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domingo, 10 de marzo de 2019

Pajarillos de una mañana de paseo


Una cosa muy buena que tiene el bosque, cuando se está acercando a la primavera y los arboles aun están desnudos, a punto de brotar, y el día es caluroso, es que los pequeños pajarillos se dejan ver.
Sus trinos inundan la ladera y tus ojos corren de un lugar a otro intentando descubrir donde se encuentran.

Carbonero en pleno canto amoroso.

A lo largo de la mañana puedes ver unos cuantos. Otra cosa es que se dejen fotografiar.
Están revoltosos. La primavera esta cerca. La temperatura es alta. Hay insecto para alimentarse y las flores de los endrinos dan una nota increíble de color. Hay que preparar los territorios y conseguir una pareja a base de amorosas charlas  de trinos ardorosos.
Ayer pudimos fotografiar distinto pajarillos: herrerillos, carboneros, petirrojos y al final de la tarde un tordo que contemplaba igual que yo la puesta de sol.
De los cuatro, carboneros, herrerillos y petirrojos, estos son increíblemente sociables. Son capaces de acercarse a poca distancia y en épocas de frío y hambre, no dudan en acercarse a pedirte alguna miga de pan.
Y al mismo tiempo que disfrutas de su visión tienes también la suerte de poder ir contemplando un paisaje maravilloso que te rodea. En este caso los alrededores de El Escorial.
Las dos ultimas fotos son en Villanueva del Pardillo en la puesta de sol.
Con las fotos os dejo.

 Las vistas que existen desde el monte de la Herrería son increíbles.









 Endrino florido y una mariposa Inachis Io libando en sus flores






Ya estoy deseando volver de nuevo por allí.
Sed felices
Antonio

domingo, 17 de febrero de 2019

Trepadores azules y herrerillos comiendo en el comedero


Hace una tarde maravillosa este sábado de febrero, con unas temperaturas mas de marzo o abril que de principios de este febrero primaveral.
He salido un rato de casa, he dejado de trabajar y con las maquinas al hombro, a la caza de aquello que el día dentro del jardín me permita fotografiar.


Un trepador azul a la boca del nuevo nido. Durante un par de meses se dedicaran a ir cerrando la boca de entrada con barro para que no puedan entrar las urracas ni salirse las crías.

Los arboles del jardín están podados y sin hojas, excepto el pequeño olivo que planto mi madre con cariño hace unos años. Ello, permite observar a los pajarillos que vuelan por allí con mucha mas facilidad que en pleno verano.

Reciben el nombre de trepadores porque tienen una facilidad enorme de moverse y caminar por los troncos.

He descubierto que los trepadores azules, Sitta europaea, se han instalado en el antiguo nido que los tordos tenían en uno de los altos olmos, muy cerca de otro en él que hubo de autillos, otos, esos buhitos pequeños y simpáticos.
Al descubrir a los trepadores, que pensé que se habían marchado, fui corriendo a llenar el comedero. Había en casa nueces y almendrucos y les preparé una sustanciosa comida.

Esta foto es demostrativa de lo que os explico. Fijaros que ya tiene dos trozos entre los picos y si puede cogerá otro para esconderlo.

No tardaron ni cinco minutos en descubrir los trepadores el rico manjar y se lanzaron al comedero sin contemplaciones.
Estos pájaros tienen la costumbre de la comida que van recolectando incrustarla en las hendiduras de los árboles que les interesa, sobre todo de aquellos que tienen cortezas rugosas donde poder almacenar las semillas y gracias a la longitud de su pico a profundidades donde no llegan por ejemplo los herrerillos.
Comenzaron a volar la pareja de trepadores azules de su nido al comedero y de este al gran chopo que hay a la salida del porche. Cogen un trozo de nuez o de almendruco y a la despensa.


El trepador en lo alto de una de las ramas podadas de un olmo. ¿No os recuerda a un pingüino?

Luego, uno de ellos se sube al otero, la parte superior de un olmo, y desde allí vigila su dominio.

Un herrerillo, un Parus major, observa desde el cable de teléfonos.  Ya han visto la comida como los trepadores.

Pasado un rato, los movimientos y el ir y venir de los trepadores, llamó la atención de los herrerillos, Cyanistes caerulens y Parus major, que sin acercarse al comedero otearon y espiaron a los primeros desde los cables del teléfono que discurren por la calle.

A escasos 120 cms del borde del tronco donde está el comedero.

Luego, poco a poco se fueron acercando hasta el olivo, como el que no quiere la cosa.
El trepador azul, al principio, mientras estaban en la lejanía los miraba pero mantenía una sensación de que le importaban nada y menos.
Los herrerillos ante tal poca defensa del territorio se animaron a darse vueltas por el olivo.

