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sábado, 18 de julio de 2020

Bajo las ramas del abeto I.-


A ratos, bajo el abeto I.-



Estoy sentado esta noche bajo el abeto como muchas otras.
Este abeto maravilloso que no se ha rendido ante nada ni ante nadie, contemplándole tranquilamente después de cenar, sentado bajo esas enormes ramas con lo que parece que te va a abrazar.
Me gusta estar con él y contarle en silencio las penas y alegrías de cada día. Son tantos años juntos, tantos, que de vez en cuando me acerco, le abrazo y estoy así un rato transmitiéndole y recibiendo.
Esta noche hace aire y sus brazos como silenciosos abanicos parecen querer quitarme el calor de la jornada. Así como los plátanos y otros árboles del jardín son ruidosos con el aire, él, muy al contrario, quiere convertir el ruido en una suave melodía y dirige todas sus ramas como un auténtico director de orquesta.


Hace una noche deliciosa, fresca. Apagamos las luces del jardín y entre sus ramas podía divisar el carro de la Osa Mayor. Proteste porque no me dejaba ver el resto del firmamento y de las profundidades de su ser escuche una voz que me decía: ¡¿Te quejas cuando te doy sombra durante el día?!
Tiene razón.
Miramos las cosas con distintos puntos de vista los humanos. Perdóname amigo.
Medito mientras me abanica. Me encantaría saber escribir el sonido de su música al compás de los empujes del aire serrano. Pasa de repente de suaves compases, casi susurros, a intrépidos vivaces que parece que van hacer explotar todas las ramas del árbol, como si el director se hubiera vuelto loco.
Y sus brazos siguen cualquiera de los compases que el órgano del viento impone y parece querer dominarle y abrazarlo para bailar con él las distintas melodías que van apareciendo.
Mientras tanto, sentado bajo él, escucho absorto el concierto, dejando que recuerdos agradables fuesen  recorriendo mi mente: bailo al compás del viento, ahora en mitad de una tempestad en el Mediterráneo, o en la calma chicha de una noche en el desierto de Bujaraloz. Y entre medias, como imagines salidas de los rincones de mi cerebro, infinidad de amigos que fueron y que lo son, que vienen a recordarme momentos maravillosos aquí debajo de él o allá en la lejanía de los horizontes que nos rodean por todas partes.


El abeto sigue con su danza y yo con él, esperando el momento en que el concierto acabe, esto no será hasta bien entrada la noche, ya de madrugada, cuando los vientos de la meseta sur se estabilicen con los más fríos que llegan a través de las montañas de la sierra del Guadarrama, vientos que caen en cascada por el Alto del León y más duros desde la Peñota..
El viento ha rugido un momento, como si estuviese enfurecido consigo mismo, y ataca a todo lo que a su alrededor le impide el movimiento. El abeto lo envuelve dulcemente, lo amansa y lo va durmiendo poco a poco, poco a poco. Parece que lo ha conseguido. Y me esta durmiendo a mi también.
Me despido de él hasta mañana con pereza y el concierto comienza a diluirse en la platea nocturna del jardín. Parece que sus brazos también quieren descansar. Nos saludamos y nos despedimos en silencio. Un último movimiento de sus brazos. Un adiós de los míos. Y al salir bajo su cobijo descubro con sorpresa un maravilloso cielo lleno de las más brillantes luciérnagas que se pueda uno imaginar…
Sé que mañana estará ahí esperándome.
--o0o--
Sed felices
Antonio

lunes, 11 de marzo de 2019

30 minutos acostando al sol. (Filosofía de albañil)

Buenas lo que sea, porque tu puedes estar incluso viendo la puesta de sol.
Todas las fotografías de este trabajo son continuas, están colocadas por orden, y solo se han recortado.
Todas son de la puesta de sol de ayer 9 de marzo de 2019.
Espero que os guste; si pensáis que los temas personales no son aceptables, no lo leáis.



 19:03 Tengo que taparme los ojos al mirar al horizonte. Con ello consigo ver el cielo de frente, Ya queda poco para que Lorenzo se esconda tras el horizonte. Quizás un par de minutos mas antes de que se duerma del todo. Es un buen chico. Puntual todas las tardes para dormir, aunque poco a poco se va escaqueando y se esta acostando todos los días un minuto mas tarde. Porlo menos me hace compañía, así no estoy solo.



