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lunes, 3 de diciembre de 2018

Niebla


Silencio.
La niebla invade mi calle. Es un manto quela cubre y solo la luz de una farola despunta.
Paseo silencioso por la acera.
Pienso que estoy solo en el mundo. No se oye un ruido; no se vislumbra un alma.
Silencio sobrecogedor.



Al pasar bajo la farola mi sombra me acompaña en el aire.
Finas gotas mojan mi cara y empapándome del frio de la noche.
Silencio, niebla, silencio, nadie.
El ruido de mis pasos sobre las hojas caídas me acompañan. Me acompañas tú también.
Extraña forma de pensar de cada uno. Distintos enfoques para un mismo motivo.
Divergen los pensamientos en una única idea como los faros del coche en la niebla: cada uno por su lado.
Silencio, niebla, silencio, niebla.
Calla el mundo, todos pasamos de todo.
Estamos dormidos en una terrible niebla que nos maniata. Ya no pensamos por nosotros mismos. Nos hemos amparado en las maquinas y el pensamiento propio se ha perdido.
Teclados y pantallas discurren para que no hagamos esfuerzos. ¿Para qué pensar? Solo hay que hacerlo respecto al trabajo ¿Y el vecino? ¿Ylos demás? Seguramente detrás de un televisor, perdiéndose el espectáculo tenebroso de mi sombra andando entre el vapor helado.


Silencio. Subes en el ascensor con cuatro más y da la sensación que estas rodeados de estatuas vivientes. Un circo de malos actores incapaces de mirarte a los ojos.
La niebla está cerrada en la calle y en la mente.
Esa sabana que te envuelve y te enfría, ha conseguido introducirse en gran parte de la sociedad.
Silencio, niebla, silencio, niebla
La ciudad a mi alrededor está escondida en las casas. Asusta enfrentarse a la verdad, a la oscuridad luminosa.
Retorno sobre mis pasos. Silencio absoluto.
Lo que me encantaría escuchar, no lo oigo.
Con quien me gustaría andar, no está a mi lado.
Niebla, silencio, soledad… frio.
Un frio que se introduce dentro, una niebla terrible que va envolviéndote. Pensamientos, ilusiones se van perdiendo en el caminar nocturno entre la niebla.
Niebla y silencio ¿A dónde nos lleváis?
No, no me respondáis, que me da miedo vuestra respuesta.
Prefiero pensar en medio de la niebla y el silencio.
Niebla, silencio…. frio.


Sed felices
Antonio  

viernes, 26 de octubre de 2018

El reflejo prisionero: paseando por Madrid


Después de una comida genial, solo y acompañado por un televisor mudo y el ruido indiscreto de multitud de conversaciones a mi alrededor, en un pequeño restaurante de la zona de Bilbao, compuesto a base de ensalada y merluza, con la compañía de un vino de la casa y gaseosa, sobre un mantel de papel, de cuadros rojos y blancos de los de toda la vida, casi del siglo pasado, salí a la calle.


Volvía a pasear por Madrid, como muchos días en mi vida.
Tenía un encuentro previsto y tiempo de sobra para andar en una preciosa tarde otoñal, más primaveral que otoñal.
Las maquinas de fotografiar me habían abandonado, o yo a ellas, y solo el teléfono compartía conmigo lo que mis ojos veían. ¡Qué distinto mirar conla cámara que en la pantalla del móvil!
Comencé a pasear, despacio, sin prisa y caí en la cuenta que me volvía a encontrar con la vida al otro lado del vidrio. Los reflejos se daban de bruces con mi vista y me hacían filosofar en silencio con sus imágenes.


La primera sensación vino de la mano de un vidrio que parecía una hoja en la que se reflejaba un sencillo coche rojo. ¿O quizá era al revés? Lo interesante de los reflejos es que nos muestran un mundo simétrico al nuestro, en un mismo tiempo pero en otra dimensión, capaz de hacer desaparecer un objeto, por el mero hecho de darle la realísima gana, cuando nuestra vista sigue viéndolo.
Tan asimétricos son los reflejos que son capaces de perturbar nuestro entendimiento mezclando la realidad con la ficción. Observar la siguiente foto: si un coche pasase de verdad por encima de unas porcelanas puestas en un escaparate, no quedaría ni una de ellas entera. El reflejo es tan cuidadoso que permite que coche y figuras compartan, en un armonioso espejismo, el mismo espacio sin molestarse los unos a los otros. ¿Nos estarán indicando algo para armonizar nuestras vidas y convivencias?


