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lunes, 22 de agosto de 2016

Los primeros escaramujos. Agosto 2016

Caen los últimos rayos solares en las praderas de la presa.


Los espinos y las zarzas han perdido todas sus flores y los frutos comienzan a mostrar sus formas y colores.
Las moras verdes aun, las negras no han tenido tiempo de crecer, y ls escaramujos de los rosales silvestres, los espinos, muestran colores que van del verde fuerte a los naranjas algo subidos de tono, pero aun les queda tiempo para madurar.
En algunos de ellos aun se ven los estambres de las flores que les dieron la vida, como ellos la darán ahora si las condiciones de otoño e invierno se lo permiten.
Es un cambio, es el momento de recoger los frutos y prepararse para los tiempos fríos que ya no están tan lejos. De algún modo el sol cada día reduce su jornada de trabajo en minutos y desde aquel día más largo de junio casi ha reducido dos horas por las tardes.
Os dejo las foto de una tarde cuando el sol esta a punto de acostarse tras las cimas del Sistema Central. Ponerle vosotros a cada foto su titulo o vuestro sentimiento, yo lo hice mientras fotografiaba cada uno de los escaramujos.



















Sed felices

Antonio

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Otra vez los escaramujos o tapaculos: llega el otoño.-

Estoy paseando en solitario por las orillas del pantano, porque quien conmigo debía estar, no está.

Rosal silvestre y las aguas de La Jarosa detrás.
 
Pero es cierto que me gusta la soledad del campo que ayuda a recordar, imaginar, amar en solitario, observar, investigar y fotografiar, sin interrupciones, sin contextos no apropiados para el momento.

Escaramujo en el que se pueden apreciar aun los restos de los estambres de la flor.

También es cierto que cuando el paseo se hace en buena compañía, otra clase de paseo, también resulta tan fantástico como este.
Llegan los primeros avisos del cambio de estación, que quiere abrirse camino a través de los últimos días del verano, con el primer temporal en las costas y lluvias generalizadas en la Península. Pero es solo un ensayo de lo que a partir de ahora la naturaleza nos prepara, justo, cuando el sol está a punto de llegar al equinoccio de otoño.
La naturaleza viene preparándose para ello desde hace ya unas fechas.

Las gramíneas y cañizos practicamente secos en las últimas luces del día.

Las flores han dejado paso a los frutos la mayoría ya maduros , algunas malvas crecen desesperadas entre las hierbas secas, y los colores múltiples de las flores quedan relegados a tonos más fuertes que van desde los rojos de los escaramujos a los intensos negros de las moras.

Las malvas entre los pastos secos.


Los frutos de las zarzas, las moras, dan colorido y sabor al paisaje.

Los espinos, que vemos por los campos, que no son otra cosa que rosales silvestres, normalmente productores de la rosa mosqueta, han dejado caer de sus flores los pétalos y a cambio nos ofrecen el color mucho más fuerte de sus frutos, los escaramujos, los cuales se conocen en muchos lugares de la geografía española como tapaculos.


Una rosa mosqueta con sus cinco petalos.

Las flores del rosal silvestre, tienen cinco pétalos y sus colores pueden variar del blanco al rosa suave o rosado, como la foto que veis aquí encima. Florecen una vez al año, no como muchos rosales cultivados que dan flores constantemente, y de esas flores salen, una vez polinizadas, los maravillosos escaramujos.


Durante muchos meses los tapaculos estarán ahí vistiendo de colores rojos y naranjas el bosque y las praderas donde nacen estos maravillosos rosales de tallo fino y espinas punzantes.
Cae la tarde de un día del mes de septiembre. El sol ya muy bajo proyecta tonos cálidos en los prados guadarrameños cercanos a la presa de la Jarosa. Pequeños prados entre el bosque de pinos y las aguas del pantano.
Cañizos, zarzas, rosales silvestres y árboles de ribera se disputan un lugar donde aposentarse y le dan al paisaje un bello contraste entre ellos, los pinares y las altas montañas que les rodean.

Rosal silvestre en medio de la pradera.

Y en mitad de la pradera nuestro rosal silvestre, el rosal de todos los años, nos muestra sus bellos escaramujos.

Los tallos finos, bien protegidos, del rosal silvestre.

