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lunes, 14 de noviembre de 2016

Rincones bucolicos de La Jarosa (Guadarrama)

Hace fresco. El cielo está encapotado y un velo gris cubre los picos altos del Sistema Central en Guadarrama, este sábado del mes de noviembre.
En las orillas del pantano, otras personas, como yo, buscan cargar las pilas admirando una naturaleza que el hombre ha creado para su solaz y a la que la naturaleza le pone un maravilloso decorado.
Dejo la orilla y le doy la espalda al agua.


Busco con mis ojos ese bosque, por llamarlo de alguna manera, que separa la orilla de la presa del pinar que asciende desde allí a las cumbres.
Con cada fotografía, tengo la extraña sensación, ya quisiera yo que fuera verdad, que estoy copiando a aquellos pintores del XIX , de su segunda mitad, que se encontraban a caballo entre el romanticismo, con sus cuadros oscuro y detallados y el impresionismo que ya apuntaba fuertemente.


Paisajes de tonos sombríos a veces y otras de una luminosidad increíble.
Hoy, toca el paisaje triste por la falta de sol. Esos árboles que son capaces de convivir unos con otros, lo que tenemos que aprender, robles con fresnos, olmos, chopos y pinos, sin olvidarse de vez en cuando de los arbustos espinosos que aprovechan un despiste para ocupar su sitio.


Mientras escribo la quinta sinfonía de Mahler me acompaña introduciéndose conmigo en cada rincón que veo en los temas fotografiados. Pasamos de la estridencia sonora de los instrumentos de viento al acompasado son de las cuerdas. Luego de repente, como el paisaje, estalla en un sinfín de notas sublimes que realzan lo que veo de aquellos instantes del sábado pasado.


Los fresnos, con sus hojas amarillas, sin desmochar han ido tomando formas a su libre albedrío. Los robles en cambio se yerguen altivos mirando hacia el cielo e intentando ocupar el sitio. Unas hojas caen llevadas por el viento, como si la música de Mahler las acompañara.


Pero allí fuera, solo el rumor de mis pisadas sobre las hojas caídas es lo que escuchaba.
En estos lugares parece que a la gente no le gusta adentrarse, en cambio hay infinidad de detalles que marcan que dentro de unos días el paisaje habrá cambiado totalmente. Los restos de las hierbas veraniegas comienzan a tumbarse por el peso del rocío de la noche y el suelo se nutre de una nueva capa de hierba.


La pradera esta húmeda. Junto a la encina quedan los restos de las cabezas del fruto. Seguramente los jabalíes han dado cuenta de sus bellotas durante las noches pasadas. No queda ni una, solo restos de su boina y si un sin fin de hojas y hocicadas por el suelo.
Tengo que volver y mis pasos se resisten a salir al mundo real donde he de encontrarme con los problemas, las discusiones, la mierda de la política y la rareza humana que no se da cuenta que se puede disfrutar sin tener que tener un teléfono constantemente en uso.


No creo que en los alrededores nadie esté buscando un muñeco de esos electrónicos que todos intentan cazar por todas partes. Aquí, en mitad del campo, solo se caza tranquilidad, sosiego y belleza, que creo que son suficientemente importantes como para no desperdiciarlos.


Miro por ultima vez a mi alrededor y me decido a entrar en la zona habitada, aquella llena de coches, entre ellos el mío, y donde un chiringuito llena de satisfacción a los que desean tomarse un buen refrigerio.
Arranco… Volveré entre semana que se que estará todo vacío.


Sed felices

Antonio 

viernes, 23 de septiembre de 2016

Un paseo pre otoñal.

Oficialmente ayer comenzó el otoño 2016; el hombre ajusta a sus necesidades aquellos conceptos de la Naturaleza que le interesan, intentando someter a esta a sus caprichos.
La Naturaleza se rige por un reloj completamente distinto al nuestro: para ella el otoño empezará cuando le dé la gana, este el sol un poco más bajo o alto en el horizonte.


