Mostrando entradas con la etiqueta BLANCO Y NEGRO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta BLANCO Y NEGRO. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de agosto de 2016

Por la veras de los caminos en blanco y negro.

Voy caminando por caminos y sendas que huelen a tierra seca, a polvo.
En sus cunetas, las hierbas más secas aun que la propia tierra comienzan su declive final.


Solo de vez en cuando una achicoria violeta o amarilla iluminan con su color el paisaje.


El resto es una sucesiva comunión de contrastes amarillentos de semillas tostadas por el sol implacable.


Miro a estas y pienso cuan breve es su existencia. Luego medito y me doy cuenta que estoy presenciando la vida y la muerte al unísono.
Cada semilla es el comienzo de una nueva posible vida vegetal, el esperma que acariciara a la tierra para hacer brotar una nueva planta.


Hoy he dejado los colores y me he pasado a las tonalidades del blanco y negro. He revivido por un rato aquellos tiempos de revelado en el cuarto oscuro.


¡Como pasa el tiempo! Nuestro tiempo es como el de las semillas. En nuestros relojes respecto a la eternidad somos otro instante.


¡Si! Como pasa. Miro hacia atrás y me asusta la cantidad de instantes que han quedado sumidos en el bendito sueño del olvido. 



Otros por el contrario permanecen aun jóvenes como si los hubiese vivido hoy.


Ya no tenemos la costumbre de ver en tonos grises. Quizá por eso he querido colocar estas fotografías así, quizás porque ahora estoy pasando un momento gris.


Sed felices.

Antonio

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Recuerdos de niñez; sueños grises...

Nubes grises cubren el ocaso, caído ya, oscuras y cada vez más negras. No traen agua. Corren delante de mi ventana y de mis ojos, de norte a sur. Son nubes secas, sin herencia, que han dejado sus lágrimas allá atrás, en las montañas, cubriéndolas de una sábana blanca excesivamente pura.


En los árboles del paseo, cada vez son menos las hojas que quieren cubrir la desnudez del tronco frio. Y las bolas de simiente que cuelgan de sus pequeños rabillos esperando el momento oportuno para reventar dan una triste imagen de soledad. Amarillos y marrones contrastan con el gris del cielo, destacando más si cabe en este atardecer frío y solitario de noviembre.
Una cierta tristeza recorre la avenida. Ya pasó la hora de salida del colegio. Los aparcamientos han vuelto a quedar vacíos de coches. Las luces de las farolas, perezosas, permanecen apagadas, dando más sensación aun de tristeza.
Y de todo ello mi alma y mi sentimiento se contagian. Me pregunto si será la depresión post hospital, que de alguna forma me tiene algo atrapado entre sus tentáculos. Seguro que algo de ello hay, pero seguro estoy también que con un poco de luz solar y un paseo tranquilo al solecito de la mañana, volverán los ánimos al lugar donde deben estar.


Estos días de atrás, en la soledad de la habitación de enfermo, con el acompañamiento del monótono burbujear del oxígeno en el agua humecedora, ha dado tiempo para pensar.
Y cuando estas así, se piensa en tantas cosas, en tantas personas: familiares, amigos, conocidos… e incluso en los enemigos, que al fin y al cabo, lo son porque ellos quieren serlo, pues yo no los tengo como tales. 
Tiempo hay para los recuerdos, aunque sean algo grises.
Estos días los recuerdos de la niñez han llegado: mi padre, las Coca-Colas compartidas a medias con los dos hermanos que venían detrás, una Coca-Cola para tres, junto al estanque del Retiro. Con los patinetes, bajando corriendo por el bulevar, cuando mi calle era un bulevar. Las carreras de chapas, aprovechando los dibujos del suelo de casa, rellenas de plastilina y con la foto de los mejores ciclistas del momento pegados. Aquel helicóptero de Shucco que unido a un cable y mediante una manivela hacías mover las aspas y... ¡volaba!
Todo aquello quedo roto en un instante; desgarrando el sentimiento de un crío de una manera totalmente injusta; ahora, en la distancia del tiempo, me sigue pareciendo injusto.
El traslado a vivir con mi abuela, separado de mis hermanos, a muchos kilómetros de distancia. Aquella primera noche, interno sin saber porque, con once años, en un dormitorio donde podría haber cien camas y yo estaba solo…


