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sábado, 27 de junio de 2020

Dialogo con una rosa sin nombre

¡Que hermosa eres! Que belleza hay en tus pétalos; suavidad sublime, olores maravillosos que endulzan los sentimientos y acarician el alma de quien te respira. ¡Rosa! ¡Maravillosa rosa! ¿Cómo te llamas?



¿Que como me llamo? ¿Realmente eso te importa?
Y a ti, ignorante humano que me miras y admiras, que más te da como me llamo. A ti te debe importar la belleza que hay en mí forma, en mis colores, en mi aroma. ¿Acaso tu por tener nombre eres mejor que otro? ¿Es imprescindible tener un nombre? No te basta con ser lo que eres, quieres destacar por adornos externos; y no te das cuenta que la belleza está en la sencillez.



¡Rosa! No me juzgues mal. Así me educaron; me enseñaron a destacar y a tener en cuenta cosas como: apellido, nombre, titulo, posesiones… Vanidad al fin y al cabo. Me encanta rodearme de boato, destacar de los demás, tener un titulo nobiliario y un jardín lleno de vosotras.
Pero tu rosa, eres pretenciosa si te comparo con otras flores. Necesitas tus espacios y no te conformas con las vulgares praderas donde las florecillas de infinidad de colores tapizan los suelos.

 ¡Jaja, jaja! Humano, que inculto eres. Mis ancestros vivían en los bordes de los bosques y en mitad de las praderas, tranquilos, disfrutando del sol y del entorno, compartiéndolo con todos, incluso con vosotros. Y tuvisteis que llegar a manipularnos como si fuésemos maquinas, construidas y hechas a vuestro gusto. No os conformasteis con nuestra belleza campestre, tuvisteis que modificarnos, colorearnos, cambiar nuestras raíces y transformarnos. ¿Y dices que soy pretenciosa?


                                              
    
¡Obsérvame; mírame!  ¿Cuantas rosas distintas ves a tu alrededor? Somos todas iguales, pero tus ojos necesitan ponernos nombres porque sois incapaces de llamarnos a todas “bella rosa, preciosa rosa o rosa a secas.”

Pero rosa, ponerte un nombre es para distinguirte de tus parientes cercanos, para poder venderte con títulos nobiliarios que te identifiquen, para que el público te compre y disfrute de ti. Engalanaras así floreros, ramos, parterres y jardines, como el de Josefina, la mujer de Napoleón que se gastó fortunas en acondicionar con vosotras los alrededores de su mansión en los alrededores de París.


Sigues sin entender, humano. Sigues sin comprender que a mí me da igual que tu seas un rey o un vasallo; que a nosotras las rosas nos importáis por lo que lleváis en vuestro interior, no por vuestros títulos. ¿Acaso por el mero hecho de ser pobre no puedes mirarme? ¿O por ser rico puedes destruirme? 
Humano, aprende. La belleza está en el interior, lo de fuera es pasajero, como mis pétalos que caen a los pocos días para cubrir los suelos. ¡Estúpido! No ves que pasa el tiempo y mueres sin darte cuenta que la belleza es interna y que todo lo que te recubre no es mas que otro experimento, otro intento de hacerte distinto de los orígenes.



Piensa, humano, medita mis palabras y si quieres ponerme nombre a mí me da igual, porque mis hermanas y yo seremos para nosotras siempre rosas, sin mas. Tú, puedes ponerte todos los títulos que quieras y que envuelvan como un disfraz tu vanidad, yo seré una rosa, una rosa bella, pero solo una rosa.
Y mientras meditas, querido humano, intenta vivir y ser feliz.
Una rosa sin nombre.

lunes, 11 de marzo de 2019

30 minutos acostando al sol. (Filosofía de albañil)

Buenas lo que sea, porque tu puedes estar incluso viendo la puesta de sol.
Todas las fotografías de este trabajo son continuas, están colocadas por orden, y solo se han recortado.
Todas son de la puesta de sol de ayer 9 de marzo de 2019.
Espero que os guste; si pensáis que los temas personales no son aceptables, no lo leáis.



 19:03 Tengo que taparme los ojos al mirar al horizonte. Con ello consigo ver el cielo de frente, Ya queda poco para que Lorenzo se esconda tras el horizonte. Quizás un par de minutos mas antes de que se duerma del todo. Es un buen chico. Puntual todas las tardes para dormir, aunque poco a poco se va escaqueando y se esta acostando todos los días un minuto mas tarde. Porlo menos me hace compañía, así no estoy solo.



