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sábado, 9 de diciembre de 2017

Madrid: del otro lado del espejo I

Me gusta pasear por Madrid y observar a sus gentes.
Me gusta mirar sus escaparates y los edificios viejos y nuevos que forman la ciudad.
Me encanta encontrarme con los reflejos que se producen en sus fachadas y huecos; observarlos detenidamente, para asimilar las sensaciones que transmite la imagen reflejada.
Imágenes que podrían ser el otro mundo, el mundo de los sueños perceptible en ciertos momentos en los vidrios.
Las fotografías que vais a ver hoy están realizadas en un tramo relativamente corto del Paseo de la Castellana en Madrid y otro parecido de la calle Serrano.
No hay truco ninguno, lo que la maquina ha fotografiado es lo que yo os coloco.
Las fotos son todas de diciembre de 2011, momento en que los árboles madrileños habían  perdido bastantes hojas y permitían ver mejor las fachadas de los edificios.
Si queréis os voy comentando una a una y así pasamos un rato.

Cíclopes.

Como enormes monstruos escondidos en cada ventanal, unos ojos nos observan. Sus bocas selladas permanecen cerradas bajo ellas. Unos ojos reflejan asombro y otros observan.


Las bocas parecen querer abrirse para emitir un grito, cualquier grito por cualquier motivo, pero están trabadas. 
Los gigantes están mudos y atados y es imposible que lancen enormes piedras contra los intrusos que caminamos al otro lado de los cristales. Y no hace falta, pues bastantes piedras nos tiramos a nosotros mismos sin la necesidad de cíclopes de vidrio, ladrillo y acero.

Madrid naif.

Cada vez que paso bajo este singular edificio madrileño, me viene a la memoria un pequeño cuadro que compré en un mercadillo en Marbella y que representaba de forma naif a Puerto Banús.


Me pregunto si cuando se diseñaron las torres de la Plaza de Castilla se tuvo en cuenta el dibujo distorsionado, naif, que sus vidrios iban a producir en sus fachadas. Es una visión completamente irreal del mundo en el que vivimos, pero es al fin y al cabo la visión que tienen las torres de Madrid. Un Madrid que parece en la imagen apretado, convulso, inhumano. ¿Tendrán razón las cristaleras de la torre?

Tremola.

Miro en la distancia a la entrada de un gran establecimiento. Delante de él una figura de una mujer ataviada con ropajes arcaicos  parece que este temblando por causa del frio. Lo hace de tal manera que su imagen se refleja por triplicado en los vidrios de la puerta.


¿Cómo es posible que con el frio que hace en diciembre este inmóvil en la calle? ¿Por qué en vez de permanecer quieta sobre su pedestal no se mete a calentarse un rato? Cada vez que paso por delante de ella pienso en el frio que estará pasando o el calor en los meses de verano. Quizá, aunque esté al otro lado del cristal, sería bueno prestarle algo de ropa de abrigo moderna.

Dos instantes, dos imágenes.

Hay veces que un instante o un paso pueden significar un mensaje distinto en los vidrios de una fachada. Las dos imágenes que vais a ver a continuación están separadas por escasamente cinco o seis metros  y dos o tres minutos.
La primera refleja   un sueño que se está formando en el espacio tiempo. En los cristales de ese muro cortina van naciendo una serie de figuras y colores que se muestran en un parto de instantes. 


La cámara lo ha captado así, de la forma que lo veis a continuación. Parece como si el pintor escultor de otra dimensión estuviese engarzando las figuras de su espacio tiempo.

Luego, dejando discurrir el tiempo y el espacio de forma sincronizada y sin dejar de mirar la fachada voy avanzando poco a poco por la acera, absorto lo que ante mis ojos empieza a tomar forma, como si el artista del reflejo quisiera trasmitirme un algo en una imagen irreal pero tan clara y precisa que me hace quedarme mirando petrificado la fachada. Como si de un parto artístico se tratase la representación va tomando forma.
Es una imagen compuesta  a base de multitud de imágenes distintas que se conjugan en un rostro principal y en otros que hay que buscar por los vidrios, pero que están ahí.