 19:05 El cielo empieza a teñirse. Es un gran coqueto, Puede tirarse treinta o cuarenta minutos probando a ver que tono le va mejor. Es una delicia que lo haga, así puedo disfrutar y elegir el momento que mas me gusta.


19:06 Los últimos rayos están ya torpes, Solo queda un milímetro de la esfera celeste por esconderse tras el horizonte. Todos los días igual pero distinto. Como nuestros días, todos iguales, con las mismas discusiones, pero al final distinto del anterior y seguro que del siguiente. 


 19:07 Ya solo es resplandor. Lorenzo se ha acostado por fin. Cada vez que esto ocurre y yo lo veo, una sensación de paz me invade. Multitud de preguntas surgen, dudas también. Esas luces de multitud de colores distintos hacen en mi el mismo efecto que las luces de colores de las piscinas termales: me relajo y llevo mis pesares con mas tranquilidad.


19:08 Lo bueno que tienen los objetivos de gran longitud focal es que te trasladan a lugares que el ojo es incapaz de ampliar. Una llama de oro se recorta en ese cielo. Suelo con paz, me imagino un mundo pleno de felicidad y no este que en cualquier momento se puede convertir en un polvorín explotando. 


19:13 Ya han pasado diez minutos desde que el sol comenzó a esconderse. Ahora tengo tiempo para pensar un poco en ti. Y pienso en ti ahora porque en otro momento no puedo. Estas demasiado lejos, en un país tan distinto al mio que da vértigo. Las distancias pueden ser muy pequeñas pero los tiempos son eternos. Ya han pasado diez minutos, ya, y parece que hay sido un instante. Tienes demasiado poder sobre mi, cielo.


 19:16 Tres minutos más. Cada instante, cada segundo que vivimos, es un regalo maravilloso que despreciamos muchas veces. Un instante puede ser eterno o efímero. La medición del tiempo es una relación química entre la edad y las encimas que producimos. Y aterra ver como los instantes, incluido este, pasan a velocidades vertiginosas.Un regalo que tiramos normalmente por la borda, hasta que es demasiado tarde y se nos hunde el barco definitivamente,


 19:17 Un minuto mas. Y sigo solo, con mis nubes en el cielo que siguen maquillándose.


19:24 Han pasado otros siete minutos. Los colores comienzan a teñirse de rojo en gasas suaves que van abrigando a la bóveda celeste. Hay que tapar al sol para que no se enfríe. A mi me encantaría que tu me tapases cuando tengo frío; en este momento lo estoy empezando a notar. Pero el país de tu origen está muy lejos.


 19:24 Cada vez que disparo con la maquina, quemo un segundo de mi vida y no se cuantos me quedarán aún. Un amigo hablaba ayer de la soledad buscada, Esa debe ser impresionante, Poder escaparte del mundo recorriendo una orilla o subiendo una montaña porque has elegido estar solo. Terriblemente es muchísimo peor es estar contemplando la belleza porque nadie ha querido acompañarte.


 19:28 Los tonos por general en el cielo son rojizos. Van apagándose lentamente, como cada uno de nosotros desde el momento en que nacemos.


19:29 Solo en el horizonte refulge aun una cierta luz dorada, como la que se enciende dentro cuando pienso en ti. ¡Que mal hechas están las relaciones sociales! Somos tan hipócritas que nos regimos por un decálogo muchas veces absurdo, donde la libertad del hombre para amar solo está dirigida en una dirección, Todo es pecado, incluso amarte.


 19:29:30 Cada vez mas rojas, como si fuesen infinitos labios pintados ya de un carmín pasado de moda. El cielo se está apagando y yo con él.  Voy a emprender la vuelta y volver al mundo normal de las personas normales. Cuando cruce la calle y suba las escaleras del portal seré un respetable D. Antonio, padre de familia y cumplidor en su trabajo. Las ilusiones personales se habrán quedado fuera.


19:31 Enfoco de nuevo el horizonte con el teleobjetivo. Ya no queda nada. Incluso donde brillaba hace treinta minutos la esfera que nos calienta, queda ya solo un rescoldo con las ultimas brasas encendidas. Nos hacemos viejos y nuestras brasas están cada vez mas apagadas; ¿por que se inventaron los mandamientos? Seria por gente como yo, supongo; no, ¡seguro, seguro!

