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viernes, 25 de enero de 2013

EL REY QUE SE ESCAPÓ.- Cuento y realidad de las estatuas de piedra de los reyes del Parque del Buen Retiro de Madrid.


Una breve historia de amor que oi contar en el Parque del Buen Retiro de Madrid.

Se rumorea que los días de luna llena las estatuas del Parque del Retiro de Madrid, esperan a que se cierren las puertas y cuando el parque se queda en silencio y solitario, se bajan de sus pedestales y organizan una fiesta junto al estanque.

 
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Ahora se sabe que eso es cierto pues una de ellas ha desaparecido de su pedestal y todo el mundo está esperando a la próxima luna llena a ver si reaparece.


 
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Pero eso es imposible. La estatua rey quedo prendado de una bella dama que como él asistió a la fiesta y no quiso volver a esperar veintiocho largos días y sus noches correspondientes antes de volver a encontrarla.


 
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¿Dónde están? Se piensa que había un pequeño tesoro enterrado y mientras el rey Alfonso XII realizaba sus ejercicios malabares con la luna, ellos fueron a desenterrarlo para poder alquilar un pequeño apartamento cerca del parque.


 
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Desde allí miran a sus compañeros que tranquilos esperan la fiesta de mañana por la noche cuando la luna este en todo su esplendor.

 
 
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¿Qué no os lo creéis? Venid un día al parque conmigo, y al atardecer veréis un pedestal vacío que deja oír un leve susurro; es el sonido que los dos amantes transmiten a través de  la piedra desde su escondite.

 
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Esa noche la banda real, mejor dicho todas las bandas reales, tocan uno tras otro infinidad de valses para que las parejas dancen a su antojo en
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un frenesí loco, como si esta noche fuera la última luna llena de su existencia.
Incluso el hombre lobo absorto contempla la escena y medita en presentarse en el baile o seguir observando los danzarines calientes y sudorosos de piedra.


 
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Mientras, el rey sobre su caballo jugará con la luna. La hará avanzar desde su izquierda para con la espada cogerla como si de una farola se tratase.


 
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Luego dulcemente la desliza, ante el regocijo de todas las humanas y rocosas estatuas,
 
 
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por su brazo hasta dejarla colocada sobre su gorro militar como si de una corona se tratase. 
Los aplausos y las risas se suceden y las expresiones de asombro se escuchan cuando soplando levemente el rey hace que la luna siga su curso por el cielo.
¿Sigues sin creértelo? Mira las fotos que tome la última vez que con mucho cuidado hice al rey en plenos malabares.


 
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Mira la foto del pedestal vacio; cierra los ojos; vuelve a mirar la foto y vuelve a cerrar los ojos. Seguro que ahora si ves a la pareja bailando un vals junto al estanque. Si no es así tienes que ir a curarte. Tu imaginación y tu corazón están enfermos. Tu mente por algún motivo no es capaz de ver a las parejas bailar, ni al hombre lobo mirar desde detrás del gran árbol junto al estanque.
Cierra los ojos ¿Los ves ahora? Seguro que sí; te has curado.
Se me olvidaba: la pareja es feliz en el apartamento y el pedestal va a seguir vacío.
Esta es la sencilla historia que me contaron de los amantes de piedra. ¿No os la creeis? Yo con pies juntillas.
Sed felices.
Antonio

miércoles, 28 de noviembre de 2012

MEDITACIONES SOBRE UN PASEO EN SILENCIO.-


El día está gris, sin sombra. La humedad que la niebla ha dejado esta noche en los caminos es fría y se nota en los pies. El silencio,  solo lo rompe el monótono andar mío que, poco a poco, sin prisas, cansino, va avanzando buscando… ¿Buscando qué? No hallo la respuesta; quizás algo que se que en la soledad del paseo no voy a encontrar; quizás tampoco fuera de ella; en el bullicio de la gran ciudad seguro que no.




La alfombra que el otoño ha preparado para mis pies varía en su calidad. En unos lugares su grosor hace que mis pisadas se escondan en un submundo desconocido de umbrías perennes, donde los mirlos buscan afanosamente, fuera de tu alcance, algún gustoso bocado que llevarse con su pico. En otros, son solo madejillas sueltas o incluso matices de pequeñas lanas descoloridas que decoran los rincones del camino. 





Un dosel cubre el cielo gris de multitud de colores de oro como si quisieran los arboles decirle a las nubes que, a falta de sol, ellas son capaces de crearlo sin su ayuda. Relucen maravillosas las hojas de las acacias con sus bayas de simientes preparadas a caer en cuanto los suelos estén preparados para ellas. Los castaños que no quieren ser menos entonan cánticos coloridos que van de su verde maravilloso a un marrón cerrado, casi sucio, pasando por tonos amarillentos y fugaces. Y entre ellos, descuidado en mitad de esta foresta, como si una mano invisible lo hubiese allí dejado caer, aparece con su rojizo plumaje un ciruelo o un arce, dispuesto también a aportar sus colores y sus tonos al arco iris de los arboles.






