domingo, 13 de septiembre de 2020

La garza real, las aceñas, el azud y el río Duero

 

Después de una grata y fantástica comida, nos dimos un paseo con mi amigo José y su mujer Elena,  por las riberas zamoranas del Duero. Fantásticos anfitriones que nos hicieron pasar un día maravilloso.

Un espectáculo maravilloso de naturaleza y un remanso de tranquilidad en todo el camino, con unas vistas geniales constantemente.

Lógicamente con la máquina al hombro y esperando sacar alguna foto interesante, lo que jamás pensé es que me iba a fotografiar lo que vais a ver a continuación.

Primeramente una garza volando sobre el Duero que no coloco.



A continuación y al lado del puente de Piedra, puente medieval, un gran ejemplar en una rama tomando el sol con sus alas semiabiertas, (esa foto la puse ayer) y luego poso de la forma que veis.

Lo que menos puedes esperar es que en el mismo día dos garzas reales posen para ti mostrando distintos movimientos para desentumecer sus patas y sus alas, pero así fue el viernes pasado en las orillas del Duero en Zamora.




El nombre científico de la Garza real es Ardea cinera y su tamaño oscila en altura entre los 80 y 105 centímetros, llegando su envergadura a los 170 centímetros.

Pues bien, con estas dimensiones su peso es solo de unos 2,5 kilos en los ejemplares más grandes.

Es muy fácil de distinguir tanto en vuelo, como posada bien en una rama o en un azud en mitad del río.

Por cierto un azud, no es otra cosa que unas piedras bien alineadas que obligan al río a desviar el agua hacia las aceñas, o molinos de molienda, subiendo su nivel respecto a su cauce.


Al existir dicho desnivel el agua que retiene el azud sube de nivel y esta a su vez al buscar la salida por los molinos mueve y hace girar las paletas que por un sistema de engranajes hacia moverse a la muela donde se molía el trigo.

Las aceñas que veis en la fotografía se llaman Aceñas de los Olivares, pues así se denomina a esa parte exterior de la muralla de Zamora



Pues bien. Encima de un azud estaba la Garza real en posición de espera, con su cuello en forma de S y apoyada en una sola de sus patas.

Le hice una foto para tener un recuerdo y mi sorpresa fue que en aquel momento empezase a hacer todo el ritual de estiramientos que vais a ver a continuación.


Primero con la pata derecha y con el ala del mismo lado.



Luego estiro todo su cuerpo incluido el cuello.




Luego con la parte contraria de su cuerpo volvió a repetir la operación.



Y al final como no, volvió a su posición de espera, pero con las dos patas sobre una de las piedras del azud.

Una experiencia mas cuando no lo esperaba. Está claro que lo que bien empieza, bien acaba.

Cuidaros y sed felices

Antonio

domingo, 6 de septiembre de 2020

El tímpano de la portada de Santa María la Real de Sangüesa


Hace unos años, después de haber pasado unos días recorriendo las Cinco Villas, retornamos a Madrid por el camino Navarro y nos detuvimos en Sangüesa a conocer sus dos iglesias románicas.

Hoy vamos a tratar de una de ellas, Santa María la Real, pero centrándonos en un elemento fantástico.


Santa María la Real de Sangüesa

Breve cronología histórica de Sangüesa y su posición geográfica.-

Alfonso I el Batallador tenía una fortificación palacio en Sangüesa. Era una posición estratégica contra las invasiones Aragonesas y en 1122 concedió a la población el fuero latino que permitía a nobles el ensanchamiento y crecimiento de la ciudad.

Como ello no era suficiente el rey navarro modifico el fuero latino en 1131 para que no solo los nobles pudieran aprovecharse de sus prebendas, y lo extendió a todos los hombres libres que vivieran o se aposentaran en Sangüesa.

En este momento la ciudad experimento un auge importante extendiéndose fuera de los límites del castillo.

En este mismo año de 1131, Alfonso I el Batallador, cede a la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén su palacio y los terrenos que le rodean, a la vez que impulsa la creación de la nueva iglesia que es adjudicada al constructor Leodegarius que la realizó en parte, rematando el templo el Maestro de San Pedro el Viejo de Huesca, Santiago de Agüero, San Juan de la peña etc.