Los reflejos, aunque nosotros no nos demos cuenta, ayudan a aumentar los espacios por donde transitamos, ampliándolos y dándoles y una perspectiva nueva, larga, profunda. Las luces de una oficina convierten el plano sin profundidad de una farola en un enrome y alargado paseo que se desliza por el aire iluminando nuestros razonamientos. Pero ellos sin el reflejo no serian mas que unas luminarias colgadas de un techo de una fría oficina repleta de mesas y ordenadores, quizá con unas pantallas indicándonos el momento en que se debe actuar.


Los reflejos por lo general son limpios, libres, capaces de cambiar la perspectiva en función de tu manera de moverte. Son capaces de mantener el reflejo aunque te acerques al propio soporte. (Claro que en ese caso entras a formar parte del mismo, y en mi caso con la poca belleza de mi cara, puede llegar a romperse el hechizo).


Muchas veces son la mera representación de lo que tenemos a nuestro alrededor y otras demuestran con la mezcla de componentes reales y reflejados situaciones que pueden conducirnos a reflexiones más o menos acertadas.



Es el caso de los reflejos mezclado con un traje de novia. Desde una simple reja a un bosque imaginario desilusiones que podemos colocar en el propio traje. Está deseando ser usado, salir de su escenario y compartir con la novia imaginaria esos momentos maravillosos en la vida de cualquier mujer. Pero en la parte inferior del mismo una reja, las malditas rejas, parece querer cerrar su salida a las ilusiones. ¿Cuántas miradas habrán desfilado mirándolo y deseándolo? Me magino que muchas. En el fondo, el reflejo y el traje son prisioneros el uno del otro y del tiempo; o de una belleza que quiera separarlos para siempre.


Normalmente los reflejos son libres. Aprovechan los grandes vidrios o las pequeñas ventanas para mostrarse al viandante. Unos, como si en una escuela clásica hubiesen sido fabricados, reflejan a la perfección su envolvente. Otros, por el contrario, con ideas modernistas, muchas veces llegando a un cubismo increíble, interpretan nuestro mundo a su manera; toman las líneas arquitectónicas y las transforman en verdaderos artificios inimaginables para el arquitecto que los diseño, llegando en algunos casos, a transformarlos de tal forma que resultan irreconocibles.


Pero hay veces que esa libertad de expresión del reflejo queda amordazada por una simple reja, haciéndonos ver que muchas veces la libertad esta maniatada y que nuestro pensamiento se reduce en ocasiones, en muchas ocasiones, a un reflejo tras una reja. Y si no, que se lo pregunten a ese pobre árbol encerrado tras esa horrible cuadricula metálica de una ventana, colocada ahí por la poca fe en nosotros mismos y en nuestros semejantes.



El final del paseo ha llegado.
Mis razonamientos se detienen, tengo una cita importante..
Mi recuerdo sigue pensando en esa ventana y en el árbol encerrado.
Sed felices
Antonio

domingo, 23 de noviembre de 2014

FLORES CON POESIA CCXVII.- Tu calle...

El poeta que nos ocupa hoy nace en Bargas, provincia de Toledo, en el año mil novecientos veintitrés. De una tierra agrícola surge un personaje que entra en el mundo de la poesía de una forma increíblemente popular, descriptiva y narrativa.


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Nuestro poeta de hoy no es otro que Antonio Perea Pérez.
Estudio Derecho y desde siempre le gusto escribir, llegando a ser un gran colaborador de las más importantes revistas y periódicos españoles de la época.
Antonio Perea es un poeta neopopulista, con una personalidad fantástica, una fácil y elaborada poesía, en la que deja constancia de su calidez y sensibilidad humana.
Siendo poeta de la época de los "Ismos", Perea marca un camino a su poesía que muy bien podría ser adscrita a otras épocas, sin dejar por ello de ser modernista.
Humano, con una calidez humana impresionante, expresivo  en su versificación, esta alguna veces muy cerca de un Lorca por la luminosidad que da a su poesía.