¿Me estoy volviendo loco?  Ando unos metros y el mensaje de formas y colores va diluyéndose. Vuelvo a retroceder y de nuevo aparecen las imágenes. ¿Qué significa todo eso? No tengo ni la menor idea, pero está claro que en un instante y un lugar determinados ha habido conexión entre el artista de la vidriera y el absorto espectador que soy yo.

Dos lunas.

No, no habido un seísmo; ni siquiera los edificios se han movido un milímetro, ni la maquina al hacer la fotografía.
Es quizás el asombro que se ha producido en la fachada cuando se ha dado cuenta que en ese momento dos pequeñas lunas estaban orbitando a su alrededor. Ha querido mirarlas de tal forma que ha distorsionado todo los demás. A mí no me extraña; si descubriese yo dos lunas también orbitando  mí alrededor me quedaría pasmado, boquiabierto. 


No me extraña que ante semejante aparición los vidrios se hayan desenfocado. Así son las cosas en el mundo paralelo de los reflejos. Unas simples lunas son capaces de hacer ver las cosas de otra forma totalmente distinta. ¿Qué importancia tienen allí líneas rectas y paralelas en todos los sentidos del espacio? Está clarísimo que ninguna.

Árboles.

¿Estoy fotografiando un vidrio en el que se reflejan árboles y edificios? O los árboles ¿están por delante de las fachadas reflejadas?
Es lo interesante de fotografiar reflejos. Unas veces se ve claramente el reflejo y en otras no se sabe si estas fotografiando la realidad o la duplicidad. ¿Puede ser este el caso?
Podría serlo, pero no. ¿O sí?


Ahí queda para que cada uno mire la fotografía y opine lo que mas conveniente crea para sí mismo. A veces el mundo del reflejo es tan mentiroso como nosotros mismos y otras por el contrario es de una sinceridad aplastante. ¿Sera por esto último que muchas veces no nos gusta mirarnos al espejo?

Jardín.

Los árboles del paseo han quedado atrás. Giro la vista y los veo reflejados en la cristalera como si de una ilustración de un cuento infantil se tratase. Se han deformado como si estuviesen enfadaos con la humanidad. ¿Será porque la contaminación los tiene realizando un trabajo excesivo depurando los aires contaminados?


No lo sé, lo que está claro es que no están animados. Claro que si observamos bien la foto parece que en cada vidrio de la imagen se producen a la vez multitud de otras imágenes que no quiero, ni me atrevo a interpretar.
Si estas fotos no estuvieran en mi poder y no supiese que las había realizado yo, pensaría que mi imaginación se estaba volviendo algo más loca de lo que ya pensaba que la tenía. Pero, ¡ca! son los vidrios los que se han vuelto majaretas.

Arquitecto.

Algunos de los reflejos me hacen pensar en lo que dirán los arquitectos de este mundo de los diseños que presentan los arquitectos del otro lado. ¿Estarán de acuerdo con los diseños reflejados? ¿Les gustaría a ellos realizarlos de tal forma?
Y a los arquitectos del otro lado está claro que, a casi todos, no les gustan lo que diseñan los nuestros, ya que no los copian a rajatabla.


Debe ser bastante complicado construir la torre de un palacio en el aire o retorcer toda una estructura como lo saben hacer en los vidrios. Seguramente más de una arquitecto de nuestro lado se ha copiado de los diseños del otro lado para realizar sus obras maestras.
¡Que belleza en esos tubos retorcido y en ese palacete con sus paredes abombadas!
--o0o--

Aquí termina por ahora esta visión de un Madrid que vive al otro lado del Madrid que vivo yo, tras cualquier cristal, pero que nos hace compañía de muchas formas distintas todos los días del año.
Sed felices, aunque os tengáis que mirar en un espejo.
Antonio 

miércoles, 3 de agosto de 2016

Reflejos en el pantano, Soledad

Son casi las nueve y media de la tarde.
El sol lleva puesto un buen rato detrás de la montaña.
La tortuga de piedra donde solíamos sentarnos está rodeada de agua por todas partes. Quizás huye de nosotros y se ha escondido en las aguas. No quiere que nos acerquemos a ella separados. 