Portada en la cara sur del crucero


Lo que se sabe con certeza es que su construcción empezó en el siglo XII y término en el XIII, lo que lleva a ver dos estilos en la iglesia: un románico con puntadas hacia un gótico naciente y un gótico que remata la iglesia en su cubrición y en su torre.

A partir de ahí, Sangüesa comienza su nueva historia, su nuevo recorrido; edificarán Santa María la Real siguiendo los deseos del Batallador y realizando una iglesia que deja muchas dudas en cuanto a dimensiones, figuras y colocación y situación de su puerta.

Es por ello que atrae a tanta gente y sobre todo admira a tantos amantes del románico.

Su portada es magnífica, sublime diría yo, pero explicarla aquí sería muchísimo más extenso, por ello he elegido el tímpano del Juicio Final.

El tímpano de la portada de Santa María la Real de Sangüesa.-

Coronando su puerta, un maravilloso tímpano en el que se desarrolla el Juicio Final presidido por un Cristo en Majestad.


El tímpano de la pasión


Para desarrollar esta entrada he dibujado sobre la foto del tímpano una serie de figuras de colores enmarcando las distintas escenas y personajes del mismo.

Está dividido en las siguientes secciones:

1.- Cristo en Majestad con ángeles trompeteros

2.- María Virgen con Jesús niño


Mi partición para el desarrollo de la entrada


3 y 4/2 Como almas al encuentro del Creador.

4.1 y 5. Almas condenadas, pesaje de las almas y el Infierno.

6.1 y 6.2 Los doce apóstoles rodeando a María

Cristo en Majestad.-

Ocupa como es natural la parte principal del tímpano. Más sobrio que otros en cuanto ropajes y formas. Su túnica cae desde el hombro izquierdo hacia la cintura insinuando la herida de la lanza. Su mirada parece perderse por encima del espectador, pero su rostro denota serenidad. Su barba tiene pocos matices pero le da a su rostro un aire de magnificencia.

Este Maiestas Dómini, esta coronado y como todos con sus dedos de la mano derecha juntos bendice. Le falta el antebrazo y manos izquierdos donde debía estar el libro sagrado, la Biblia.

Detrás de su cabeza nimbo con las aspas de la cruz, pero no de ven ni el alfa ni el omega que suelen acompañarle.


Maiestas Dómini o Cristo en Majestad

Para rematar la escena, dándole importancia y a la vez separándolo de las escenas que se desarrollan a su alrededor, cuatro ángeles sin alas que con olifantes anuncian  el Juicio Final. Son curiosas las vestimentas de estos y sus posiciones, no guardando simetría en cuanto a sus dimensiones y cada uno tiene forma distinta...

Esta imagen del Cristo resucitado es más suave que otros anteriores, más humano, quizá debido a las influencias del país vecino, Francia.

La Madre de Jesús.-

María es la segunda figura principal del tímpano. Esta coronada y entronizada en un trono tosco y sostiene a Jesús niño sentado en su pierna izquierda y sujetándolo con su brazo izquierdo. Su túnica le cubre por completo y en los pies lleva calzado pues no nos deja ver sus dedos.

Lleva una especie de collar que seguramente servía para sujetar la capa y cosa curiosa en su muñeca derecha parece tener colocadas unas pulseras. Si la calidad de reducción de las fotos lo permite fijaros en los zapatos terminados en punta de María.


La Virgen coronada y entronizada con Jesús niño

En esta figura su trono es más visible y para darle mayor importancia a la figura y al detalle la columna a su izquierda está inclinada.

El niño Jesús está bendiciendo, con cara sonriente y la Virgen tiene la cara serena y relajada. Como casi todos los niños del románico, esta desproporcionado con respecto al tamaño de la Virgen.

Las almas que van camino del cielo.

Quien realizo esta escultura monumental expreso de una forma fantástica el Juicio Final.

En las zonas que os he marcado con verde, las 3 y la 4/2 se ve claramente el desarrollo de las almas que enfilan el camino al Cielo. Están vestidas, caras de serenidad perfectamente visibles y de felicidad, unos hablando entre ellos y otros mirado hacia el Maiestas Dómini.


Zona del Juicio Final: almas limpias de pecado camino a la Eternidad

Curiosamente todas estas figuras están representadas perfectamente derechas aunque el arco vaya obligando a su autor a reducir su tamaño. En la parte superior lo logra colocando unos niños y en la fila inmediatamente inferior el último personaje se inclina algo hacia su compañero, como si quisiese acercarse a decirle algo.