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Os he elegido una poesía que a mí personalmente me gusta. Quizás me haga de alguna forma retroceder muchos años y vuelva a ver una calle…
No tengo datos del año de su muerte, pero se que en Bargas se le recuerda.

TU CALLE

Es de todos los demás…
¡y solo es tuya tu calle!
Mira tú que vive gente;
mira que tiene portales;
mira que tu puerta es chica;
mira tú que hay puertas grandes…
¡Y porque tu vives allí,
es sola tuya tu calle!

 
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¡Tiene treinta y dos balcones!
¡Ciento cuatro ventanales!
¡Ocho mozas casaderas
y dos que van a casarse!
… Don Juan, el Marqués, que cruza;
doña María, que sale;
las niñas cantan al corro,
monotonías al aire,
y un pregón, a paso lento,
va llamando en los cristales.

 
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¡Mira tú que pasa gente!
¡Mira tú que hay casas grandes,
con escudón berroqueño…
y con blasones ducales!
… Y tú, con tu puerta chica,
sin clavos y sin herrajes,
con tu casita encogida
entre cien casas gigantes,
¡miras tanto!, ¡vives tanto!,
¡es tanto lo que tú vales
que aunque viva mucha gente…
es solo tuya tu calle!
--o0o--

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A mí personalmente esta poesía me parece fantástica.
Nada mas por hoy, solo desearos felicidad.
Antonio

sábado, 5 de octubre de 2013

ROSAS DE OTOÑO.- Las lagrmas de una rosa.

Día de otoño. Una luz limpia, después de los días de lluvia y tormentas, enciende los edificios de Madrid y su cielo.
 
 
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Camino calle tras calle por el centro y de pronto me encuentro en Plaza de España y decido coger hacia el templo de Debod y bajar luego por el Parque del Oeste.
 
 
 
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Los enormes pinos y los abetos gigantes contrastaban con sus verdes con el comienzo de un otoño que, sobre todo en los castaños, comienza a dejarse ver.
 
 
 
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De repente me encuentro en medio de la rosaleda. El azar y el deseo de ver si quedaban aun rosas me lleva a ese maravilloso rincón de Madrid que muy poca gente visita y que más cuidado ahora que en el mes de junio, es un estallido de color y luz.
Y en él descubro infinidad de rosas que parecen estar suplicando una mirada, una atención.
 
 
 
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Su vida breve las hará mañana marchitas y feas pero mientras tanto su belleza aparece fogosa, deslumbrante con unos maravillosos colores y aromas que ya no estamos acostumbrados a percibir.
Y aquí, en la soledad y el silencio de la rosaleda paro mi paseo, saco la pequeña maquina de fotografiar y decido que vale la pena fotografiar durante un rato estas bellísimas flores.
 
 
 
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La ultima rosa que veo y fotografió parece que está llorando. Una lágrima parece estar desprendiéndose de un pétalo, como si de un adiós silencioso se tratase. En este caso no hacen falta palabras, basta la lágrima de la despedida: mañana ya no estará aquí.
 
 
 
12 IMG_2077X1    ¿Habéis visto sus lágrimas? Llora sola en silencio..., ¿Verdad que no hacen falta palabras....? Sed felices.  Antonio

lunes, 8 de abril de 2013

BAJANDO POR LA CALLE HUERTAS DE MADRID.-

 
Ayer por la mañana, amaneció Madrid con un sol radiante y justo cuando mis maquinas y yo salíamos por el portal de casa el cielo presentaba un tono gris monótono, uniforme, sin resaltos, como si una asfaltadora hubiese trazado una gigantesca autopista en el cielo.
Tenía que subir a la Plaza de Santa Ana a recoger unas entradas para la función de la tarde en el Teatro Español y decidí que si bien el día no estaba para muchas alegrías por los menos habría que hacer que los obturadores se desperezasen un poco de la Semana Santa pasada por agua que hemos tenido.
Antes de cruzar de acera en la Carrera de San Jerónimo fotografié la casa de las Conchas,
 