Aquella soledad de aquella noche, aun me salen las lágrimas con las que mojé aquella almohada, aquel pánico de un crío en un internado en el que el único alumno era yo, en la primera oscuridad fuera de casa y solo; una imagen que cuando me pongo enfermo es recurrente en mi recuerdo, viene y se queda durante unos días. Luego lentamente, como la propia enfermedad, va desapareciendo, lenta y pausadamente.
Estando allí, murió mi padre. Recuerdo aquel sábado. La abuela sentada en su silloncito. Mis tíos de un luto riguroso, como si hiciese tiempo que esperaban el desenlace. Y lloré.
También allí viví unos años felices con una abuela que me inculco el respeto por los demás, fuesen de la condición social que fuesen y que me enseñó a apreciar el mundo en el que vivimos.
Aquella maravillosa mujer, era en bondad inversamente proporcional a su pequeña estatura. Aquellos pelos blancos, aquellos ojos vivos, que me miraban con ternura, aquellas manos que todas las tardes, sentada en un pequeño silloncito tapizado con terciopelo rojo, realizaban verdaderas filigranas con el ganchillo y el hilo, mientras de sus labios salían una plegaria monótona mientras rezaba su rosario…
¡En el fondo qué tiempos aquellos! Miedos, alegrías, penas, amistad, juegos, amor… Todo se mezcla en una maravillosa batidora de la que de vez en cuando surgen extraños y tristes recuerdo. Solo de vez en cuando.


El hospital me ha retrocedido de nuevo a mis años infantiles. Quizás a la soledad de aquellos años en la que la falta del contacto con tus hermanos y con tu madre, esencial en la pubertad, dejaron una huella en mí: la huella de la soledad y la distancia. Pero aquello también me hizo fuerte, quizás excesivamente fuerte y excesivamente frágil, como el vidrio, capaz de aguantar el más fuerte de los esfuerzo y estallar en mil pedazos ante el más mísero de los ataques.
Y me pregunto ¿Por qué cuento todo esto? La respuesta, querido lector que estés leyendo estos renglones, no es otra que: ¿de qué me sirve no contarlo? Al fin y al cabo, seré así más real, más cercano.
Por hoy ya está bien. Soledad y soledades, tristezas, forman parte también de nuestras vidas, como los momento de euforia y de alegría. ¿Por qué esconder nada? Si solo te muestro mi sonrisa, el día que llore pensaras, que me estoy muriendo.
Y aunque la vida muchas veces tiene colores grises, blanca y negra, en otras, ¿Por qué no mañana?, resplandecerá con todos los colores del arco iris.



Mañana será otro día, mañana…
Necesitaba escribir, trasmitir algo…
Gracias por haberme acompañado un rato
Buenas tardes
Antonio

miércoles, 23 de abril de 2014

MIRANDO AL CIELO: NUBES

Nuestra generación no sabe mirar al cielo. Las luces de nuestras ciudades y casas empañan el cielo a nuestros ojos y las televisiones nos han quitado con los hombres del tiempo la afición a mirar el cielo para ver qué día va a hacer mañana.

 
1_DSC4762X1
Se lucha en el cielo por ocupar todos los espacios

 
Por suerte, me sigue gustando buscar en los cielos de día y de noche.
Esas noches de verano en las que te puedes tumbar sobre la hierba en una zona oscura y elevar los ojos al cielo y perderte en la inmensidad de una Vía Láctea que pone sobre nuestras cabezas la constelación del Cisne, con las músicas de la Lira y el ojo avizor del Halcón que viene detrás.
Y durante el día el cielo presenta también cambios significativos y maravillosos en todos esos tipos de nubes que nos presenta a menudo.
Cirros, cúmulos, estratocúmulos, cumulonimbos, estas últimas las más espectaculares cuando se dejan ver.
Quizás mi afición a la fotografía y al aeromodelismo en ladera me ha dado la oportunidad de poder observar megos el cielo.
Esas tardes con los veleros en los cortes de una montaña, con el horizonte detrás de tu avión, te permiten observar el cielo, la dirección de las nubes, como son estas, si va a venir lluvia o solo aire. Y a los pájaros, que compañeros tuyos vuelan también en la ladera intentando alimentarse de todos esos insectos que las corrientes que suben del valle llevan con ellas.
Hoy os presento una serie de fotos de nubes tomadas en muchos momentos distintos, creo que la más vieja es del 2003 y la más cercana de hace unos días mientras bajaba andando por la sierra del Guadarrama.


 
2 IMG_8642X1
Se ha cerrado la tarde. El viento es demasiado fuerte para los aviones. A casa...


 
3 DSC_1903X1
La tormenta se está fraguando. ¿Romperá? Seguro que los tambores están dispuestos.


 
4 DSCN2884X1
Se esta haciendo de noche. La única protección el coche que está cerca


 
5 DSC_0019X1
Igual que han llegado comienzan a disiparse


 
6_dsc6643x1
Estoy en el Puerto de la Fuenfría, tengo que darme prisa en bajar a las dehesas de Cercedilla donde está el refugio.

