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sábado, 27 de junio de 2020

Dialogo con una rosa sin nombre

¡Que hermosa eres! Que belleza hay en tus pétalos; suavidad sublime, olores maravillosos que endulzan los sentimientos y acarician el alma de quien te respira. ¡Rosa! ¡Maravillosa rosa! ¿Cómo te llamas?



¿Que como me llamo? ¿Realmente eso te importa?
Y a ti, ignorante humano que me miras y admiras, que más te da como me llamo. A ti te debe importar la belleza que hay en mí forma, en mis colores, en mi aroma. ¿Acaso tu por tener nombre eres mejor que otro? ¿Es imprescindible tener un nombre? No te basta con ser lo que eres, quieres destacar por adornos externos; y no te das cuenta que la belleza está en la sencillez.



¡Rosa! No me juzgues mal. Así me educaron; me enseñaron a destacar y a tener en cuenta cosas como: apellido, nombre, titulo, posesiones… Vanidad al fin y al cabo. Me encanta rodearme de boato, destacar de los demás, tener un titulo nobiliario y un jardín lleno de vosotras.
Pero tu rosa, eres pretenciosa si te comparo con otras flores. Necesitas tus espacios y no te conformas con las vulgares praderas donde las florecillas de infinidad de colores tapizan los suelos.

 ¡Jaja, jaja! Humano, que inculto eres. Mis ancestros vivían en los bordes de los bosques y en mitad de las praderas, tranquilos, disfrutando del sol y del entorno, compartiéndolo con todos, incluso con vosotros. Y tuvisteis que llegar a manipularnos como si fuésemos maquinas, construidas y hechas a vuestro gusto. No os conformasteis con nuestra belleza campestre, tuvisteis que modificarnos, colorearnos, cambiar nuestras raíces y transformarnos. ¿Y dices que soy pretenciosa?


                                              
    
¡Obsérvame; mírame!  ¿Cuantas rosas distintas ves a tu alrededor? Somos todas iguales, pero tus ojos necesitan ponernos nombres porque sois incapaces de llamarnos a todas “bella rosa, preciosa rosa o rosa a secas.”

Pero rosa, ponerte un nombre es para distinguirte de tus parientes cercanos, para poder venderte con títulos nobiliarios que te identifiquen, para que el público te compre y disfrute de ti. Engalanaras así floreros, ramos, parterres y jardines, como el de Josefina, la mujer de Napoleón que se gastó fortunas en acondicionar con vosotras los alrededores de su mansión en los alrededores de París.


Sigues sin entender, humano. Sigues sin comprender que a mí me da igual que tu seas un rey o un vasallo; que a nosotras las rosas nos importáis por lo que lleváis en vuestro interior, no por vuestros títulos. ¿Acaso por el mero hecho de ser pobre no puedes mirarme? ¿O por ser rico puedes destruirme? 
Humano, aprende. La belleza está en el interior, lo de fuera es pasajero, como mis pétalos que caen a los pocos días para cubrir los suelos. ¡Estúpido! No ves que pasa el tiempo y mueres sin darte cuenta que la belleza es interna y que todo lo que te recubre no es mas que otro experimento, otro intento de hacerte distinto de los orígenes.



Piensa, humano, medita mis palabras y si quieres ponerme nombre a mí me da igual, porque mis hermanas y yo seremos para nosotras siempre rosas, sin mas. Tú, puedes ponerte todos los títulos que quieras y que envuelvan como un disfraz tu vanidad, yo seré una rosa, una rosa bella, pero solo una rosa.
Y mientras meditas, querido humano, intenta vivir y ser feliz.
Una rosa sin nombre.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Detrás de la tapia: recuerdos y tiempo perdido (filosofía de albañil)



Paso por delante de la tapia como tantas veces en el pasado. La casa de al lado sigue igual, siempre pulcra y blanca. Por sus fachadas no corre el tiempo.
La tapia es como un muro que separa los recuerdos de un presente real y efímero. Tras ella, un montón de vivencias olvidadas que vuelven a resurgir cada vez que traspaso la puerta.


Recuerdos, muertos como el tiempo mismo en que se vivieron, pero rescoldo de todo un comportamiento pasado, presente y seguramente futuro.
Traspaso la puerta y en cada rincón llega un momento distinto.
El jardín, siendo el mismo, es ya otro diferente al de aquellos recuerdos.


Veo las pilastras envejecidas y me doy cuenta que yo estoy envejeciendo con ellas. Al mirarlas comprendo que igual que se han inclinado ellas, yo me estoy curvando y me asomo a los recuerdos también doblados.


¿De qué sirve tanto recuerdo? ¿No sería mejor buscar en el incierto futuro?
Los recuerdos se nos aferran de tal manera que coaccionan nuestro presente. Si coaccionan ese presente que ya es recuerdo. No nos permiten realizar nuestra vida. Estamos sometidos a ellos. 