Pero es cierto que por estas fechas comienzan a verse colores en mi querida comunidad que anuncias que pronto las hojas comenzaran a caer desmesuradamente, que los verdes dejaran paso a los ocres y amarillos y las tierras se pondrán verdes de nuevo. Pero eso sí, cuando madre Naturaleza decida que ha llegado el momento.
Todas las fotos que vais a ver son del mismo día: 17 de septiembre de 2016.


Moras, rojas y negras, sobre fondos amarillentos de fresnos y endrinales que avanzan el otoño.


Rosales silvestres que derrochan sus últimas fuerzas en sacar los escaramujos adelante mientras en sus hojas comienza a notarse un cambio que se aproxima lentamente.


Los musgos comienzan de nuevo a verdear en las vallas de granito, después que pasaran las tormentas, como queriendo envolver a las piedras y abrigarlas.


Un roble, no sé si cansado de tanto calor o quizás seco, muestras sus hojas en una sinfonía de colores que asusta a la máquina de fotografiar.


Y el espino ha dejado este mundo debido quizá a la insensatez de un paisano que no ha sabido admirar su belleza. El año que viene no será.




Contraste de vida y muerte, de fin y de principio en una misma foto: el escaramujo es el porvenir, las hojas son ya pasado.


Un endrino. Un endrino que ha perdido sus frutos. Solo le queda el alimento de las últimas hojas: está recogiendo su savia para pasar el invierno. Seguramente demasiado pronto.


¿Por qué tan pronto quieres irte a dormir? árbol. Quizás el concepto de tu vida es completamente distinto al mío. Para ti solo existen tres épocas de vida, la cuarta, el invierno, duermes como un bendito bajo los hielos. ¡Que sueño mas largo!


La naturaleza también tiene sus líos, más de los que nos pensamos. La zarza lucha por mantener su hábitat despejado, pero otras plantas no temen a sus espinas y luchan, entre ramas puntiagudas y telas metálicas, para sobrevivir.


Destaca el pequeño arbusto contra la pradera que amarillea en los campos de las dehesas guadarrameñas. Sus tonos ocres compatibilizan con los que detrás se muestran. Ahí está mi arbusto luchando por salir adelante.


Moras y tapaculos comparten un mismo espacio. Las moras se las rifará la gente, tanto, que no dejaran que engorden no vaya a ser que otro… En cambio, los tapaculos no los coge nadie, con lo ricas que son sus mermeladas.


La zarza que está a la sombra de los grandes fresnos comienza antes su andadura otoñal. La mañana ha sido fresca, pero extraña tanta coloración amarillenta en las plantas. Ha llovido poco este verano y las lluvias de la Virgen y principios de septiembre no han sido fuertes. Mama Naturaleza comienza a dar muestras de cambio: parece que quiere engalanarse para ir a dormir.


Me quedo mirando el rosal silvestre. Sus escaramujos están sanos. Sus hojas comienzan a entregar a la planta todo el poder de la savia que tienen almacenada y van cambiando poco a poco de color.
Otoño llega, despacio, seco, con calor, pero va llegando. Caminito arriba y abajo deja entrever su mandato. Comienza el año a hacerse viejo, ya está muy maduro.
¿Serán mis canas presagio de un otoño que se acerca o de un invierno eterno del que no se sabe nada? Cierto, estoy ya en mi otoño, espero que el invierno tarde aun un poco.
Sed felices

Antonio 

miércoles, 11 de febrero de 2015

Camino helado... (Caminos de Guadarrama)

Hace un día fantástico, una luz brillante y el cielo está completamente despejado.
Parece que el aire no quiere convertirse en viento, por lo menos aquí abajo.

La sierra del Guadarrama. A la izquierda la Peñota

Esta mañana al llegar, he fotografiado desde los Llanos la Sierra del Guadarrama y en ese momento he pensado que no estaría mal dar por la tarde una vuelta hacia la Peñota y ver como están las tierras altas.

