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miércoles, 16 de enero de 2019

Buscando a mi alrededor. Filosofía de albañil.


Una tarde cualquiera de una primavera incierta, también cualquiera. Un paseo, una intuición, recuerdos. De repente un minúsculo insecto pasa por delante mío. Le sigo con la mirada. Veo donde se posa. Le fotografío… Y ahí empieza todo.

Escondida detrás de la viborea una abejita quiere ser encontrada.

Muchas veces me pregunto que soy, donde estoy y el por qué de mi presencia en un mundo formado por increíbles mundos distintos que conviven con nosotros envolviéndonos. 

Una insignificante espiga o ¿una gran espiga? Todo depende como queramos interpretarla

Y entre pregunta y pregunta, me surgen las dudas de las distintas formaciones y conocimientos que de todo este universo que nos rodea tenemos  cada ser humano.

Las moscas, como esta de la familia Syrphidae, también liban y comen de las plantas.

Entiendo que la esencia del saber estriba en el conocimiento, pero el conocimiento no es algo innato en nuestra creación. Sabemos que los pájaros hacen sus nidos porque en sus genes existe una especie de disco duro que les indica cómo hacer ese nido. 

La rucula, que muchos hemos comido en ensalada, da estas preciosas flores.

Pero el hombre, con su inteligencia suprema sobre el resto de la creación, es incapaz de comportamientos que no sean aprendidos a través de la observación y la educación.

Las arañas. Ingeniosas e ingenieras, producen uno de los tejidos mas resistentes del mundo animal.

¿Cómo sabe un insecto recién salido del huevo que tiene que cazar?
O ¿Por qué las flores crecen prácticamente iguales y sus semillas producen nuevas plantas iguales a ellas?

Anchusa officinalis, con sus flores tan pequeñas, otra de las plantas de nuestros campos.

Si, la ciencia nos lo explica todo con todo detalle y la teoría de la Evolución explica las diferencias y las divisiones entre todas las especies.
Y todo ese mundo, que busco y encuentro en mis paseos, es el gran desconocido para una inmensa mayoría, incluso para mí mismo,  que se considera culta porque es capaz de entender a los grandes sabios de todas las ciencias y artes.

Los erodium son una familia de plantas preciosas

Pero ¿qué es la cultura? ¿Viajar? ¿Saber resolver problemas de ecuaciones matemáticas y astro-físicas? ¿Entender y leer a Zola y Murakami? ¿Saber escuchar? ¿Entender a nuestro compañero, familiar o amigo? o quizá ¿saber ver y a preciar nuestro entorno?

Una de las grandes flores de nuestros jardines: la paeonia.

Mis paseos por los campos, e incluso por las ciudades, son siempre un continuo descubrimiento de esos universos que conviven con nosotros y a los que nosotros maltratamos porque los desconocemos. 

Mi amiga la empusa. Increíble insecto capaz de lanzar sus patas contra cualquier cosa al salir de la ooteca.

Y que coste que no estoy haciendo ningún alegato de tipo ecológico, muy al contrario quiero hacer un alegato de volver a la sabiduría de las gentes de antes, aquellas gentes  del campo que convivían, comprendían y sabían que estaban rodeados de  infinidad de universos, a los que tenían que cuidar si querían sobrevivir.

El Plantago lagopus, conocido en castellano como llantén, puede verse en todas nuestras praderas.

Levanto un momento la vista del monótono teclado que tengo delante y me doy cuenta que en mi librería existen todo tipo de libros, desde aquellos aparatosos de la coleccion Skira, con su arte plastificado en enormes paginas, pasando por el Summa Artis, magníficos tomos de éxitos internacionales, la historia novelada, las obras completas de Emilia Pardo Bazán, y un sinfín de libros más, muchos de los cuales han quedado relegados a absorber el polvo, y entre ellos solo tres libros relativos al tema que tratamos hoy: el mundo que nos rodea y que cada día sigo descubriendo.

