viernes, 20 de mayo de 2016

Las urracas que vencieron a la terrible gata atigrada

Buenas tardes.
Hoy quiero contaros la historia de dos urracas que tenían un nido cerca de uno de los arcos de casa de mi cuñada. Un lugar, donde a últimas horas de la tarde el sol calienta la piedra cuando en el resto del jardín está ya prácticamente en sombra.
Y ese lugar es también el lugar donde a una de las gatas de la dueña de la casa le gusta colocarse a tomar el sol antes de su cena.
Estábamos tomándonos un te tarde,  cuando desde el interior de la vivienda presenciamos como dos urracas acometían contra la gata. Valor le echaron, pues conociendo a la felina…

Las dos urracas posadas en la columna observan a la gata.


La gata pasa olímpicamente de las urracas, pero...

Mientras la gata se coloca para tomar el sol una de las urracas la observa. La otra se ha bajado al suelo y es lo que mira la gata.


La gata comienza a rascarse, momento en que la urraca aprovecha para colocarse cerca de la gata y...



Y le lanza un picotazo


Después de varios intentos de picotazos la gata decide dejar a las malhumoradas urracas e irse a tomar el sol a otro lugar.

La sombra de la urraca distrae durante unos instantes a la gata.


La gata nos descubre detrás de los cristales. Nos ha oído.

Viene toda oronda, disimulando su derrota, a comer a la casa.


La urraca triunfadora toma posesión del arco.

Esta historia duro unos cinco minutos y la pena es que los ataques de la urraca a la gata con picotazos eran tan rápidos que no me dio tiempo a fotografiar ninguno.
Nada mas por ahora.
Eso sí: sed felices

Antonio 

Filosofía de albañil: el sendero de la vida

Cojo el sendero que discurre a cada lado de los campos sembrados de cereales, por los linderos, que, por su apariencia, probablemente son trigos que tarde o temprano se convertirán en pan, pero para entonces habrán pasado muchos días y algunas lunas.


Comparado con estos días de atrás, el día es cálido, y al sol se nota en la espalda, pero cuando entras en las sombras de las grandes encinas que en algunos lugares bordean el camino se siente un frescor agradable.


Voy arrastrando mis pensamientos, mis pesares, mis ausencias y mis pecados entre las flores de un jardín maravilloso que algún gran jardinero imaginó en su momento. Su visión ayuda a llevar mis sentimientos encontrados, mis errores, repetidos uno tras otro hasta la saciedad, como un autómata.



Y sobre el jardín, o en su interior, una gran cantidad de pequeños animales de seis u ocho patas ayudan con su visión a perder durante instantes esos agobios que te acompañan durante el día y a algunas horas de la noche.



Un manojo de margaritas me distrae de mis pensamientos. Han nacido espontáneamente, seguramente ocupando un día de viento el lugar de otra planta con unas semillas dispuestas a enraizar. En el fondo, ese maravilloso jardín, no es mas que una guerra continúa entre especies por apoderarse de los lugares húmedos y soleados para reproducirse. Y ello me hace pensar que, al fin y al cabo, el hombre hace lo mismo: se pelea en su jardín por conseguir el dominio de un terreno mejor, más rico y productivo, dando igual la supervivencia.


A las flores que estoy viendo, amapolas, margaritas de todos los colores y tamaños, dientes de león con sus molinos preparado a recibir la primera brisa fuerte, las viboreas, la sangre de Cristo y un enorme etc, cubren una pequeña extensión a derecha e izquierda del camino. Tienen sus límites marcados, como si de una carretera se tratase, por los sembrados que alternativamente van naciendo a sus costados.
Y es curioso, que cuando miras esos campos maravillosos de cereales, increíblemente iguales unas espigas a las otras, no aparecen en ellos rastros de flores como cuando en mi niñez veías en medio de ellos aquellas amapolas rojas bailando con el trigo o la avena al compás del viento. Ya no se ven. No, los herbicidas no dejan que en sus dominios crezcas, amapola: ¿para qué?



