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sábado, 15 de junio de 2013

EL GERANIO GRIEGO.-


El jardín de casa de mi madre es un jardín seco. No hay césped y los dos perros que tienen campean a sus anchas por él. Muchos árboles y setos que nos dan una gran sombra en verano, pero que no dejan que la luz del sol haga crecer a las peras y los membrillos.
Hay rosas maravillosas unas de un rojo intenso y otras de tonos rosas y blancos entremezclados que además huelen bien.
Y en una maceta sobre el pretil de piedra que rodea el porche de atrás, junto a la pequeña piscina, muy cerca del pozo y del magnolio, hay un tiesto grande que da cobijo al geranio griego. Un geranio que mi madre se trajo de una de las islas griegas y que cortó como esqueje. Lo tuvo en agua en un vaso en el hotel y envuelto en papel de servilleta y en el bolso llego a Madrid.
De esto hace ya muchos años, por lo menos catorce y aunque el geranio sigue produciendo flores y huele como si fuese un nardo no consigue desarrollarse mucho. Me da la sensación que el aire seco de la sierra y los fríos del invierno, aunque mi madre lo ponga dentro del porche, pueden con él.
Si estuviésemos en Andalucía me dirían que es una gitanilla. A mí me gusta seguir llamándolo el geranio griego pues ese es el nombre que en su día le puso mi madre que sigue saliendo al jardín a sus noventa y cuatro años.
Pocas flores y pocas fotos, os dejo con el Geranio Griego.
 
 
 
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Espero que el geranio griego os haya gustado.
Sed felices.
Antonio

viernes, 24 de mayo de 2013

PATIOS DE CORDOBA Y SUS RINCONES II.- C/ Martín de Roa nº 7 y 9.




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RINCONES DE UN PATIO CORDOBES SITO EN LA CALLE MARTIN DE ROA 7 Y 9.
 
 
Primeramente quiero felicitar a los dueños de este patio. Primera impresión positiva de lo que iba a ser un maravilloso día cordobés.
Dos patios en conjunto, dos patios que se viven al unísono, que te llenan el corazón con sus flores y sus rincones.
Desde la caña con la cazuela para regar las macetas a la ristra de ajos colgada junto al brocal del pozo hay un largo caminar recorriendo con la vista las paredes encaladas, la escalera con su ligera barandilla de hierro forjado, tan ligera que casi pasa desapercibida, o el porche bajo el que se asienta el otro pozo con su bocateja engalanada de blancos colores de cal; todo ello en su conjunto y uno por uno te dan la bienvenida a los Patios de Córdoba.
En esa maraña de macetas que luchan contra la gravedad en las alturas blancas de los patios, se perciben distintos colores de la cerámica. Unos al natural, es decir con el terroso color de la arcilla cocida. Otros teñidos con un barniz azul albergan también la tierra que da vida a los geranios y otras plantas maravillosas.
¿Habéis pensado cuanto tiempo llevara tener así el patio? En Córdoba los veranos son tremendamente calurosos y muchas plantas mueren. Hay que regar los tiestos todos los días con la caña y la lata con agua del pozo. Hay que reponer plantas que han muerto de viejas. Cuanto trabajo y cuanta belleza para tan pocos días. Pero así es el mundo del patio. Breve de cara al público. Intenso de cada a cada familia que se congrega a su alrededor soñando con un premio que unas veces llega y otras se va como el aroma de una flor.
Os dejo con los rincones del patio de la calle Martín de Roa 7 y 9. Espero que os guste.
 
 
 
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Ha pasado otro día. Un maravilloso día en Córdoba. El recuerdo de las sensaciones aun perduran hoy. Cascada de flores maravillosas en patios de blancas nieves. Arcilla moldeada por la mano del hombre para cobijar las mas hermosas flores. Sensaciones maravillosas que llegan... Sentimiento, sentimiento en cada rincón del patio.
Sed felices.
Antonio

miércoles, 15 de mayo de 2013

LA ROSA EN LA PARED, FRENTE A UNA VENTANA CORDOBESA. (Leyenda)-

 
Estaba detrás de su ventana esperando la hora en que el muchacho que la cortejaba se dejara ver a través de las flores que caían de las macetas que su madre cuida con esmero durante toda la primavera para que la fachada de la casa pareciera un jardín.



 
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Los claveles y los geranios junto con las gitanillas compartían un lugar en cada uno de los tiestos que colgaban de la reja de los suspiros.
Si, reja de los suspiros, a la que le viene el nombre por los suspiros que daban los enamorados cada vez que entre la cortina de flores veían pasar a su amor.
Sabía ella que si su padre la veía charlando tras la reja con el mozo en cuestión la castigaría y la encerraría en su alcoba, sin flores, sin farolillos que la alumbraran.



 
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Si su padre estaba en la casa, el tiesto de la derecha tenia flores oscuras. Si estaba sola, unos maravillosos geranios de color de rosa. Las flores se cambiaban de sitio casi todos los días. Era una forma más de engalanar de una manera diferente los muros de la casa, de darle mayor riqueza.
Y así pasaban los días, la primavera, uno detrás de otro. Tiesto rojo, tiesto rosa, guiño, mirada a los ojos, roce de manos desde la distancia de la ventana a la reja de la fachada. Palabras susurradas de tal forma que parecía que eran las flores las que la recibían. Suspiros, deseos ardientes y pasiones frenados por la reja.
Promesas que el tiempo diría si se cumplirían o no. Miradas picaras y emociones tras cada una de ellas. Todo ello con cuidado, vigilantes…



 
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Pero llego el desastre. El balcón de las flores más hermosas de la casa, por donde ellos dos solo podían verse a través de los pequeños huecos que dejaban las flores y en donde los dos amantes charlaban animadamente en la ventana alumbrados bajo un farolillo que sobre ella había.
No le vieron llegar; el padre cogió al muchacho por el cuello de la camisa lo lanzó calle abajo, gritando, furioso, amenazando.
Ella atónita por cuanto había ocurrido al otro lado de la reja de los suspiros comenzó a llorar desconsoladamente, tristemente, agónicamente. Sabía que de ahora en adelante su amor tendría vetado el acercarse a la reja para oler las flores y oler el perfume de ella.



 
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Entro el padre. Grito colérico. Chillo. Mando venir a la madre y la ordeno que su hija a partir de aquel momento y hasta la primavera siguiente no se asomara al balcón de la reja, que permaneciera en su cuarto y que en su ventana no hubieran flores y que el farolillo fuese quitado de cuajo.
Así mismo indico que solo se abriese por las mañanas medio postigo para ventilar y que la cortina pendiese como celosía entre las rejas ocultando cualquier asomo que su hija pudiera hacer desde su ventana del cuarto.


 
 
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Rápidamente se quitaron las macetas de la ventana; el farolillo se rompió al descolgarlo, y un silencio sepulcral se extendió por la casa. Ni siquiera en el patio se oía el rumor de la fuente, ni el trinar maravilloso del canario. La casa se volvió triste y las flores con los calores del verano se ajaron.
 



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La niña en su melancolía moría poco a poco; ni siquiera una rosa que aparecía todas las mañanas en la fachada de enfrente conseguía reanimarla. Fue durmiendose poco a poco, murió lentamente.
Y todos los días, después de aquellos sucesos, durante muchos años, siguió apareciendo allí la rosa, durante años; incluso meses después que él muriera.  
¿No conocías la historia? Creo que he encontrado la ventana ayer en Córdoba, ¿pero seguro que es esa? De lo que si estoy seguro que esa es la rosa de cada mañana....
 


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Mayo 2013, después de un viaje a Córdoba

Sed felices
Antonio