 19:05 El cielo empieza a teñirse. Es un gran coqueto, Puede tirarse treinta o cuarenta minutos probando a ver que tono le va mejor. Es una delicia que lo haga, así puedo disfrutar y elegir el momento que mas me gusta.


19:06 Los últimos rayos están ya torpes, Solo queda un milímetro de la esfera celeste por esconderse tras el horizonte. Todos los días igual pero distinto. Como nuestros días, todos iguales, con las mismas discusiones, pero al final distinto del anterior y seguro que del siguiente. 


 19:07 Ya solo es resplandor. Lorenzo se ha acostado por fin. Cada vez que esto ocurre y yo lo veo, una sensación de paz me invade. Multitud de preguntas surgen, dudas también. Esas luces de multitud de colores distintos hacen en mi el mismo efecto que las luces de colores de las piscinas termales: me relajo y llevo mis pesares con mas tranquilidad.


19:08 Lo bueno que tienen los objetivos de gran longitud focal es que te trasladan a lugares que el ojo es incapaz de ampliar. Una llama de oro se recorta en ese cielo. Suelo con paz, me imagino un mundo pleno de felicidad y no este que en cualquier momento se puede convertir en un polvorín explotando. 


19:13 Ya han pasado diez minutos desde que el sol comenzó a esconderse. Ahora tengo tiempo para pensar un poco en ti. Y pienso en ti ahora porque en otro momento no puedo. Estas demasiado lejos, en un país tan distinto al mio que da vértigo. Las distancias pueden ser muy pequeñas pero los tiempos son eternos. Ya han pasado diez minutos, ya, y parece que hay sido un instante. Tienes demasiado poder sobre mi, cielo.


 19:16 Tres minutos más. Cada instante, cada segundo que vivimos, es un regalo maravilloso que despreciamos muchas veces. Un instante puede ser eterno o efímero. La medición del tiempo es una relación química entre la edad y las encimas que producimos. Y aterra ver como los instantes, incluido este, pasan a velocidades vertiginosas.Un regalo que tiramos normalmente por la borda, hasta que es demasiado tarde y se nos hunde el barco definitivamente,


 19:17 Un minuto mas. Y sigo solo, con mis nubes en el cielo que siguen maquillándose.


19:24 Han pasado otros siete minutos. Los colores comienzan a teñirse de rojo en gasas suaves que van abrigando a la bóveda celeste. Hay que tapar al sol para que no se enfríe. A mi me encantaría que tu me tapases cuando tengo frío; en este momento lo estoy empezando a notar. Pero el país de tu origen está muy lejos.


 19:24 Cada vez que disparo con la maquina, quemo un segundo de mi vida y no se cuantos me quedarán aún. Un amigo hablaba ayer de la soledad buscada, Esa debe ser impresionante, Poder escaparte del mundo recorriendo una orilla o subiendo una montaña porque has elegido estar solo. Terriblemente es muchísimo peor es estar contemplando la belleza porque nadie ha querido acompañarte.


 19:28 Los tonos por general en el cielo son rojizos. Van apagándose lentamente, como cada uno de nosotros desde el momento en que nacemos.


19:29 Solo en el horizonte refulge aun una cierta luz dorada, como la que se enciende dentro cuando pienso en ti. ¡Que mal hechas están las relaciones sociales! Somos tan hipócritas que nos regimos por un decálogo muchas veces absurdo, donde la libertad del hombre para amar solo está dirigida en una dirección, Todo es pecado, incluso amarte.


 19:29:30 Cada vez mas rojas, como si fuesen infinitos labios pintados ya de un carmín pasado de moda. El cielo se está apagando y yo con él.  Voy a emprender la vuelta y volver al mundo normal de las personas normales. Cuando cruce la calle y suba las escaleras del portal seré un respetable D. Antonio, padre de familia y cumplidor en su trabajo. Las ilusiones personales se habrán quedado fuera.


19:31 Enfoco de nuevo el horizonte con el teleobjetivo. Ya no queda nada. Incluso donde brillaba hace treinta minutos la esfera que nos calienta, queda ya solo un rescoldo con las ultimas brasas encendidas. Nos hacemos viejos y nuestras brasas están cada vez mas apagadas; ¿por que se inventaron los mandamientos? Seria por gente como yo, supongo; no, ¡seguro, seguro!