 
 
7 DSC_1906X1
En Guadarrama, desde el jardín. Estos cumulonimbos te hacen pequeño. Si los observas veras como en sus bordes se van desarrollando las nubes verticalmente y como van cambiando sus formas. Unas veces mansos..


 
8_dsc6641x1
...otras amenazantes.


 
10_dsc6720x1
Formándose encima de la Peñota.


 
11 DSC_1894X1
Contrastes de luces y sombras, blancos y negros


 
14_DSC4784X1
Vaporosas y solitarias, cansadas después de la lluvia.
 


15 IMG_0270X1
Incluso a veces en plena tormenta dejan pasar rayos cansados del sol...


 
15A Rayos de luz DSCN6141X
O rayos que contrastan con las sombras

 
15B DSC_1531X1
O forman encaje de tul en un atardecer extremeño


 
16 DSC_0220X1
O se encienden como una hoguera con los últimos rayos de sol de un mes de julio en Guadarrama.

 
Espero no haberos dado demasiado la lata con esta presentación de instantáneas de nubes.
Me conformo si, cuando estéis fuera de casa, de vez en cuando miráis al cielo.
Sed felices.
Antonio

miércoles, 3 de julio de 2013

PASEANDO EN BLANCO Y NEGRO.- El parque del Buen Retiro de Madrid.

Ayer mientras realizaba mi hora de andar por el Parque del Buen Retiro de Madrid, se me ocurrió que quizás sería buena cosa volver a fotografiarlo tal como lo hacían nuestros antepasado, es decir en blanco y negro y revirando luego en el laboratorio algunas fotos.
Después de la ducha y ahora ya tardía, con el sol muy alto y el termómetro subiendo con él, cogí mis maquinas y de nuevo me encamine al parque, eso si esta vez pausadamente y tranquilamente.
La experiencia os la dejo de aquí en adelante. Es una forma distinta de ver y espero vuestros consejos, criticas etc.
 
 
1_DSC7997x1
 
Acabo de entrar por el Paseo de los Reyes. Los castaños cubren de sombra el parque y la luz se cuela tamizada.
 
 
 
 
2_DSC8013x1
 
Serán las doce del mediodía. Hace calor y hay poca gente.
 
 
 
 
3_DSC8010x1
 
Voy hacia el Angel Caido buscando la espesura del bosque de castaños. Los castaños de indias son el árbol más abundante en el retiro.
 
 
 
 
4_DSC8025x1
 
Estatua al Demonio. Son increibles los monstruos de pie de monumento devorando todo lo que se pone a su alcance.
 
 
 
 
5_DSC9930X1
 
Es sepia era uno de los revirados que se utilizaban antiguamente en fotografía. Era una forma de colorear la foto intentando buscar nuestra forma de ver en color.
 
 
 
 
6_DSC8034x1
 
 
 
 
12a_DSC8037x1
 
En el retiro hay mas de un curso de agua, artificiales por supuesto, pero ahí están para que en ellos los azulones críen y vivan.
 
 
 
 
7_DSC8040x1
 
Voy hacia el Palacio de Cristal. Arriba queda el Paseo de Coches al que tengo que volver a fotografiar una jardinera.
 
 
 
 
8_DSC9963X1
 
Una pareja de maravillosos cisnes negros avanzan majestuosos por el estanque del Palacio de Cristal. Parece que no hagan nada para nadar majestuosamente.
 
 
 
 
9_DSC8020x1
 
Otro viraje, este al verde suave.
 
 
 
 
10_DSC8043x1
 
El Palacio de Cristal con el surtidor en chorro y los cipreses de los pantanos.
 
 
 
 
10a_DSC8048x1
 
 
 
 
11_DSC8031x1
 
Las antiguas casetas de los guardas jurados que vigilaban el parque. Aun los recuerdo con aquellos uniformes de pana y unas chaquetas con tonos rojizos y su sombrero que parecia un enorme plato. Mantenian el orden en el parque.
 
 
 
 
12_DSC9910X1
 
Hay que comenzar el regreso y buscar de nuevo el Paseo de los Reyes para salir. Pero hasta allí aun podemos aprovechar las sombras y el frescor del riego de esta mañana.
 
 
 
 
13_DSC8099x1
 
La fuente de la Alcachofa, de la que ya hemos hablado aquí.
 
 
 
 
14_DSC8102x1
 
El monumento a Alfonso XII queda visualmente atacado por la inmensa torre que se dejo construir en la calle O'Donell.
 
 
 
 
15_DSC9972X1
 
 
 
 
 
20_DSC8131x1
Se acabo el paseo fotográfico. La puerta que da a la calle Antonio Maura nos permite la salida hacia casa. Aun queda un ratito para andar.
Sed felices.
Antonio