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martes, 24 de febrero de 2015

Casi verdes, casi secas... casi enfocadas.

Cuando salgo al campo a pasear y captar imágenes con mis cámaras, intento fotografiar todo aquello que pueda tener un cierto significado para mí, ya sea por belleza, originalidad, tamaño, movimiento, etc.


Y dentro de todo ese baremo, existen muchísimos elementos de la naturaleza que, ya sea por pequeños, por dañinos, por hirientes o cualquier otra razón, se quedan de lado en nuestras observaciones.




Quizás sea, porque salimos muchas veces al campo con la idea de que vamos a un jardín botánico a lo bestia. Y es cierto, nuestros campos son un inmenso jardín botánico con la diferencia que las plantas no están colocadas por la mano del hombre, si no por la Naturaleza.


Estamos en un día de mediados del mes de agosto. Las hierbas altas en las praderas amarillean de una forma increíble y en sus cabezas las espigas pesan ya lo suficiente como para comenzar a doblar las cabezas.



Junto a ellas otras plantas están verdes y amarillas; secas y llenas de vida. Florecen, como si un último halo de vida quedase en ellas, mientras dejan caer las semillas de otras flores ya secas.


No son rosas, no. Son pequeñas flores, humildes flores del campo que muchas veces ni siquiera miramos. Todo son o han sido flores. Incluso los cardos mueren después de haber florecido.


Pequeñas muestras que crecen a nuestro alrededor. ¿Por qué me gustan tanto?
Quizás sea porque, en el fondo, yo también estoy floreciendo y secándome a la vez.
Sed felices.
Antonio

viernes, 15 de noviembre de 2013

EN EL REAL JARDIN BOTANICO DE MADRID HOY.-Quiero parar el sol

Si, habéis visto bien el titulo; he querido parar el sol.
La luz cálida de un sol limpio del mes de noviembre caía plácidamente sobre los árboles y las plantas del Real Jardín Botánico de Madrid.
La borrachera de color era increíble. Verdes brillantes y amarillos relucientes se daban la mano con colores múltiples. No sabias donde mirar. Cada rincón era una foto, una imagen que quedaba grabada en la retina y que se superponía con la siguiente.
He querido parar el sol con el pensamiento. También con el corazón. Quería mantener a toda costa aquella maravillosa luz que esta tarde rondaba el botánico. Color y luz o luz y color, da igual el orden.
Árboles desnudos y otros aun vestidos con su traje verde, amarillo o rojo, pero todos encendidos por la luz cálida del sol poniente. Sol que en el botánico se pone antes porque los edificios del otro lado del paseo del Prado elevan el horizonte.
He hecho tantas fotos hoy que casi hay para realizar una enciclopedia de una tarde de noviembre en el botánico madrileño. Pero no asustaros; tengo en mente solo presentaros tres trabajos sobre este tema en el blog.
Y he decidido que lo mejor era empezar por el final, cuando ya practicamente se deberia haber guardado la máquina de fotografiar. 
Empezar a la hora donde ya la luz y la sombra se abrazaban en una maravillosa despedida.
Esta serie está tomada entre las 17,15 y las 17,45 y han sido elegidas un poco a boleo entre unas cuantas más.
Espero que os guste, aunque sé que las próximas presentaciones os gustaran más.


 
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Espero haberos dejado buen sabor de boca. Pasead por el Botánico si podéis, es genial.
Sed felices.
Antonio

jueves, 24 de octubre de 2013

ALREDEDOR DEL GERANIO GRIEGO DE MI MADRE.-

El día que mi madre regreso de Grecia traían los esquejes de esta planta envueltos en un trapo húmedo dentro de la maleta; y  según llego a casa los planto en un tiesto.
 
 
 
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De entonces habrán pasado quince años y todos los años hay más tiestos con lo que yo llamo el geranio griego de mi madre. Porque ella lo llama geranio y a sus noventa y cuatro años no le voy a llevar la contrario en eso, si además yo no tengo ni la más remota idea de lo que es una planta. Eso sí, me gustan como al que más.
 
 
 
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Una tarde del mes de julio, ya tarde, en una zona en sombras vi los geranios griegos de mi madre y me gusto tanto el contraste que había entre morados y verdes, entre luz de fondo y sombra en la flor que decidí ponerme a fotografiar.
 
 
 
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Ya sabéis muchos de los que me seguís, que es mi locura. Cada cual tiene la suya y esta, fotografir lo que se me pone a mi alcance, es una de las muchas mías.
 
 
 
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Son fotos alrededor de dos o tres macetas y concretando en tres o cuatro hatillos de flores que no por pequeñas tienen menos que merecer que una rosa.
 
 
 
 
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Con ellas os dejo un ratito en el jardín de mi madre, hecho a su medida, donde las nacionalidades no importan; aqui no se pegan unas plantas con otras.
 
 
 
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Nada más de momento.
Sed felices, lo cual es mucho más importante que el nombre que le ponemos a las cosas. Mi madre es feliz con sus geranios griegos y cada vez que hablamos de ellos vuelve a salir el trapo y la maleta...
Antonio 

miércoles, 3 de julio de 2013

PASEANDO EN BLANCO Y NEGRO.- El parque del Buen Retiro de Madrid.

