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viernes, 13 de octubre de 2017

EL PASEO.-

Despacio, como si el tiempo no quisieran que pasase, van caminando. Muy despacio. Más despacio aun. Es el suelo el que se mueve, lentamente, muy lentamente.



Ni siquiera se atreven a cogerse de la mano. De vez en cuando se miran a los ojos, se cuentan sus penas, y en el silencio del parque son felices.
Pasan demasiado deprisa los minutos, los instantes. Quisieran frenar el tiempo, no pueden.
Cuantas cosas quisieran decirse el uno al otro y saben que no pueden. Se quedan en la boca frases maravillosas que serian pecado en esos instantes. Un te quiero, o te deseo, que son incapaces de salir de la garganta.
Y seguirá pasando el tiempo, un tiempo increíblemente corto, bajo la sombra de los árboles del parque.


Un pequeño banco de piedra detiene el cansino caminar. Hay consejos, suplicas, pero el deseo se guarda en un rincón del corazón destrozado. ¡Cómo pasa el tiempo!
Las sombras de los altos árboles cada vez se alargan más. Las flores han pasado de un brillante luminoso a un tono uniforme y sereno.
Mirar a los ojos
La tarde pasa inexorablemente y comienza a apagarse el día. Una  lágrima que no quiere salir del ojo lo enrojece. Una mirada que dice todo y no puede decir nada.


El paseo comienza de nuevo. Ambos quieren hacerlo lo más largo posible; detienen  sus andar, lo reducen al mínimo paso posible. ¡Siguen hasta la siguiente parada de autobús! Y a la otra, y luego a otra más. Pero el reloj pasa más rápido que sus deseos y el maldito transporte llega antes de lo esperado. ¿Vas a cogerlo? Si, debo cogerlo…
Un beso fugaz, que ambos quisieran que fuese otro beso y un adiós. Unas miradas que se pierden en una despedida infinita, mientras uno anda a un lado de la marquesina y el otro al otro lado.


Era el paseo de dos corazones que no pueden decirse te quiero…
--o0o--
Sed felices, lo demás no importa.

Antonio 

domingo, 20 de octubre de 2013

OTRA FORMA DE VER MADRID.- Madrid reflejado II.

En mis paseos por Madrid, sobre todos aquellos que discurren entre finales de otoño y principio de primavera, me gusta fijarme en lo que me enseñan sus fachadas acristaladas o una simple ventana. Incluso el antiguo bronce de una marquesina puede depararnos agradables sorpresas si queremos mirarlo.
Los reflejos son la verdad y la otra verdad; un eje que enmarca dos vivencias distintas, una la del yo material y la otra, más difusa, la del yo espiritual.
La percepción de las realidades es lo natural a los ojos del ser humano y todo aquello que se salga de la realidad es para muchos pura fantasía.
Pero cuando observo estas vistas pienso si lo que veo es mi realidad o la otra realidad, el otro mundo que está al otro lado del cristal. Mundos distintos usando los mismos materiales en visiones opuestas.
Y todas y cada una de las fotos son otra manera distinta de ver Madrid, un Madrid que también existe en el interior del cristal.
Vamos a ese interior, espero que os guste.
 
 
 
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Esta foto difícilmente volverá a realizarse ya. Era la antigua marquesina que cubría la entrada del hotel Suecia o reformado para convertirse en apartamentos. En ella se refleja la parte superior del Banco de España, como si este fuese un rompecabezas increíble de sueños.
 
 
 
 
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Cierto es el anagrama y las hojas de los árboles que aparecen en la foto y el espejo en sí. Pero ¿A qué realidad pertenecen esos edificios recortados? ¿Iluminan esas farolas?
La foto está tomada en Príncipe de Vergara.
 
 
 
 
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Cuando vi el cartel me pregunte instintivamente cuánto costaría alquilar una vivienda con tantas ventanas. Mucha familia debería tener quien la alquilase.
Si no recuerdo mal era en C/ Velázquez.
 
