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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Nemoptera bipennis: los duendes de las praderas.



Era una tarde de principios de junio de 2016.
Habíamos quedado los amigos del grupo de Bichos de San Lorenzo de El Escorial y alrededores para pasar un rato entre las hierbas de la zona norte de Madrid e intentar ver a los “Duendes” de las praderas.
Para mí era la primera vez que me iba a encontrar con un maravilloso animal que en su fase adulta enamora a cualquiera que téngala suerte de verlo volar.


Se trata del  Nemoptera bipennis, un maravilloso animal que nunca hay que confundir con una bella mariposa o una extraña libélula.
Su vuelo es delicioso. Dala sensación que flotan con movimientos rítmicos por el aire como si fueran pequeñas cometas con sus dos enormes colas estabilizadoras.


Pero hablemos un poco científicamente, aunque yo no lo soy.
La Nemoptera bipennis es un insecto. Tiene seis patas y dos pares de alas, unas, las anteriores con las que vuela, y las posteriores que son esas largas colas que han perdido su función.
Pertenece al orden de los Neurópteros y está emparentado con las hormigas león.


La longitud total de los duendes puede llegar a alcanzar los diez centímetros desde la cabeza hasta la punta de esas colas maravillosas. Su cuerpo puede medir entre dos y tres centímetros como mucho, siendo por lo general la primera medida la más común.
Su cabeza, a mí personalmente me recuerda a la de algún personaje de la Guerra de las Galaxias, es alargada con dos enormes ojos y dos antenas fusiformes.


Las alas anteriores pueden medir cada una unos tres centímetros, dando al insecto una envergadura que oscila entre los 6 y 7 cms.
Las alas posteriores, las colas, pueden llegar a medir hasta seis centímetros, aunque normalmente están alrededor de los cinco.


Los colores de las alas varían un poco en función del lugar donde habiten, Las que veis en las fotografías tomadas por mí, son de color crema con tonalidades marrones en dibujos de total camuflaje. El camuflaje llega a ser tan bueno que hay veces que estas al lado y no consigues verlas.
Viven en zonas de praderas de gramíneas relativamente secas, en terrenos que comparten las zonas rocosas, con herbazales y piedras sueltas. Los tipos de terrenos pueden oscilar desde los calcáreos a los graníticos.


La vida de Nemoptera bipennis hay que dividirla en tres fases: huevos, larvas y adultos.
De los huevos en la base de los tallos de las gramíneas eclosionaran unas larvas rarísimas de cuello alargado, capaces de compartir vivienda con sus presas, muy voraces. Su etapa larvaria durará dos años.
Pasado este periodo, la larva comienza a realizar un capullo y a los quince días, aproximadamente, salen estos maravillosos adultos.
Los adultos viven unos dos meses, desde junio hasta principios de agosto.
Los adultos, al contrario que las larvas se alimentan del polen de las plantas.
Sus vuelos son muy lentos, tanto que puedes ir andando detrás de ellos y adelantarles. Y a la vez son muy frágiles.


Si alguna vez se ponen a vuestro alcance, observarlos, pero no intentéis cogerlos, lo mas seguro es que los lastiméis.
Se me olvidaba comentaros que los “Duendes”, Nemoptera bipennis, son unos animales antiquísimos, seguramente de los primeros insectos modernos, y además son endémicos de la Península Ibérica.


Disfrute como nunca aquella tarde que descubrí a los duendes. Goce viéndoles volar como se lo hiciesen dentro del agua. Los vi volar en grupos maravillosos al caer la tarde y me enamoraron.


Nada mas por hoy. Espero que os haya gustado.
Sed felices.

Antonio 

jueves, 12 de junio de 2014

Para mañana II.- Diez fotos de un mes de julio.