Nos perdemos en ellos sin darnos cuenta del presente. Olvidamos el mismo instante perdido y lo seguimos recordando. ¿Por qué?


Amarrados a creencias que vienen de lejanas tradiciones, de parientes que a su vez heredaron recuerdos de sus mayores,  de viejos momentos que vamos distorsionando, rehechos a nuestro querer interpretarlos, somos incapaces de mirar hacia adelante, de dejarnos llevar por el deseo y la imaginación. Desperdiciamos el presente jugando a ser niños buenos, incapaces de tomarse en serio ese instante que pasa continuamente; somos incapaces de soltarnos de ellos y de las tradiciones. 


Nos aferramos a vivir en la seguridad de un presente falso, que se convierte continuamente en pretérito, muchas veces imperfecto.
Tan amarrados estamos a los recuerdos, las tradiciones, los consejos, las leyes y las obligaciones que somos incapaces de reaccionar, de liberarnos de sus lastres y dar rienda suelta a la vida. Somos incapaces de pecar. Porque la vida debe ser un imperativo presente y futuro: no se puede decir "vivimos", si no "sobre todo hay que vivir, hay que disfrutar". En la vida a veces hay que pecar sin tener que arrepentirse.


Lógicamente no todo recuerdo es un lastre. Tenemos que abrir la puerta de la tapia y saber aprovecharnos de aquellos recuerdos que nos son beneficiosos, pero sin dejarse llevar por la contemplación y el bienestar de algo ya muerto, inexistente para la mayoría que nos rodea. Hay que ser valientes y enfrentarnos al presente-futuro rompiendo muchas veces con ellos y dando rienda suelta a los nuevos sueños que seamos capaces de imaginar, aunque para ello haya que romper moldes encerrados por la sociedad en una caja fuerte que inmoviliza todo. A veces hay que ser valiente y romper esa caja: cuando eso se produce se dan cambios en la forma de pensar, la sociedad evoluciona y cada uno de nosotros también.


Bajo las hojas de las acacias y los rosales, todas ya amarillas por la vejez del año, me vienen y dejo durante unos instantes que circulen por mi aquellos momentos que ya no volverá a ser nunca mas, y barajo pensamiento y deseo, mezclandolos con los deseos que mañana no podré hacer realidad.
Cuantos momentos dejamos pasar pensando en el pasado. Cuantos deseos quedan sin realizarse porque somos incapaces de despegarnos de las tradiciones y las creencias. Y mientras tanto, el tiempo pasa. El futuro se hace presente a cada instante y es pasado perdido. Y el tiempo se va agotando poco a poco;  o muy rápido, demasiado.
Miro el pozo. Cierro la puerta de mi mente y quedan ahogados en él todos esos recuerdos que no me dejan fluir hacia mi futuro. Y aunque sé que ahora es ayer y que mañana es solo una ilusión ¿Por qué no recordar los posibles recuerdos de mañana antes de que sea ayer?


Recuerdos que me atan, no me sirven. Recuerdos que cierran mi vida en un pasado en el que no he sido feliz, solo me valen para no tener la valentía de enfrentarme con un presente futuro que pasa veloz.
¡Está bello el jardín! No es el mismo que hace muchos años conocí. No quiero que sea igual. Pero cada rincón me trae un recuerdo.
Miro de nuevo al pozo, vierto en el mis malos recuerdos, salgo a la calle y cierro la puerta.


¡Quizá mañana sea feliz! Mañana ya ha pasado…
Sed felices.
Antonio

viernes, 28 de abril de 2017

Divagando entre rosas


El jardín esta en silencio. Hay un silencio absoluto, casi un silencio muerto.
Estoy solo, como casi siempre, pero no me disgusta.
Si disfrutaría quizá más si estuviese en compañía, pero no es el caso. Por lo tanto a disfrutar en la soledad, mientas contemplo las bellezas que el rosal me ofrece.


Me fijo en él. Me fijo en sus flores. Y es curioso pero me llaman más la atención las flores maduras que los capullos formándose.
En el capullo se refleja la inexperiencia, una belleza latente, pequeña, con ansias de grandeza.
Pero no es aun nada.


Los ojos solo me permiten dedicarles unos segundos, los justos para una foto o dos.
Contemplo las roas ya formadas. Me doy cuenta que son mucho más bonitas; hay experiencia en ellas; hay ganas de vivir, de contagiar el aire con sus colores y sus perfumes.
Redondeadas, rosas, rojas, blancas, amarillentas, todas preciosas.