Guerra de luces y colores entre arriba y abajo. Arriba hoy se ha confundido y su monotonía gris, plana, le ha restado importancia. Las tardes de sol surcadas de altas y majestuosas torres que indican el poder de los cielos, están hoy convertidas en una sucia alfombra celeste que nos priva de su maravillosa transparencia.





Abajo, parecen gritar, con todo el poder de sus pinceles, que quieren seguir existiendo, que el sueño que comienza a apoderarse de ellos no es más que una droga que alguien malvado les ha vuelto a lanzar. Y en el comienzo de este sueño, alucinógeno por el paso del tiempo, las visiones y la imaginación se convierten en una guerra de colores. 






A  cada paso, a cada beso de un pequeño golpe de aire, una fina lluvia de hojas vuelve a bajar imitando a la lluvia de los cielos suavemente, dulcemente, como una nevada de grandes copos multicolores. Miro hacia atrás, es bueno hacerlo de vez en cuando, y compruebo que el camino ha cambiado de aspecto. La nevada de colores amarillos ha dejado, como si de un arroyo manso se tratara, un remanso de color encima de la hierba del prado que a su costado está. Y hacia adelante, allá en la lejanía, bajo un olmo vuelve a suceder lo mismo.





No me doy cuenta, pero el tiempo va pasando; maldito tiempo; he de retomar el camino de vuelta. La duda es cual tomar.  Los caminos pueden ser trampas donde perderse o donde gozar. La elección en este caso depende de mi mismo. Y como me gusta llevar la contraria voy a girar en el sentido contrario a las agujas de reloj que me conducirá a lugares de cristal que quieren dejar pasar todo a través de ellos.





Los cipreses de los pantanos, erguidos en mitad del estanque, están preparando también su invierno. Coquetos se miran en el espejo de las aguas y en el de los cristales del palacio. Y ambos, coquetos también, los toman como si de trenzas de su cabellera fuesen. 
Aquí el silencio es roto por los sones de un trompetista que, con pasodobles, rompe el silencio del parque buscando una propina que le ayude a subsistir.





Roto el embrujo del silencio que me acompañaba, busco un lugar de paz y tranquilidad, algo mas cálido que las márgenes del estanque y allí al fondo, a los pies de la loma del palacio, el rincón de los mayores me llama con su voz silenciosa, con un murmullo de vista y de mesitas de ajedrez dispuestas al libre albedrío de la estación de turno, buscando el sol o la sombra. Y en una de ellas, un mayor, enfundado en su chaqueta de pana, con su gorra en la cabeza, está escribiendo sobre una de las mesas. Le observo durante un rato y observo el entorno que le rodea. Me doy cuenta que el lugar es el idóneo para escribir. Las hojas de múltiples colores verde-amarillos de los arboles de alrededor son perfectas para la inspiración poética, no tanto para escribir unas memorias. Luego debe ser un poeta…  ¡Ah,  la mente como imagina! Pero no quiero salir de mi error. Dejémosle que sus dedos conduzcan su pluma buscando la rima y que esta forme unas estrofas maravillosas a la vida discurrida. 




 


Su intimidad y sus letras son solo suyas. Si alguna vez lo quiere, las lanzara al viento a ver si germinan en alguna mente que desee compartirlas. Quizás estuviese escribiendo unas memorias que deja para sus hijos, quizás cartas a una amante muerta, quizás un cuento para un nieto, quizás…
Dejemos al viejo de la chaqueta con sus letras y sus pensamientos de antaño y volvamos a nuestro paseo silencioso, solitario y encontremos de nuevo el silencio, solo roto por los pasos al pisar las hojas de la alfombra.
Volvemos a andar y el sonido de la trompeta se va perdiendo entre las hojas…
Vuelve el silencio en un suave murmullo de viento que me acompaña. A lo lejos una pareja cruza un camino; más al fondo, mucho más al fondo, en la lejanía de la perspectiva que forman los arboles del camino, otra figura silenciosa pasea sola; soledad del caminante que se sabe acompañado por el silencio de sus pensamientos.






Allá al fondo una reja y unas piedras blancas me indican que el paseo se acaba. El silencio se rompe y el ruido, al que hemos  desterrado normalmente de nuestra mente  por costumbre de oírlo, vuelve de nuevo. Se ha roto la magia del silencio y del color. El asfalto y el ladrillo me indican que debo volver a la realidad cotidiana; y que el viejo, el árbol, la hoja, el color y la alfombra quedan como un magnífico recuerdo del paseo de hoy; un paseo tranquilo, silencioso, bello...