Cuando le oigamos cantar tenemos que dejarnos llevar por su canto y con un poco de suerte lo veremos. El ruiseñor.

Y como última reflexión, insistiendo, os vuelvo a preguntar: ¿igual que miráis el mar o la montaña, sois capaces de mirar la geografía minúscula que se encuentra a tus pies o delante de tus narices en la tela de una araña, o en esa flor preciosa que adorna cualquier jardín?

La reina de los jardines. ¿Sabéis que las zarzas son el origen de las rosas?

¿Qué es por lo tanto la cultura? o quizá ¿podríamos hablar de la cultura especializada? No lo se, es mi gran duda.

Una de nuestras mas amigas, aunque pique. Una abeja sobre una malva silvestre.

Sed felices, yo por lo menos lo voy a intentar viviendo cada día, aprendiendo todos los días e intentando descubrir esos maravillosos universos que nos rodean, entre los cuales está el tuyo.
Antonio

Claro que mirar al horizonte también es fantástico.

lunes, 14 de mayo de 2018

Una rosa y unas plantas campestres


Hay veces que la vida cambia el curso de las cosas. Un pequeño golpe puede dar al traste con un acontecimiento importante al que debías asistir y a la vez proporcionarte la oportunidad de realizar otras cosas que no tenías previstas. Y eso me paso el viernes pasado y por aquello de que no hay mal que…
Pues me fui a última hora a dar una vuelta por el campo con mí máquina de fotografiar y aprovechando la luz del ocaso hice estas fotos que os coloco a continuación.
Había unos rosales junto a un parque de niños y allí fotografié esta rosa con el último rayo de sol.


Luego llegaron las luces y las sombras del ocaso y en esos instantes mi maquina y yo veíamos lo mismo y ella cumplía mis órdenes que eran mas bien deseos.
Y de las simples hierbas que vemos todos los días pero no nos fijamos en ellas salieron estas fotos. No hace falta una rosaleda o un botánico para disfrutar de las plantas, aunque tampoco está mal visitarlos cuando se pueda (yo lo hago a menudo). Solo hay que mirar, observar y gozar con el mundo que nos rodea. Con muy poco se puede disfrutar mucho.















Sed felices.
Antonio

miércoles, 31 de agosto de 2016

Espigas al borde del camino, Soledad.

Me gusta andar por los caminos serranos cuando las espigas de los cereales silvestres comienzan a perder sus semillas y trasladan a la tierra la vida.


Un mundo de multitud de cañas y cascaras de semillas vacías inundan los bordes y se adentran a veces en las parcelas abandonadas a la vera de la tierra comprimida por el paso, durante siglos, de los hombres y los animales.


Hay un compendio entre vida y muerte para darse la mano en esos instantes. La muerte del cereal combinado con la vida que aporta en su interior la semilla. Vida y muerte de la mano, jugando con el tiempo.


A mí, se me ocurre pensar que esas semillas a punto de desprenderse de sus cascaras pueden significar de alguna manera la reencarnación de los elementos; pero es solo un pensamiento fugaz. Quizás es más bonito pensar, como escribía mi amiga Silvia, que es un intercambio de energía, ya que la materia al fin y al cabo lo es, y por lo tanto vida y muerte son una trasformación de la misma.


Algunas florecillas comparten con las espigas la poca humedad que aún queda en el suelo. Sus colores dan vida al ambiente y rompen la monotonía del paisaje plateado y seco de las cunetas. Y algún insecto con su vuelo despistado, sobre todo las mariposas, terminan por confirmar la existencia de vida en los alrededores.


Tendrán que llegar las tormentas de finales de agosto o principios de septiembre para que veamos de nuevo convertirse esos laterales del camino en estrechas y verdes praderas donde comenzaran de nuevo a florecer en un intento ultimo por reproducirse infinidad de pequeñas flores buscando su sitio.