Es curioso como el volver a ver imágenes te trae el momento de la fotografía y sus detalles de nuevo a primer plano de tu memoria.
Esta serie es la primera que guardé de las que os iba poniendo por las noches. Es un popurrí de fotos que en su conjunto no tienen un enlace, solo la máquina y la mano del que las ha hecho, pero que todas significan algo, todas tienen un por qué.
Vayamos viéndolas y analizándolas:
 
 
 

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Es curioso los veteados existentes en los postes de teléfonos o de la luz antiguos. Sus maderas, carcomidas por los elementos, sol, aire y agua en todas sus especies, van dándole una patina de vejez increíble. El nudo en mitad del poste rompe la linealidad de las fisuras en la madera y forma a su alrededor un extraño campo de líneas magnéticas.

 

 
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¿No os recuerda esas luces que se venden en Navidad por las calles? En mitad de la sequedad ya de un verano, florece entre las hierbas secas esta florecilla, que tiene que avisar a sus polinizadores que está ahí, que la miren, que la vean; y lo consigue.
 



 
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Da la sensación que están dispuestas para usarlas como pequeñas tazas de sake, colgadas unas a continuación de otras. Están abiertas y sus semillas seguramente estén ya en el suelo esperando las lluvias del otoño que las harán germinar.
 
 



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Una adelfa del jardín de mi madre, fotografiada a primeras horas de la mañana. Todos los días en verano fotografió una flor distinta de las dos plantas que tiene mi m adre en el jardín. Son flores que vistas desde lejos quizás no digan nada, pero cuando las encuadras y les dedicas unas miradas de atención descubre la belleza que hay en ellas.
 



 
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Entre las espinas de las zarzas bailan su danza estas florecillas. Pequeñas y débiles, ante los poderosos brazos del zarzal, tienen que ingeniárselas para ocupar su espacio vital. Aprovechan las zonas de la zarza donde solo hay brazos, donde no son competencia. Les queda ya poco, el sol está haciendo estragos y las altas temperaturas les darán poco tiempo de permanencia en pie.
 



 
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Frágiles y bellas a la vez. Las envolturas de las gramíneas salvajes me fascinan. Me llama poderosamente la atención verlas ahí, con esos tallos tan finos y tantas banderolas que sostener. Y si os fijáis en el campo en ellas, cuando ya han soltado los granos, podréis descubrir que algunas sirven de vivienda a pequeños arácnidos.
 
 



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Una mosca asesina comiéndose a una asesina menor. Un coleóptero mira asombrado la escena. Se dará la vuelta con pies en polvorosa y dando gracias a la Naturaleza por haber evitado ser el comido. Lo curioso de esta foto es que la mosca vino a posarse para su comida al lado mío, como si quisiese hacer una sesión fotográfica de su hazaña, pues me permitió realizar un montón de fotos y al final fui yo el que se marcho.
 



 
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Efectos de luz y sombras en estas semillas con la luz de un sol radiante elevándose a mitad de mañana. Lo que fueron unas hermosas flores son ahora un simple recuerdo, pero algo de belleza queda en esos gráciles movimientos.
 




 
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Si pasa por su lado y no te fijas mucho puede pasar totalmente inadvertido. Su color contrasta con el verde de la planta que le sirve de alimento, pero el fondo seco del paisaje le ayuda. Ira comiéndose la planta hasta que se encuentre capacitado para hacer su capullo. Luego una bella mariposa…
 





 
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Ha recogido su lengua. Me mira o se ve reflejada en el objetivo, no lo sé. Sigue quieta encima de una flor que ya poco alimento puede darle. Igual quiere depositar ahí sus huevos. Es mitad de mañana de un día de julio. Hace calor. Quizás este agotada. Saco tres o cuatro fotos más y me marcho prado adelante.
 
Deseando que seáis felices, os dejo
Antonio

sábado, 31 de agosto de 2013

UNA ARAÑA ENVUELTA EN UNA MANTA DE CAMPO.-

Encontrarte de repente como un intruso ante la vivienda de una araña sin haber pedido permiso para entrar es una sensación extraña.
Estaba fotografiando las espigas de las gramíneas silvestres cuando me percaté de esta situación. La araña plácidamente acurrucada dentro de la hoja parecía estar en el mejor de los sueños arrullada por la funda de la espiga.
En mi intención de sacar mejor la fotografía tome el tallo de la planta y le hice girar de forma que pudiese presentar un mejor enfoque hacia la araña, y cuál fue mi sorpresa que, ante tal atrevimiento, la araña se salió de su vivienda y se puso a pasear por encima como defendiendo su guarida de un intruso como yo.
Luego de la misma forma que había salido volvió a meterse dentro me imagino que acordándose de mucha de mi familia por mi atrevimiento y mala educación.
Os dejo con seis fotos de la secuencia.
 
