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domingo, 19 de noviembre de 2017

El baño del gorrión.

Era una fría mañana de otoño, aunque el sol comenzaba a calentar.
Crisantemos, margaritas, y un montón mas de plantas multicolores y floridas daban la bienvenida a los visitantes mañaneros del Real Jardín Botánico de Madrid.


Daba gusto estar al sol.


En la perspectiva que se presentaba a los ojos,  se apreciaba la lucha constante de los árboles por mantener sus constantes vitales ante un sueño pesado que comenzaba a apoderase de sus ramas.


Las hojas de amarilleaban dando cobijo a los últimos alientos antes de sueño invernal.
Y paseando por uno de los caminos intermedios con fuentecillas, observe, demasiado lejos para fotografiarlo, a un gorrión que se estaba bañando en una de esos pequeños surtidores de agua.


El gorrión levanto el vuelo y vino a posarse en la rama de un árbol a escasos metros de mí, tan escasos  que, visto a través del teleobjetivo de mi cámara, parecía que iba a cogerlo con la mano.


Le hice tres fotografías y de repente volvió a volar hacia la fuentecilla.
Y se duchó delante de mí, sin importarle mi presencia,  durante un buen rato.
Con su ducha os dejo.









Cuando termino de bañarse y se marchó, con un aleteo vigoroso, me sentí con una paz interior grande. 


Aquel pajarillo había limpiado algo de mi tristeza solitaria. Pero no lavó el amor imposible.
--o0o--

Sed felices, ya sabéis que lo demás será mucho mas fácil así.

Antonio 

miércoles, 4 de octubre de 2017

El nido de los herrerillos.-

Era un jueves, como muchos otros del año, que me encontraba acompañando a mi madre en Guadarrama.


La temperatura ya alta pronosticaba una primavera preciosa. Los animales se emparejaban en aquel momento. Es la época de la bonanza y el momento para sacar adelante a una nueva generación.
Estábamos mi madre y yo ese día de abril de 2016 tomando el sol tranquilamente en el jardín.


De repente dos herrerillos, un macho y una hembra, comenzaron a saltar de rama en rama. Incluso el macho llego a acercarse a donde estábamos colocándose sobre la cuerda vieja de tender.


Difícilmente podía fotografiarlos. No paraban de saltar.
El macho tiene el penacho mucho más azul y su franja negra alrededor del cuello es más ancha.
Comenzaron a recorrer los arboles hasta que llegaron a uno de los grandes chopos del lindero, junto a un nutrido grupo de castaños.


Y para mi sorpresa comenzaron a examinar un hueco que había en el tronco.
Primero se acerco el macho. Miró en su interior.
Voló de nuevo junto a la hembra y esta se acerco al hueco.


Lo observó.
Miró en su interior.


Y entró en lo que sería su nuevo hogar y allí se tumbó y miró hacia el exterior. 



Habían encontrado un lugar donde anidar.


El macho se fue a un castaño contiguo y se esponjo, feliz de su cometido.
De allí saldría una nueva familia de herrerillos.
Vi salir en los días siguientes alguna vez a la hembra y al macho merodear por los alrededores.


Decidí no acercarme al chopo hasta que pasasen unos días para no molestarlos.
Cuando volví, pasados bastantes días, ni rastro de los herrerillos.
Se habían ido. Quizás el año que viene volveré a ver alguno ocupando el mismo nido.
Sed felices

Antonio  

sábado, 25 de junio de 2016

Al gorrión que le gustaba posar.

Hace un calor insufrible.
Son las seis de la tarde y Madrid parece una hoya en ebullición.
Me he refugiado en el Real Jardín Botánico y estoy recorriendo sus lugares sombríos.



Me siento en el pilón fuente que hay cerca de la zona de la huerta.
Una gorriona, descarada, se planta delante mío y me mira.
Tomo la máquina de fotos y empiezo a disparar.
De frente y de perfil me deja hacerle tres fotos. (La de frente sale desenfocada)




Luego, tras un corto vuelo, se posa encima de un poste de una valla de la huerta.


Me acerco con cuidado.
Comienzo a disparar de nuevo.


Ahora te miro, ahora me hago la descuidada…






Cuando ya me acerco tanto que parece que la voy a tocar con la mano, pía una vez y sale volando.
No se va muy lejos, pero ya no puedo seguirla.
Nos miramos y nos despedimos
--o0o--
Sed felices y tener cuidado con el sol.