--o0o--


Espero  os haya gustado.
Sed felices.
Hasta pronto.
Antonio

lunes, 26 de noviembre de 2012

FLORES CON POESIA XXI.-Elegia de los árboles cortados (Fragmento)


Este poeta, nacido en 1911, en San Juan de las Abadesas, provincia de Gerona, ingreso en los Jesuitas y dedico parte de su vida a la enseñanza, fundamentalmente de la literatura en el colegio de la orden en Valencia. 

Gran conocedor de la cultura grecolatina y gran estudioso de Europa por la que viajó.
Colaboró con las revistas Razón y Fe, Destino y en revistas especializadas en poesía y literatura.


 
Fue un gran poeta lirico, considerados de los mejores de la época contemporánea, tanto por su lirismo claro y luminoso como por las inquietudes que trasmite en sus poemas.
De entre sus obras destacar: Entre silencio y vuelo, Madrigales al Nacimiento del Señor, La hora de los ángeles, etc.



Su nombre: Juan Bautista Bertran.
Murió en mil novecientos ochenta y cinco






Elegía de los árboles cortados.

(Fragmento)




Con la tristeza de un muñón humano,
y un serrín fresco, como sangre, en torno,
esta mañana clara he sorprendido
los árboles del parque:
de la herida del tronco mutilado
una savia de lágrimas fluía.
¿Cómo sabré, sin verla, la llegada
musical de la aurora, derruidas
esas torres de trinos centinelas?


¿Y el mensaje delgado del buen tiempo,
cuando –complicidad de rama y vuelo-
estremece la seda de sus brisas
en limpias rasgaduras de armonía?




¿Y el advenir del alma del otoño,
sonora, por vosotros, en dulzura,
melancólica y bella de plañidos?
La suave sensación de una acogida,
ya familiar, al trasponer la verja
de entrada ¿Dónde queda?




Porque es sensible el árbol, fiel y noble.
 


Es como el perro entre los vegetales.
La flor es inconstante. Solo dura
su amistad unos días. Pero el árbol
es como estos sirvientes de la casa
que nos vieron nacer, y que hasta saben
de la madre y abuelos, cuando niños…
¡Compañero leal y bondadoso!




Es en el bosque majestad, grandeza;
en el parque, retiro; y en la calle
jovial sonrisa verde que atenúa
adusteces monótonas de asfaltos
y cementos armados. Un incendio
de frescura inocente en primavera,
un incendio de cobre en la otoñada.
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Espero que este poeta contemporaneo os haya gustado.
No se a que parque se refiere, pero está claro que se encontro los árboles cortados de la noche a la mañana.
Buen día a todos.
Antonio

domingo, 18 de noviembre de 2012

FLORES CON POESIA XIX.- Cancion (a unos ojos)

Personaje curioso este poeta de hoy.
Nació en Guadalajara en 1549.


Estuvo al servicio de Don Enrique de Mendoza. 
Se dedicó al servicio de las armas, lo que le llevó a Italia donde murió, no se sabe muy bien como ni cuando. Lo cierto es que recorrió toda la península itálica. Estudió a los poetas clásicos y fue un ferviente defensor de la poesía castellana, si bien, consintió algo a la poesía nueva de la escuela italiana.
La fama le vino a través de su novela "El pastor de Filida" que obtuvo un éxito rotundo y se imprimió varias veces.
Filida aparece varias veces en sus obras, tanto en prosa como en verso, y parece ser que era un personaje real del que estaba locamente enamorado, pero imposible de conquistar: esta dama era la hermana del primer duque de Osuna, doña Magdalena Girón.
La poesía de Luis Gálvez de Montalvo la define Saiz de Robles como: "Poeta culto, amanerado: en los versos fáciles, sobre todo en las redondillas, aventajó a Montemayor y rivalizó con Gregorio Silvestre."
He copiado los versos en el castellano del siglo XVI. 






Canción
(A los ojos de Filida)



Pastora, tus ojos bellos
Mi cielo puedo llamallos,
Pues en llegado a mirallos,
Se me pasa el alma a ellos.







Ojos cuya perfección
Desprecia humanos despojos,
Los ojos los llamen ojos,
Qu’el alma sabe quien son.





Pastora, la fuerza dellos
Por espejo hace estimallos,
Pues viene junto el mirallos
Y el pasarse el alma a ellos.





Muchas cosas dan señal
Desta verdad sin recelo:
Que tus ojos son del cielo
Y su poder celestial.






Pastora, pues solo vellos
Fuerza el corazón a amallos,
Y la gloria de mirallos,
A pasarse el alma a ellos
--o0o--




Espero que estos versos os hayan gustado.
 Buen día. Sed felices.
Antonio