El escaramujo es un fruto. Un fruto bello, pequeño, al que muchas veces ni se mira, que viene midiendo entre 1 y 2 centímetros. En su cabeza, como recuerdo que antes fue flor quedan los estambres como un recuerdo de ella.
Vistos de cerca, estos frutos, son preciosos. De uno en uno o en grupos, como fueron los ramilletes de rosas, se nos presentan a la vista luciendo todo su esplendor en estas fechas de final de verano. En su interior, madurando a lo largo de muchos meses, las semillas de un posible futuro rosal, esperando que llegue el momento que, el escaramujo, abra su interior al aire para que estas puedan salir.


Las semillas pueden o bien caer a tierra o ser comidas por distinto animales que las transportaran diversos lugares, para que con el tiempo vuelvan a deleitarnos con sus hermosos colores de primavera verano. 


Cae la tarde en un rápido ocaso que obliga de alguna forma a volver a casa. 


Los rosales silvestres quedaran para el año que viene. Pero sus esqueletos, altivos y fuertes, permanecerán en las praderas de La Jarosa esperando que llegue la primavera.


Por hoy, nada más. Pero cuando salgáis al campo y veáis un espino con flores blancas o rosadas y cinco pétalos, recordad que estáis ante un rosal silvestre.
Sed felices.
Antonio

(Las fotografías son de septiembre de 2015)

lunes, 1 de junio de 2015

Los rosales silvestres.

Ayer anduve por algunos parajes de la zona de Guadarrama.

El campo está en ese momento fantástico, entre los rigores del invierno y del verano y aun, cuando ya empieza a amarillear, la lozanía de los verdes y los infinitos colores de las flores, lo hacen apetecible.

Siete Picos en el centro de la imagen. Los rosales en flor.

Desde la Jarosa, al fondo la fila de montañas que forman el Sistema Central en la Sierra del Guadarrama se presentan sublimes, azules, con Siete Picos justo detrás de unos álamos y unos rosales silvestres llenos de flores.


Típica colocacion de las rosas en un rosal silvestre.

  Cuando se pasea por nuestros campos y montes es posible encontrar dos especies que se parecen mucho, pero que son completamente distintas; os hablo de las zarzas y de los rosales silvestres.



Flores rosadas y con cinco pétalos.

Las primeras dan unos frutos redondeados, formados por multitud de drupas que se reúnen en una esfera que cambia de color a lo largo de su proceso de maduración, pasando desde el verde al negro oscuro.


Escaramujos de un rosal silvestre. No se parece en nada a una mora de la zarza,

Los rosales silvestres, tienen un fruto que se denomina escaramujo, si bien popularmente se denomina tapaculo, con una fuerte coraza externa y muy rico en vitamina C.


 Cuatro o cinco flores pueden nacer en el mismo ramillete, pero es más común una sola.


Extrañas flores con solo cuatro pétalos. Curioso.

Los rosales silvestres, rosales caninos, son unos arbustos de unos dos metros de altura que al igual que las zarzas se van extendiendo horizontalmente. Durante los meses de mayo a junio inundan el paisaje de colores blancos y sonrosados que destacan y contrastan con las especies arbustivas de su alrededor. 


Una sola flor, por norma general lo mas normal.

Las flores, de cinco pétalos, presentan colores que van del blanco al rosado intenso y pueden agruparse en tres o cuatro o bien aparecer solas y aisladas en el rosal.
Se denominan rosales caninos, por la forma que tienen sus espinas, muy parecidas a los colmillos de los perros.
En los rosales silvestres podemos encontrar una fauna que vive alrededor de ellos muy interesante que van desde las lagartijas a insectos y arácnidos que viven en ellos y de ellos.

 Uno de los habitantes en los rosales silvestres. En este caso un macho de Araniella.


Son multitud de escarabajos pequeños los que vivien en los rosales silvestres.

Arañas como la Araniella curcubitina, que toma los colores de la planta para pasar desapercibida, caza bajo sus hojas, moscas como las Asilidae esperan a sus presas tomando el sol etc.


Una flor no abierta aun del todo.

Los nombres que reciben los rosales silvestres cambian de un lugar a otro, pero destacamos entre ellos los siguientes: escambrujo, agavanzo, zarzaperruna, alcaracache, rosal de culebra, etc.