Los reflejos se convierten en triste recuerdo de lo que fueron. 


El viento se ha vuelto tan vago que ni ondas levanta en el agua. 


Es otra tarde sin ti, aunque realmente siempre he estado sin ti.
Me doy cuenta de que los pinos también crecen hacia abajo. Hace tiempo que mi mundo se vuelve del revés, no me choca ese pino. Me chocas mucho mas tú fuera de los reflejos.


Son y no son nada. Sin luz, o con poca, pierden la consistencia que tienen durante el día. Se diluyen en las sombras profundas del pantano, como tú, que, poco a poco, te hundes en mi recuerdo.


Es curioso, incluso me parecen ver fantasmas donde no debieran estar. Un árbol emerge reflejado donde no lo veo en tierra. Me da la sensación que juega al escondite conmigo.


La otra orilla, por aquella que tu andas, esta inalcanzable. Has elegido mala orilla. Eso sí, es bella, como tu recuerdo.


Las sombras se van adueñando de las aguas. Algunos retazos de cielo azul quedan prendidos de los reflejos. Hay silencio absoluto en toda la orilla. Estoy totalmente solo.


Cerca de mí, en la ensenada del arroyo, las sombras se convierten en negrura. Es difícil distinguir que es cada cosa. En ese lugar se ha perdido el espíritu de la verdad, se ha cambiado por otro, como ese que fabricaste tu para esconder el desencanto. Un desencanto que tú misma provocaste.


La orilla al frente esta desnuda. Palabra mágica la de la desnudez. Nos hemos vestido para ocultarnos a nosotros mismos la belleza. Me encantaría verte así… como esa playa que está enfrente, vacía, virgen, desnuda.


Como aquella otra ribera a la que es imposible acercarse, eres preciosa, lejana, fría, y sin luz para iluminarme… Soledad.


--o0o--
Sed felices

Antonio

viernes, 29 de julio de 2016

Entre el agua y el cielo, Soledad, y alguna locura mas...

El día ha sido caluroso, demasiado.
Subo a la parte alta de Guadarrama, a la presa de La Jarosa, buscando algo de frescor y de tranquilidad, sobre todo tranquilidad.
No sé si llevarme un libro escrito muchos años atrás, en Francia, como una crítica a la sociedad de entonces o buscarme por el contrario en bufón como Panurgo para que me vuelva a contar como escapo de ser asado en la parrilla de los turcos.


Me lo imagino dando vueltas en una parrilla mientras su cocinero se queda dormido.
¡Jaja!, me hace falta realmente un François Rebelais, que anime el cotarro de lo que está sucediendo a mi alrededor: a este pobre país le hace falta volver a reír, sentirse de nuevo joven, con ganas de más, de todo… olvidarse de esa crítica destructiva constante que no lleva a ninguna parte. Bueno, si, a unas terceras o cuartas elecciones, mientras Europa nos estrangula y se disgrega. Y de disgregarse no quiero oir hablar, absolutamente nada.


Seguro que Rebelais buscaría un Pantagruel que se comiese el mundo moderno, como está sucediendo, y ala vez haría de ello una crítica magistral y genial humoristicamente.
He llegado a la orilla. Unos juncos de ribera, con unas cañas que se rompen con mirarlas y unos plumeros efímeros, reciben los últimos rayos de un sol que está intentando dormirse hoy entre las primeras nubes que le salen al paso.
Las aguas del pantano, junto a esas orillas en las que tantas veces nos hemos encontrado, reflejan las nubes escasas que cubren el cielo en poniente. Un cielo apagado, del que escapan rayos oscuros que atraviesan el éter buscando un lugar donde acurrucarse.
Y como siempre, paseo solo por la orilla porque tu estas muy lejos…  ¡Demasiado lejos en el encuentro, demasiado cerca en el sentimiento!


