Después de las fiestas de Navidad y Reyes, hacía falta estirar un poco las piernas, romper con las comidas y los regalos y ver las calles de Madrid de otra manera, sin prisas, sin apretones.
Acompañado de mi amigo Luis, con el que siempre se esta a gusto, paseamos ayer tarde por la zona comprendida entre el puente de Toledo y el nuevo puente circular, obra de un arquitecto francés, un bucle, y dado lo nuevo de toda la zona de Madrid Río, el paisaje esta aun por realizarse, pero tiempo al tiempo.
Tranquilamente hablando de nuestras fotos, como no, nuestras máquinas, fuimos fotografiando todo aquello que a nuestros ojos parecía que tenía un sentido: luz, color, imagen, tono…
Y todo ello no hace falta que sea un magnífico edificio románico, ni un templo dórico; no, basta con que tenga algo y ese algo sea trasmisible. Uno no puede estar viajando todo el día, por lo menos yo, y en los momentos así hay que fotografiar lo que se pone por delante y lo que tus objetivos te permiten mostrar luego.
En la zona que anduvimos ayer, el río estaba sucio y los arboles, pequeños aun no mostraban gran cosa, pero si impedían tomar buenas fotos de Madrid visto desde el rio, por lo tanto había que fotografiar y enseñaros lo que era posible y estaba al alcance de mis ojos.
Y entre dos rosas encontré hojas; hojas que habían entregado ya sus nutrientes al árbol para pasar el invierno y habían quedado vacías, eso sí mostrando unos maravillosos colores al contraluz y otras en plena sombra.
Y qué decir de los cielos de Madrid en los atardeceres: esos tonos que oscilan de unos gris a tremendos rojos de gran intensidad, aunque ayer no fue el caso.
Y en unas isletas del paseo, luchando contra los fríos aparecen unas pequeñas rosas rojas que resistiendo los envites del invierno persisten en sembrar las semillas del rosal en los fríos días de enero.
Y dicho todo esto os dejo con las fotos, sencillas fotos de un paseo y una fantástica compañía.
Nace nuestro poeta en el pueblo murciano de La Unión en el año mil ochocientos ochenta y tres, dentro del seno de una familia acomodada de clase media.
Estudia la enseñanza elemental en su tierra y realiza la carrera de Derecho en Barcelona.
A partir de aquí la vida de Juan Pujol Martínez girara desde el anarquismo de aquellos días a la derecha más extrema.
Dedicado al mundo de las letras y del periodismo será corresponsal de guerra durante la Primera Guerra Mundial. De este destino publicará tres libros.
Político, con los partidos de derechas anteriores a nuestra Guerra Civil, se enrolará en las filas franquistas llegando a ser Jefe de Prensa y Propaganda de la Junta de Defensa. Después de la contienda fue director del diario Madrid.
Juan Pujol se puede decir que desde la perspectiva poética es un modernista que supo cultivar la simbología sin salirse de él.
Publico varios libros de poesía en Cartagena en la primera década del siglo XX.
Murió en Madrid en mil novecientos sesenta y siete.
Os he puesto un poema que a mí personalmente me gusta y me sentiré satisfecho si a vosotros tambien.
ALQUIMIA
Colgantes del techo oscuro habrá reptiles horroríficos,
habrá en los vetustos muros complicados jeroglíficos,
habrá morteros de mármol y redomas de cristal,
y yo seré el alquimista que trabaje noche y día
sobre los rojos crisoles, buscando de la alegría
la piedra filosofal.
Entre los antiguos códices mi vida cansada y lenta
pasaré, en pos de una fórmula que aplaque a mi alma sedienta,
a mi alma triste, abrasada en la inextinguible sed.
La llama azul del hornillo danzará, inquieta, oscilante,
y mi sombra agigantada, mi sombra de nigromante,
proyectará en la pared.