Sed felices. Una mirada  a una puesta de sol puede inundar el corazón de gozo, aunque no lo parezca tras mis reflexiones.
Antonio 

domingo, 25 de noviembre de 2018

Detrás de la tapia: recuerdos y tiempo perdido (filosofía de albañil)



Paso por delante de la tapia como tantas veces en el pasado. La casa de al lado sigue igual, siempre pulcra y blanca. Por sus fachadas no corre el tiempo.
La tapia es como un muro que separa los recuerdos de un presente real y efímero. Tras ella, un montón de vivencias olvidadas que vuelven a resurgir cada vez que traspaso la puerta.


Recuerdos, muertos como el tiempo mismo en que se vivieron, pero rescoldo de todo un comportamiento pasado, presente y seguramente futuro.
Traspaso la puerta y en cada rincón llega un momento distinto.
El jardín, siendo el mismo, es ya otro diferente al de aquellos recuerdos.


Veo las pilastras envejecidas y me doy cuenta que yo estoy envejeciendo con ellas. Al mirarlas comprendo que igual que se han inclinado ellas, yo me estoy curvando y me asomo a los recuerdos también doblados.


¿De qué sirve tanto recuerdo? ¿No sería mejor buscar en el incierto futuro?
Los recuerdos se nos aferran de tal manera que coaccionan nuestro presente. Si coaccionan ese presente que ya es recuerdo. No nos permiten realizar nuestra vida. Estamos sometidos a ellos. 


Nos perdemos en ellos sin darnos cuenta del presente. Olvidamos el mismo instante perdido y lo seguimos recordando. ¿Por qué?


Amarrados a creencias que vienen de lejanas tradiciones, de parientes que a su vez heredaron recuerdos de sus mayores,  de viejos momentos que vamos distorsionando, rehechos a nuestro querer interpretarlos, somos incapaces de mirar hacia adelante, de dejarnos llevar por el deseo y la imaginación. Desperdiciamos el presente jugando a ser niños buenos, incapaces de tomarse en serio ese instante que pasa continuamente; somos incapaces de soltarnos de ellos y de las tradiciones. 


Nos aferramos a vivir en la seguridad de un presente falso, que se convierte continuamente en pretérito, muchas veces imperfecto.
Tan amarrados estamos a los recuerdos, las tradiciones, los consejos, las leyes y las obligaciones que somos incapaces de reaccionar, de liberarnos de sus lastres y dar rienda suelta a la vida. Somos incapaces de pecar. Porque la vida debe ser un imperativo presente y futuro: no se puede decir "vivimos", si no "sobre todo hay que vivir, hay que disfrutar". En la vida a veces hay que pecar sin tener que arrepentirse.


Lógicamente no todo recuerdo es un lastre. Tenemos que abrir la puerta de la tapia y saber aprovecharnos de aquellos recuerdos que nos son beneficiosos, pero sin dejarse llevar por la contemplación y el bienestar de algo ya muerto, inexistente para la mayoría que nos rodea. Hay que ser valientes y enfrentarnos al presente-futuro rompiendo muchas veces con ellos y dando rienda suelta a los nuevos sueños que seamos capaces de imaginar, aunque para ello haya que romper moldes encerrados por la sociedad en una caja fuerte que inmoviliza todo. A veces hay que ser valiente y romper esa caja: cuando eso se produce se dan cambios en la forma de pensar, la sociedad evoluciona y cada uno de nosotros también.


Bajo las hojas de las acacias y los rosales, todas ya amarillas por la vejez del año, me vienen y dejo durante unos instantes que circulen por mi aquellos momentos que ya no volverá a ser nunca mas, y barajo pensamiento y deseo, mezclandolos con los deseos que mañana no podré hacer realidad.
Cuantos momentos dejamos pasar pensando en el pasado. Cuantos deseos quedan sin realizarse porque somos incapaces de despegarnos de las tradiciones y las creencias. Y mientras tanto, el tiempo pasa. El futuro se hace presente a cada instante y es pasado perdido. Y el tiempo se va agotando poco a poco;  o muy rápido, demasiado.
Miro el pozo. Cierro la puerta de mi mente y quedan ahogados en él todos esos recuerdos que no me dejan fluir hacia mi futuro. Y aunque sé que ahora es ayer y que mañana es solo una ilusión ¿Por qué no recordar los posibles recuerdos de mañana antes de que sea ayer?