Curiosamente se distinguen perfectamente los hombres de las mujeres y ambos comparten la escena de los elegidos.

En el recuadro en verde (4/2) representa a almas que han pasado por la balanza del bien y del mal que sostiene San Miguel Arcángel. En el platillo de la balanza se ve la paloma de la pureza, el peso del alma sin pecados. El platillo izquierdo está atrapado por una serpiente del infierno que tira de él hacia abajo intentando desequilibrar el resultado eterno de un alama.


Tres animas después de pasar la balanza del bien y del mal

Lo curioso de estas tres figuras es que parecen mujeres. Quizá el autor quiso establecer con ello las tres Marías del Evangelio, pero esto es una pura suposición mía que no tiene validez de ningún tipo.

Si os fijáis en esta foto, veréis que en ella se observan tonos en las esculturas, seguramente de la policromía que las cubría.

En esta imagen (8) os la he colocado para que distingáis perfectamente entre las tres almas vestidas y que han pasado la balanza y los condenados a las penas del infierno (4/1, 4/2, 5)

Los condenados al fuego eterno.

Las almas están desnudas. Señal inequívoca que no se han perdonado sus pecados.

En la parte superior el escultor en este caso no ha mantenido la verticalidad como en el lado opuesto, si no que los cuerpos están cayendo hacia atrás, agarrados los unos a los otros por sus brazos sobre los hombros, temerosos de lo que les va a suceder en unos instantes. No miran hacia el Maiestas Dómini para solicitar perdón, no, su mirada está perdida hacia fuera de la escena.


Centra la escena San Miguel Arcángel con la balanza. Condenados arriba y a la derecha ya en el infierno

Un demonio, de rostro monstruoso está colocado al final de la fila esperando que de una en una las almas vayan cayendo en sus fauces, unas fauces de las que salen unas serpientes que enlazan con el infierno en el que están las almas ya condenadas.

Las caras de esta fila no expresan la felicidad como las del cuadro opuesto, Hay una expresión distinta, no hay felicidad en esos rostros.


Esta parte de la escultura da a los condenados aire de caer arrastrándose unos a otros


Y remata la escena el escultor, colocando junto a la fila y en la arquivolta, la imagen de una mujer a la que la serpiente le muerde el pecho, representación de la lujuria, lo mismo que hacen las que salen de la boca del demonio citado.

Ahí entramos en la zona más cruel del Juicio Final. Las almas cuyo peso ha sido desfavorable entran en las puertas del infierno mediante una gran boca invertida.


El infierno en todo su horror.El fuego prende las cabezas que entran en otras bocas.

La representación del infierno es terrible. Cabezas que arden y el fuego de cada una entra en las bocas de otros condenados. Bocas abiertas, dientes destrozados y caras de pánico y dolor. Es la representación del fuego eterno, el castigo  cruel que puede llegar a tener un pecador. Y está representado así para intimidar a los paisanos de la época. No hacía falta saber leer para interpretar estas esculturas y poderlas comparar con las del lado opuesto. Y la superstición y el miedo de aquella época eran terribles.

Unas almas a las que están a punto de pesar están mordidas en sus pechos por las serpientes. El pecado de la lujuria está presente y el fuego eterno les espera ahí mismo.

Serpiente mordiendo un pecho, ojos desencajados...

La representación del infierno como una gran boca invertida le da más capacidad de contener pecadores que si estuviera colocada normal.

Los apóstoles.-

Toda la escena del Juicio Final, descansa sobre unas arcadas donde se encuentran la Virgen y doce apóstoles. De María ya hemos hablado y está en el centro de la escena.

Cada figura de apóstol está en una hornacina en la que en su arco esta su nombre, o mejor dicho estaba, pues en muchas es imposible identificarlos. San Pedro con las llaves es inconfundible.


Tal como os coloco en la siguiente foto el orden de los apóstoles comenzando de izquierda a derecha es: Tomas, Santiago o Jacobo, Juan, Pablo y San Pedro, sin nombre, la Virgen, sin nombre, Lucas, Bartolomé, sin nombre, Mateo y San Judas.