 
 
 
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¿Cuál es la verdadera escalera? ¿Hay realmente una escalera detrás de la ventana?
Tomada en la Carrera de San Jerónimo.
 
 
 
 
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Calle Serrano, fachada de un centro comercial. Parece que en esta, la realidad o la otra realidad puede tomarse en más de una dimensión dependiendo la ventana o vidrio que elijamos .
 
 
 
 
 
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Alrededores de las torres Kio. Edificios de cristal se entremezclan con otros de ladrillo. En función del temple que tenga cada vidrio así nos mostrar la imagen relejada. Aquí las ventanas reflejadas guardan su propio ritmo, distinto seguro al que imagino su arquitecto.
 
 
 
 
 
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El urbanismo también tiene distintas realidades bajo un cielo azul y una tormenta que empieza a formarse. Las cubiertas del Paseo de la Castellana parecen querer bailar una escalofriante danza antes de que llegue la tempestad.
 
 
 
 
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Los ventanales del Banco de España que dan a la calle Alcalá también sirven para reflejar y sin cobrar ningún tipo de interés. Allí distorsionado entre sus vidrios se refleja la morada del actual emplazamiento del Instituto Cervantes y mas de una letra volara por sus espejos. Una bandera de España nos indica que en el país de los reflejos y las ilusiones también tiene patria.
 
 
 
 
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¿Entrada o salida? Estamos en el portal de un modernísimo hotel en la Carrera de San Jerónimo, pero ¿Dentro o fuera? ¿Dónde está la verdad? La imaginación me dice que estoy saliendo ¿O es la realidad?
 
 
 
 
 
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Paseo de la Castellana. Me mira con unas gafas de espejo que cubres sus ojos. Un pequeño casco a modo de gorra de aviador antiguo le protege la cabeza; las canas de su bigote me dicen que es mayor, pero el edificio es relativamente nuevo. ¿Sera el duende del espejo? ¿O es quizás mi imaginación que sobrepasa esta realidad y busca otras? ¿Tú ves el duende?
--o0o--
Nada mas. Sed felices y no miréis demasiado detrás de los espejos.
Antonio

miércoles, 28 de noviembre de 2012

MEDITACIONES SOBRE UN PASEO EN SILENCIO.-


El día está gris, sin sombra. La humedad que la niebla ha dejado esta noche en los caminos es fría y se nota en los pies. El silencio,  solo lo rompe el monótono andar mío que, poco a poco, sin prisas, cansino, va avanzando buscando… ¿Buscando qué? No hallo la respuesta; quizás algo que se que en la soledad del paseo no voy a encontrar; quizás tampoco fuera de ella; en el bullicio de la gran ciudad seguro que no.




La alfombra que el otoño ha preparado para mis pies varía en su calidad. En unos lugares su grosor hace que mis pisadas se escondan en un submundo desconocido de umbrías perennes, donde los mirlos buscan afanosamente, fuera de tu alcance, algún gustoso bocado que llevarse con su pico. En otros, son solo madejillas sueltas o incluso matices de pequeñas lanas descoloridas que decoran los rincones del camino. 





Un dosel cubre el cielo gris de multitud de colores de oro como si quisieran los arboles decirle a las nubes que, a falta de sol, ellas son capaces de crearlo sin su ayuda. Relucen maravillosas las hojas de las acacias con sus bayas de simientes preparadas a caer en cuanto los suelos estén preparados para ellas. Los castaños que no quieren ser menos entonan cánticos coloridos que van de su verde maravilloso a un marrón cerrado, casi sucio, pasando por tonos amarillentos y fugaces. Y entre ellos, descuidado en mitad de esta foresta, como si una mano invisible lo hubiese allí dejado caer, aparece con su rojizo plumaje un ciruelo o un arce, dispuesto también a aportar sus colores y sus tonos al arco iris de los arboles.