El silencio sigue.
La soledad también.
Una rosa méllame la atención. Luego unas cuantas mas. Parecen decirme algo; escucho, silencio absoluto.
Me pregunto ¿Por qué tanta belleza para solo un instante de visión?
Allí están las rosas, aquí estoy yo mirándolas. Ellas me perciben, saben que me tienen completamente conquistado. Son maduras y bellas.


Algunos pétalos demuestran la proximidad de un fin que esparcirá los pétalos por la parcela.
Belleza hasta el final. Armonía de color. Muerte silenciosa sin el mas mínimo quejido. Y con su muerte llegar la simiente de una nueva generación. Madurez, saber hacer.


Sigo solo, no me importa. El silencio me agrada. La tarde corre.
Rosa-Rosae, primera declinación, tercero de bachillerato en Gerona.
Frente al colegio, la casa de la bruja llena de rosales.  No recuerdo a la bruja que nos cobraba diez céntimos por cada balón que caía en su casa, pero sí recuerdo y veo aun aquellos maravillosos rosales.


Los rosales me llevan a mi niñez o a mi entrada brusca en la pubertad.
Recuerdo tantas coas de aquel tiempo al observar las roas que lago tienen que ver con mi memoria.
Quizá sean ellas la memoria; quizás sean las neuronas que activan mis recuerdos.


Sigue el silencio a mi alrededor, solo roto por la máquina de fotografiar. Me gusta sentir el ruido del espejo en cada foto, y disparo, disparo… pero no mato, al contrario conservo la belleza de las rosas que me están haciendo compañía.


Caigo de repente en la cuenta quelas rosas me están diciendo que su belleza depende de su experiencia. Han crecido, se han formado y están dando la vida al fruto que viene tras de ellas.


Y pienso y comparo. Cada vez lo tengo más claro; en la madurez hay  belleza fruto del conocimiento, de la experiencia, de la labor realizada.
Algunos pétalos caen volando por el jardín. El césped comienza a teñirse como si de un tablero de ajedrez se tratase.


Miro el rosal. Allí en lo alto esta la rosa medio rosa y medio escaramujo.
Bajo el rosal sigo solo y en silencio.
Me doy cuenta de mi soledad. Me admiro de  la belleza.
Divago, pienso, recuerdo; quisiera tal vez en este momento una caricia, pero…


Admiro por ultimo a las rosas.
Me fijo en una roja dispuesta ya casi a cubrir de sangre el césped.
La fotografió; me viene  l mente de nuevo Gerona y mis once años; la bruja. El rosal de la bruja.
No me importa volver a mi pasado, no, siempre que sea contemplando la belleza madura de una rosa o de una mujer.
Me encantaría que esa mujer fueras tu.


Sed felices… con mirar a una rosa se consigue.

Antonio 

viernes, 27 de mayo de 2016

¿Solo rosas? Si, solo rosas, lo demás no importa.

Si, otra vez rosas, infinidad de rosas que parecen cubrir hasta donde la vista alcanza abrigadas por unas murallas de altos pinos por doquier se mire. Es un día gris, de una luz monótona, mortecina, que diría un viejo conocido, que no produce sombras, que aplana todo aquello que está a su alcance, pero que a la vez consigue dar el color real de las cosas, ni le añade ni les quita.

Panorámica de una pequeña porción de la Rosaleda de Madrid (Parque del Oeste)

Es un día gris, si, como tantos otros que discurren en silencio en otros muchos lugares. La gente huele las rosas, las mira, las comentan, pero son incapaces de intercambiar una palabra contigo, una mirada; me recuerdan a Soledad.

Boticelli 

El guarda de seguridad de la rosaleda da vueltas alrededor de las roas como queriendo impedir que se escape ninguna. ¿Querrán las rosas salir corriendo al centro de Madrid? No, seguro que no, pero el agente sigue dando vueltas durante todo el tiempo a cada uno de los cuarteles que recogen los rosales.
Una mujer, debió ser muy guapa, ya mayor va oliendo las rosas de cada clase. Su cara es un poema que indica que rosa a satisfecho su olfato y cual no. Una sonrisa llena de arrugas recorre su cara cada vez que el perfume de la flor le agrada. Y lleva sonriendo en tres rosas seguidas; todas son de la misma clase.

Doris Tysterman

Unos niños, con sus abuelos franceses, se meten dentro de una de esas jaulas para que los rosales trepadores hagan su cometido. Los abuelos les hacen fotos dentro como si de tres monos se tratase. Los niños, agarrado con sus manos a los hierros de cárcel, parecen esos pobres y tristes orangutanes de los zoológicos. Y el guardia de seguridad sigue vigilando a las rosas y pasa de los niños de la jaula.