Apóstoles a la derecha de María

Apóstoles a la izquierda de la Virgen


Un tema interesantísimo dentro de la fila del apostolado son las columnas que bordean a las hornacinas. No hay una continuidad, una uniformidad en ellas. Las hay trenzadas, salomónicas, lisas, ajedrezadas, verticales e inclinadas todo un conjunto de ellas que casi diría yo van a juego con el desorden fantástico del resto de la fachada.

Despedida.-

Espero no haber metido la pata en esta entrada. No he querido meterme en los intríngulis del proceso constructivo ni en quien fue realmente el autor de este maravilloso tímpano. Solo describir con un poco más de detalle lo que me encanto observar en su día. Creo que las explicaciones para que lleguen al público en general tienen que ser lo más inocuas posibles. Si alguien quiere adentrarse y profundizar más en este pórtico hay mucho publicado sobre él. Unos pasan rápidamente, otros describen toda la fachada sur de Santa María la Real de Sangüesa de manera admirable.

Cuidaros, vivimos tiempos de zozobra, pero vivid y ser felices.

Antonio 

martes, 25 de agosto de 2020

De la maquina de cajón a la luz


Buenas noches, buenos días, en este tiempo o en el tiempo futuro, como si este escrito navegase en una botella en mitad de un mar de extraños lugares plagados de ceros y de unos donde todo es o luz u oscuridad, pero donde ambas no se mezclan nunca…
Todo contrario a la idea que tengo de la luz y la oscuridad, pues pienso que la combinación de ambas nos llena la vida de matices y de colores, porque, al fin y al cabo, la vida no es otra cosa que percepción de luz y de oscuridad.
Si no eres capaz de sentirla, de notar el calor en tu rostro, mala señal: o vives encerrado en ti mismo o has dejado de existir.




La luz se descompone en colores y cada elemento del mundo donde vivimos está formado por partículas que absorben un tipo de luz y repelen otro, y ello es, al fin y al cabo, maravilloso pues nos da tonos distintos para que podamos disfrutar de nuestro entorno no solo en luz u oscuridad sino también en color.
La Biblia dice en el primer capítulo del Génesis: “… Y Dios dijo haya luz y luz hubo. Y vio Dios que la luz era buena y Dios  separó la luz de la tinieblas…”



Todas las mañanas, cuando me siento fuera en el jardín a desayunar en esta época veraniega, pienso que después de la creación del hombre lo más importante de la Creación es la luz. Y al observar como discurre con el tiempo las sombras delante de mis ojos, doy gracias porque al crear al hombre le diese la capacidad de sentir y apreciar esa luz, de tal forma que está reflejada desde el principio de los siglos en las cavernas y en los más maravillosos retratos de la historia.


Cuando estoy solo la observo. Miro a mi alrededor buscando sus matices y su no existencia, la oscuridad. Y la verdad es que veo en las sombras esa degradación que la luz va adquiriendo tras encontrase con un obstáculo.


Unas veces, la suavidad entre la luz y la sombra es suave, como si ambas quisieran acariciarse. Otras, por el contrario, es tan brusco el cambio que da la sensación que la pelea es inminente. Pero en ambos casos su alianza lo es todo.
La luz del amanecer, cálida y perezosa, hace avanzar las sombras lentamente, pero sin pausa, marcando un ritmo constante en el paso del tiempo, reloj increíble que no debería existir,  pero que día tras día nos marca las horas terriblemente.


Por eso, quizá de una forma exagerada, mis ojos y mis sentidos buscan esas formas a veces grotescas que dan el aliento de vida que es muchas veces necesario tomar para serenar unas dudas, calmar unas alegrías o despejar las tristezas.
Y cuando abro los ojos al despertar cada mañana y veo que entre las ranuras de la contraventana entrar la luz, pienso que de la Creación es el más maravilloso regalo que se nos ha hecho.