Guerra de luces y colores entre arriba y abajo. Arriba hoy se ha confundido y su monotonía gris, plana, le ha restado importancia. Las tardes de sol surcadas de altas y majestuosas torres que indican el poder de los cielos, están hoy convertidas en una sucia alfombra celeste que nos priva de su maravillosa transparencia.





Abajo, parecen gritar, con todo el poder de sus pinceles, que quieren seguir existiendo, que el sueño que comienza a apoderarse de ellos no es más que una droga que alguien malvado les ha vuelto a lanzar. Y en el comienzo de este sueño, alucinógeno por el paso del tiempo, las visiones y la imaginación se convierten en una guerra de colores. 






A  cada paso, a cada beso de un pequeño golpe de aire, una fina lluvia de hojas vuelve a bajar imitando a la lluvia de los cielos suavemente, dulcemente, como una nevada de grandes copos multicolores. Miro hacia atrás, es bueno hacerlo de vez en cuando, y compruebo que el camino ha cambiado de aspecto. La nevada de colores amarillos ha dejado, como si de un arroyo manso se tratara, un remanso de color encima de la hierba del prado que a su costado está. Y hacia adelante, allá en la lejanía, bajo un olmo vuelve a suceder lo mismo.





No me doy cuenta, pero el tiempo va pasando; maldito tiempo; he de retomar el camino de vuelta. La duda es cual tomar.  Los caminos pueden ser trampas donde perderse o donde gozar. La elección en este caso depende de mi mismo. Y como me gusta llevar la contraria voy a girar en el sentido contrario a las agujas de reloj que me conducirá a lugares de cristal que quieren dejar pasar todo a través de ellos.





Los cipreses de los pantanos, erguidos en mitad del estanque, están preparando también su invierno. Coquetos se miran en el espejo de las aguas y en el de los cristales del palacio. Y ambos, coquetos también, los toman como si de trenzas de su cabellera fuesen. 
Aquí el silencio es roto por los sones de un trompetista que, con pasodobles, rompe el silencio del parque buscando una propina que le ayude a subsistir.





Roto el embrujo del silencio que me acompañaba, busco un lugar de paz y tranquilidad, algo mas cálido que las márgenes del estanque y allí al fondo, a los pies de la loma del palacio, el rincón de los mayores me llama con su voz silenciosa, con un murmullo de vista y de mesitas de ajedrez dispuestas al libre albedrío de la estación de turno, buscando el sol o la sombra. Y en una de ellas, un mayor, enfundado en su chaqueta de pana, con su gorra en la cabeza, está escribiendo sobre una de las mesas. Le observo durante un rato y observo el entorno que le rodea. Me doy cuenta que el lugar es el idóneo para escribir. Las hojas de múltiples colores verde-amarillos de los arboles de alrededor son perfectas para la inspiración poética, no tanto para escribir unas memorias. Luego debe ser un poeta…  ¡Ah,  la mente como imagina! Pero no quiero salir de mi error. Dejémosle que sus dedos conduzcan su pluma buscando la rima y que esta forme unas estrofas maravillosas a la vida discurrida. 




 


Su intimidad y sus letras son solo suyas. Si alguna vez lo quiere, las lanzara al viento a ver si germinan en alguna mente que desee compartirlas. Quizás estuviese escribiendo unas memorias que deja para sus hijos, quizás cartas a una amante muerta, quizás un cuento para un nieto, quizás…
Dejemos al viejo de la chaqueta con sus letras y sus pensamientos de antaño y volvamos a nuestro paseo silencioso, solitario y encontremos de nuevo el silencio, solo roto por los pasos al pisar las hojas de la alfombra.
Volvemos a andar y el sonido de la trompeta se va perdiendo entre las hojas…
Vuelve el silencio en un suave murmullo de viento que me acompaña. A lo lejos una pareja cruza un camino; más al fondo, mucho más al fondo, en la lejanía de la perspectiva que forman los arboles del camino, otra figura silenciosa pasea sola; soledad del caminante que se sabe acompañado por el silencio de sus pensamientos.