Agua y cielo se presentan como un ente solo, con los reflejos de uno en el otro. El cielo se refleja en el agua del pantano coloreando de distintos colores sus aguas y las aguas del pantano ascienden hacia él para formar unas increíbles nubes que se elevan poco a poco hacia el cielo.


Voy mirando el cielo y el agua o el agua y el cielo, intentando encontrar un contacto maravilloso entre ellos y yo; pero unas piedras que sobresalen del agua rompen ese impulso y me conducen a ti. ¿Por qué después de tanto tiempo? ¿Por qué tu imagen me aparece recostada en la piedra mirándome o mirándote? ¿Por qué? Sigo lentamente hasta la ensenada donde los tres arboles marcan sus límites al  agua. 



Allí me paro y miro de nuevo a la piedra. Allí te vi llegar… y esa imagen la guardo en mi pensamiento como si fuese el más preciado tesoro de mi cerebro, de mis recuerdos. Ya la vez deseo que tu imagen aparezca en el borde del agua, como un sueño maravilloso.


Cae la tarde. Poco a poco el sol se ha escondido entre las nubes y solo deja que unos rayos se cuelen por las infinitas alturas de la atmosfera. Los cañizos de la orilla se han apagado; las aguas se han convertido en grises recuerdos de lo que fueron hace un rato.
El silencio, solo roto de vez en cuando por un gilipollas que lleva la discoteca en su coche, va avanzando como la noche. Lo trinos de los pájaros se pierden; los grillos aun no han comenzado su concierto y las ranas de la orilla no croan.


Un cormorán pasa a ras de agua. Una culebra nada en el agua cerca de la orilla buscando el calor de la tierra. Las nubes se decoloran. Las aguas quedan oscuras y quietas. Solo los anillos concéntricos de un pez en la superficie rompe  la monótona quietud de las aguas.


Esta anocheciendo. El muro de la represa me cierra la visión del agua. Ya solo queda el cielo. Un cielo a la vez bello y triste, del que solo escapan esos rayos que huyen de la noche. Y ahora que caigo esos rayos que huyen me parecen una forma genial de compararte a ti. Huyes y te retuerces en tus intricados confines mentales mientras yo tranquilamente espero el ocaso. Quizás, como un rayo de los vistos, te desconcierta que la noche esta cerca y que huir no vale de nada.
Se apaga otro día. El Grangaznate del Universo ha vuelto a comerse el sol una vez más.


Mañana amanecerá de nuevo y de nuevo volveré a la ensenada a ver si tu figura avanza por la orilla, pero sé que mis posibilidades van decreciendo día a día, porque tu ni siquiera quieres que mi mirada pueda encontrarte en el reflejo tuyo en el agua.
¡Quizá el calor me esta enturbiando la mente! ¡Quizás sea la mente que desde hace un tiempo esta turbia! No lo sé.
Tu reflejo en el agua… Tu reflejo en el agua… Solo agua, ¿Dónde has escondido tu reflejo?


--o0o--

Sed felices.
Antonio

viernes, 23 de enero de 2015

Reflejos:¿es Madrid o es Dirdam?

Ahí fuera está nevando. Bueno cae aguanieve, nieve y a veces graniza. Estamos en ese momento de transición en que el frío deja paso a algo más de calor.
Y estando metido dentro de casa, me he puesto a repasar fotos de un disco antiguo y he encontrado estos reflejos, entre otros, en los balcones, ventanas, escaparates y lunas de autobús de Madrid.
Las grandes ciudades son un enorme muestrario donde se mezclan realidad y mentira, linealidad y deformación, realidad y fantasía en un mismo lugar, en un mismo punto. Al fin y a la postre las grandes ciudades nos dejan ver su otro yo en las imágenes invertidas de sus vidrios.
Ciudades dentro de una pastelería o de una tienda de ropas que no son reales, pues como tales no existen, hay que darles la vuelta. Son fantasmas que están ahí, en otra dimensión que va cambiando de acuerdo a la iluminación del día y de la noche.
¿Qué no es verdad? Seguidme y os muestro un mundo nuevo que se descubre cada día en los paseos que hagamos por cualquier calle de nuestro entorno. Vamos a ello:
comencemos el paseo en pleno centro de Madrid, la Puerta del Sol.