 
 
 
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pues el cielo gris daba la oportunidad de no resaltar nada, de no sombrear nada, era el momento perfecto para ir a una iglesia románica a hacer fotografías.
Una vez cogidas las entradas decidí bajar por la calle Huertas hasta el Real Jardín Botánico de Madrid y de paso fotografiar un montón de portadas y cierres de bares y restaurantes que en el lugar existen.
Pinturas que cubren los cierres como si una parte más del espectáculo se tratase.
 
 
 
 
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Pintadas realizadas por el propietario o por un transeúnte que al pasar decidió dejar un recuerdo de lo visto o de lo imaginado.
 
 
 
 
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Y es curioso, porque un poco más abajo, y en la misma acera que las dos fotos anteriores, unas ventanas de un convento de clausura comparten calle.
 
 
 
 
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Abajo la algarabía de las noches de juerga de la juventud con sus botellones y sus músicas y arriba, tras los muros de ladrillo con aparejos realizados hace ya muchísimos años, las oraciones de unas monjas Trinitarias, de clausura, que se esconden de la perdición del adoquinado tras esas celosías y rejas de sus ventanas.
 
 
 
 
 
 
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Y un poco más adelante La Lupe, con su puerta oscura bajo un letrero que dice que es de allí, de la calle Huertas,
 
 
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tiene el pestillo por fuera como si el espectáculo estuviese en la calle. Bueno a lo mejor está en la calle.
Otros, que creen saber lo que quieren y lo que tienen, pintan sobre la pared con mas historia de la calle, aquella frase ingeniosa que les apetece.
 
 
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Lo que sí es seguro es que mucha gente a ciertas horas debe ir bastante mal para que en una reja tengan que indicar que no se entra por ella, sino por el portal.
 
 
 
 
 
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Es un hecho que ocurre y así lo refleja el cartel del siguiente bar.
 
 
 
 
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Y de repente, como si los fantasmas me persiguiesen por castillos y calles en un bar que se llama La Fidula me sorprende la imagen que refleja un peatón que hablando por su móvil, como no, interpreta una música de trompeta.
 
 
 
 
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No sé qué pasa en la calle Huertas que todo el mundo tiene que decir que es de allí. Bueno casi todos. Y por si alguno no se entera, banderas rusticas aparecen en las vidrieras de algunas puertas y escaparates para indicar que allí se habla ingles o alemán; a ciertas horas es bien cierto que no hace falta los idiomas y que allí se comprenden todos.
 
 
 
 
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Y el final del recorrido, como no, en el Real Jardín Botánico de Madrid. Pero ese es otro paseo. De él, os dejo una pequeña muestra: la sencilla flor de un guisante.
 
 
 
 
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¿Verdad que no está mal? Espero no haberos aburrido mucho con mi paseo.
Nada más por hoy. Solo desearos que seáis felices.
Antonio

miércoles, 27 de febrero de 2013

PUERTAS EN LAS CALLES DE LA SELVA DEL CAMP. (Tarragona)


La Selva del Camp en catalán y del Campo en castellano, es un pueblo de la provincia de Tarragona, situado a los pies de las montañas de la sierra de Prades, cordillera Costero-Mediterranea, muy ligado de siempre a mi vida, sobre todo a mi niñez y juventud.



Mi padre vivió en él; aquí me destetaron y aprendí  a montar en bicicleta.

En la época de mi infancia, hace muchos, muchísimos años, a las seis de la tarde, cuando comenzaba a hacerse de noche, subían los carros por la cuesta de la estación, con sus farolillos encendidos, una mula o un burro tirando de él y los perros atados a la parte trasera mediante una sencilla cuerda. Venia el payés del campo, con cara cansada, alguno con un caliqueño (puro de aspecto torcido y arrugado), medio apagado o medio encendido, entre los labios, echando humo.