4 M.T. 87441

Me fijo en los nombres de las rosas. De hecho lo que realmente hago es fotografiar el nombre antes que a las rosas; es la única forma para luego saber de qué rosa estás hablando. Los nombres son algunos de personajes elevados casi al Olimpo de los dioses: Leonardo da Vinci, Boticelli, Mathias Meilland… otros en cambio parecen sencillas formulas matemáticas como M.T. 87441. Quizás en ese nombre haya un mensaje secreto que quiere decir “Te quiero” en lenguaje cifrado, quien sabe.

 Vanity

Otras en cambio, con una belleza explosiva, delicadas, tienen nombres que no le van a una rosa como Vanity, Revolución francesa o Iceberg. Como se le puede poner a la flor más preciada para reflejar el amor un nombre como Revolución francesa. Claro que pensándolo bien a ella también le cortaran quizás el tallo para meterla en un florero, pero…

Revolución francesa

No he encontrado ninguna que se llamase Soledad. Y en cambio la rosaleda está llena de personas que llevan escrito en sus ojos, en sus arrugas esa palabra. Gente que pasea sola alrededor de ese arco iris maravilloso de colores que dice mucho, pero que no habla. La soledad está, Soledad, en la arruga de la señora mayor guapa que no sabe a quién decirle lo maravilloso que es el perfume de la rosa que acaba de oler; y en el guarda que camina mirando sin ver a su alrededor.

Leonardo da Vinci

Están grande la rosaleda que de un extremo a otro pierdes la visión de las personas que están al otro lado. Pero eso que importa, si en el fondo, ni unos ni otros hacemos nada por conocernos; fijamos nuestra vista en los hermosos pétalos y nos olvidamos de unos preciosos ojos que necesitan de una mirada, o una nariz que necesita un oído en quien confiar sus agradables sensaciones. La rosaleda esta callada, silenciosa, y cuando pasa un grupo de personas a tu lado que parecen no ver las flores, escuchas frases de conquistas montañosas de antaño, olvidándose que es el momento de conquistar el sembrado de rosas.

Iceberg

Y yo, el que escribe estas palabras, mi querida y olvidada Soledad, soy el primero que ni miro a la señora de los perfumes, ni al niño dentro de la jaula, ni a los abuelos franceses, ni siquiera al guarda de seguridad… ¿Y miro a las roas? Ya no sé si miro a las rosas o son los objetivos de mi cámara los que lo hacen, mientras yo junto a un rosal, te miro a ti Soledad, si, te miro en la distancia de la soledad del pensamiento.

Mathias Meilland

Solo rosas, exclusivamente rosas, Soledad. Si solo rosas, lo demás no importa.
--o0o--

Boticelli 


Sed felices.

Antonio

domingo, 22 de mayo de 2016

Una docena de rosas para ti.-

Hoy he decidido regalarte una docena de rosas, creo que bonitas, como tú te las mereces. Si, tu, la que me estás leyendo ahora o tu, hombre también, que sabrás apreciar la belleza que irradian.
Dan igual sus colores y sus formas. Da igual, desde la distancia, si huelen o no, lo que importa es su belleza, belleza en ella misma.
Y te las ofrezco a ti porque de vez en cuando me acompañas, como lo hacía Soledad, hasta que un día por aquellos azares del destino desapareció de este mundo de pantallas y teclas.
Porque al fin y al cabo, todos nosotros vivimos en un mundo de fantasía en el que el contacto material solo se produce en función de la necesidad que tengas en abrir una aplicación.
Y sí, estoy enamorado de ti, y de ti y también de ti; y de Soledad. Y que mejor regalo que unas preciosas rosas, una docena de rosas en exclusiva para ti.
En el silencio de la noche, cuando la casa se queda dormida y solo el monótono ruido del ventilador del ordenador suena acompañando a sus teclas, puedo escribir sin ser interrumpido. Un silencio en compañía. Entonces puedo pensar en ti, y en ti, y ofrecerte electrónicamente un algo mío que compartir en tu compañía y en la soledad del ordenador, como con Soledad.
Y hoy, en esa soledad, en ese monótono zumbido que llevará mis palabras hasta ti, he querido dedicarte esta docena de rosas que mi maquina fotografió ayer.
Para restarle la monotonía de foto tras fotos hasta conseguir el ritmo, he decidido colocar sus nombres debajo de ellas. Nombres que un cultivador de rosas le puso a cada una de ellas también para ti.
Y ya nada mas. Soledad también para ti en la distancia del olvido, se que a cualquiera de esos “TI” no le importara compartir contigo esta docena de rosas.


 BAR 7619



DELviras 



 ADAfualo



 Adolf Horstmann



  Masquer



 Grand Hotel



 DELcaros



 ADAsufora



 Priscila Burton



Ingrid Bergman 



 Minerva


FEmini 

Se feliz.

Antonio
P.D. Todas estas rosas se fotografiaron el 20 de mayo en la Rosaleda de Madrid, sita en el Parque del Oeste.