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martes, 9 de enero de 2018

El beso

Soñé con un beso.
Era de madrugada. El silencio en la sala del hospital solo estaba roto por la monotonía del aire que salía por la rejilla de la calefacción. En los pasillos, solo de vez en cuando, el quejido lastimero de un enfermo mayor rompía el silencio; era un quejido monótono, repetitivo.


Mis ojos se abrieron ante la extraña sensación que un beso se me estaba dado en la mejilla. Tenía la sensación de que una boca con labios como pétalos me besaba.
¡No podía ser! ¡Estaba solo en la habitación! Pero aquellos labios volvían a besarme de nuevo en un beso inocente, o no,  que a mí me pareció lo más bonito del mundo.
Confundido encendí la luz pensando que estaba viviendo una realidad querida y no un sueño.
El beso había sido perfectamente perceptible.
Pero la habitación seguía vacía. Solo yo ocupaba la cama, nadie mas a mi alrededor.
¡Maldito sueño que me hubiera gustado que fuese realidad! Unos labios abiertos me besaban en la mejilla… ¡Ay! ¡Qué desilusión!
Parece mentira las extrañas emociones que pueden darse tras un beso. Solo un beso, un beso en sueños tan real que estoy deseando volver a dormirme para comprobar de nuevo su existencia.
Un beso en la mejilla con un a boca entreabierta. No era un beso de contacto, no, había algo mas en aquel beso.
Apague la luz. Solo la leve claridad de la luz de emergencia perturbaba la noche.
Volví a dormirme.


Al despertar de nuevo estaba muchísimo mejor. En mi mejilla aun notaba aquel beso.
¡Ojala alguna vez vuelva a sentirlo! Era tu beso.
Sed felices, lo demás no importa.

Antonio 

lunes, 15 de agosto de 2016

El beso de las sillas...

Aquel día me había levantado relativamente temprano.


El sol, soñoliento aun, le costaba desperezarse tras las montañas serranas.


Me acerque al pozo a contemplar como esos primeros rayos comenzaban a iluminar indiscriminadamente a unas u otras plantas con la colaboración de los altos abetos y algún que otro plátano.


Los tonos azulados y rosáceos de las flores de las hortensias animaban a pensar, a recordar momentos ya pasados, que difícilmente podrán volver a suceder.


Un rayo travieso juega con la flor como si quisiera tomarlas entre sus infinitas ondas de luz y encestar en una imaginaria canasta.


Si, la vida es bella a estas horas de la mañana, en cambio comienza a ser monótona a las puertas de una vejez que se acerca lenta, pero más rápida de lo que yo quisiera.


Yo quisiera como ese rayo poder coger mis recuerdos y transformarlos en instantes presentes, volver a vivir aquellos momentos deliciosos junto a las mismas plantas cuando la juventud y la energía florecías a mí alrededor.


Aquí bese y me besaron. Plante un abeto que tenía un destino moribundo y que demostró que cuando hay ilusión se puede tirar adelante. Pero ¿y si no la hay? Entonces el árbol se convierte en leña…


Salí de detrás del abeto y me di cuenta que allí donde yo bese, allí dos sillas estaban realizando lo mismo con los primeros rayos de sol… No lo hubiese pensado nunca; por supuesto me reiré de nuevo junto a las hortensias.


--o0o--
Sed felices.

Antonio 

lunes, 29 de febrero de 2016

El beso de dos gotas de agua. Cuento y realidad

Estaba  cansado. Llevaba andando todo el día y mi cuerpo me pedía un descanso. El frío hacía mella en músculos y huesos.
Una pequeña fuente de la que sale un tenue chorro de agua me ofreció su peana de piedra para sentarme en ella.


No lo dudé. Un tibio sol parecía querer calentarme suavemente el cuerpo.
Cierro durante unos instantes los ojos e intento abstraerme de mis dolores, de mis pesares y de mis amores perdidos.
El ruido del aire en los arboles se hacía cada vez más tenue, me arrullaba y me  adormeció.
Del pequeño chorro de la fuente salían ruidos cada vez mas armoniosos como si allí se estuviese manteniendo una entrañable conversación.


Presté atención a aquel  murmullo , no sé si dormido o despierto, y poco a poco empece a escuchar cada vez con más fuerza una conversación que surgía del ruido del agua, como si quisiera alguien ocultar a mis oídos sus sentimientos, vivir íntimamente un momento muy especial.