Recuerdos que me atan, no me sirven. Recuerdos que cierran mi vida en un pasado en el que no he sido feliz, solo me valen para no tener la valentía de enfrentarme con un presente futuro que pasa veloz.
¡Está bello el jardín! No es el mismo que hace muchos años conocí. No quiero que sea igual. Pero cada rincón me trae un recuerdo.
Miro de nuevo al pozo, vierto en el mis malos recuerdos, salgo a la calle y cierro la puerta.


¡Quizá mañana sea feliz! Mañana ya ha pasado…
Sed felices.
Antonio

viernes, 19 de enero de 2018

Reflejos y reflexiones: paseando por Madrid.


Para Silvia López, tertuliana de pro, que  siempre te habla con una sonrisa.


Por las grandes ciudades se puede pasear mirando a las calles, a los escaparates ventanas y balcones, incluso a los vidrios de coches y carrocerías de motos. ¿Y qué encuentras ahí? Os preguntareis.
Se encuentra un mundo tan real como el nuestro, contrario a nosotros, inverso, unas veces nítido y transparente como el nuestro y otras retorcido e intrigante que esconde un no se sabe que.
Un mundo de vida sin vida o, vaya Ud. a saber, con una vida tan transparente y parecida a la nuestra que no somos capaces de separarla de la nuestra, de discernirla y poder enjuiciarla, pues dura lo mismo que dura nuestra mirada ante  cualquiera de los escaparates y vidrios sobre los que observamos.
Como la materia y la anti materia, lo positivo y lo negativo, existe también la imagen y la contra imagen, llamémosle reflejo, que no es otra cosa que la visión del mundo que nos rodea mas allá de nuestro campo de enfoque y de nuestra posibilidad de alcanzarlo. Al contrario que la sombra, que no nos deja ni con la luna, nuestro reflejo nos acompaña desde la primera entrada en el baño, aun somnolientos, hasta el cepillado de dientes, pero a cada instante, es distante, está al otro lado del espejo.
Hoy os he traído unos reflejos cogidos en distintos paseos por Madrid. Unos son imágenes reales, otras también, pero distorsionadas por unos vidrios capaces de convertir la imagen real en una imagen de ensueño, del otro lado de nuestro mundo.
¿Empezamos con unas cortinas? En la calle de Alcalá existen una serie de balcones que se engalanan con cortinas maravillosas nacidas en otro espacio tiempo, al otro lado del nuestro, como las de la foto que veis a continuación. La iglesia de San José esta delante y con su fachada le presta esas cortinas de las que carece. Una forma de entrar en este mundo de acciones distintas. ¿Verdad o mentira? Las cortinas están ahí.

Las cortinas que le presta la iglesia de San José al ventanal.

¿Sois aficionados al fútbol? El estadio Santiago Bernabéu, templo sagrado de los madrilistas, presenta una serie de cristaleras encima de sus taquillas que nos introducen en un mundo de extrañas y deformes acciones. Las formas no son lo que deberían ser, como si una mano invisible estuviese colocando cada uno de los barrotes de la Torre Picasso de una forma totalmente aleatoria. Quizá los ingenieros de más allá difieran de nuestro concepto de líneas ortogonales y quieran mostrarnos que se pueden hacer las cosas de muchas otras maneras.

En el Bernabeu a veces la realidad se distorsiona.

Cerca de Cuzco tengo la sensación que se me está observando. Noto la mirada fría clavada en mis hombros a la vez que distante. Noto perfectamente que alguien sigue mis pasos y me vigila. Y son unos ojos grandes, escondidos que irradian misterio. Los descubro de repente  allí en lo alto. Escondidos detrás del vidrio. Un fantasma que intenta comunicarse y con esa mirada de asombro me observa. ¿Qué si no puede mirar así? Decido que tengo que captar la escena y disparo. Una foto y queda plasmado. En la siguiente ya no están esos ojos…

¿De quien serán esos enormes y extraños ojos?

Cerca de Álvarez de Castro me sorprende una cristalera verde de la que salen las hojas amarillas de lo que parecen unas acacias. ¿Quién está delante y quien detrás? Como en un cuadro naif se entremezcla la realidad con la imaginación. Ramas a este lado y ramas al otro, como si se intentase congeniar dos mundos iguales y distintos y jamás unidos. Y las viviendas de los alrededores se sumen en el mismo juego y bailan a un ritmo que impone el compas de los vidrio templados, moviendo sus fachadas en un alborozado mostrarse a nosotros tal y como son al otro lado del reflejo.