Sobre los rojos crisoles trabajaré noche y día,
buscando la piedra mágica de la perdida alegría
en mi cámara, silente como cripta sepulcral…
Pasaré mi vida estéril sobre los crisoles rojos,
sabiendo que está en el áureo fondo de tus verdes ojos
mi piedra filosofal…
--o0o--
Nada más por hoy. Espero que tengáis una bella piedra filosofal cerca de vosotros.
No ha hecho más que empezar el invierno y ya estoy soñando con los insectos que se volverán mostrar esta primavera. Mientras tanto habrá que conformarse con la mirada a las fotos de estos meses pasados.
Una de las cosas buenas que tiene la informática es la capacidad de acercarte el pasado al presente, poder utilizar aquel material como moderno y volver posteriormente a archivarlo en sus sitio.
Y tomando de la mano esa oportunidad, he creído conveniente traeros estas once fotos que espero que os gusten.
1.-
La hormiga ha realizado un largo camino desde que salió de su hormiguero. Ha tenido que trepar por los tallos del cardo intentando encontrar en la flor los alimentos que necesita. Pero parece que esta mañana el cardo esta solitario y solo ella deambula por encima de una flor aun cerrada.
2 .-
Este abejorro, peludo, da la sensación que se han equivocado de estación, intenta llegar al interior de la flor a libar sus néctares y su polen, y tiene l lengua sacada para este menester. Pero tendrá que realizar un esfuerzo más y avanzar hasta el cáliz si quiere llevarse un bocado.
3.-
Al mediodía los insectos calman un poco su recogida de alimentos e intentan refugiarse de los duros calores del mes de agosto escondiéndose debajo de las sombras d cualquier lugar, por pequeña que sea esta, y ahí quedarán hasta que alguien les moleste o el hambre apriete con ganas.
4.-
Iba andando por la calle y de repente vi esta avispa posada en un poste de teléfonos. Me choco su quietud y empecé a fotografiarla. No sabía que estaba haciendo hasta que al ver esta foto descubrí que robaba madera a la compañía.
5.-
El problema de este animalito debe ser proteger esos inmensos ojos que parece que se le están saliendo de las órbitas. Asustaba un poco el acercarse con la máquina a fotografiarlo, pero se dejo hacer unas cuantas fotos. Realmente se trata de una pequeña abeja que parece que sea un enorme gigante. Os he incrustado su imagen real para que os hagáis una idea.
6.-
Reunión de amigos en lo alto de la flor. Hay que darse prisa en hacer amistades y amoríos pues las épocas propicias están empezando a acabarse. Las temperaturas por las noches en los altos de Guadarrama son ya frías. Las flores comienzan a perder sus pétalos y a desprenderse de sus semillas. Hay que darse prisa.
7.-
Me cuesta un montón acordarme de su nombre, Empusa pennata, no hay forma que se me quede en el cerebro.
Todo un santo verano buscándolas y fueron ellas las que me encontraron a mí. La primera intentando fotografiar una mariposa se movió entre las hierbas asustada por mi presencia. La segunda fue parecido, buscando mantis y la tercera la encontré entre las hierbas que salían de una zarza al solecito. Pero siempre fueron ellas las que se mostraron.
8.-
Buen lugar para hablar de sus cosas en la intimidad sin que nadie las moleste. Entre los pinchos de los cardos a ver quién es el guapo que se aventura a realizar una expedición de caza sin salir lastimado.
9.-
Nadie a la vista. Podemos salir a nuestro trabajo diario. Estas abejas de tierra, pequeñinas, las descubrí por casualidad este verano en el jardín de mi madre. Vi volar a una mientras fotografiaba una flor de la adelfa por la mañana y la seguí con la vista. Cual no fue mi sorpresa cuando la vi dirigirse hacia la entrada de la colmena. Apostado y tumbado en el suelo me tire horas observándolas. Antes de salir hay que mirar primero con las antenas y luego con los ojos a ver quien está cerca…
10.-
Cualquier atalaya es buena para esta mariposa que coge energía solar antes de seguir su curso. Se poso delante de mí en una de esas caminatas por los caminos de Guadarrama este verano.