La Peñota con sus tres picos. En el de mas de la derecha me gusta sentarme un buen rato

En esos picos de la Peñota he estado más de una vez. La sensación maravillosa que se siente en ella, con su caída casi vertical sobre Los Molinos, me dejo un recuerdo imborrable, una sensación de libertad increíble. Es una sensación distinta a otros picos que están más arropados por montañas circundantes. En la sierra del Guadarrama solo he tenido esa sensación en el mirador de la cabeza de la Mujer Muerta y en Peñalara.


Camino hacia Tablada y la virgen del Espino

El camino esta embarrado. La temperatura durante el día ha sido alta y el deshielo ha provocado, junto con los vehículos que han pasado, que pisemos en un barrizal. Dentro de un rato, cuando la temperatura comience a bajar, se convertirá en una pista de hielo que se va a hacer intransitable.


Pequeños prados entre vallas y fresnos

Como cambia el paisaje de invierno a verano. Los árboles desnudos, las hierbas quemadas por la nieve y el hielo, y los rayos del sol que penetran oblicuos a esta hora, le dan un aire distinto al camino.
En los fresnos y otros árboles, se ven los líquenes. Las luces y las sombras al no haber hojas, parecen bailar una danza en perfecta conjunción.


En verano no se ve detrás

Según avanzamos, parece que los campos tienen más nieve. Llevamos ya unos días desde la gran nevada, pero la nieve está aguantando.
A través de los arbustos y los árboles se ve. El camino se ha convertido de repente en un espacio abierto que permite observar al otro lado de la valla.
Cuando subo este camino, el antiguo camino de Tablada, tengo la sensación que en cualquier momento va a aparecer el Arcipreste de Hita con su sayo y su bastón y una cartera cargada de libros. He imagino lo increíble que debía ser el desplazarse en aquellas épocas por estos lugares, con nieves, vientos fríos y alimañas. Pero este era el paso necesario para llegar de una meseta a la otra.
Comienza a hacer más frío. Se nota más movimiento en la parte superior de los árboles, señal que cuando salgamos al páramo encontraremos aire que baja encajonado entre los picos y aprovechando los pasos.

Las manchas blancas son la Bola del Mundo y la Maliciosa

A la derecha, dejándose insinuar entre los árboles, la Bola del Mundo y la Maliciosa nos acompañan de vez en cuando. Blanca la Bola, como pocas veces. Esa montaña está orientada muy al sur y a los vientos húmedos del Atlántico, con lo que, cuando sale un poco el sol, se queda con muy poca nieve. La Maliciosa es más agreste, más rocosa. Parece un espolón en mitad de la cordillera.

La Peñota cuando el camino la descubre

Comienzan a desaparecer los árboles; se abre el espacio del camino y este se hace ancho, pues se confunden camino y prado en una misma cosa. Y aparece, toda majestuosa, la Peñota mostrando su ladera vestida de gala con un manto de nieve que le llega hasta los pies. Un chopo solitario, parece querer partirla en dos. Aquí es raro ver a esta altura un álamo o un chopo, pero es cierto que hay agua. Solo hay que ver como corren los chorreros que formaran uno de los arroyos que pasan por los Pradillos.

Prados altos. El arroyo, lo será un poco mas abajo, baja con agua helada

Corre el riachuelo como un niño joven aguas abajo. Sus aguas tintinean en los pequeños saltos, de escasos centímetros, que existen a lo largo del recorrido. Las aguas son transparentes y frías, son aguas de nieve y de hielo. Cuando pase por aquí en agosto os haré una foto para que veáis la diferencia.
He llegado al páramo. El viento se ha hecho mucho más fuerte. Cuesta avanzar y el frío busca cualquier resquicio para meterse dentro del cuerpo. Hay que dar la vuelta, volver a encontrar el cobijo de los árboles de este ventarrón del norte que hasta aquí no se ha dejado notar.

Solo de mirar da frío. Tierras durasestas de aqui arriba.

Arriba, en lo que es el paso del Arcipreste de Hita, las nubes comienzan a dejarse ver y se las ve correr como despavorida ¿Huirán del frío?
En la soledad de estos falsos llanos hasta la falda de la Peñota existe un silencio bello, que te hace pequeño. Hay una belleza silenciosa que se muestra increíblemente fuerte, lastima de esos cables en medio de una naturaleza tan parca y bonita.
Vuelvo hacia atrás. Busco el refugio de la dehesa de fresnos que me resguarde de un frío que me está pudiendo ayudado por el aire.