Ayer mientras realizaba mi hora de andar por el Parque del Buen Retiro de Madrid, se me ocurrió que quizás sería buena cosa volver a fotografiarlo tal como lo hacían nuestros antepasado, es decir en blanco y negro y revirando luego en el laboratorio algunas fotos.
Después de la ducha y ahora ya tardía, con el sol muy alto y el termómetro subiendo con él, cogí mis maquinas y de nuevo me encamine al parque, eso si esta vez pausadamente y tranquilamente.
La experiencia os la dejo de aquí en adelante. Es una forma distinta de ver y espero vuestros consejos, criticas etc.
 
 
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Acabo de entrar por el Paseo de los Reyes. Los castaños cubren de sombra el parque y la luz se cuela tamizada.
 
 
 
 
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Serán las doce del mediodía. Hace calor y hay poca gente.
 
 
 
 
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Voy hacia el Angel Caido buscando la espesura del bosque de castaños. Los castaños de indias son el árbol más abundante en el retiro.
 
 
 
 
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Estatua al Demonio. Son increibles los monstruos de pie de monumento devorando todo lo que se pone a su alcance.
 
 
 
 
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Es sepia era uno de los revirados que se utilizaban antiguamente en fotografía. Era una forma de colorear la foto intentando buscar nuestra forma de ver en color.
 
 
 
 
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En el retiro hay mas de un curso de agua, artificiales por supuesto, pero ahí están para que en ellos los azulones críen y vivan.
 
 
 
 
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Voy hacia el Palacio de Cristal. Arriba queda el Paseo de Coches al que tengo que volver a fotografiar una jardinera.
 
 
 
 
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Una pareja de maravillosos cisnes negros avanzan majestuosos por el estanque del Palacio de Cristal. Parece que no hagan nada para nadar majestuosamente.
 
 
 
 
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Otro viraje, este al verde suave.
 
 
 
 
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El Palacio de Cristal con el surtidor en chorro y los cipreses de los pantanos.
 
 
 
 
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Las antiguas casetas de los guardas jurados que vigilaban el parque. Aun los recuerdo con aquellos uniformes de pana y unas chaquetas con tonos rojizos y su sombrero que parecia un enorme plato. Mantenian el orden en el parque.
 
 
 
 
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Hay que comenzar el regreso y buscar de nuevo el Paseo de los Reyes para salir. Pero hasta allí aun podemos aprovechar las sombras y el frescor del riego de esta mañana.
 
 
 
 
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La fuente de la Alcachofa, de la que ya hemos hablado aquí.
 
 
 
 
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El monumento a Alfonso XII queda visualmente atacado por la inmensa torre que se dejo construir en la calle O'Donell.
 
 
 
 
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Se acabo el paseo fotográfico. La puerta que da a la calle Antonio Maura nos permite la salida hacia casa. Aun queda un ratito para andar.
Sed felices.
Antonio 

viernes, 2 de noviembre de 2012

APAGANDO LAS LUCES EN EL PARQUE DEL OESTE.-(Madrid)

Debian ser casi las seis cuando llegue al Parque del Oeste, quizás un poco antes, y el sol intentaba salir entre un banco de niebla que quería parecerse a nubes de verdad. De vez en cuando un rayo de luz iluminaba la arboleda; estaba tan bajo que incluso algunas veces daba la sensación que los arboles estaban encendidos.
El parque del Oeste, esta como bien indica su nombre al oeste de Madrid. Es el corazón mas saliente de la capital y separa a gran parte de la ciudad del río Manzanares. Caen por una suave pendiente que bajando desde la montaña de Moncloa va a buscar el rio.
Forma como una gran L que se extiende desde practicamente el antiguo cuartel de la Montaña, donde hoy esta el templo de Debod, hasta la Ciudad Universitaria.
El reportaje que vais a ver hoy esta realizado justo donde se encuentran los dos palotes de la L. En esa esquina y sus alrededores, desde el arroyo que corre por la vaguada hasta el pinar que da al paseo de Rosales y al de Moret.
El parque es un lugar para soñar, para encontrarte con tus pensamientos, para disfrutar de la soledad o la compañía; es un lugar maravilloso donde a cada vuelta del camino el paisaje pasa de abeto al sauce, del pino mediterraneo al olmo plateado. Y entre medio, como puestos descuidadamente, pequeños arbustos, parterres de flores y estatuas de las que hablaremos otro día.
La tarde no invitaba al paseo, pero aun así podían verse parejas enamoradas que avanzaban de la mano, chavales a punto de empezar a ser hombre jugando a la pelota y a amos y perros paseando apaciblemente. Y en medio de todos ellos, muy pocos, mis maquinas y yo avanzando presuroso para que la luz, las ultimas y pocas luces del día, no se nos escapara.
Poco a poco fue oscureciendo y al final subí a la plazoleta donde los bulevares mueren al encontrarse con el parque. Allí, con mis espaldas cubiertas por críos en los columpios, contemple el ocaso que se extendía poco a poco en un horizonte encendido como muchas veces se ve en los cielos otoñales de Madrid.
Con mi paseo os dejo; espero que mi compañía no os sea muy molesta.

ATARDECER EN EL PARQUE DEL OESTE.
(Madrid)






























































































































Espero no haberos aburrido. Que tengáis un fin de semana maravilloso.
Antonio