Sed felices. Una mirada  a una puesta de sol puede inundar el corazón de gozo, aunque no lo parezca tras mis reflexiones.
Antonio 

miércoles, 6 de febrero de 2019

El hombre de la cabeza gacha.-


En los últimos viajes que he realizado en el metro he observado y mirado descaradamente a mi alrededor y me he dado cuenta de que vivimos en un mundo cada vez mas distanciados los unos de los otros , más lejano para aquellos con los que no mantenemos unas relaciones de amistad o de familia. Surge, cada vez que se toca este tema, la discusión si las técnicas modernas acercan o alejan; si se lee mas ahora con los móviles o las tabletas que con los libros de papel. Pero lo que es cierto es que cuando subes a un vagón de metro solo ves ojos puestos en los aparatos electrónicos y no se desvían de ellos como si mirar a otro lugar  fuese saltarse una norma de urbanidad.


Y hace falta observar para darnos cuenta que no estamos solos; nos rodea un mundo de miseria, de desgracia y desesperación, que aquellos que algo tenemos, no queremos ver y preferimos mirar a nuestros aparatos electrónicos, a nuestro interior.
Un mundo de silencios acompañados de una música celestial que llega a los oídos a través de infinidad distinta de tipos de cascos, pero con oídos sordos a los lastimeros gemidos de aquellos que quieren hablarnos de sus penas, de aquellos que nos suplican su atención. Y nos rodean a cientos, incluso cada uno de nosotros puede ser uno de ellos, porque hay muchas penas distintas en este mundo.
Las más vistas son aquellas que tienen relación con el dinero, el paro y la falta de tener cubiertas las mínimas necesidades, que conducen primero al resquemor, ala vergüenza, luego a ejercitar la mendicidad solicitando unos euros, comida, un cigarrillo, alcohol, luego cualquier cosa. Y esa desesperación que no queremos mirar o ver, conduce a caminos tan dispares como el ostracismo, la desesperación, el robo o el suicidio, esto último de infinidad de maneras distintas que no tienen porque llevar a una muerte física; a veces esta ultima mucho mejor que una muerte psíquica y de desesperación.
¿Por qué escribo esto? Tan sencillo como la presencia de tres indigentes distintos en un espacio de veinte minutos y seguramente rodeado de algunos más que aun no habían atravesado el primer estadio de lo dicho anteriormente.
El que más destacaba, era un hombre al que se le veía desesperado. Doblado sobre si mismo, mirando al suelo; no se atrevía a levantar los hombros como si una terrible carga recayera sobre ellos. Sus zapatos, casi botas, recias, miraban hacia adentro, como señalando el punto a donde sus ojos de se perdían en la desesperación. Ocupaba un asiento al extremo de la fila. Daba la espalda a todo el que se sentaba a su lado. Estaba solo; solo y rodeado de gente. Ni una sola vez levanto la vista hacia mí, ni hacia nadie. Cuando sus manos se desenlazan, abre algo los brazos, como si quisiera aceptar algo, y vuelve a entrelazarlas. Sigue mirando al suelo. Así seis o siete estaciones. ¿Cuál será su problema?
Seguro que la falta de trabajo y de dinero. La desesperación del que desea y no puede dar; desesperación si hay hijos pequeños a los que alimentar.
Sigue sin levantar la cabeza, sigue buscando una solución a su problema. Seguramente estará pensando que la suerte le ha abandonado, que todo está perdido…
Y todos seguimos mirando a nuestros móviles o escuchando música con la mirada perdida como si estuviéramos viendo un recuerdo, como si aquel hombre de la cabeza gacha no existiese.
Y realmente para los que vamos en el metro los hombres de cabeza gacha no existen porque no queremos verlos; no queremos sentir cerca de nosotros la pobreza. Nos asusta, nos da miedo que llegue un momento en el que tengamos que enfrentarnos a lo mismo y no queremos saber nada del hombre de la cabeza gacha, de los hombres de cabeza gacha. En el fondo con tanto transistor, con tanto adelanto, nos hemos convertido en maquinas egoístas que solo nos miramos a nosotros mismo y no queremos ver reflejada en nuestra mente la miseria de los demás.
Sed felices
Antonio

jueves, 6 de diciembre de 2018

Mis pensamientos debajo de Torre Europa


Me encanta fotografiar los edificios modernos.
No tienen los detalles arquitectónicos del romanticismo, modernismo y postmodernismo, pero sus estructuras suelen conducirnos hacia el cielo de manera sistemática por su altura y esbeltez.
Ayer, muchos lo sabéis porque os dila lata con mis fotos, me baje andando desde Cuzco hasta el Café Gijón.
Era ya tarde.