Las antenas de la Bola dan la sensación de un templo con dos campanarios

Unos metros más abajo, allí donde el zorro se paseaba delante mío una vez, a través de la valla diviso claramente la Bola del Mundo con sus antenas congeladas. Un poco más a la derecha La Maliciosa se esconde entre las ramas de un fresno dormido. Antes, una valla de piedra hace de parapeto entre el escenario y el espectador.


De regreso, sol bajo contra la valla

El sol está bajo. Las sombras sea largan y el astro se divisa ya casi mirando hacia abajo. Deja filtrar sus rayos a través de las ramas de los árboles pero está claro que tiene ganas de irse a la cama. Tengo que llegar a casa antes de que anochezca.
No puedo entretenerme en el paisaje ni en mis recuerdos.
El camino comienza a helarse de nuevo. Ya he resbalado dos veces y seguro que esta helando y fuerte…
--o0o--
Sed felices.
Antonio

jueves, 28 de noviembre de 2013

ARBOLES SOLITARIOS DE LA DEHESA.

Paseaba por las dehesas de las Porquerizas, en la zona más al noroeste de Guadarrama, un sábado por la tarde. Otoño subido de tono; frío en el aire y en el paisaje.
Andaba por en medio de los prados para que los posibles cazadores no me confundiesen con un jabalí y ello me dio pie para fijarme en los árboles solitarios que pueblan los prados de dichas dehesas.
Es una zona donde encinas, robles y fresnos luchan por una parcela de terreno cada uno.
Os dejo unas fotos que hice andando por ahí.



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Para las encinas la zona ya es demasiado fría y les cuesta progresar; muchas se quedan en chaparros que cuando sacan las hojas frescas el ganado se alimenta de ellas.

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Los robles luchan por conquistar un territorio que les viene bien. Frió, luminoso y con agua. Se juntan por lo normal en pequeños grupos, aunque a veces surge alguno aislado.
  
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Y el fresno que en todo el municipio es el rey. Dejando espacio entre unos y otros, desmochados en su momento, son los súper poderosos de las dehesas. Ocupan las mayores extensiones de terreno y sus hojas cuando están a su alcance, son el plato favorito de toros y vacas.
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 Y a esos árboles se les unió una luz de la tarde que corría más de lo que yo podía. Se hizo la noche sin que la oscuridad llegase a tal; las nubes negras se cerraron sobre la montaña y el frió, como si de un invitado gorrón se tratase, se coló en mitad del prado acompañado de su amigo el viento. Era mejor dejar a los dos solos bailando alrededor de los árboles.
  
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Espero que os haya gustado. Árboles que quizás antes no mirabas y ahora cuando pasees por esos campos quizás les eches una miradita.
Sed felices.
Antonio

miércoles, 13 de noviembre de 2013

PENSAMIENTOS DE UN FILOSOFO DEL LADRILLO: Paseando junto a la valla.-

 
Esta mañana he salido a pasear por el camino, junto a la valla de piedra que me guía, junto al sendero, y me prohíbe a su vez adentrarme en sus dominios. Me recuerda en algo a la vida cotidiana de las leyes y las prohibiciones. "te guío, pero me obedeces."
 
 
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El sendero se aparta del camino, como si quisiera buscar una soledad que ya existe a su alrededor. Ni un alma transita por el paraje. Soledad total.
 
 
 
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Voy  dejando camino atrás aunque realmente eso ya no es camino, era. Paso a paso, avanzo lentamente. Me gusta fijarme en el entorno que me envuelve como si de un gran capote se tratase. Los fresnos, con sus  ramas a medio vestir, festejan el poco aire con movimientos lentos y perezosos de sus ramas. Alucino con los contrastes. Mi espíritu comienza a sosegarse...
 