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Puerta del Sol

Al fondo de la Puerta del Sol existe una pastelería de hace muchos años está allí. Hace tanto tiempo que esta abierta que en ella se introduce el resto de la Puerta del Sol, mientras un anuncio de roscón nos indica que lo que vemos no es real. Las botellas parecen apoyarse en las terrazas de los edificios, sin estar, pero estando. ¿Pasteles fantasmas o edificios fantasmas? Quizás el reflejo sea de los pasteles o quizás de los edificios…
Muy cerca de la Puerta del Sol está la Plaza Mayor. Mayor porque en su momento era la más grande de Madrid.

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 Plaza Mayor

 La plaza de estilo totalmente herreriano es un rectángulo perfecto que en sus esquinas tiene sendos arcos que abren la plaza a la ciudad, amén de otros tantos en sus fachadas, siendo el más conocido el arco de Cuchilleros.
Aquí la veis reflejada en un restaurante, nuevo negocio de la plaza de cara al turismo, de su fachada sur. La debí hacer por Navidad, pues en el centro del reflejo se ven las casetas de venta de figuras del belén y artículos de broma. Todo se mezcla.
Subimos desde allí a la Gran Vía. Arteria moderna que se realizó a principios del S.XX y que se ha convertido en uno de los ejes transcendentales de la capital.

 
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Gran Vía: edificio de la Telefónica

En este caso la imaginación y la deformación se entremezclan en el reflejo del edificio de la Telefónica en el parabrisas de un autobús.
Cuelgan del autobús aun las iluminaciones navideñas acoplándose al plexiglás del parabrisas que esconde en la sombra la figura del conductor. Un semáforo en verde esta a la izquierda de la calle, y esto no es Londres, es Madrid. ¿Es Madrid o es Dirdam? A vosotros os dejo elegir.



 Edificios modernistas en la Gran Vía

Prácticamente enfrente del edificio de la Telefónica, existe un comercio de ropa en el que los fantasmas esconden sus cabezas o dejan verlas insinuándose.
Las luces de la ciudad quieren esconderse dentro del escaparate, pero no, son las propias luces del escaparate que nos están engañando. A esas horas las luces de la Gran Vía están apagadas.
Los edificios modernistas de la Gran Vía se reflejan placido en el cristal escondiendo su verdadera identidad, son sus fotocopias del mundo de los reflejos, de los sueños del otro lado, de la vida invertida que anda al unisonó pero al revés. Esa mezcla de realidad y ficción está impresa en cada visita a un escaparate.


Calle Alcalá

Un poco más adelante en plena calle de Alcalá otro edificio neoclásico nos muestra en sus balconadas un aspecto distinto. Cada ventana ofrece un panorama distinto de los edificios del otro lado de la calle, incluso en alguno de los vidrios de dos hojas se ven dos figuras distintas.
¿Cuál de ellas es la verdad? ¿Qué imagen nos ofrece una visión real del otro lado de la calle?

Buhardilla Banco de España en C/ Marqués de Casa Riera (Ya no existe)

A escasos cien metros de esta fachada en la calle Marqués de Casa Riera, una representación desenfocada y misteriosa de una de las buhardillas del Banco de España, un recuerdo que hoy en día es ya imposible ver. El metal que cubre una marquesina no es capaz de reflejar enfocada la imagen.
Una imagen de la buhardilla que parece dolorida, como si tuviese retortijones; los aleros se curvan como si una fuerza misteriosa tirase de ellos para destruirlos; las jambas parecen querer comprimir a las hojas de las ventanas y los frontones se comprimen en un esfuerzo titánico por mostrarse en su verdadera dimensión. ¿Cuál es su dimensión? ¿La nuestra o la que nos muestra la plancha de metal? Quizás sea que nosotros somos incapaces de ver un mundo distinto al nuestro y esos mundos quieren mostrarse en su dimensión, en el reflejo.