Un día, siendo muy niño, el día de la Primera Comunión, alguien puso una máquina de cajón en mis manos y me dijo: busca la luz. Es el mejor regalo que se me ha hecho nunca, me enseñó a observar lo que sucede a mi alrededor en cada instante, lo pequeño y lo grande, marcó una de las trayectorias de mi vida.
Y todas las mañanas me doy cuenta que sigo vivo…
Ver la luz y ser felices
Antonio




sábado, 18 de julio de 2020

Bajo las ramas del abeto I.-


A ratos, bajo el abeto I.-



Estoy sentado esta noche bajo el abeto como muchas otras.
Este abeto maravilloso que no se ha rendido ante nada ni ante nadie, contemplándole tranquilamente después de cenar, sentado bajo esas enormes ramas con lo que parece que te va a abrazar.
Me gusta estar con él y contarle en silencio las penas y alegrías de cada día. Son tantos años juntos, tantos, que de vez en cuando me acerco, le abrazo y estoy así un rato transmitiéndole y recibiendo.
Esta noche hace aire y sus brazos como silenciosos abanicos parecen querer quitarme el calor de la jornada. Así como los plátanos y otros árboles del jardín son ruidosos con el aire, él, muy al contrario, quiere convertir el ruido en una suave melodía y dirige todas sus ramas como un auténtico director de orquesta.


Hace una noche deliciosa, fresca. Apagamos las luces del jardín y entre sus ramas podía divisar el carro de la Osa Mayor. Proteste porque no me dejaba ver el resto del firmamento y de las profundidades de su ser escuche una voz que me decía: ¡¿Te quejas cuando te doy sombra durante el día?!
Tiene razón.
Miramos las cosas con distintos puntos de vista los humanos. Perdóname amigo.
Medito mientras me abanica. Me encantaría saber escribir el sonido de su música al compás de los empujes del aire serrano. Pasa de repente de suaves compases, casi susurros, a intrépidos vivaces que parece que van hacer explotar todas las ramas del árbol, como si el director se hubiera vuelto loco.
Y sus brazos siguen cualquiera de los compases que el órgano del viento impone y parece querer dominarle y abrazarlo para bailar con él las distintas melodías que van apareciendo.
Mientras tanto, sentado bajo él, escucho absorto el concierto, dejando que recuerdos agradables fuesen  recorriendo mi mente: bailo al compás del viento, ahora en mitad de una tempestad en el Mediterráneo, o en la calma chicha de una noche en el desierto de Bujaraloz. Y entre medias, como imagines salidas de los rincones de mi cerebro, infinidad de amigos que fueron y que lo son, que vienen a recordarme momentos maravillosos aquí debajo de él o allá en la lejanía de los horizontes que nos rodean por todas partes.


El abeto sigue con su danza y yo con él, esperando el momento en que el concierto acabe, esto no será hasta bien entrada la noche, ya de madrugada, cuando los vientos de la meseta sur se estabilicen con los más fríos que llegan a través de las montañas de la sierra del Guadarrama, vientos que caen en cascada por el Alto del León y más duros desde la Peñota..
El viento ha rugido un momento, como si estuviese enfurecido consigo mismo, y ataca a todo lo que a su alrededor le impide el movimiento. El abeto lo envuelve dulcemente, lo amansa y lo va durmiendo poco a poco, poco a poco. Parece que lo ha conseguido. Y me esta durmiendo a mi también.
Me despido de él hasta mañana con pereza y el concierto comienza a diluirse en la platea nocturna del jardín. Parece que sus brazos también quieren descansar. Nos saludamos y nos despedimos en silencio. Un último movimiento de sus brazos. Un adiós de los míos. Y al salir bajo su cobijo descubro con sorpresa un maravilloso cielo lleno de las más brillantes luciérnagas que se pueda uno imaginar…
Sé que mañana estará ahí esperándome.
--o0o--
Sed felices
Antonio

sábado, 27 de junio de 2020

Dialogo con una rosa sin nombre

¡Que hermosa eres! Que belleza hay en tus pétalos; suavidad sublime, olores maravillosos que endulzan los sentimientos y acarician el alma de quien te respira. ¡Rosa! ¡Maravillosa rosa! ¿Cómo te llamas?



¿Que como me llamo? ¿Realmente eso te importa?
Y a ti, ignorante humano que me miras y admiras, que más te da como me llamo. A ti te debe importar la belleza que hay en mí forma, en mis colores, en mi aroma. ¿Acaso tu por tener nombre eres mejor que otro? ¿Es imprescindible tener un nombre? No te basta con ser lo que eres, quieres destacar por adornos externos; y no te das cuenta que la belleza está en la sencillez.