Iba solo, tranquilamente andando y pensando. Las cámaras fotográficas arrinconadas en casa, pero como no puedo dejar de hacer fotos utilice mi teléfono que no es demasiado bueno, pero lo importante era dejar algo de perspectiva fotográfica.
Con sus 120 metros aproximadamente de altura, el edifico Europa o Torre Europa, es uno de los más alto de la capital de la España.
Diseñado por el arquitecto Miguel Oriol e Ybarra, muestra una elegancia exquisita; te obliga a mirarle y a mirar hacia arriba.
Me encanta ver esos nervios que crecen paralelos hacia el cielo, aunque las perspectivas darnla sensación que van a juntarse en un punto no muy lejano.
Me encanta mirar entre esos nervios  y observar como la luz natural y la artificial conviven juntas en un atardecer cálido de noviembre.


Pero hay algo que me llama poderosamente la atención que seguramente pasa desapercibido para la mayoría de los viandantes: su reloj.
Los nervios se abren para abrazarlo y dejarle espacio.
¿Alguien saca el suyo y lo campara con ese otro colgado?
Hoy estamos acostumbrados a mirar el reloj de muñeca o el que la pantalla del teléfono nos muestra.
Ese reloj que marca las horas sin campanadas, en solitario.
A mi personalmente me gusta, pero me entristece el verlo solo colgando de la hermosa fachada.
Y sin quererlo, el reloj me acerca a toda esa cantidad ingente de pobre gente que duerme debajo de los soportales del centro empresarial, alrededor de las altas torres.
Pobre gente, colgados de las fachadas de las personas sin una mirada, como el reloj de allí arriba.
Me pregunto muchas veces ¿Por qué la Naturaleza nos hace tan diferentes a unos de otros? ¿Por qué tu eres mas inteligente y agraciado que yo? ¿Por qué mas rico?


Miro de nuevo al reloj y me doy cuenta de que llego tarde a mi cita con un gran hombre en el café Gijón. Y dejo de pensar: ¡Que fácil lo tengo!
Para todos nosotros es fácil dejar de pensar y olvidarnos de las penas de los demás.
¡Y quiero ganarme el Cielo!
Sed felices
Antonio

domingo, 26 de noviembre de 2017

Recuerdos de niñez. Las hojas del espino y yo

Ya es tarde. El sol ilumina de vez en cuando las cimas de la Maliciosa pero en la zona de las Hermanitas de los Pobres, en Los Molinos, ya no llega.


Las cimas del Alto del León, Gibraltar y el paso del Arcipreste de Hita ocultan ya un sol dispuesto a esperar al siguiente día para calentar las frías y altas tierras de esta zona.
Un banco de nubes pegadas a las cumbres enturbian más aun el día. El frío se está empezando a hacerse notar y va calando poco a poco en el interior del cuerpo. Me abrocho el anorak y emprendo un paseo, solo, que no durará mas de media hora.


No me importa el tiempo. No me importa el frío. Me importa el silencio, la serenidad de la zona y su belleza y la facilidad de encontrarme a mí mismo; de centrarme en mi e intentar olvidar la falsa frialdad que he mantenido estos quince días de atrás. Mi problema es que soy cálido, no frío
Un espino en mitad del prado, con sus colores de otoño, con sus flores de otoño, me llama; me obliga a ir hacia él; parece decirme que quiere escucharme; entablo junto a él como testigo una conversación conmigo mismo.


Me llegan recuerdos de mi niñez que había olvidado casi por completo. Tomo nota para recordarlos luego en casa y  de toda una vida cuajada de penas y alegrías, de metas alcanzadas y otras por alcanzar aun. 
Recuerdos de personas queridas y de otras amadas. Amigos que lo son y amigos que dejaron de serlo porque no lo eran. (Que tristeza produce el ver que el amigo solo lo era por interés) Años cargados de pesares y angustias que pueden y deben resolverse en tiempos relativamente cercanos.


¡Cuan cortos se hacen ahora junto al espino los años pasados!
Los pinchos del espino me recuerdan aquellos pinchazos que me dio la vida y que es bueno aflorar. 
Una muerte que rondo mi cuerpo  cuando apenas tenía ocho años y a la que en aquel momento vencí momentáneamente; una victoria grande que fue solo el comienzo de una batalla que desde entonces vive una tregua débil y que tarde o temprano se romperá con la derrota decantada hacia mí. Pero asumida, aunque no deseada.