Antonio 

martes, 16 de junio de 2015

Gorriones en los árboles desnudos de comienzos de abril.-

Paseando en el mes de abril bajo unos árboles semidesnudos, donde las hojas aun brillaban por su ausencia, los gorriones se presentaban fáciles a ser vistos y captados y nosotros nos dejábamos captar también por ellos.
Es una época interesante para ver a los pájaros en los arboles. Desnudos, la visión es capaz de atravesar muchas de sus ramas para encontrar lo que se quiere al final de la visual. Y lo que se quiere no es otra cosa que ver unos pajarillos que no se debían llamar gorriones sino listillos.
Las fotos que vais a ver hoy no son espectaculares; mus normales, pero todas tienen en común la presencia de estos maravillosos, traviesos y caraduras pájaros.
El gorrión es una pequeña ave, de unos siete ocho centímetros de largo, perteneciente a la familia de los paséridos. De tonos marrones, listados en sus alas, son de color gris claro en su vientre y pecho. ¿Os habéis preguntado por qué son así sus colores? Es como los camuflajes que se les ponen a los aparatos de guerra. Desde el aire es mucho más dificultoso ser vistos si tu cuerpo se confunde con las sombras y colores que ve el cazador desde arriba. Y a la inversa si mira desde abajo, donde el pelaje puede confundirse con las nubes grises y blancas que se mueven por el cielo.
El gorrión ha tenido la audacia de saber conquistar el mundo de los hombres. Está en nuestras ciudades, se acerca a las terrazas de los paseos a intentar robar o suplicar unas migajas e incluso algunos llegan a introducirse en las cafeterías a través de sus puertas giratorias.
La diferencia para conocer entre un macho y una hembra, esta en la mancha negra que los machos tienen en el pecho.
A mí personalmente me llaman poderosamente la atención.
Ese día no quisieron posar cerca. Siempre tuve que fotografiarlos en la lejanía de las ramas donde ellos se sentían protegidos, pero estaban ahí haciéndome compañía.



























Buen día a todos.
Sed felices.
Antonio

lunes, 23 de febrero de 2015

La gorriona del Real Jardín Botánico de Madrid.-

Ayer tarde, ya casi eran las seis, andaba de salida por uno de los paseo del Real Jardín Botánico de Madrid, cuando un grupo de herrerillos bajo a picar junto a un banco y se dispuso a realizar una de las ultimas comidas del día.


De los tres o cuatro herrerillos que habían bajado solo quedó uno picoteando entre unas hierbas.
Me senté en el banco anterior y, aunque un poco lejos, con el 300 mm comencé a dispar fotos.
De repente, me di cuenta que entre el herrerillo y yo, una dama comenzaba a hacerse la interesante delante de mí. Me miraba descaradamente como si esperase de mi una dadiva.


La verdad es que aun sigo sin entender el comportamiento de la gorriona. Quizás, pienso, alguien tiene la costumbre de sentarse donde me senté yo a fotografiar al herrerillo y le da de comer a los pájaros.
Pero los animales tienen la buena costumbre de reconocer a las personas.



Me hizo tanta gracia que me olvide del herrerillo, del que había tomado unas cuantas fotos, y puse toda la atención en esta amiga nueva de plumas que venía a compartir su soledad con mi soledad.
Danzo, picoteo y camino delante mío, sin asustarse al levantarme, solo manteniendo una cierta distancia, nada aconsejable en el caso de haber sido yo un gato y suficiente para con un abuelete.



Era ya la hora de cerrar. Los silbatos de los jardineros anunciando el cierre del Real Jardín se oían en la distancia. La gorriona, como si conociese el protocolo que llegaba a continuación, se subió a las ramas desnudas del árbol que teníamos al lado y desde allí siguió mirándome.





No se alejaba; seguía en las ramas observándome, como si con su mirada quisiera decirme algo.



Entre foto y foto, rogando para que la pila de la maquina no se acabase, me entretenía en observarla. Era joven, muy joven. Seguramente de la ultima anidada antes del invierno. Y era muy sociable. Demasiado sociable.



Pero era encantadora mi amiga gorriona.
El silbato cada vez estaba más cerca.
La luz de la tarde presagiaba una noche que se avecinaba a pasos agigantados.



Mi amiga, como si supiese que había llegado el momento de la despedida, dio unos saltos de rama en rama y luego con un rápido vuelo paso rozando mi cabeza y se perdió entre la espesura del ciprés del Real Jardín Botánico.



La próxima vez que vaya por la tarde a este maravilloso jardín, esperare a que casi sea la hora del cierre para llegarme hasta el banco y sentarme a ver si aparece la gorriona.
Ya os contaré.
Mientras tanto, ser felices.
Antonio

miércoles, 18 de junio de 2014

Los gorriones de hoy 18 de junio de 2014

Esta mañana, después de ver los preparativos que alrededor de mi casa se estaban realizando, para la jura del nuevo rey, y escapando un poco del bullicio y la curiosidad lógica de la gente, he encaminado mis pasos hacia el Real Jardín Botánico de Madrid, con la intención de fotografiar algunas flores con las que alegraros la vista.
Por en medio, en el viaje de ida y vuelta, estos gorriones se han dejado fotografiar.
Unos en el calor que hoy apretaba, dudaban si bañarse o no. Otro, muy joven y aun con plumón, ya se dedicaba a picar por la acera lo que los humanos dejábamos caer al suelo mientras tomábamos la cerveza. Y allá arriba, entre los árboles, sin perder ripio y vigilando cualquier migaja que caiga al suelo, otros a sol y sombra.
Os dejo con ellos.

 
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 ¡No han dado el calentador...! ¿Me baño?
 

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 Mañana será otro día y estará más calentita
 

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 He salido del nido hace muy poco, pero ya se poner cara de lastima y pedir como los mayores


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 Caramba. ¡Menos mal que hay una barandilla para agarrarse!
 


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Oteando las mesas a ver cual tiene el mas suculento aperitivo

 
Sed felices.
Antonio