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lunes, 7 de abril de 2014

Un prado lleno de arañas en las viejas plantas.

Los arácnidos son unos animales con ocho patas a diferencia de los insectos que tienen seis y además están desprovistos de alas.
La otra tarde en Valdemorillo, al Oeste de la provincia de Madrid, en un prado donde pude meter el coche me dedique a recorrer maquina de fotografiar en mano, sus matas y me lleve la gran sorpresa que en cada mata seca de hinojo había una araña aposentada con su tela, unas veces situado en el centro de la diana y otras encima de uno de los palitroques secos como si fuese un ápice mas de la planta.
Pero a las arañas, cuando el sol esta a contraluz, les delata su propia tela que al ser más opaca que el aire produce el característico dibujo contra el cielo.
Lógicamente si hay arañas tiene que haber más bichos, insectos sobre todo, para que ellas puedan alimentarse y tienen que ser estos abundantes pues el numero de arañas era increíblemente grande. Y ciertamente los había, desde un moscardón azul a una pequeña mantis que se mostro cauta y asustadiza, pero que se dejo de fotografiar.
No podían faltar ni las orugas ni su continuación que son las maravillosas mariposas, que ahora mismo están inquietas y cuesta acercarse a ellas a fotografiarlas, pero que según vayan pasando los días las tendremos mas cerca y mas confiadas.
 
 
 
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La araña tejida ya su tela va ascendiendo por el palitroque buscando un lugar cómodo para esperar a sus presas, que seguramente comenzaran a verse más con la caída del sol.
 
 
 
 
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Colocada en la parte superior de la hierba parece más una semilla de esta que una araña. Agazapada y tranquila sabiendo que de momento sus depredadores no están aun activos y yo, por lo visto, le importo muy poco.
 
 
 
 
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Con sus pelos de entre los ojos al aire, este moscardón azul estaba posado en una piedra de la valla tomando el sol tranquilamente y no le importo lo mas mínimo que pusiera mi maquina a escasos centímetros de él. Sus ojos están relleno de miles de pequeños puntitos por los que seguro que me está observando.
 
 
 
 
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Algo le ha llamado la atención pues ha bajado unos centímetros de la cumbre. A casi contraluz, sus patas parecen de cristal y está claro que no se depila. Menudos aguijones tiene a lo largo de sus patas.
 
 
 
 
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Estas dos orugas estaban tranquilamente tomando el sol extendidas completamente. Ante el movimiento de la inferior, la de arriba se hizo un ovillo.
Fijaros en un detalle. La oruga inferior se la ve delgada con estrecheces a lo largo de su cuerpo. A la oruga superior se la ve gorda y entera. Parece como si la primera estuviese enferma.
 
 
 
 
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Un macho de la araña espera pacientemente a unos veinte centímetros por encima de la hembra a que esta de señales de estar dispuesta al apareamiento. Mientras tanto, disfrutara de los últimos rayos de sol de la tarde. No se moverá si no está seguro de ser reconocido. Si toca la tela y la araña tiene hambre, no habrá descendencia.
 
 
 
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Una pequeña mantis, seguro que una ninfa, no mayor de dos centímetros correteaba entre los hierbajos mientras fotografiaba a las arañas.
 
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Me costó muchísimo fotografiarla y me daba miedo romper alguna telaraña. Simpática, se te quedan mirando estáticas y amenazadoras, como si te fuesen a aserrar con esas patas delanteras.
 
 
 
 
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La oruga también ha subido buscando un lugar donde convertirse en mariposa. Si encuentra el lugar apetecible se meterá en un capullo de seda y se irá haciendo una bella mariposa, quizás como la que vais a ver a continuación.
 
 
 
 
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Preciosa, con sus tonos anaranjados tomaba el sol sobre la tierra húmeda de estos días pasados de lluvias. No había muchas, pero está claro que es pronto en estas tierras altas pegando a los montes Escurialenses que no están a más de doce quilómetros en línea recta.
 