El trepador se ha marchado y el herrerillo decide comer. Le dejaran estar muy poco.

Incluso en un momento determinado uno de ellos, ante el abandono del comedero, bajo a comer algún grano.
A diferencia de los trepadores azules, los herrerillos comen sobre la marcha y tienen que aprovechar el momento en que los otros o han llevado comida al nido o están escondiéndola por todos los recovecos de los troncos y ramas de los árboles.

Cogiendo pedazos de almendra y nuez. Calorías tiene la comida.

Pero es solo un instante. Como una centella se lanza el trepador hacia el olivo y el herrerillo busca refugio mas allá. Saben que no tienen nada que hacer contra el pico de su oponente.

El herrerillo al ataque. No cejará, pero los trepadores se lo ponen dificil

Observando desde la puerta peatonal, después de que le hayan echado.

El trepador está enfadado. Eso de que los herrerillos hayan bajado al comedero no le ha gustado nada y cuando los ve entre las ramas del olivo va a por ellos y los echa.

Mirando a su alrededor observando donde están los intrusos en su comedero.

Pero es solo una amenaza pueril, pues a los pocos minutos están de nuevo la pareja alrededor del comedero en las ramas del olivo.

Haciendo tiempo y observando el percal. Tendrá su momento.

Son elegantes los trepadores azules. Me encanta verles de cerca. Es curioso pero me dejan acercarme hasta dos metros del comedero.

Y así seguirán durante toda la temporada.

Otro tipo de herrerillo, el Sitta euroaea, también en el olivo dispuesto a coger su bocado en cuanto haya el mas mínimo descuido.

Tendré que colocar un cebadero para que puedan turnarse unos y otros en distintos sitios del jardín. Y distintas comidas.

Un trepador en una de sus posiciones de oteo.

No hubo tiempo para más. Ya habrá días en los que pueda observarlos. Han cambiado de nido unos y seguro que en al abandonado llegaran otros.
Sed felices
Antonio

viernes, 19 de octubre de 2018

La casa de los herrerillos: una pareja feliz.


La historia de hoy es muy breve y muy sencilla.
Estamos en el mes de abril. El jardín está en uno de esos momentos en que la vegetación esta a punto de sacar las hojas o las ha sacado del todo.
Los castaños de la parte de atrás y los álamos orientados al sur ya están luciendo su verde y su plata.


Por el contrario, los plátanos del lado norte conservan aun algunas hojas enganchadas del año anterior y están comenzando a brotar. En diez días esto será otra cosa
Una pareja de herrerillos a los que estaba observando en el jardín, revoloteaban de un lado para otro.
Decidí entrar en casa y coger la cámara.


Daban la sensación de estar recorriendo el jardín en busca de su comida por los árboles.




De repente el macho tomo rumbo hacia la parte de atrás de la casa donde comparten los metros cuadrados de terreno tres enormes álamos blancos y tres castaños. Los seguí.



En uno de los álamos existe desde hace mucho tiempo un hueco en el tronco que ha estado ocupado primero por una familia de pequeños autillos (tuvimos una vez que alimentar a uno caído del nido) y posteriormente por una de tordos. Estos últimos ruidosos en los momentos en que los padres cebaban a los peques.
El herrerillo debía saber con antelación el estado del nido y hacia allí condujo a su compañera.


Esta se acerco despacio al nido.
Lo observo detenidamente desde la entrada.
Y observó a derecha e izquierda como comprobando situación, seguridad, etc.


Se introdujo y le dio el visto bueno al nuevo hogar.




El herrerillo, contento y satisfecho se fue a descansar un rato hinchando su plumaje lleno de orgullo por su conquista en una rama de un castaño.


Les vi esa primavera entrar y salir varias veces del nido, pero no se si sacaron alguna prole.
El problema de ese nido es que es grande para ellos y los deja muy a merced de las urracas.
Esto ha sido la muestra de un pequeño romance y como él podemos observar todas las primaveras muchos mas.
Sed felices
Antonio

miércoles, 4 de octubre de 2017

El nido de los herrerillos.-

Era un jueves, como muchos otros del año, que me encontraba acompañando a mi madre en Guadarrama.


La temperatura ya alta pronosticaba una primavera preciosa. Los animales se emparejaban en aquel momento. Es la época de la bonanza y el momento para sacar adelante a una nueva generación.
Estábamos mi madre y yo ese día de abril de 2016 tomando el sol tranquilamente en el jardín.


De repente dos herrerillos, un macho y una hembra, comenzaron a saltar de rama en rama. Incluso el macho llego a acercarse a donde estábamos colocándose sobre la cuerda vieja de tender.


