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domingo, 19 de noviembre de 2017

El baño del gorrión.

Era una fría mañana de otoño, aunque el sol comenzaba a calentar.
Crisantemos, margaritas, y un montón mas de plantas multicolores y floridas daban la bienvenida a los visitantes mañaneros del Real Jardín Botánico de Madrid.


Daba gusto estar al sol.


En la perspectiva que se presentaba a los ojos,  se apreciaba la lucha constante de los árboles por mantener sus constantes vitales ante un sueño pesado que comenzaba a apoderase de sus ramas.


Las hojas de amarilleaban dando cobijo a los últimos alientos antes de sueño invernal.
Y paseando por uno de los caminos intermedios con fuentecillas, observe, demasiado lejos para fotografiarlo, a un gorrión que se estaba bañando en una de esos pequeños surtidores de agua.


El gorrión levanto el vuelo y vino a posarse en la rama de un árbol a escasos metros de mí, tan escasos  que, visto a través del teleobjetivo de mi cámara, parecía que iba a cogerlo con la mano.


Le hice tres fotografías y de repente volvió a volar hacia la fuentecilla.
Y se duchó delante de mí, sin importarle mi presencia,  durante un buen rato.
Con su ducha os dejo.









Cuando termino de bañarse y se marchó, con un aleteo vigoroso, me sentí con una paz interior grande. 


Aquel pajarillo había limpiado algo de mi tristeza solitaria. Pero no lavó el amor imposible.
--o0o--

Sed felices, ya sabéis que lo demás será mucho mas fácil así.

Antonio 

martes, 16 de junio de 2015

Gorriones en los árboles desnudos de comienzos de abril.-

Paseando en el mes de abril bajo unos árboles semidesnudos, donde las hojas aun brillaban por su ausencia, los gorriones se presentaban fáciles a ser vistos y captados y nosotros nos dejábamos captar también por ellos.
Es una época interesante para ver a los pájaros en los arboles. Desnudos, la visión es capaz de atravesar muchas de sus ramas para encontrar lo que se quiere al final de la visual. Y lo que se quiere no es otra cosa que ver unos pajarillos que no se debían llamar gorriones sino listillos.
Las fotos que vais a ver hoy no son espectaculares; mus normales, pero todas tienen en común la presencia de estos maravillosos, traviesos y caraduras pájaros.
El gorrión es una pequeña ave, de unos siete ocho centímetros de largo, perteneciente a la familia de los paséridos. De tonos marrones, listados en sus alas, son de color gris claro en su vientre y pecho. ¿Os habéis preguntado por qué son así sus colores? Es como los camuflajes que se les ponen a los aparatos de guerra. Desde el aire es mucho más dificultoso ser vistos si tu cuerpo se confunde con las sombras y colores que ve el cazador desde arriba. Y a la inversa si mira desde abajo, donde el pelaje puede confundirse con las nubes grises y blancas que se mueven por el cielo.
El gorrión ha tenido la audacia de saber conquistar el mundo de los hombres. Está en nuestras ciudades, se acerca a las terrazas de los paseos a intentar robar o suplicar unas migajas e incluso algunos llegan a introducirse en las cafeterías a través de sus puertas giratorias.
La diferencia para conocer entre un macho y una hembra, esta en la mancha negra que los machos tienen en el pecho.
A mí personalmente me llaman poderosamente la atención.
Ese día no quisieron posar cerca. Siempre tuve que fotografiarlos en la lejanía de las ramas donde ellos se sentían protegidos, pero estaban ahí haciéndome compañía.



























Buen día a todos.
Sed felices.
Antonio

lunes, 23 de febrero de 2015

La gorriona del Real Jardín Botánico de Madrid.-

Ayer tarde, ya casi eran las seis, andaba de salida por uno de los paseo del Real Jardín Botánico de Madrid, cuando un grupo de herrerillos bajo a picar junto a un banco y se dispuso a realizar una de las ultimas comidas del día.


De los tres o cuatro herrerillos que habían bajado solo quedó uno picoteando entre unas hierbas.
Me senté en el banco anterior y, aunque un poco lejos, con el 300 mm comencé a dispar fotos.
De repente, me di cuenta que entre el herrerillo y yo, una dama comenzaba a hacerse la interesante delante de mí. Me miraba descaradamente como si esperase de mi una dadiva.


La verdad es que aun sigo sin entender el comportamiento de la gorriona. Quizás, pienso, alguien tiene la costumbre de sentarse donde me senté yo a fotografiar al herrerillo y le da de comer a los pájaros.
Pero los animales tienen la buena costumbre de reconocer a las personas.



Me hizo tanta gracia que me olvide del herrerillo, del que había tomado unas cuantas fotos, y puse toda la atención en esta amiga nueva de plumas que venía a compartir su soledad con mi soledad.
Danzo, picoteo y camino delante mío, sin asustarse al levantarme, solo manteniendo una cierta distancia, nada aconsejable en el caso de haber sido yo un gato y suficiente para con un abuelete.



Era ya la hora de cerrar. Los silbatos de los jardineros anunciando el cierre del Real Jardín se oían en la distancia. La gorriona, como si conociese el protocolo que llegaba a continuación, se subió a las ramas desnudas del árbol que teníamos al lado y desde allí siguió mirándome.





No se alejaba; seguía en las ramas observándome, como si con su mirada quisiera decirme algo.



Entre foto y foto, rogando para que la pila de la maquina no se acabase, me entretenía en observarla. Era joven, muy joven. Seguramente de la ultima anidada antes del invierno. Y era muy sociable. Demasiado sociable.



