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viernes, 23 de septiembre de 2016

Un paseo pre otoñal.

Oficialmente ayer comenzó el otoño 2016; el hombre ajusta a sus necesidades aquellos conceptos de la Naturaleza que le interesan, intentando someter a esta a sus caprichos.
La Naturaleza se rige por un reloj completamente distinto al nuestro: para ella el otoño empezará cuando le dé la gana, este el sol un poco más bajo o alto en el horizonte.


Pero es cierto que por estas fechas comienzan a verse colores en mi querida comunidad que anuncias que pronto las hojas comenzaran a caer desmesuradamente, que los verdes dejaran paso a los ocres y amarillos y las tierras se pondrán verdes de nuevo. Pero eso sí, cuando madre Naturaleza decida que ha llegado el momento.
Todas las fotos que vais a ver son del mismo día: 17 de septiembre de 2016.


Moras, rojas y negras, sobre fondos amarillentos de fresnos y endrinales que avanzan el otoño.


Rosales silvestres que derrochan sus últimas fuerzas en sacar los escaramujos adelante mientras en sus hojas comienza a notarse un cambio que se aproxima lentamente.


Los musgos comienzan de nuevo a verdear en las vallas de granito, después que pasaran las tormentas, como queriendo envolver a las piedras y abrigarlas.


Un roble, no sé si cansado de tanto calor o quizás seco, muestras sus hojas en una sinfonía de colores que asusta a la máquina de fotografiar.


Y el espino ha dejado este mundo debido quizá a la insensatez de un paisano que no ha sabido admirar su belleza. El año que viene no será.




Contraste de vida y muerte, de fin y de principio en una misma foto: el escaramujo es el porvenir, las hojas son ya pasado.


Un endrino. Un endrino que ha perdido sus frutos. Solo le queda el alimento de las últimas hojas: está recogiendo su savia para pasar el invierno. Seguramente demasiado pronto.


¿Por qué tan pronto quieres irte a dormir? árbol. Quizás el concepto de tu vida es completamente distinto al mío. Para ti solo existen tres épocas de vida, la cuarta, el invierno, duermes como un bendito bajo los hielos. ¡Que sueño mas largo!


La naturaleza también tiene sus líos, más de los que nos pensamos. La zarza lucha por mantener su hábitat despejado, pero otras plantas no temen a sus espinas y luchan, entre ramas puntiagudas y telas metálicas, para sobrevivir.


Destaca el pequeño arbusto contra la pradera que amarillea en los campos de las dehesas guadarrameñas. Sus tonos ocres compatibilizan con los que detrás se muestran. Ahí está mi arbusto luchando por salir adelante.


Moras y tapaculos comparten un mismo espacio. Las moras se las rifará la gente, tanto, que no dejaran que engorden no vaya a ser que otro… En cambio, los tapaculos no los coge nadie, con lo ricas que son sus mermeladas.


La zarza que está a la sombra de los grandes fresnos comienza antes su andadura otoñal. La mañana ha sido fresca, pero extraña tanta coloración amarillenta en las plantas. Ha llovido poco este verano y las lluvias de la Virgen y principios de septiembre no han sido fuertes. Mama Naturaleza comienza a dar muestras de cambio: parece que quiere engalanarse para ir a dormir.


Me quedo mirando el rosal silvestre. Sus escaramujos están sanos. Sus hojas comienzan a entregar a la planta todo el poder de la savia que tienen almacenada y van cambiando poco a poco de color.
Otoño llega, despacio, seco, con calor, pero va llegando. Caminito arriba y abajo deja entrever su mandato. Comienza el año a hacerse viejo, ya está muy maduro.
¿Serán mis canas presagio de un otoño que se acerca o de un invierno eterno del que no se sabe nada? Cierto, estoy ya en mi otoño, espero que el invierno tarde aun un poco.
Sed felices

Antonio 

lunes, 22 de agosto de 2016

Los primeros escaramujos. Agosto 2016

Caen los últimos rayos solares en las praderas de la presa.


Los espinos y las zarzas han perdido todas sus flores y los frutos comienzan a mostrar sus formas y colores.
Las moras verdes aun, las negras no han tenido tiempo de crecer, y ls escaramujos de los rosales silvestres, los espinos, muestran colores que van del verde fuerte a los naranjas algo subidos de tono, pero aun les queda tiempo para madurar.
En algunos de ellos aun se ven los estambres de las flores que les dieron la vida, como ellos la darán ahora si las condiciones de otoño e invierno se lo permiten.
Es un cambio, es el momento de recoger los frutos y prepararse para los tiempos fríos que ya no están tan lejos. De algún modo el sol cada día reduce su jornada de trabajo en minutos y desde aquel día más largo de junio casi ha reducido dos horas por las tardes.
Os dejo las foto de una tarde cuando el sol esta a punto de acostarse tras las cimas del Sistema Central. Ponerle vosotros a cada foto su titulo o vuestro sentimiento, yo lo hice mientras fotografiaba cada uno de los escaramujos.



















Sed felices

Antonio

lunes, 1 de junio de 2015

Los rosales silvestres.

Ayer anduve por algunos parajes de la zona de Guadarrama.

El campo está en ese momento fantástico, entre los rigores del invierno y del verano y aun, cuando ya empieza a amarillear, la lozanía de los verdes y los infinitos colores de las flores, lo hacen apetecible.