Difícilmente podía fotografiarlos. No paraban de saltar.
El macho tiene el penacho mucho más azul y su franja negra alrededor del cuello es más ancha.
Comenzaron a recorrer los arboles hasta que llegaron a uno de los grandes chopos del lindero, junto a un nutrido grupo de castaños.


Y para mi sorpresa comenzaron a examinar un hueco que había en el tronco.
Primero se acerco el macho. Miró en su interior.
Voló de nuevo junto a la hembra y esta se acerco al hueco.


Lo observó.
Miró en su interior.


Y entró en lo que sería su nuevo hogar y allí se tumbó y miró hacia el exterior. 



Habían encontrado un lugar donde anidar.


El macho se fue a un castaño contiguo y se esponjo, feliz de su cometido.
De allí saldría una nueva familia de herrerillos.
Vi salir en los días siguientes alguna vez a la hembra y al macho merodear por los alrededores.


Decidí no acercarme al chopo hasta que pasasen unos días para no molestarlos.
Cuando volví, pasados bastantes días, ni rastro de los herrerillos.
Se habían ido. Quizás el año que viene volveré a ver alguno ocupando el mismo nido.
Sed felices

Antonio  

miércoles, 18 de marzo de 2015

Los pájaros de mis paseos del mes de marzo.-

Me encantaría tener un maravilloso objetivo para la caza de aves a distancia, pero tengo que conformarme con mi zoom de 75-300 que me da más de una satisfacción y que me acompaña en casi todas mis salidas.
Antes de seguir, dar desde aquí las gracias al amigo Eugenio García Cabellos que de vez en cuando acude en mi socorro con los nombres de las aves.

Hembra de gorrión observando los movimientos de sus compinches
 
Tanto los que vivimos en la ciudad como los que lo hacéis en el campo, estamos siempre rodeados de distintas aves que conviven en nuestro mismo espacio e incluso comparten en breves momentos con nosotros.

Paloma torcaz oteando desde su rama preferida.

En las ciudades los gorriones y las palomas están por doquier. En las ramas de un árbol, en el vuelo de una cubierta o en el pasamanos de una barandilla, e incluso apoyados en el respaldo de una silla de terraza esperando una migaja de pan o un trozo de patata frita.

Herrerillo a la puesta de sol sobre un Cornejo macho.

En los lugares con arboleda se ven otros amigos.
Las palomas torcaces siempre miedosas y asustadizas, con esas cabecitas tan desproporcionadas con el resto del cuerpo invaden los campos y en la época en la que la emigración es eminente se las puede ver encima de los cables de las líneas de media tensión esperando el momento de partir hacia otros lugares.

Azulón un instante antes de amerizar en un estanque.

Hay un invasor de nuestro hábitat: las cotorras. Han proliferado de forma alarmante, se las ve por todos lados. En grupos siempre, no tienen enemigo que controle su crecimiento. Pastan en las praderas de las urbanizaciones y crean enormes nidos en árboles altos, incluso en pleno Paseo del Prado de Madrid. Por otro lado, si se las observa son fantásticas trepadoras y realizan verdaderas piruetas sobre el vacio para coger su comida o su rama para el nido.

Cotorra intentando conseguir las simientes de una acacia.

Qué decir de los azulones, esos ánades que comparten nuestros estanques, que son capaces de acercársenos a pedir un algo que llevarse a la boca e incluso criar a sus polluelos a nuestro lado. Es fácil en época de celo observar las terribles escenas de monta de una hembra por parte de un montón de machos.

Alegoría de una Victoria en las alas abiertas de una ploma.

Y hay pájaros, como los herrerillos, relativamente sociales, inquietos, que corretean por las ramas de los árboles en busca de esos pequeños insectos, que nosotros ni intuimos, olvidándose de nuestra presencia.

Gorrión saliendo de su nido en el interior de un árbol.

Y qué decir de los mosquiteros, inquietos como ninguno, los petirrojos, etc., etc.

Este mosquitero observa también la puesta de sol desde el Cornejo macho.

Cuando salgo a pasear no voy con la idea de fotografiar pájaros, pero si se colocan a tiro me encanta encontrarles posturas y situaciones que luego te hacen disfrutar.

El vuelo en planeo de esta paloma, recuerda a los pesados aviones de carga.

En esta entrada os dejo las fotografías de dos paseos de este mes de marzo por los parques madrileños. Seguro que si cundo andáis por ellos os fijáis un poco en sus ramas y setos, veréis a más de uno que a la vez os observa a vosotros.

Esta hembra de pinzón, me observa entre la seguridad que le ofrecen las intrincadas lines de las ramas de un arbusto.

Nada más por hoy.
Sed felices.
Antonio