Es una Aricia cramera según me dicen mis amigos entendidos en la materia. Yo por desgracia se muy poquito de nombres técnicos y para mi es una bella mariposa.
11.-
Hay veces que la suerte acompaña y esta foto es una de ellas. La he dejado para el final pues creo que es la mejor de hoy. En su día yo la titulé el gatito, pues me recuerda los gatos de los dibujos animados, y corresponde a una libélula, que perfectamente viva, estaba durmiendo o descansado entre las hierbas cercanas al pantano de La Jarosa en Guadarrama.
Fijaros en la cantidad de celdillas que tienen esos ojos de una de las grandes voladoras y cazadoras que se dan en nuestros campos cerca del agua.
Nada más por hoy. Espero que os haya gustado.
Nuestro poeta de hoy, nació en Bilbao en mil ochocientos sesenta y cuatro. Marcho a estudiar a Madrid, donde realizó la carrera de Filosofía y Letras.
Opositó a cátedra en Salamanca y lo hizo con la asignatura de griego y allí vivió el resto de su vida, llegando a ser Rector de la Universidad salamantina.
Hablar de Miguel de Unamuno es dialogar con el modernismo en su máxima categoría. Es uno de los grandes poetas de la literatura española de todos los tiempos.
Amaba Castilla y la describió perfectamente en cantidad de poemas. Es vibrante, melancólico y a la vez sublime, siendo capaz de encontrar en cada poema la exaltación y la paz.
Si se lee a Unamuno es imposible olvidarlo y si se tiene en la biblioteca seguro que mas de una vez se van los ojos y las manos a sus volúmenes.
Murió en Salamanca, su querida Salamanca a orilla del Tormes, en el año mil novecientos treinta y seis.
Os he puesto un maravilloso poema titulado: Castilla.
Espero que os agrade.
CASTILLA
Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo.
Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.
con la pradera cóncava de cielo
lindan en torno tus desnudos campos;
tiene en ti cuna el sol, y en ti sepulcro,
y en ti santuario.
Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado;
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus paramos.
¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos;
si te son dignos, bajarán al mundo
desde lo alto!
--o0o—
Tierra nervuda, enjuta, despejada: este verso por si solo es una descripción increíble de Castilla.
La rosa, sola en ella en la planta, como reina efímera de un rosal que va acercándose al letargo invernal. Bella, magnifica, reina de uno o dos días. Luego a su alrededor crecerán nuevas reinas y ella ajada vera su vida sesgada por las manos de un extraño segador que la dio vida con cuidado y esmero. Jardinero dador de vida y de muerte y tu rosa sacrificio inútil de belleza; cuando ya no eres bella, muerte.
Así año tras año, rosa tras rosa y nosotros mientras tanto… no vemos a nuestro jardinero.
Disfrutad de la vida, sed felices.
Antonio
Nuestro poeta nació en Palencia, en el año mil ochocientos ochenta y siete.
Hijo de un propietario de periódico, estudio Derecho y se licenció también en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid.
Ejerció de periodista y colaboró en distintos medios escritos de nuestro país.
Participó en muchos Juegos Florales donde consigue de alguna forma conocer y tantear los gustos del público de la época.
Marciano Zurita y Rodríguez es un poeta modernista con reminiscencia del romanticismo, al que le gusta jugar con los sentimientos familiares y festivos, testificar a favor de los ideales patrióticos, puede decirse que sigue las escuelas de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.
Es uno de los poetas modernistas olvidados por muchos críticos y por muchos editores de obras poéticas, injustamente.
Murió en Madrid en mil novecientos veinte nueve.
Os he copiado, para que lo leáis, un precioso poema titulado Los ojos del huerfanito. Espero que os guste.
Los ojos del huerfanito
Más que sus pálidas carnes,
ateridas de frio,
me causan honda amargura
los ojos del huerfanito.