¿Están las ramas dentro del reflejo? ¿Seguro que no?

Como una enorme ola, la fachada de este edificio del centro Azca parece querer avanzar comiéndose y tragándose todo aquello que se pone al alcance de sus vidrios, como un gigantesco tsunami que quiere coger todo lo que a su alrededor existe y engullirlo; absorberlo y comprimirlo dentro de su vorágine de ola reflejante creada por el hombre. Y entre espacio y espacio ya solo quedan unos restos que con la caída de la tarde serán devorados totalmente. En el mundo de los reflejos está claro que también, como en el nuestro, unos se comen a otros.

Como una gigante ola va devorando os reflejos a su paso.

En Madrid se puede ver de todo, pero hay que liberar la mente, hay que dejar que tus ojos acepten como normal lo que a primera vista puede parecer grotesco, absurdo… Pero están ahí, y como a nosotros les gusta realizar las mismas faenas y trabajos pero en sentido inverso, girados ciento ochenta grados con respecto a nuestra forma de ver y de pensar. Y si no que le pregunten al conductor de este autobús en que estaba pensado paraqué su cabeza se volviese perecida  al edificio Plaza. O ¿es que quizá quería el edificio conducir el autobús? Vaya Ud. a saber.

¿Tendrá el conductor un gran dolor de cabeza o el edificio Plaza quiere quitarle el puesto?

Los maniquís están inmersos en la circulación de los reflejos. Los vehículos del mundo invertido pasan justo a su lado sin tocarlos. La Gran Vía de los reflejos solo dura lo que se alarga el escaparate. Luego la circulación desaparece en un santiamén y no sale al otro lado del vidrio como era de esperar. Allí queda solo la realidad de un cartel de este lado que me recuerda que estoy aquí, no allí. En los escaparates se mezclan reflejos, realidades y escenas a veces tan rocambolescas en la que no se sabe nunca donde está la realidad y la ficción.

¿Cuantas veces has pasado por aquí y nos has visto esto?

Desde luego si una cosa tienen las torres KIO es la particularidad, a parte de su inclinación, de crear en sus fachadas una vistosa y extraordinaria forma de ver Madrid. Lo que a simple vista debería ser un entramado perfecto de cuadriculas ordenadas y una intricada mezcolanza de modernos y viejos edificios, se convierten ellas en un muestrario extraño de enredos majestuosos.

A vista de pájaro sin moverme del suelo.

Como no iba a colocar esta foto. El guardián del Paseo de la Castellana. El perro gigante que nos vigila cerca de la plaza de Emilio Castelar, con su casquete y gafas de aviador colocadas. ¿A qué juegan los reflejos para con solo las fachadas de enfrente producir esta imagen? ¿Qué nos quiere decir? En el fondo no son más que balcones y rejas que por el azar han formado una imagen bidimensional en la fachada. Pienso que podría ser incluso un piloto de aquellos aeroplanos triplanos de la Primera Guerra Mundial que quisiera volver a despegar en cualquier momento…

El perro, el piloto, el fantasma de Emilio Castelar nos observa..

¿Quiénes son esos seres sin volumen, planos, que están al otro lado del vidrio? Andan en mi mismo sentido pero invertidos. Me miran, como si se encontrasen inquietos porque mi cámara está intentarlos captarlos. Y no tienen tiempo para salir corriendo. La Victoria alada de la esquina de Gran Vía nos vuelve la espalda y en el autobús, como si quisieran sus vidrios participar también en esta entrada, infinidad de fantasmas se reflejan en el.

Nunca podrás ver en la realidad la imagen en esta posición. 

¿Dónde esta la realidad? ¿La verdad está a este lado del cristal o al otro? ¿Será aquello la antivida o la vida al otro lado del cristal? No lo sé. Pero sé que cuando voy paseando por Madrid me fijo en todas sus posibilidades, reales o irreales, del aquí o del mas allá.
Nada mas por hoy.
¡Sed felices! Lo demás carece de cualquier y relevante importancia.

Antonio 

martes, 21 de abril de 2015

Filosofía de albañil: meditando alrededor de un soneto, Soledad.-

Querida Soledad:

buscando estaba en un libro, quizás intentando encontrarme, cuando he tropezado con un soneto, que me ha hecho pensar en ti y en mi a la vez. Tu porque no estás conmigo, yo porque estando alli donde estas, te siento.