Allá al fondo una reja y unas piedras blancas me indican que el paseo se acaba. El silencio se rompe y el ruido, al que hemos  desterrado normalmente de nuestra mente  por costumbre de oírlo, vuelve de nuevo. Se ha roto la magia del silencio y del color. El asfalto y el ladrillo me indican que debo volver a la realidad cotidiana; y que el viejo, el árbol, la hoja, el color y la alfombra quedan como un magnífico recuerdo del paseo de hoy; un paseo tranquilo, silencioso, bello...

--o0o--


Espero  os haya gustado.
Sed felices.
Hasta pronto.
Antonio

lunes, 19 de noviembre de 2012

LA CATEDRAL DE MEJORADA DEL CAMPO.-


Me preocupa mucho, muchísimo como enfocar este tema.
Llegue a Mejorada del Campo sabiendo que me iba a encontrar una obra inconclusa, en esqueleto, sin ningún tipo de directriz arquitectónica ni técnica y todo ello salido de la mente de un hombre que lleva casi medio siglo diseñándola y trabajando en ella.

¿Estilo? Indefinible; ¿Belleza? Desde mi punto de vista, arquitectonicamente ninguna,  y como expresión de la voluntad de un hombre, excesivamente grande. 
Acostumbrado a correr caminos por este país de maravillosas construcciones religiosas, encontrarme con esta iglesia-castillo me ha resultado demoledor.
Desde mi punto de vista, exclusivamente desde mi punto de vista, hacer una casa a Dios no significa construir una gran catedral. Creo que hacer una casa a Dios es lograr un lugar de recogimiento, de oración.
Pero cada uno puede opinar de una manera distinta y Justo en su momento eligió esta y por tanto hay que respetarle.
¿Que pasara después? ¿Quien seguirá su obra? ¿Aguantara las inclemencias del tiempo? Muchos medios habrá que poner para su conservación y la pregunta es si vale la pena.
De aquí en adelante solo pondré la situación de las fotos en cada zona del templo. Quiero que sea la propia obra la que hable por si sola.
Yo ya he dicho bastante y solo he estado en ella unas horas; Justo lleva cuarenta y tantos años allí trabajando, igual que  el día que estuve haciendo estas fotos.
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Las primeras fotos de este trabajo son para que Justo Gallego nos explique sencillamente su vida:



y termina su explicación de este modo



y este es el resultado de su trabajo a través de estos cuarenta y dos años.


LA CATEDRAL DE MEJORADA DEL CAMPO.-




Interior del templo.-

















Justo construyendo un peto en la terraza sobre el claustro.




Claustro.-














Claustro.-









Sala entre claustro e iglesia.-






Detalles constructivos.-







































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La sensación que tuve al recorrer esta construcción fue de asombro y de miedo.
Asombro ante la tenacidad de un hombre, al que la mala fortuna aparto de una sociedad religiosa, que ha conseguido elevar su Fe o su locura hacia el cielo.
Asombro ante la inefecacia de los estamentos oficiales de dejar realizar una obra sin ningún tipo de estudio y seguridad. 
Hay un cartel que dice que puedes visitar el templo pero que nadie se hace responsable de lo que pase.
Miedo ante las formas constructivas que se han empleado. Cualquier técnico que hubiera realizado algo así en una obra, por insignificante que esta fuere, habría sido despedido sin contemplaciones.
Pero ahí está. 
Y el asombro y el miedo siguen en mi, desde la visita de la semana pasada.
Mucho me ha costado escribir sobre ella. Y he querido hacerlo de la forma mas breve posible, pero también de la forma mas real posible. Y sobre todo respetando al hombre que la ha llevado a cabo, aunque no este de acuerdo con él.
Buen día a todos. Sed felices.
Antonio