 
 
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Y como si estuviese preparan do su lecho nupcial esta araña ha tejido una especie de habitáculo junto a su tela de araña. Quizás sea porque espera al macho que hemos visto antes y le quiere ofrecer un buen lugar, cómodo y discreto donde arrullarse.
Espero que os haya gustado.
Sed felices. Nada más de momento.
Antonio

sábado, 6 de abril de 2013

PASEANDO UN DIA DE LLUVIA ALREDEDOR DEL MONASTERIO DE EL ESCORIAL.-

Ayer me toco un día de lluvia, uno más de estos meses, en un año extraño meteorológicamente hablando. Y decidí que aunque cayesen chuzos de punta, había que fotografiar algo y desde que deje a mi mujer en Valdemorillo se me paso por la cabeza intentar fotografiar el monasterio de El Escorial desde todos aquellos puntos de vista que las nubes me dejaran.



 
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La torre de la iglesia de Valdemorillo
 
 
 
Salí de Valdemorillo, y el cielo negro detrás del campanario donde la cigüeña tiene su nido, no presagiaba nada bueno. Pero como cuando se me pone una cosa entre ceja y ceja no se dejarla, hacia aquellas nubes me encamine.
Podía seguir dos rutas la directa desde Valdemorillo a San Lorenzo del Escorial o la alternativa por Zarzalejo y el puerto de La Cruz Verde. Y busque esta ultima y no me arrepiento de ello.


 
 
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Zarzalejo subiendo hacia la Cruz Verde. Tromba de agua detrás.


 
Paisaje precioso por el que vas subiendo dejando la meseta de los Bilbaínos allí abajo, y Zarzalejo que también queda cada vez más hundido.
Y en mitad del pinar una pequeña casita con un montón de colmenas que darán una maravillosa miel.



 
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La casita de la puerta azul y el ciruelo en flor junto a unas pitas.


Y de repente, como si de una aparición se tratase, aparece el alto del puerto y allá abajo como una gran nave navegando, la parrilla que en recuerdo de un santo y de una batalla un emperador mando edificar.


 
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Un rayo de luz iluminaba el monasterio y mi esperanza de que dejara de llover.


Un difuso y débil arco iris se dejaba ver detrás del monasterio. Notareis sus colores en alguna foto.



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El arco iris del Diablo de deja ver entre los cables y el monasterio.



Mas tarde, subí a la silla de Felipe II y desde allí fotografíelo de nuevo.



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En la bajada, ya mas tranquilo,  pude contemplar un manzano en flor en mitad de bosque aun dormido y un pequeño arroyo que bajaba con aguas transparentes, mientras los musgos proliferaban con sus verdes radiantes sobre los granitoides de la montaña.

 
 
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Reastros de lluvia por todos los rincones de la sierra.



Ya ante el monasterio, lloviendo, recorrí la explanada, entré hasta el patio de los Reyes y paseé bajo una dura lluvia por los jardines de los monjes.



 
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La fachada oeste del monasterio.


 
 
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La explanada con el monte Abantos detrás.


 
 
 
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El Patio de los Reyes desde el porche de entrada.

 
 
 
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Un patio camino del Jardín de los Monjes.


 
 
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La fachada oeste desde el Jardín de los Monjes. Me calé hasta los huesos.



Por último, en un ultimo esfuerzo, que en realidad hizo mi coche y no yo, subí algo por el camino de Peregrinos, ese puerto que suele ser la penúltima etapa de la Vuelta Ciclista a España y desde allí, y entre los pinos, vi de nuevo el monasterio y las mantas de agua que caían del cielo.


 
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La "Parrilla" vista desde el camino de Abantos.


 
 
 
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Abantos con sus 1750 ms de altitud.


 
 
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El monasterio entre los pinos de la montaña.



Unos copos de nieve que caían sobre el cristal del coche me hicieron desistir de seguir la subida y ahí termino la excursión.
El panorama que se extendía a mis pies no era nada alentador y trombas de agua y nieve seguían cayendo. El pensar en un café con leche calentito en casa de mi madre remato la idea de dar la vuelta; otro día será.



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Manta de agua sobre el embalse de Valmayor. El monasterio abajo a la derecha.



 
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Los montes Escurialenses oscuros y lloviendo. Las gotas están en el objetivo.



El monasterio de San Lorenzo de El Escorial vale la pena disfrutarlo aunque la lluvia caiga desvergonzada sobre ti.
Que tengáis un buen día.
Sed felices.
Antonio