia.
Sed felices
Antonio

miércoles, 16 de mayo de 2018

Doce rosas rojas para ti.


Ayer estuve en la Rosaleda de Madrid durante un buen rato.
Este año va todo atrasado. Muchos rosales aun estaban sin florecer y otros a medias.




Y voy a contar sensaciones que seguramente a mas de uno no le importan. A mi sí.
Si no quieres leer sentimientos y pensamientos personales, puedes tranquilamente darle a la tecla de escape y huir de los sentimientos y pensamientos de uno que también pertenece a la raza humana.


La rosaleda estaba tranquila.
Algún grupo de dos a cinco personas paseaba contemplando y oliendo las rosas.


En bancos, junto a jaulas de rosales trepadores, enamorados charlaban y se arrullaban bajo un sol que por momentos iba caldeando la tarde.
Un grupo de colegas de la fotografía avanzaba cerca de mí fotografiando, como yo, las rosas.


Como casi siempre estaba solo. Acompañado pero solo.
Las rosas y yo éramos cómplices de mi silencio y mis sentimientos.


Las miraba. Las fotografiaba intentando buscar en ellas lo que no encuentro en otros lugares.
De repente llegué al pasillo de las rosas rojas, la rosa Imperator. (El nombre le viene de fabula, es la reina desde mi punto de vista.)
Me senté un rato en el banco mirándolas desde la distancia.


Me hubiese gustado tener tu compañía.
Envidiaba a los que sentados en los bancos entrelazaban sus manos y sus labios.


Miré para otro lado. Un mundo infinito de colores navega a ras de tierra entre arbustos de rosales modificados a lo largo del tiempo.
Pensaba en ti, e intentaba quitarte de mi recuerdo. ¡Imposible!
Las rosas rojas me traían pasión, pasión olvidada, y tu recuerdo.
Decidí fotografiarlas.


Estas rosas rojas, cada vez que las veas, te recordaran mis sentimientos y por ello con ellas he formado este ramo pensando en ti.




La tarde va cayendo. Cuando vuelva la semana que viene seguirán estando las rosas rojas, No serán las misma que coloco hoy, pero se parecerán y seguirán trasmitiendo los mismos sentimientos.


Quizá cada rosa roja sea un reflejo de lo que me gustaría expresar de palabra.
La soledad. Sigo estando solo en medio de la rosaleda. Aunque hay gente.
Como tú, en medio de un mundo ficticio. ¿Y el mío no lo es?


Rosas rojas, rosas rojas…
Sentimientos, amor, sentimiento…
Doce rosas rojas para ti. No hace falta escribir mas.


--o0o--

Sed felices, lo demás importa poco
Antonio