Son unos ojos azules,
luminosos y tranquilos,
con inquietud de luceros
y solemnidad de cirios;
ojos llenos de sonrisas
y llenos de regocijo,
como hechos para las cumbres
y no para los abismos;
para ser aurora, no
crepúsculos vespertinos.
Menos los ojos, todo es
muy triste en el pobre niño;
tristes son las manos blancas,
sus blancas manos de lino,
que no acariciaron nunca,
con sus rosados deditos,
el misterio de un juguete
ni las páginas de un libro;
tristes sus labios, que nunca
gustaron, agradecidos,
ni besos, como los hombres,
ni dulces, como los niños;
y su frente, donde nadie
puso ternuras y mimos,
y su corazón, que dentro
de su pecho es como un nido
donde jamás gorjeara
el ruiseñor del cariño.
¿Por qué, pues, si todo es triste
en el pobre huerfanito,
sus grandes ojos azules,
luminosos y tranquilos,
están llenos de sonrisas
y llenos de regocijo?
¡Ay, cuanta penan me causan
los ojos del huerfanito!
--o0o--
Es un poema realizado con un aire romántico sin dejar de ser por ello modernista. Hay una ternura en él que, a mi personalmente, me impresiona.
Insectos, esos pequeños animalitos tan temidos y tan beneficiosos. Ahora, en los fríos días de principios del mes de enero, muchos de ellos están invernando a la espera de que las altas temperaturas primaverales activen sus sistemas; sus zumbidos entonces volverán a sonar y sus silencios se harán más profundos en algunas especies como las arañas, que sin ser insectos muchos las unimos a ellos.
Ahora, de vez en cuando una mosca que ha salido, no se sabe como del frío, sobrevuela alrededor nuestro e igual que ha llegado.
De los insectos que más me cautivan están por un lado las libélulas, con su vuelo tan rápido como estático, cazadoras increíbles, y por otro las abejas infatigables en su quehacer, de diversos tamaños, pueden llenar su cuerpo de cantidades increíbles de polen. Y sus primas hermanas, las avispas, que son capaces de encontrar un alimento y volver una y otra vez a buscarlo hasta que lo terminan.
Nace nuestro poeta el año mil novecientos uno en Madrid, donde realizara sus estudios hasta el momento de ingresar en la Academia Militar. Carrera que abandonara por problemas familiares.
Realizó oposiciones a Hacienda después de nuestra Guerra Civil, Federico de Mendizábal García-Lavín, que ganó y fue destinado a Jaén.
Se dedica a la literatura como poeta, biógrafo y novelista, trabajando para innumerables revistas españolas e hispanoamericanas.
Se presento a innumerables concursos poéticos, ganando más de cien de ellos, doce flores naturales y una flor de oro. También recibió la Medalla de Oro al Merito en Bellas Artes.
Escribió los himnos de Jaén y Toledo.
La poesía de Federico de Mendizábal es magnífica, con un aire tradicional en cuanto a las formas y de un modernismo claro en cuanto al contenido. Tuvo una enorme capacidad creadora sin por ello perder un ápice de calidad poética.
Murió en Madrid en mil novecientos ochenta y ocho.
El poema que vais a leer hoy, es uno de los tres que forman el conjunto de una obra titulada Rosas blancas y al que tituló Armonía. Espero que os guste.
Armonía
Lejos de ti, la música te invoca.
Vaga en ondas de nervios tu armonía.
¡Claro violín de tu melancolía
en horizontes de silencio toca!
Serenatas del mar. Tú, centro. Roca
en su verde y remota sinfonía.
Tú, la rosa de la luz, cuando abre el día
un allegro de risas en tu boca.
Pecho sin corazón el violonchelo,
se le arrancaste acaso en ritornelo
de noche y beso en vibración de plata.
Tú. Como tu armonía solo hay una
hecha lágrima en Schubert. ¡Serenata
del lirio blanco en manos de la luna!
--o0o--
Espero que haya gustado este autor y poema.