Pero era encantadora mi amiga gorriona.
El silbato cada vez estaba más cerca.
La luz de la tarde presagiaba una noche que se avecinaba a pasos agigantados.



Mi amiga, como si supiese que había llegado el momento de la despedida, dio unos saltos de rama en rama y luego con un rápido vuelo paso rozando mi cabeza y se perdió entre la espesura del ciprés del Real Jardín Botánico.



La próxima vez que vaya por la tarde a este maravilloso jardín, esperare a que casi sea la hora del cierre para llegarme hasta el banco y sentarme a ver si aparece la gorriona.
Ya os contaré.
Mientras tanto, ser felices.
Antonio

martes, 3 de febrero de 2015

Acondicionando el nido.-

Entre marzo y abril del año pasado tuve la suerte de observar a dos aves distintas enseñándome sus preparativos para anidar.
Estaba observando la mimosa que hay a la entrada del Real Jardín Botánico de Madrid cuando me di cuenta que entraban a su interior, constantemente, gran cantidad de gorriones y que alguno salía con unas hojas en su pico.
Me fui al camino que hay por encima de la mimosa, y desde allí pude observar la fantástica escena que os muestro a continuación.


Primero el gorrión otea el árbol buscando seguramente una zona de hojas tiernas donde poder actuar.


Acto seguido elige definitivamente la posición y decide actuar, cortando con su pico una fina rama de la mimosa.


No conforme con lo conseguido coge otra rama más grande que se lleva al nido.





Me imagino ese nido, seguramente debajo de las tejas del Museo del Prado, lleno a manera de colchón de las tiernas hojas de la mimosa y en su interior unos huevecillos, que serán la nueva generación que vendrá detrás.

El segundo encuentro, fue en el mes de abril, también en el Botánico madrileño, observando uno de sus arbustos altos. Cuando estaba mirando como aparecían las nuevas hojas llego una cotorra a la parte alta que se me quedo primero mirando y que luego, pasando olímpicamente de mí, se dedico a buscar una rama tierna que le sirviese para su nido.





Y la encontró, dedicándose en cuerpo y alma a cortarla usando su poderoso pico.


No cejaba en el empeño, sin inmutarse por mi presencia; me dejaba fotografiarla como si yo fuese un imposible enemigo.


Mientras su pico destrozaba la rama, sus garras la sujetaban con fuerza para qué no se le cayese.


Al final consiguió su objetivo y la rama colgaba por un extremo de su pico.



Las cotorras anidan en nidos comunales compartimentados para cada pareja y se van engrosando a base de ir trenzando ramas entrecruzadas unas con otras, dejando los habitáculos en el interior.



Espero haberos entretenido un rato.
Sed felices.
Antonio

miércoles, 18 de junio de 2014

Los gorriones de hoy 18 de junio de 2014

Esta mañana, después de ver los preparativos que alrededor de mi casa se estaban realizando, para la jura del nuevo rey, y escapando un poco del bullicio y la curiosidad lógica de la gente, he encaminado mis pasos hacia el Real Jardín Botánico de Madrid, con la intención de fotografiar algunas flores con las que alegraros la vista.
Por en medio, en el viaje de ida y vuelta, estos gorriones se han dejado fotografiar.
Unos en el calor que hoy apretaba, dudaban si bañarse o no. Otro, muy joven y aun con plumón, ya se dedicaba a picar por la acera lo que los humanos dejábamos caer al suelo mientras tomábamos la cerveza. Y allá arriba, entre los árboles, sin perder ripio y vigilando cualquier migaja que caiga al suelo, otros a sol y sombra.
Os dejo con ellos.

 
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 ¡No han dado el calentador...! ¿Me baño?
 

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 Mañana será otro día y estará más calentita
 

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 He salido del nido hace muy poco, pero ya se poner cara de lastima y pedir como los mayores


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 Caramba. ¡Menos mal que hay una barandilla para agarrarse!
 


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Oteando las mesas a ver cual tiene el mas suculento aperitivo

 
Sed felices.
Antonio

miércoles, 26 de marzo de 2014

El baño de los gorriones.-

Hace unos días, allá por finales del mes de enero, paseaba en compañía de mi amigo Luis por el parque del Retiro, aprovechando una maravillosa mañana de invierno cálido. Uno de esos días que nuestra situación geográfica hace posible con la llegada de los vientos cálidos de África y en el que los termómetros cambian la cara y sonríen.
 
 
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El Retiro con luces limpias se pone fantástico para caminar en esos días y los contrastes de luces y sombras son fantásticos.
 
 
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También aprovechan los gorriones para asearse cuando las temperaturas suben. Las aguas de las fuentes, mas cálidas que en días anteriores, y seguramente que los posteriores, y los pilones con poca profundidad son el lugar ideal para el aseo.
 
 
 
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E
l agua no llega al cuerpo, no hace falta saber nadar. La corriente es nula o prácticamente nula, con lo cual el peligro de ser engullido por un remolino se reduce y los humanos estamos fuera del alcance del radar de alerta por proximidad de enemigos.
 
 
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Solos o en parejas se bañan, se solazan en el agua y se limpian. Sumergen la cabeza en el agua y luego se sacuden lanzando gotas de agua al aire, como si de una ducha al azar se tratase.
 
 
 
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Es divertido verlos. Es apasionante ver cómo llegan por turnos y ver como esperan su puesto para el aseo. Curioso.
 
 
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Y curiosa es la pinta que les queda después de cada baño.
 
 
 
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Observarlos cuando os acerquéis a una fuente en la que la  pileta tenga poco agua; pero acercaros lentamente para que no se asusten y no salgan volando.
Sed felices.
Antonio