Edificios frente al Museo Reina Sofia

Nos acercamos al Museo Reina Sofía. Como un fantasma su fachada se refleja en los cristales de los modernos ascensores. Un edificio del pasado que era un hospital y donde los cadáveres de las personas fallecidas en extrañas circunstancias iban a ser diseccionados por los forenses para descubrir las causas del óbito.
Dicen que de noche en estas cristaleras se ven ánimas que discurren fantasmales por las vidrieras. ¿Será el reflejo del edificio un fantasma de su antiguo uso? No lo sé, pero podría ser.

Paseo de la Castellana

Entramos en el Madrid moderno, ese Madrid que sustituyó los palacetes de la Castellana por modernos edificios de vidrio y hormigón que han configurado una nueva visión cuando se pasea. Ahora a un lado y otro del Paseo de la Castellana, enormes moles de cristal se elevan al cielo dejando un perfil distinto de la ciudad de hace unos años.
No hace falta pasar de un lado al otro para ver los distintos paisajes urbanos sino que mirando a las vidrieras puedes contemplar otros edificios modernos o antiguos. Eso si deformados por la visión de otra esfera, de un mundo que podemos llamar la cuarta dimensión urbana. El más allá de la otra ciudad que se mueve en la esfera del reflejo y que va cambiando a tus ojos según tus pasos caminan en una u otra dirección.
Cuando el Paseo de la Castellana llega a las proximidades de Chamartín, la meca del fútbol madrileño ofrece también su versión de una vista de los alrededores deformados por las ganas que tienen estos de ver jugar a los merengues.

Estadio Santiago Bernabéu

Ventanas descompuestas, barandillas retorcidas y vidrios que reflejados reflejan a su vez el mundo que ellos perciben; parece como si el dolor se mostrase en todo su apogeo en esa estructura que deformada por los vidrios del Estadio Santiago Bernabéu.
Hasta un cartel que podéis ver en lo alto de la vidriera parece estar corriendo por la cumbrera festejando un gol del equipo blanco ¿Realidad o ficción? Quizás algo de las dos cosas, quizás solo la primera o solo la segunda. Pero lo que está claro es que esa cuarta dimensión está ahí, y de alguna forma se deja ver enseñándonos su hábitat.

Nada más por hoy. Espero que no os haya parecido demasiado loco con mis palabras. O quizás si; quien sabe donde está la locura y su reflejo, que no es otro que la cordura.
Sed felices, que esto no tiene ningún reflejo.
Antonio

jueves, 26 de junio de 2014

El saltamontes Paco, mi amigo.

Hoy os voy a contar mi encuentro con el saltamontes Paco.

 
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 Paco, me mira curioso en la distancia.


Ante todo quiero deciros que le he puesto este nombre debido a una canción que se le canta en casa al nieto y que los alumnos entre 4 y 6 años de mi mujer han cantado como final de curso. Y yo al día siguiente me encontré con él.


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Tranquilo clava sus ojos en mis movimientos.

Paco es un hermoso y colorido saltamontes que habita en las praderas de altas hierbas que se forman en las orillas del pantano de La Jarosa en las tierras altas de Guadarrama.


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Sus alas realizan movimientos casi vibratorios


A Paco lo vi en la distancia, agarrado al tallo de una alta hierba. Destacaba por sus colores rosados y grises contra el fondo verde y parecía estar observándome. Le hice una foto a cierta distancia y me fui acercando poco a poco.
 
Paco, no siguió la letra de la canción y permaneció quieto observándome. Me eche al suelo y me acerque todo lo que creí prudente en un primer momento. Sus “pupilas”, esas pequeñas manchas negras dentro de sus ojos compuestos, seguían mis movimientos. Seguí acercándome y Paco seguía observándome. Pensé que en cualquier momento saltaría, como dice la canción, y me dejaría allí haciendo el ridículo con el ojo en el ocular de la cámara y sin nada que fotografiar.

 
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Su mano derecha comienza a desplazarse.

Pero no fue así.
Paco se mostraba tranquilo, dueño de la situación diría yo, y empecé a disparar foto tras foto, cuando de repente Paco empezó a mover sus alas como si quisiese conquistar a alguien enseñando su belleza.