¡Rosa! No me juzgues mal. Así me educaron; me enseñaron a destacar y a tener en cuenta cosas como: apellido, nombre, titulo, posesiones… Vanidad al fin y al cabo. Me encanta rodearme de boato, destacar de los demás, tener un titulo nobiliario y un jardín lleno de vosotras.
Pero tu rosa, eres pretenciosa si te comparo con otras flores. Necesitas tus espacios y no te conformas con las vulgares praderas donde las florecillas de infinidad de colores tapizan los suelos.

 ¡Jaja, jaja! Humano, que inculto eres. Mis ancestros vivían en los bordes de los bosques y en mitad de las praderas, tranquilos, disfrutando del sol y del entorno, compartiéndolo con todos, incluso con vosotros. Y tuvisteis que llegar a manipularnos como si fuésemos maquinas, construidas y hechas a vuestro gusto. No os conformasteis con nuestra belleza campestre, tuvisteis que modificarnos, colorearnos, cambiar nuestras raíces y transformarnos. ¿Y dices que soy pretenciosa?


                                              
    
¡Obsérvame; mírame!  ¿Cuantas rosas distintas ves a tu alrededor? Somos todas iguales, pero tus ojos necesitan ponernos nombres porque sois incapaces de llamarnos a todas “bella rosa, preciosa rosa o rosa a secas.”

Pero rosa, ponerte un nombre es para distinguirte de tus parientes cercanos, para poder venderte con títulos nobiliarios que te identifiquen, para que el público te compre y disfrute de ti. Engalanaras así floreros, ramos, parterres y jardines, como el de Josefina, la mujer de Napoleón que se gastó fortunas en acondicionar con vosotras los alrededores de su mansión en los alrededores de París.


Sigues sin entender, humano. Sigues sin comprender que a mí me da igual que tu seas un rey o un vasallo; que a nosotras las rosas nos importáis por lo que lleváis en vuestro interior, no por vuestros títulos. ¿Acaso por el mero hecho de ser pobre no puedes mirarme? ¿O por ser rico puedes destruirme? 
Humano, aprende. La belleza está en el interior, lo de fuera es pasajero, como mis pétalos que caen a los pocos días para cubrir los suelos. ¡Estúpido! No ves que pasa el tiempo y mueres sin darte cuenta que la belleza es interna y que todo lo que te recubre no es mas que otro experimento, otro intento de hacerte distinto de los orígenes.



Piensa, humano, medita mis palabras y si quieres ponerme nombre a mí me da igual, porque mis hermanas y yo seremos para nosotras siempre rosas, sin mas. Tú, puedes ponerte todos los títulos que quieras y que envuelvan como un disfraz tu vanidad, yo seré una rosa, una rosa bella, pero solo una rosa.
Y mientras meditas, querido humano, intenta vivir y ser feliz.
Una rosa sin nombre.

domingo, 24 de mayo de 2020

Fantasmas en mi casa-

 
Cuando nos trasladamos a nuestra vivienda actual, hace ya veinte años, no esperábamos encontrarnos con los acontecimientos que se dieron al cabo de un tiempo.
La vivienda era agradable, capaz de albergar a los siete miembros de la familia, a los dos perros y a la cotorra, dando espacio a cada uno.
Todo empezó un día que escuche una conversación entre mi mujer y una de mis hijas en la que hablaban de presencias en la casa. Pregunte y obtuve por respuestas que ellas tenían la sensación de que había alguien, que no era de este mundo, conviviendo con nosotros en la casa, incluso se percibían malos olores (olores que yo había achacado a un mal funcionamiento de cañerías de desagüe)
 
La cosa empezó a ponerse seria cuando un día festivo, que comíamos los siete en casa, mi mujer que venía andando por el pasillo con la bandeja del aperitivo fue a dar de bruces al suelo. Un estrépito bestial y mujer y bandeja por el suelo, vasos rotos y el aperitivo esparcido por encima del parqué.
Solo decía: “Alguien me ha puesto la zancadilla, alguien me ha puesto la zancadilla”




A partir de ese momento empecé a tomarme las cosas en serio, pero más cuando un día que estábamos tranquilamente en el salón, un tomo, de la colección de Blanco y Negro, salió despedido de la parte alta de la librería y fue a parar a los pies de una de las sillas de la mesa del comedor.
¿Cómo salió aquel recordatorio de años pasados volando solo de la librería? Aun nos lo seguimos preguntando. ¿Cómo era posible que aquel volumen de mas de un kilo hubiese volado casi tres metros.