El soneto nació de la pluma de Juan Fernández de Rojas, un neoclásico, y su primera estrofa dice así:

Cuantas veces los ojos pongo, atento,
en lo inconstante del rapaz Cupido,
y a la caterva de quien es seguido
veo llorar en mísero tormento,


La estrofa se las trae. Por un lado el olvido, por otro los amores no correspondidos. ¿Me recuerda algo? Quizás tus sentimientos y los míos que se alejan por un Cupido descuidado que hirió con dardos mal apuntados o de un coste tan bajo que su herida cicatriza demasiado rápido. ¡Ay! Este Cupido maldito que alienta y deprime, que es capaz de organizar en un instante una maravillosa sinfonía de color y aroma con sus flechas y al segundo siguiente, cuando el dardo lanzado con tal ímpetu deja el cuerpo de la víctima después de atravesarlo, hacer de todo alrededor un hedor miserable de negrura.
Me pregunto ¿Por qué, Cupido, me lanzaste el dardo tan tardío? ¿Por qué, cuando la imposibilidad hace que la flecha rompa lo que crear quisiste?
La siguiente estrofa del soneto es como sigue, Soledad:

o bien, de breve rato algún contento
que al dueño de su amor han merecido,
celebrar con voz grata, a diestro oído
acorde resonando el instrumento,


Los pequeños ratos que podemos pasar juntos, músicas celestiales que resuenan en el alma, pues aunque tú no te enteres, aunque tus ojos no me miren, mi corazón vibra en ese momento. Resuenan los instrumento porque estas cerca; la sinfonía de notas son un fantástico acorde. Solo me asusta el momento en que te pierdo. El aplauso final del resto del público se convertirá en un despertar y volver a la realidad maldita. ¡Que delicia de sentimiento cuando estas a mi lado! ¡Qué tormento cuando te vas y desapareces…!
La tercera y la cuarta estrofa rematan el soneto de la siguiente forma:

complázcome en mi suerte venturosa,
exento del amor y sus arpones;
y en verso alegre, pastoril, sonoro,
canto el fino granate de la rosa,
o el subido volar de los halcones:
no canto amores ni esquiveces lloro.

Y es en estas dos últimas estrofas, cuando te das cuenta que el que ha escrito el poema ni conoce a Cupido ni conoce las consecuencias de sus dardos mal apuntados.


No sufre ni padece el que ha tenido la desgracia de no haber conocido la herida de la flecha envenenada, unas veces incrustada profundamente de tal forma que es imposible arrancarla y otras, muchas más, solo hieren superficialmente.
¿Por qué Cupido dispara sus flechas sin fijarse sobre quien apunta? ¿Por qué me hiere a mí y a ti ni siquiera te roza?
Muchas veces pienso que Cupido debe ser muy amigo de Baco y que este le lleva por mal camino, tanto, que cuando deja su compañía lanza sus dardos con tal desatino que hiere haciendo unas veces reír y otras llorar, como dice el poeta que escribe sobre el amor sin ser consciente de su sentido.
Que lastima derrochar tanto talento en un soneto escrito sobre un sentimiento sin poseerlo.


¡Cupido, en el mundo de los muertos lánzale al poeta un dardo para que por lo menos allí conozca el amor, en sus dos vertientes: la del gozo y la de la lágrima que mata poco a poco.
Que cada uno tome nota ante un flechazo de Cupido: si acierta a dos a la vez, fantástico, en el momento justo; si solo acierta a uno, risas y lágrimas se mezclarán en una sola música desentonada.
Se feliz, Soledad, a ti no te lanzó el mismo dardo que a mi.
Antonio

miércoles, 14 de enero de 2015

Carta a Soledad: Desde la muerte del cerdo hasta un ocaso fantástico.

Tal de Tal a 10 de Enero de 2015
Querida Soledad:

Hoy ha sido un día extraordinario respecto a las fechas que estamos. Ha amanecido una ligera escarcha con dos o tres grados bajo cero, que gracias a la lumbre preparada para la matanza y al amigo "Manuel" que en cuanto ha salido por el horizonte hemos tenido que ir quitándonos prendas de abrigo, para terminar en mangas de camisa.

El fuego para la matanza y el pucherete con el café caliente.