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Cada vez esta mas inclinado hacia fuera.

Saque los ojos de la cámara y mire con cuidado a su alrededor. No había ningún saltamontes más.
¿Por qué se mostraba Paco tan expresivo?
 
De repente caí en la cuenta, Paco estaba viendo otro saltamontes igual que él en el cristal de mi filtro ultravioleta.


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Suelta su mano derecha y acerca su cabeza hacia el objetivo.


Su interés fue tan grande por el compañero que respondía a todos sus movientes, que en un momento determinado se soltó de la rama con una de sus patas y se acerco a mirar al objetivo con suma rapidez y sin darme tiempo a enfocar. Había que hacer la foto sobre la marcha, saliese como saliese.


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Mira el reflejo en el vidrio, tranquilo.


 
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Parece comprender que es él mismo.

Dos o tres fotos le hice en esa posición y luego al mover un poco la cámara el embrujo desapareció y el saltamontes Paco volvió con sus patas al tallo de la hierba y miraba aun interesadísimo el reflejo en el filtro.
Pero no dio un enorme salto y se marcho. No, se quedo ahí mirándome, como diciéndome que era mi amigo e incluso cuando me levante permaneció en su tallo tan tranquilo.


 
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Me separo de Paco. Se queda mirandome tranquilamente

No es la primera vez que noto que un saltamontes se ve reflejado y hace cosas de marcar el territorio o conquistar a la guapa que se le pone delante, pero nunca los había visto acercarse al objetivo como lo hizo Paco.
Nada más por hoy. Sed felices.
Antonio

sábado, 29 de marzo de 2014

Mis fotos en la tertulia Este Oeste I.- Por la observación... al conocimiento.

Hace unos días, se me invito a que en la tertulia que celebramos todos los martes en Este- Oeste en la calle Malasaña dirigida por Justo Sotelo, a realizar una exposición de una selección de mis fotos, cosa que expuse de sumo gusto, algo angustiado pensando si las fotos y las palabras serian las oportunas.
Personalmente salí con muy buen sabor de boca y creo que los contertulios también, por lo menos eso espero.
Os voy a ir colocando las fotos en el mismo orden que las puse ese día y con pequeños comentarios parecidos a los de aquella tarde.
Dejemos de dar vueltas y comencemos:
Mis primeras fotos que conservo con ocho y nueve años.
 
 
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Mis dos primeras fotos
 
Mi abuelo Antonio, me enseño con un pequeño globo terráqueo porque se producían los días y las noches. Me enseñaba la diferencia entre la luz y la oscuridad. Por las noches, en verano, me subía a la terraza de la masía y con los prismáticos me ayudo a conocer la luz del cielo, a observar las constelaciones y las fases de la luna…. De aquello hace muchos, muchísimos años, pero creo que gracias a aquellas lecciones aprendí a observar y con la observación a conocer.
 
Expuse en la tertulia tres temas y esta foto que viene a continuación representa a cada uno de ellos.
 
 
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1.-Reflejos en fachadas de Madrid, ventanas, escaparates, etc.
2.- Flores y semillas.
y 3.- Insectos y arácnidos
 
Y desde las palabras de mi abuelo y con la observación de la pelea entre  araña y  avispas el titulo de la presentación:
 
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1.- Reflejos de Madrid.-
 
Al salir de compras, fantástico entretenimientos a que a muchos gusta y que yo no aguanto, me di cuenta que al mirar los escaparates se podían ver mundos paralelos al nuestro, iguales pero completamente distintos, alcanzables con la vista pero inalcanzables para el resto de los sentidos.
 
 
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En la foto el escaparate de una pastelería de la Puerta del Sol, La Mallorquina, y en el interior de ella botellas, letreros, roscones y ¿Edificios? ¿Personas?
Pues un día a partir de una imagen parecida comencé a fotografiar los reflejos que veía en cualquier lugar de Madrid.
 
 
 
1a El ojo del ciclope DSC_6271xr1
El ojo del cíclope que no es más que el peto de una terraza reflejado en una ventana cuyo cristal deforma.
 