Después con los sucesos siguientes comprendimos definitivamente que había que pedir ayuda aunque nos íbamos haciendo a la idea de tener que compartir vivienda con nuestros fantasmas invisibles.
Una tarde mis hijos estaban de cháchara con amigos y primos en el salón de casa con las puertas que dan al hall abiertas.
Mi sobrina de repente vio entrar a una persona que no conocía y pensó que era alguien de fuera que había venido. Lo comento con mi hija y sabiendo que nosotros no estábamos en casa fue con uno de sus primos a investigar. No había nadie. Se miró por toda la casa y no se descubrió a nadie ni a nada.
Otro día una botella de dos litros de Coca-.Cola empezó a desplazarse sola por el suelo ante el pasmo general de la concurrencia. La botella estaba detrás de las mesas del centro de sofás y a su lado no había nadie que pudiese tocarla y menos desplazarla.
A mí personalmente a parte de la caída del libro, que solo oí, no la vi, hasta ese momento no me había pasado nada en particular y no había visto nada tampoco, pero ante tal cantidad de historias algo realmente tenía que estar pasando.
Los que sentían la presencia de esas “animas”, decían que por las noches tenían la sensación de que les agobiaban, que no dormían a gusto y que sentían como si estuviesen arrimándose a ellos.


A mí personalmente me han sucedido dos encuentros que os voy a narrar a continuación:
Una noche sentado en un sofá de casa, con las contraventanas de la calle echadas, las luces apagadas y solo la televisión encendida; me estaba fumando el último cigarrillo del día. Cuando el cigarrillo estaba por la mitad, eso lo recuerdo muy bien, apague la televisión y me quede a dar las dos últimas chupaditas al cigarro con la luz apagada.
De repente, como si surgiese de detrás del sofá, una luz rectangular, un poco más grande que un folio y de un grosor de medio centímetro empezó a correr por el respaldo en dirección a la zona de asiento. No era una ilusión. Aquello tenia volumen y parecía amoldarse de una manera increíble al respaldo del sofá y a un cojin de esos pequeños que se ponen de apoyo.
No me asuste. Es más me quede mirando aquello asombrado. Vi como descendía lentamente y poco a poco se introducía entre el respaldo y uno de los tres cojines, hasta que desapareció totalmente.
Tan extrañado estaba y tan tranquilo que decidí levantar el cojín a ver se allí debajo seguía aquella cosa brillante, con volumen y luminosa. Pero allí no había nada.
Me quede un rato más en la oscuridad del salón y no pasó nada. Y muchas noches que me he sentado a oscuras aquello no ha vuelto a repetirse.
Pero lo que sí es cierto que a los cinco minutos iba encendiendo las luces de toda la casa para llegar a mi dormitorio.
Cuando lo conté en casa todos me dieron la bienvenida al club de los fantasmas.
A mí me pasaba lo que a santo Tomas: había que ver, para creer.
El segundo encuentro me dio cierto miedo.
Tenía que sacar a mi perra, era de noche.
En el hall de casa le puse la cadena, abrí la puerta de la escalera, apague la luz y salí al descansillo. La perra, muy tranquila ella, al salir se paro ante el tramo de escalera y gruño. Lógicamente giré la vista hacia donde miraba la perra y en la meseta intermedia como si estuviese sentado se veía la figura de una casulla de monje sin nadie dentro.
Había cerrado la puerta y corrí a dar la luz de la escalera, mientras la perra seguía mirando hacia la meseta.
Cuando di la luz y volví a mirar, allí no había nada y la perra quería subir a husmear.
Abrí de nuevo la puerta de casa y entre a beber un vaso de agua y a que se me quitara el susto.
Hace tiempo que parece que se han marchado. Ya no notamos presencias, ni que las cosas cambien de sitio o que desaparezcan sin motivo alguno. Pero aquellos años fueron realmente duros para los que lo sentían, tanto que estuvimos a punto de cambiarme de casa.
Nada más, espero que sensaciones y vivencias de este tipo no las tengáis, pues aunque no te asustes, siempre dejan un resquicio de interrogación, cuando no de temor.
Sed felices.
Antonio