Puse más atención, me concentré en el burbujeo del agua al caer sobre la piedra, después de haber recorrido un corto trecho desde su salida por la  boquilla de la fuente, y de repente escuche lo que a continuación os trascribo: 
De nuestro amor nacen los ríos y los mares.
De cada uno de nuestros hijos, esas gotas que salpican a miles el agua placida de la fuente, un caudal impetuoso bajará por las laderas y en los días cálidos volaran como hojas con el viento y ascenderán hasta manifestarse impetuosas y ruidosas en lo alto de los cielos.


Muchos de ellos, formaran lagos de aguas transparentes en lo alto de las montañas, que los humanos llaman ibones, y en sus transparencias los cielos, las montañas y las nieves se miraran en un orgulloso espejo cristalino.
Y los hijos, los miles de millones de hijos que nacen de nuestro encuentro, bañaran las costas de los continentes y serán capaces de horadar las tierras formando enormes olas ayudados por el sol, la luna y los vientos.


Si, de nuestro amor, puro y cristalino, vive el mundo, somos agua, pero agua viva que busca de una forma u otra encontrar un recorrido hasta llegar a su palacio oceánico.
Mira los pajarillos que vienen a beber de nosotros, a vivir de nosotros, y las plantas que ansiosas nos buscan en el frescor hundido de la tierra; y en los hombres que nos necesitan mas que nadie, pues no pueden subsistir sin nosotras, son débiles
Y todo porque supimos combinar de la tierra dos elementos maravillosos de los que estamos realizados. El oxigeno y el hidrogeno están en el comienzo de nuestro árbol genealógico, como los parientes más lejanos, pero que dejaron con su unión esta maravilla que somos tu y yo, y cada una de nuestras gotas hermanas y nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
Besame y unamonos para que cumplamos con nuestro deber para con la tierra.
No quería moverme, ni siquiera me atrevía a abrir los ojos, para no despertar del maravilloso sueño que, sentado en una fuente del Botánico madrileño, estaba viviendo. ¿Sueño?
¿Podían amarse dos gotas de agua? ¿Podían besarse?


En silencio, volví a concentrarme en el ruido de la fuente. Ya solo se escuchaba el gorgoteo de aquel pequeño surtidor. Comencé a abrir los ojos y de repente me di cuenta de porque el silencio: las dos gotas de agua estaban besándose y no podían hablar.


Espere con delicadeza a que terminaran su beso. Luego observe las consecuencias de aquel largo beso: comenzaban a desprenderse de ambas gotas infinidad de otras mas pequeñas mientras que la charca pareció entrar en ebullición. 


Me levante. Comencé a caminar con una sensación agradable en mi interior y una pregunta vino a mi cabeza: ¿Volveré a escuchar alguna vez una conversación como la de las dos gotas y las veré de nuevo besarse? 
¡Que mas da! Con una vez he comprendido tantas cosas cosas...


Ahora cuando miro a las nubes o a los ríos que cruzo, o los propios charcos que se forman en los caminos, pienso en aquellas dos gotas de agua, en su beso...
Sed felices.

Antonio

martes, 28 de octubre de 2014

Líneas.

Hola Soledad:

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Me preguntas con tu mirada sin ni siquiera hablarme, me buscas sin darte cuenta, tus ojos se cruzan con los míos en un largo beso silencioso que sale del alma y que no se puede expresar de palabra. Esa es mi soledad.

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Como líneas fugaces que corren raudas a nuestro alrededor las miradas se cruzan y se desvían como no queriendo ver; y, aunque no nos miremos, sabemos donde esta uno y donde está el otro en silencio, en el terrible silencio de quien quiere hablar, decir, y sabe que no puede. Eso es soledad.


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Soledad es pasar por el campo y en cada rincón encontrar algo que me recuerda a ti y no tenerte. Ya no hay miradas, solo sentimientos que te buscan en líneas perdidas, intentando encontrarte. Como se añoran esas furtivas miradas que se cruzan, que dicen más ellas solas que todas las palabras que pueda decirte.


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Líneas quebradas, difusas, de silencios, como dardos lanzados con ímpetu que no llegan a su destino porque el destino no les ha permitido entroncar y convertirse en un cálido beso. Besos si, añorados, deseados también, pero inimaginables en el espacio y en el tiempo. Eso es soledad.


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Líneas paralelas que son incapaces de encontrarse como no sea en el infinito, y el infinito es tan lejano, esta tan hondo, que por mucho que lo busco, siempre anda un poco mas allá. Y ese beso se escapa en la lejanía y es imposible entregarlo. Soledad…


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Un beso en el infinito, Soledad.