 
 
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¿El jardín es real o es un reflejo?
 
 
 
3 Abstraccion  DSC_6740r
Una abstracción en una ventana en sombra del Ministerio de Sanidad que refleja la fachada iluminada.
 
 
 
 
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Después de un partido perdido por el Madrid los vidrios encima de las taquillas reflejan el edificio de enfrente totalmente deformado, temblando.
 
 
 
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Viene la tormenta. Un centro comercial de la calle Serrano refleja el otro lado del Paseo de la Castellana, se ve el edificio de la Mutua a la derecha, y si os fijáis, se ven las nubes de una tormenta que se estaba formando y que cayó poco después.
 
 
 
6Edificio con cosquillas DSC_6502x1
A este reflejo le llamo la cortina o el visillo, plisado. Es un edificio neoclásico que se refleja en la vidriera de un moderno edificio en la calle Martínez Campos.
 
 
 
7 reflejo teatro zarzuela  EN EL DEPOSITO DE UNA MOTO DSC_0018x1
En el faro de una moto, en el manillar y hasta en el cuenta kilómetros se refleja la fachada del Teatro de la Zarzuela y una de las pocas fotos de reflejos en la que aparezco yo en otra dimensión.
 
 
 
8 castellana abascal EL PERRO CALLEJERO REFLEJO DSC_6512
Y como ultimo reflejo, el perro con casco. Reflejo que se da en un edificio y solo se ve desde un punto muy pequeño.
 
 
2.- Las flores.-
 
 
El corazón de un girasol.
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Si os fijáis en la naturaleza en muchos lugares se da el número áureo en las proporciones que forman flores, semillas, cristales minerales etc. Y además las simetrías son increíbles en las plantas. Fijaros en este girasol, que son muchas flores en una sola flor, como gira alrededor de su centro y de los ejes de coordenadas y sus tonos van creciendo desde el verde interior a los tonos más tostados del exterior.
 
 
 
 
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Una rama de flores de un melocotonero amarillo de agosto.
 
 
 
 
B3 Hydrangea_DSC3760
La Hydrangea es una curiosa planta de los Estados Unidos de América que produce esa especie de flor fruto donde están sus semillas que una vez que caen los pétalos se quedan, como se ve, en la planta hasta que llega la época de caer al suelo al año siguiente.
 
 
 
B4 ciruelo_DSC3819
Como no iba a poner las flores de un ciruelo.
 
 
 
B6 el girasol DSC_3386x
Este girasol me ha hecho pensar mucho. Para mi representa al individuo solo en la sociedad. Este solo dentro del conjunto, pero solo él está enfocado. Soledad, la soledad del hombre moderno ante el cada vez más técnico mundo, menos humano. ¿Lo veis así?
 
 
 
B7 Nicandra Physalodes_DSC3767Xr
Una flor de plata, una planta de plata.
Cuando la planta es joven desarrolla unas grandes hojas en un matorral bajo del que salen unas varillas plateadas que tienen la misión de tener sus frutos altos, lejos de suelo, al sol. Parece de argenta, y en vez de llamarse Nicandra Physalodes, debería llamarse Nicandra argenta.
Fotografía de la que estoy muy contento y que el Real Jardín Botánico de Madrid me publico en su página.
 
 
 
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Una rosa, como casi todas las rosas modernas, un híbrido de Te. Las rosas son originarias de China y primas hermanas de las zarzas que son los rosales naturales.
 
 
 
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Esta foto “Dos huevos fritos”, dos margaritas fotografiadas una primavera ya alta. Realmente, con un buen acompañamiento, se podrían comer.
 
Y por ultimo unas dalias de nombre Stolze von Berlín. Las dalias son originarias de México. De allí llegaron al Real Jardín Botánico y este se encargo de repartirlas a otros jardines botánicos europeos y desde ellos a los criaderos particulares de donde han salido infinidad de híbridos de las dalias originales.
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Aquí acaba esta primera parte de lo expuesto en la tertulia. Para la siguiente quedan los insectos.
Nada más por solo desearos felicidad.
Antonio