Nada más por hoy.
Sed felices

Antonio

viernes, 19 de septiembre de 2014

Cuando los matorrales se convierten en flor.-

Cuando tenía 18 años, casi no me acuerdo, sé que me fijaba en el entorno que me rodeaba, pero sin buscar la esencia ultima de todo el conjunto de cosas que allí estaban.
Con el paso de los años, mi cabeza ha ido adentrándose en un mundo de detalle que, si bien en su mayoría desconocido, muestra el todo y la unidad.
Quisiera saber expresar sensaciones y sentimientos como lo hacen los amigos escritores, pero ni mi educación ni mi estilo de vida me han conducido a ello; pero eso sí, creo que soy capaz de trasmitir ciertas emociones acompañando estos escritos con mis fotos.
Estas qué vais a ver a continuación, son la muestra de que una planta cuando busca su estado de hibernación puede llegar a convertirse en un maravilloso muestrario de colores y formas.
Son una de las maravillas de la naturaleza cuando echa a sus plantas a dormir. Convierte al productor de las más hermosas flores en una flor, él en sí mismo se hace flor y nos hace verle como tal. Las hojas dejan de serlo para convertirse en los pétalos de la planta. Y los frutos parecen flores, como estos escaramujos del rosal.
¿No os lo creéis? No esperéis a dejar pasar el tiempo y averiguarlo. No hace falta que sea un rosal, cualquier planta caduca vale de ejemplo. Y si no ¿No veis los campos en otoño?
No mas palabras, creo que no hacen falta para este rosal Carolina qué vais a ver.


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Buen día. Sed felices
Antonio

martes, 28 de enero de 2014

Buscando semillas, encontrando vida.-

Disfrutar en las épocas templadas de los colores que las flores nos ofrecen es gratificante. Tonalidades y olores de todo tipo inundan el aire. En esas flores esta el germen de lo que luego será la continuación de su especie, la creación de la vida: las semillas.
 
 
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El otro día, en el Botánico madrileño disfrute mirando y encontrando semillas, o mejor dicho los envoltorios de las semillas. Los escaramujos de los rosales, plantas de huerta, pesadas y duras semillas colgando de los árboles, flores maravillosas convertidas en pelotas con pinchos de los que las semillas van descolgándose...
 
 
 
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Siempre me ha asombrado el mecanismo de reproducción final de las plantas, sobre todo las de aquellas plantas que necesitan saber el momento exacto para que la semilla comience a germinar. ¿Cómo son los procesos? ¿Qué secretos y leyes las rigen? Podéis colocar cualquier semilla en un lugar seco y cálido y esperará a que el tiempo sea húmedo para germinar.
 
 
 
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¿Habéis germinado soja en casa? Tú tienes esas bolitas metidas en un frasco y ahí están, tan tranquilas. Las pones sobre un paño húmedo y al rato comienzan a abrirse y a crecer.
 
 
 
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¿Cual es su secreto? Que llevan en ellas todos los datos en sus genes para crecer igual que sus predecesores, lo sabemos; pero a mí personalmente me sigue alucinando el mecanismo que sabe en qué momento tiene que empezar a germinar.
 
 
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Maravillosos y distintos mecanismos del mundo vegetal que personlmente me cautivan. Y cada vez que veo esas semillas pienso: eres vida, totalmente vida.
 
 
 
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Semilla y vida son sustanciales a todo lo que nos rodea. La semilla es el germen de la vida y la vida sin semillas no es nada. Encontrar la semilla es encontrar la vida en potencia. El mundo vegetal nos muestra distintos partos en cada una de ellas. Unos rápidos y fugaces y otros mas lentos , pero al fin y a la postre todos son iguales y todos traen siempre vida.
 
 
 
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No me enrollo más y os dejo con el resto de envolturas que fotografié el domingo pasado.
 
 
 
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Me estoy acordando de aquella canción de Violeta Parra que decía así: Gracias a la vida, que me ha dado tanto...
 
 
 
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O de un soneto de Francisco Garfias que comienza así:
Este de mis ensueños dulce fruto,
rama y raíz de la emoción primera...
 
 
 
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Hay un verso de Luis Rosales que cambia toalmente su significado cogido para estas semillas:
 
Ya para siempre, en soledad desnudos...
 
 
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Ya para siempre la vida llevo conmigo...
Esto ultimo es  mío
 
 
 
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Espero que os hayan gustado las fotos y el texto. Quizás me haya liado algo, pero fue una idea...
Sed felices.
Antonio