Y cuando esto suceda no quedara ni rastro de las espigas caídas al suelo bajo el peso del agua y el empuje del aire. Habrá que esperar a la llegada de la primavera alta para verlas surgir fuertes y brillantes de nuevo a la vera del camino.


Quizá tu, Soledad, seas una espiga en la cuneta.


Sed felices

Antonio 

lunes, 4 de agosto de 2014

Espigas.

Pasear entre las hierbas altas, llenas de vida, dejándote tocar por las espigas altas es una delicia.
Hay espigas de todos los tipos y formas que queramos ver: las gramíneas con sus glumas al viento, transparentes tras haber soltado sus semillas parecen banderolas que ondean al viento suave de la tarde. Otras dan la sensación de ser como mechas de algodón de distintas formas y colores.
Otras, dejan ver sus semillas a medio caer formando pequeñas coronas alrededor del tallo.

 
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Todas alternan su espacio con plantas más bajas que ellas y permiten que las zarzas ocupen sus espacios, pero, eso sí, sin pasarse.
Mariposas, moscas, arañas, hormigas y un sinfín más de pequeños animales aprovechan sus espigas unos para comer, otros para cazar y otros para procrear.
Y en el fondo, las espigas son un inmenso laboratorio genético en donde se esconde todos y cada uno de los caracteres de la siguiente generación de plantas. Son en su sequedad las responsables de liberar la vida al aire y sobre la tierra para que, generación tras generación, germinen las semillas.

 
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A la puesta de sol es impresionante meterse entre los campos de las altas gramíneas y observar a trasluz sus glumas; en el fondo están ayudándonos a nosotros también a recibir sensaciones, estímulos que a la larga se transforman en sentimientos.

 
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A mi personalmente me ha gustado mirarlas ayer tarde. Espero que a vosotros también.
Sed felices
Antonio

jueves, 12 de junio de 2014

Para mañana II.- Diez fotos de un mes de julio.

Es curioso como el volver a ver imágenes te trae el momento de la fotografía y sus detalles de nuevo a primer plano de tu memoria.
Esta serie es la primera que guardé de las que os iba poniendo por las noches. Es un popurrí de fotos que en su conjunto no tienen un enlace, solo la máquina y la mano del que las ha hecho, pero que todas significan algo, todas tienen un por qué.
Vayamos viéndolas y analizándolas:
 
 
 

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Es curioso los veteados existentes en los postes de teléfonos o de la luz antiguos. Sus maderas, carcomidas por los elementos, sol, aire y agua en todas sus especies, van dándole una patina de vejez increíble. El nudo en mitad del poste rompe la linealidad de las fisuras en la madera y forma a su alrededor un extraño campo de líneas magnéticas.

 

 
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¿No os recuerda esas luces que se venden en Navidad por las calles? En mitad de la sequedad ya de un verano, florece entre las hierbas secas esta florecilla, que tiene que avisar a sus polinizadores que está ahí, que la miren, que la vean; y lo consigue.
 



 
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Da la sensación que están dispuestas para usarlas como pequeñas tazas de sake, colgadas unas a continuación de otras. Están abiertas y sus semillas seguramente estén ya en el suelo esperando las lluvias del otoño que las harán germinar.
 
 



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Una adelfa del jardín de mi madre, fotografiada a primeras horas de la mañana. Todos los días en verano fotografió una flor distinta de las dos plantas que tiene mi m adre en el jardín. Son flores que vistas desde lejos quizás no digan nada, pero cuando las encuadras y les dedicas unas miradas de atención descubre la belleza que hay en ellas.
 



 
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Entre las espinas de las zarzas bailan su danza estas florecillas. Pequeñas y débiles, ante los poderosos brazos del zarzal, tienen que ingeniárselas para ocupar su espacio vital. Aprovechan las zonas de la zarza donde solo hay brazos, donde no son competencia. Les queda ya poco, el sol está haciendo estragos y las altas temperaturas les darán poco tiempo de permanencia en pie.
 