Recuerdo aquel primer día con nueve años en un mes de septiembre, cuando aún no habían comenzado las clases, acostado en una cama en un dormitorio con otras cien camas completamente vacías y sin saber la razón cierta de porque estaba allí. Recuerdo mi llanto. Recuerdo al hermano marista, grande, gigante, le llamaban mamut, que intentaba consolarme, cogiendo una silla y sentándose junto a mi hasta que me quede dormido. Aquella primera noche no la olvidaré nunca.


Y así estuve diez días viviendo en un colegio vacío hasta que mi abuela llego de Tarragona cuando había terminado la recogida de la avellana. Y es de entonces el primer amigo que recuerdo de mi estancia en Gerona: el Dar. Un maravilloso perro mezcla de bóxer y dogo que se hizo mi compañero y que murió antes de tiempo. Compartíamos la merienda y las comidas que no me gustaban cuando se descuidaba la abuela…Me esperaba a la puerta de la casa y sabia de sobras cuando subía por las escaleras.


¡Como vienen los recuerdos buenos y malos alrededor del espino!
En un momento determinado miro su contorno y aprecio la belleza de sus pequeñas hojas.
Forman grupos. Trasmiten serenidad. El frío que llega no les preocupa. Volverán a nacer el año que bien y a teñir de verde la pradera y luego, como ahora, lo harán con colores rojizos.


Me lo quedo mirando. Parece adivinar mi deseo. Una fuerza que no se de donde viene, quiere arrancármelo. ¿Sera el espino?
Mueve el aire sus hojas y me animo a decirle que quiero, si que quiero, con el amor que se puede dar en las puertas de la vejez.


¿A quién? parece que me pregunta.
Le digo que se lo contaré en primavera cuando esté verde de nuevo.
Ahora, pasadas ya unas horas aquí en casa, me arrepiento de haberle dejado con la pregunta en el aire, pero así tendré la oportunidad de hablar con él de nuevo en primavera.
--o0o--


Sed felices, lo demás ni siquiera es importante.

Antonio 

domingo, 22 de octubre de 2017

La soledad y el amor. (Las dalias para despistar)

Recordando un paseo.-

Leyendo autores españoles posmodernistas, poetas, de la época de los ismos, he encontrado un poema de tres versos que vienen a reflejar mis padecer y preocupaciones por la soledad ante la sociedad y ante ti, Soledad
Es de Rafael Montesinos y dice así:


SOLEDAD
Soledad del ir viviendo
mi soledad con los otros
es la soledad que tengo.

Dalia Barbarossa

Nada es mas difícil que vivir toda una vida haciendo ver sin sentir y sintiendo sin poder hacer ver.
Me refugio muchas veces en las profundidades de mis pensamientos, intentando encontrar soluciones lo menos dañinas posibles y siempre choco con las mismas fronteras de nostalgia y amores no posibles, como el tuyo, Soledad.

Dalia Café con leche

Y por mas que quiero borrar de mi mete tu figura, tu imagen, amanezco todas las mañanas contigo en mi pensamiento, me acompañas durante el día y a la hora del sueño te busco a mi lado y no te encuentro.

Dalia Topmix purple 

Soledad terrible en la que los cómplices no existen y los compañeros de viaje son exclusivamente tus propios sentimientos y silencios. Pensamientos perdidos y mezclados con deseos sencillos de tenerte a mi lado; silencios que taladran poco a poco el ánimo porque van desgastando el espíritu y la esperanza. Si, no renuncio a nada, pero veo tan lejano el día de poder hablarte tranquilamente, que se diluye en los espacios infinitos de los relojes tenebrosos y misteriosos del tiempo.

Dalia Lucky number 
Pasear, tenerte a mi lado, aunque sea solo por breves instantes en escasos días a lo largo de un año, es un regalo maravilloso que templa las angustias que se sufren en la soledad diaria, en la incomprensión diaria, en el sacrificio diario realizado por otros y en el cariño, Soledad, que tengo que silenciar.
Y la soledad de sentimientos es la más pérfida de todas, porque entre otras cosas, amar significa sacrificarse muchas veces en no ser amado o por lo menos en no poder recibir amor.

Dalia G.F. Hemerick

Soledad que intento tapar navegando por los mundos que la Naturaleza tiende a mis pies. Las flores son un mundo increíble que me permite divagar contemplándolas y pensar sin tener que exponer la soledad a nadie. Es la respuesta que mi yo ha dado a mi soledad.