Siete Picos en el centro de la imagen. Los rosales en flor.

Desde la Jarosa, al fondo la fila de montañas que forman el Sistema Central en la Sierra del Guadarrama se presentan sublimes, azules, con Siete Picos justo detrás de unos álamos y unos rosales silvestres llenos de flores.


Típica colocacion de las rosas en un rosal silvestre.

  Cuando se pasea por nuestros campos y montes es posible encontrar dos especies que se parecen mucho, pero que son completamente distintas; os hablo de las zarzas y de los rosales silvestres.



Flores rosadas y con cinco pétalos.

Las primeras dan unos frutos redondeados, formados por multitud de drupas que se reúnen en una esfera que cambia de color a lo largo de su proceso de maduración, pasando desde el verde al negro oscuro.


Escaramujos de un rosal silvestre. No se parece en nada a una mora de la zarza,

Los rosales silvestres, tienen un fruto que se denomina escaramujo, si bien popularmente se denomina tapaculo, con una fuerte coraza externa y muy rico en vitamina C.


 Cuatro o cinco flores pueden nacer en el mismo ramillete, pero es más común una sola.


Extrañas flores con solo cuatro pétalos. Curioso.

Los rosales silvestres, rosales caninos, son unos arbustos de unos dos metros de altura que al igual que las zarzas se van extendiendo horizontalmente. Durante los meses de mayo a junio inundan el paisaje de colores blancos y sonrosados que destacan y contrastan con las especies arbustivas de su alrededor. 


Una sola flor, por norma general lo mas normal.

Las flores, de cinco pétalos, presentan colores que van del blanco al rosado intenso y pueden agruparse en tres o cuatro o bien aparecer solas y aisladas en el rosal.
Se denominan rosales caninos, por la forma que tienen sus espinas, muy parecidas a los colmillos de los perros.
En los rosales silvestres podemos encontrar una fauna que vive alrededor de ellos muy interesante que van desde las lagartijas a insectos y arácnidos que viven en ellos y de ellos.

 Uno de los habitantes en los rosales silvestres. En este caso un macho de Araniella.


Son multitud de escarabajos pequeños los que vivien en los rosales silvestres.

Arañas como la Araniella curcubitina, que toma los colores de la planta para pasar desapercibida, caza bajo sus hojas, moscas como las Asilidae esperan a sus presas tomando el sol etc.


Una flor no abierta aun del todo.

Los nombres que reciben los rosales silvestres cambian de un lugar a otro, pero destacamos entre ellos los siguientes: escambrujo, agavanzo, zarzaperruna, alcaracache, rosal de culebra, etc.


Nada más por hoy.
Sed felices

Antonio

viernes, 23 de agosto de 2013

FLORES VIVAS, FLORES MUERTAS.-

Ayer por la mañana salí a andar por uno de los caminos que suben desde Guadarrama a Tablada y encontré este campo ya en las afueras, allí donde las urbanizaciones y el campo se unen, y decidí que valía la pena intentar captar algo en esa pequeña superficie.
 
 
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La verdad es que parece mentira que alrededor de una solana con un árbol, dos zarzas y mucho cardo pueda encontrarse belleza en cosas vivas junto con otras ya muertas.
Flores que son y flores que fueron fotografiadas ayer, esa es la idea de esta presentación.
Flores de campo, sencillas, que nos muestran su belleza durante y después de ser. Altos cardos de más de 2 metros de altura y otros pequeños que no sobrepasan los cuarenta centímetros, mezclados con zarzamoras, bellas espigas y semillas de hierba aun cogidas a sus tallos, y todos ellos con una belleza aplastante estando vivas o muertas.
Os dejo con ellas, espero que os gusten.
 
 
 
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Hasta la próxima que será de insectos en esta misma parcela.
Sed felices.
Antonio

domingo, 18 de agosto de 2013

EL PASEO DE HOY POR EL VALLE DE LA FUENFRIA. (Madrid).-

Altos pinos, zarzas esparcidas de aquí a allá sin formar grandes aglomeraciones y enormes praderas de helechos caracterizan la zona del valle de la Fuenfría a partir de los 1300 metros de altura.

 
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El valle de la Fuenfría es un ecosistema situado entre las estructuras rocosas de Siete Picos por el noreste y el pico del Águila y la Peñota por el oeste con el Montón de Trigo como cerramiento al fondo. En este valle nace el rio Guadarrama que le da nombre a toda esta parte del Sistema Central.
Por el valle de la Fuenfría discurren dos vías de distintas épocas: una, la más antigua, la vía romana que enlazaba las dos mesetas y la otra, moderna y de tiempos de la Guerra Civil, el conocido como Carretera de la República que se hizo para evitar el paso por el Alto del León.

 
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Es una visita aconsejable y un paseo muy agradable hasta lo alto del puerto; según vas separándote de los aparcamientos el silencio vuelve a imperar y la tranquilidad del valle es fantástica.

 
 
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Os dejo un popurrí de fotos de este paseo. Si venís por aquí no os lo perdáis.
 



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Como habreis visto la diversidad es bastante acusada. Este paseo duró una hora escasa, con un poco mas de tiempo seguro que hubiésemos visto muchas mas cosas.
Sed felices.
Antonio