La calle Mayor era entonces de tierra y cuando llovía teníamos que dejar muy limpias las suelas de los zapatos si no queríamos que algún azote de mi madre nos calentara el pompis.

Allí pase muchos días de mi niñez y de mi juventud. Mi primer enamoramiento de allí fué; era una chiquita rubia y guapa, de un pueblo vecino, y en un alto pino mediterráneo, junto a la carretera que por Paret Delgada baja a Vilallonga, escribimos nuestros nombres. Quizás aun estén; el que si sigue estando seguro es el pino.

La Selva es de origen romano; lo atestigua la formación de sus calles y el contorno de su muralla, un rectángulo casi perfecto. Luego vinieron los árabes y después la Reconquista en la Marca Hispanica; sus torres, muchas de las cuales son del siglo XII o anteriores, debían imponer un gran respeto.

La ciudad es eminentemente agrícola, pero ha desarrollado una industria importante a su alrededor y tiene una cooperativa de avellana y aceite, que es la mas importante de la zona.

Su riqueza viene de atrás y se ve en la formación de sus muros y sus puertas.

El otro día andando por sus calles, ahora todas perfectamente soladas, fotografié algunas de esas puertas que he querido dejar reflejadas en este blog como un humilde homenaje a esta villa.

No son puertas majestuosas, no; son puertas útiles para que por ellas entrase un carro y al mismo tiempo protegiesen la casa. Esperemos que se tenga la sensatez de ayudar a mantenerlas. Son historia.

Con algunas de sus calles y algunas de sus puertas os dejo.

Que es de origen romano no cabe la menor duda. Quizás sus orígenes estén en un campamento fortificado, por la forma de sus murallas, prácticamente rectangular, y por sus dos calles principales que la cruzan. En la imagen la este- oeste o Decumanus.










Los añiles son típicos de todo el arco mediterráneo. Se conjugan con otros colores y dan ese aspecto maravilloso de pueblos de luz y mar, aunque como este se encuentren a cierta distancia de él. Es una pena que estos colores se estén perdiendo.



Chapuzas ha habido siempre, y si no que se lo pregunten al cantero que fabrico una jamba corta y hubo que apear la viga sobre unos ladrillos.


Un acueducto del S XIII trae el agua a un molino en el interior de la villa. Las murallas, anteriores a él, ya están ejecutadas y para llegar a su destino se le adosa a ella durante un buen trecho. Los puentes permitían el paso de carruajes por debajo del acueducto.





La estrechez de algunas de sus calles indican también la influencia árabe o judía. Esta farola prácticamente esta tocando la fachada de enfrente.



En todas partes cuecen habas; seguramente esta puerta al remodelar la plaza de la Iglesia se quedo alta. Seguro que la casa tiene una entrada por otro lugar.


La fotografía está en correcta posición; la posición incorrecta es la piedra de 1621 que ha debido ser aprovechada para realizar la jamba sin importar mucho su colocación.

Una de las muchas torres que tiene la muralla. Detrás de ella, según documento del siglo XVI se deberían exponer los gigantes en las fiestas patronales. Anteriormente, en 1503, Fernando el Católico le había otorgado a esta ciudad un  mercado y su celebración durante catorce días.



El apoyo del arco sobre la jamba izquierda se realiza mediante ladrillo, mientras que en el lado derecho, la ultima piedra está preparada para recibir el empuje del arco.











 

La Cardo máximus o calle principal romana, orientada de norte a sur, es en la actualidad la calle Mayor del pueblo. Recuerdo en esta calle las procesiones de la Semana Santa, con la escuadra de romanos delante, al paso lento y compulsivo, de unos redobles de tambor.


















Espero no haberos aburrido mucho con esta historia. Aquí pase muchos días y muchas horas, e incluso en la finca de mi abuela, esa foto que sale al principio, llegue a tener un pequeño huerto; y recogí melocotones, como aquellos no los he vuelto a probar, y avellanas. Buscaba huevos en los gallineros, gallinas que no sabían lo que era un pienso, y entonces se comía pollo, como una cosa extraordinaria, por Navidad.
Nada más. Sed felices.
Antonio