 
 
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Otro arroyo corre ahora paralelo al camino. Una alfombra de pardos colores lo cubre. A mi me cubre en este momento el bosque. Me llena, me satisface sus sonido, sonido del silencio solo roto por el lejano relinchar de un caballo y por el suave murmullo del aire. Mira mi mente hacia atrás y la gran ciudad me viene al encuentro... Me niego a soportarla en este momento. Respiro hondo; abro de nuevo los ojos y me empapo de la serenidad del campo. Sigo mi camino.
 
 
 
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Como cuando el alma descubre plenitud en los sentidos, así la valla de vez en cuando se abre para que el bosque se transforme en pradera. La luz y las sombras se conjugan en uno solo;  el color se alía con ellos.
Los ojos recorren lentamente el prado, empapandose de cada uno de los pequeños detalles que en el existen; la mente se relaja y los recuerdos comienzan a aflorar. Recuerdos de paseos contigo vuelven poco a poco. Sentimientos que están ahí, que salen de dentro como si de un despertar repentino se tratase... Y todo porque de repente el bosque se ha convertido en suave pradera. Pradera deberían ser entonces todos los rincones que mis ojos mirasen...
 
 
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Las zarzas acosan  la valla. Cubren con sus rasposos brazos las piedras tan bien engarzadas como si de una alambrada de espino se tratase, protegiendo  su trinchera. Lo que hasta hace un momento era orden se ha convertido en un intrincado paso entre espinas.  La vida es un poco el sendero junto a la valla: praderas y zarzas entremezclados.
 
 
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¿Donde estoy? Y tu: ¿Donde estas? Quizás al otro lado de la valla, en el reino a mi  prohibido. Protegida por una coraza de piedra que no te deja percatarte de mi presencia. Quizás me huyes, no lo se, como mi sombra: junto a mi pero siempre imposible de atrapar. Hay un muro infranqueable en todo: tu allí y yo al otro lado sin que ninguno de los dos podamos traspasarlo.
 
 
 
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Guardo mis pensamientos y me concentro de nuevo en el sendero. Los rincones del bosque de fresnos están llenos de sorpresas. Una hiedra, que ya lleva años chupando del árbol, se encarama hacia sus altas ramas buscando la luz. Plantas bajas arbustibas hacen de calzado del bosque y entre ellas un sin fin de pequeños animales.
 
 
 
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Tiñe de ocres el paisaje el robledal. Pocos robles, pero todos apretados en una estrecha franja luchan con los fresnos por el dominio de un terreno que a estas alturas es de ambos, pero que no pueden compartir juntos.Algo me recuerda en eso el bosque al hombre ¿Será la guerra ?
La valla de piedra sigue imparable su recorrido.Es una cinta sin fin que nunca para. Quizás un portón la  detiene y hunde en el suelo, pero unos metros mas adelante resurge: constancia de alguien que marco en su momento su territorio y que hoy haría con unos postes de hormigón y una hiriente malla metálica.
 
 
 
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Otro rincón mas para poder recordarte a ti. Se abre de nuevo el bosque y se abren mis pensamientos. Mas tristeza que alegría en este momento. Pero tu recuerdo me reconforta, aunque estés inalcanzable al otro lado de la valla. Paseo en solitario con tu sombra del recuerdo a mi lado y pensaba que estaba solo. Tonto de mi; soledad es cuando ni siquiera se pueden tener recuerdos y yo los tengo tuyos.
 
 
 
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Se acaba el paseo. Hay que volver a la ciudad y sus intransigentes momentos de ruidos, prisas y malos olores. Tiemblo solo de pensar en aparcar el coche cuando aquí todo, sin ser mío, me pertenece. Estoy solo en el camino, junto a la valla interminable de piedra, y por un momento he tenido la suerte de escuchar el silencio. Si escuchar el maravilloso sonido del silencio del bosque ¿No lo habéis oído? Escaparos un día a su soledad y podréis percibirlo.
 

 
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Es bueno dejar discurrir la mente tranquila, que diga lo que siente: al fin y al cabo ¿No es la vida, sentimiento?
Había que aprovechar un momento y ya esta hecho.
Sed felices.
Antonio