La matanza del pobre guarro, ha sido mucho más limpia de lo que pensaba. Es la guerra continua entre el depredador y la víctima para alimentarse. Pero realmente si te lo pones a pensar todos los días mueren cientos de animales para alimentar a la población mundial.
En la matanza, Soledad, se juntan las costumbres ancestrales con la supervivencia de una familia a lo largo de un año. Del cerdo se aprovecha todo, hasta los andares, como decía uno de los que estaban ayudando a su elaboración.


Abierto y limpio ya el cerdo, comienza una operación de extraordinaria pericia

 

Pasada esta fase del día, y ya con toda la carne preparada y las tripas limpias para embuchar, nos hemos sentado todos a comer al sol, solo faltabas tu, cubriéndonos bien la cabeza de un amigo que hoy ha subido la temperatura en Valencia de Alcántara hasta más de veinte grados. Se estaba a gusto, en una mesa en la que dueños y empleados y parientes compartían la alegría de saber que la matanza había ido bien.
Se ha comido y bebido; se ha disfrutado de las anécdotas de los lugareños, de sus bailes y sobre todo de sus conocimientos, que son muchos, por regla general, más que los nuestros del campo y su mundo.


La capa de piel y grasa, de donde sale el tocino y los torreznos es la ultima en desaparecer.


Por la tarde ha llegado el momento de embuchar: había que preparar lo salchichones, los chorizos, las morcillas patateras, los chorizos, el buche que es una especie de morcón, separar la grasa de la manteca, preparar los inmensos lomos de un animal que pesaba casi 220 kg y los solomillos. Y dale que dale  al manubrio de la máquina para embuchar, durante toda la tarde y parte de las primeras horas de la noche y mañana habrá que seguir con lo que ha quedado por hacer.


Ristras de chorizos y morcillas cuelgan en el secadero, resultado de otra matanza.

La mezcla de ingredientes se realiza por las mujeres a mano. Hay que saber

Cuando ya el frío comenzaba de nuevo a aparecer escondido en una maravillosa luz que venia de arriba, en un ocaso magnifico, como vas  ver, me he acercado a la lumbre donde se cocían las morcillas. Daba gusto ese calor que parece escondido saliendo de las brasas.


El fuego se va consumiendo. La ultima olla calienta el agua por si hay que cocer mas embutido.

Y a última hora de la tarde, de un día completamente despejado, Soledad, unas pequeñas nubes han hecho acto de presencia en el cielo. Me he preguntado si no sería el espíritu del animal que subía al cielo.
Me he ido a un rincón de la finca y recordándote, he ido haciendo foto a foto, Cada imagen un pensamiento, Soledad, cada instantánea un deseo, Soledad, queriendo que el tiempo se parara repentinamente para que la visión y el pensamiento se enlazasen en un abrazo eterno, Soledad.
¿Te has fijado en los colores iniciales? Suaves y cálidos.
Para recrearme en ellos he avanzado unos pasos hasta una esquina de la huerta y allí, apoyado en uno de los muros de una dependencia, solo, en perfecta soledad, Soledad, contemplaba ese cambio maravilloso en el cielo.



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Comienza un ocaso maravilloso








Primero el cielo se hace brillante: combina el brillo del oro con los grises de la oscuridad; da la sensación que parte de la nube disfruta y la otra, tímida, se esconde. Parecía que mechones de cabello recorrían el espacio.







Luego, Soledad, comenzaron los colores ocres; y después pasando desde el rojo del carbón encendido a la luz del día a rojo intenso de la brasa que queda en el fuego de la hoguera cuando ya la noche es cerrada.
Y entre nube y nube, tu, Soledad. Entre color y color, el recuerdo de tus miradas.



Y así poco a poco llego la noche Las nubes dejaron sus colores encendidos y cansadas de tanto boato celeste decidieron convertirse en grises rastros durmientes.




Me quede allí, con la mirada en el cielo, Soledad, y el pensamiento muy lejos… ¿Sabes dónde?
La temperatura comienza a bajar. El calor del día deja paso al frío de la noche. Las nubes han dado paso a las estrellas, que envidiosas, quieren cubrir el cielo con su manto de refulgentes chispas. Y lo consiguen, Soledad, pero han quedado allí solas, solo acompañadas por el frío, que ya no consiguen menguar las pocas brasas que quedan en la fogata. Yo me he refugiado en los rojos tintes que despedían las brasas de la chimenea…




Hasta pronto, Soledad. Un beso
Antonio