Dalias Lavender Perfection 

Volver a pasear a tu lado algún día será un maravilloso regalo y una felicidad absoluta.
Quizá en aquella parada de autobús tenía que haberte pedido que esperases a que pasasen dos mas y no lo hice. Creo que me arrepentiré toda la vida, Soledad.

Soledad del ir viviendo
mi soledad con los otros
es la soledad que tengo.

Dalia Apache

Me han vuelto los versos de Rafael Montesinos. 
En el fondo es tu soledad lo que tengo.
Se feliz, lo demás no importa, Soledad.

Antonio

viernes, 28 de abril de 2017

Divagando entre rosas


El jardín esta en silencio. Hay un silencio absoluto, casi un silencio muerto.
Estoy solo, como casi siempre, pero no me disgusta.
Si disfrutaría quizá más si estuviese en compañía, pero no es el caso. Por lo tanto a disfrutar en la soledad, mientas contemplo las bellezas que el rosal me ofrece.


Me fijo en él. Me fijo en sus flores. Y es curioso pero me llaman más la atención las flores maduras que los capullos formándose.
En el capullo se refleja la inexperiencia, una belleza latente, pequeña, con ansias de grandeza.
Pero no es aun nada.


Los ojos solo me permiten dedicarles unos segundos, los justos para una foto o dos.
Contemplo las roas ya formadas. Me doy cuenta que son mucho más bonitas; hay experiencia en ellas; hay ganas de vivir, de contagiar el aire con sus colores y sus perfumes.
Redondeadas, rosas, rojas, blancas, amarillentas, todas preciosas.


El silencio sigue.
La soledad también.
Una rosa méllame la atención. Luego unas cuantas mas. Parecen decirme algo; escucho, silencio absoluto.
Me pregunto ¿Por qué tanta belleza para solo un instante de visión?
Allí están las rosas, aquí estoy yo mirándolas. Ellas me perciben, saben que me tienen completamente conquistado. Son maduras y bellas.


Algunos pétalos demuestran la proximidad de un fin que esparcirá los pétalos por la parcela.
Belleza hasta el final. Armonía de color. Muerte silenciosa sin el mas mínimo quejido. Y con su muerte llegar la simiente de una nueva generación. Madurez, saber hacer.


Sigo solo, no me importa. El silencio me agrada. La tarde corre.
Rosa-Rosae, primera declinación, tercero de bachillerato en Gerona.
Frente al colegio, la casa de la bruja llena de rosales.  No recuerdo a la bruja que nos cobraba diez céntimos por cada balón que caía en su casa, pero sí recuerdo y veo aun aquellos maravillosos rosales.


Los rosales me llevan a mi niñez o a mi entrada brusca en la pubertad.
Recuerdo tantas coas de aquel tiempo al observar las roas que lago tienen que ver con mi memoria.
Quizá sean ellas la memoria; quizás sean las neuronas que activan mis recuerdos.


Sigue el silencio a mi alrededor, solo roto por la máquina de fotografiar. Me gusta sentir el ruido del espejo en cada foto, y disparo, disparo… pero no mato, al contrario conservo la belleza de las rosas que me están haciendo compañía.


Caigo de repente en la cuenta quelas rosas me están diciendo que su belleza depende de su experiencia. Han crecido, se han formado y están dando la vida al fruto que viene tras de ellas.


Y pienso y comparo. Cada vez lo tengo más claro; en la madurez hay  belleza fruto del conocimiento, de la experiencia, de la labor realizada.
Algunos pétalos caen volando por el jardín. El césped comienza a teñirse como si de un tablero de ajedrez se tratase.


Miro el rosal. Allí en lo alto esta la rosa medio rosa y medio escaramujo.
Bajo el rosal sigo solo y en silencio.
Me doy cuenta de mi soledad. Me admiro de  la belleza.
Divago, pienso, recuerdo; quisiera tal vez en este momento una caricia, pero…


Admiro por ultimo a las rosas.
Me fijo en una roja dispuesta ya casi a cubrir de sangre el césped.
La fotografió; me viene  l mente de nuevo Gerona y mis once años; la bruja. El rosal de la bruja.
No me importa volver a mi pasado, no, siempre que sea contemplando la belleza madura de una rosa o de una mujer.
Me encantaría que esa mujer fueras tu.


Sed felices… con mirar a una rosa se consigue.

Antonio