 
 
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Os dejo. La araña está de nuevo dentro de su cubil dormitando y a la espera que un insensato insecto se le ocurra acercarse a su dormitorio.
Sed felices.
Antonio 

martes, 30 de julio de 2013

AL BORDE DEL CAMINO EN UN DIA DE LLUVIA.-

Le excursión fotográfica del domingo por la tarde termino en aguacero fuerte a tres kilómetros de casa y sin posibilidad de refugiarme en ningún lado, pues ni siquiera había una paridera o corral donde meterse, y por lo tanto la mejor solución era seguir andando intentando que las máquinas de fotografiar no se mojasen.
 
 
 
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El camino en las estribaciones de la sierra y bajo los picos de la Peñota, está en un principio rodeado de árboles para poco a poco convertirse en un páramo donde los conejos buscan desesperados las ultimas briznas de hierba.
No encontré mucho que fotografiar, pero si una muestra de las plantas que los márgenes del camino nos guardaban. Son quizás mis fotografías de siempre, pero cuando se está en un lugar determinado te tienes que agarrar a lo que tienes.
 
 
 
 
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Os voy a contar un secretillo: en el teléfono llevo un programa que me dice la distancia recorrida y la velocidad y desnivel que subo; pues bien en los tres primeros kilómetros de subida haciendo fotos la media fue de unos 2,2 k/h de velocidad media. En la bajada, lloviéndome y con la amenaza de una tormenta la velocidad media de bajada sin hacer fotos se acerco a los 5,75 K/h. Y no os podéis imaginar la tormenta que cayó nada más llegar a casa.
Os dejo con las fotos de un día nublado en la Sierra del Guadarrama.
 
 
 
 
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Los cardos, amigos de calor, se despiertan en estas fechas, floreciendo con preciosas flores que van de los morados a los amarillos, invadiendo las zonas que otras plantas, practicamente secas, les dejan.
 
 
 
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Estos cardos se han secado antes que sus congéneres hayan ni siquiera florecido. En sus flores hace unos días libaban un montón de mariposas que ahora han cambiado su destino.
 
 
 
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Las zarzas, las de cotas mas bajas y soleadas han cambiado sus flores por una moras que en poco tiempo presentaran tonalidades que desde este verde, y pasando por los rojos, nos llevaran a los morados.
 
 
 
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Vida y muerte. El ciclo se repite. Unas plantas en plena floración y otras ya muertas, pero todas preparando una nueva generación que comenzará a surgir con las primeras lluvias de finales de agosto.
 
 
 
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Los distintos tipos de gramíneas salvajes ponen una nota dorada en el borde del camino. Unas gotas de agua de la noche anterior les han quitado algo del polvo del camino, pero la lluvia ha sido lo suficientemente suave como para no tumbarlas.
 
 
 
 
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En algunos lugares, junto a las valla de alguna finca muy cerca de su puerta, crecen las parras que dentro de un mes ofrecerán ya sus frutos practicamente maduros.
 
 
 
 
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La estructura del molinillo, sea de la planta que sea siempre me ha llamado la atención. Esas distribuciones esféricas de sus semillas dan que pensar. Y la composición radial de la semilla para que el aire las transporte como si fuesen helicópteros es fantástica.
 
 
 
 
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Me tengo que dar prisa. Ya me estoy mojando y la Peñota y Siete Picos comienzan a desaparecer tras la manta de agua que allí arriba cae. Cinco minutos después de esta foto me caía agua encima fría y con mucho viento.
Nada mas por hoy, solo desearos que seáis felices.
Antonio