 
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Frágiles y bellas a la vez. Las envolturas de las gramíneas salvajes me fascinan. Me llama poderosamente la atención verlas ahí, con esos tallos tan finos y tantas banderolas que sostener. Y si os fijáis en el campo en ellas, cuando ya han soltado los granos, podréis descubrir que algunas sirven de vivienda a pequeños arácnidos.
 
 



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Una mosca asesina comiéndose a una asesina menor. Un coleóptero mira asombrado la escena. Se dará la vuelta con pies en polvorosa y dando gracias a la Naturaleza por haber evitado ser el comido. Lo curioso de esta foto es que la mosca vino a posarse para su comida al lado mío, como si quisiese hacer una sesión fotográfica de su hazaña, pues me permitió realizar un montón de fotos y al final fui yo el que se marcho.
 



 
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Efectos de luz y sombras en estas semillas con la luz de un sol radiante elevándose a mitad de mañana. Lo que fueron unas hermosas flores son ahora un simple recuerdo, pero algo de belleza queda en esos gráciles movimientos.
 




 
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Si pasa por su lado y no te fijas mucho puede pasar totalmente inadvertido. Su color contrasta con el verde de la planta que le sirve de alimento, pero el fondo seco del paisaje le ayuda. Ira comiéndose la planta hasta que se encuentre capacitado para hacer su capullo. Luego una bella mariposa…
 





 
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Ha recogido su lengua. Me mira o se ve reflejada en el objetivo, no lo sé. Sigue quieta encima de una flor que ya poco alimento puede darle. Igual quiere depositar ahí sus huevos. Es mitad de mañana de un día de julio. Hace calor. Quizás este agotada. Saco tres o cuatro fotos más y me marcho prado adelante.
 
Deseando que seáis felices, os dejo
Antonio

sábado, 14 de septiembre de 2013

LA ULTIMA FLOR.-

 
Subiendo por un arroyo seco, donde solo los restos de un tronco de pino caído revelan la importancia que puede tener este en días de tormenta o de deshielo.
 
 
 
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Y en su cauce y en sus riberas en un día de finales de agosto comencé a trepar por él, buscando algo sin saber muy bien lo que buscaba,  o si me buscaba a mi mismo, y encontré, como no en estos días, las espigas y las flores secas correspondientes al mes de agosto.
Se preguntará más de uno de vosotros porque de mi insistencia en sacar espigas y pequeñas plantas que están entre la vida y la muerte, entre el principio y el fin de sus días.
Lo cierto es que en ellas está la esencia de la vida misma, un ejemplo de la continuidad de los seres, la permanencia de la especie, la lucha por el devenir, la constancia. Y soy yo en mis caminatas solitarias el que se pregunta constantemente por el misterio de la supervivencia de generación en generación de todas ellas.
Desde espigas que tienden puentes entre ellas a pequeñas flores que una vez cumplida su misión se apoyan en las primeras formando un puente de mutua amistad, de mutuo apoyo. Y en mitad del claro, sobre las rocas de granito del sistema Central, los musgos y los líquenes acompañados de pequeñas plantas carnosas cuentan la misma historia: supervivencia, trasmisión a la siguiente generación.
Y en cada semilla hay una memoria escrita no sé donde que hace que la nueva planta sea igual a sus antecesores, que sepa cuándo debe germinar, crecer y morir.
Todas las plantas que veréis en esta entrada están fotografiadas siguiendo el curso del  pequeño arroyo seco. Una zona de pinares mediterráneos, con los suelos dominados por la pinaza, secos, y los claros por las zarzas y la broza.
Son parte integral del paisaje veraniego, aunque muchas veces pasen desapercibidas tanto las pequeñas plantas como los lugares.
Y entre ellas, en las zonas más húmedas, aun puede verse una flor con sus campanillas a la luz de agosto y a otra como una palmatoria elevando una oración…
 
 
 
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La ultima flor del verano en el arroyo seco en medio de tanta espiga.
Sed felices.
Antonio