Dentro de unos días, cuando los calores de junio comiencen a apretar irán desapareciendo esos campos verdes y floridos para dejar espacio a las matas altas del hinojo o los cardos secos y enormes que con sus flores darán de comer a los insectos que por allí pululen.
Y en realidad me doy cuenta que ese vivir y morir de las plantas en como nuestra vida. Crecen, se reproducen y mueren como morimos nosotros todos los días. Y me pregunto: ¿Cómo medirán las plantas sus años, sus días de vida, sus instantes de gozo? Y entonces surge en mi la duda, pues me doy cuenta que mi vida es como una primavera y que dentro de poco llegará el estío, y con él, la muerte. Hoy las flores me están gastando una mala pasada. Necesito ánimos y me gustaría ser feliz, pero… el viento de la vida maneja mis penas como le da la gana y las alegrías las barre en suspiros que no retornan. Hay Soledad, mi querida Soledad, cuán lejos quedan aquellos días en los que solo se veía la vida, y solo en el paseo, hoy comienzo a ver el otoño que se aproxima a increíbles velocidades. Antes el verano con la guadaña segara la mies de los campos y de paso, arrastrara más de una vida con ellos.


Sigo andando, hoy la angustia esta clavada muy adentro como si fuese una garrapata cogida al alma, y a cada vuelta el camino cambia su fisonomía. En las zonas soleadas está exuberante de plantas, mientras que en los llanos de tierras pobres y secas solo una pequeña capa de margaritas multicolores cubre los suelos.



Camino en silencio. Voy observando vida. Aquí una mosca que toma el sol tranquilamente sobre una flor sin importarle mi presencia. Allá, entre pétalo y pétalo de una efímera amapola, una araña espera tranquilamente a su presa si prisa. Ya llegará. Un mariposa cruza rauda por delante mío y se esconde en lo más alejado del sendero. Una enorme tulipa, de ojos verdes enormes, me mira con desconfianza presta a echarse a volar.
Bulle vida a mí alrededor, en cada mata, en cada flor, tan efímera como a la madre naturaleza le apetezca, con sus ciclos de frío, calor, sequedad.
Continúo el camino, como llevo tantos años haciéndolo, pero creo que esta vez se me hace mas cuesta arriba la vida… No quiero seguir el paseo, pero ¿quiero seguir la vida?



Mañana será un nuevo día, ya veremos cómo están las sendas, como sigue la vida. Esperemos, llevo tanto tiempo esperando que mañana un rayito de felicidad nos ilumine.
Me despierto. Abro los ojos y me doy cuenta que el camino puede ser aun largo y costoso, pero sigue habiendo camino, sigue habiendo esperanza. Aunque el camino tenga cardos, también tiene flores...
Sed felices.



Antonio 

lunes, 16 de mayo de 2016

Los lirios de mi madre.

Mi madre lleva ya más de un año en una silla de ruedas totalmente inmovilizada de cintura para abajo, con lo cual hay que ayudarla en todo lo que requiera movimientos y cambios de posición, pero cada vez que me ve me sigue preguntando por cada uno de los rincones de su jardín.

El rincón inmutable de los lirios

Esta tarde me ha preguntado por los lirios, pues desde las dos ventanas del salón dormitorio, no los ve.
He salido y de los tres lirios que han sacada flor le he sacado unas fotos para enseñárselas y de esa forma que pueda disfrutar también de su jardín aunque sea a través de la cámara.


Hasta que no llegue el calor de verdad no puede salir al jardín, pero ya le queda menos.
Estos lirios llevan saliendo en el mismo lugar desde hace décadas.
Son lirios germánicos, de unas tonalidades azules increíbles y  estarán dando  flor hasta bien entrado el mes de junio. Luego solo el verde de sus hojas estará presente.


El hombre que tiene mi madre cuidándole el jardín, yo le llamo el caballo de Atila, pues por donde el pasa planta que se carga, no ha conseguido hacerlos desaparecer, cosa que toda la familia estamos encantados y agradecidísimos.


El otro día me desarraigo tres rosales que había sacado porque decidió que estaban secos y esta semana me he encontrado que ha podado el membrillo dejándole dos ramas que casi tocan al cielo y las buenas las ha cortado. Eso sí, es una excelente persona.
Volviendo a los lirios, el jueves cuando suba a estar con ella, se los expondré en la pantalla de la televisión para que disfrute de ellos de verdad, pues es ahí donde ve las cosas sin gran esfuerzo.
Hoya sus casi 97 años, los hace el 27, hemos estado viendo la final de tenis de Roma y ha seguido el partido mejor que yo. Esta mañana la carrera de fórmula uno. Es una fan de Alonso y de Márquez en motos. Y le encanta el snooker, modalidad de billar en el que le introduje yo hace mucho tiempo, y se conoce mejor que nadie a los jugadores.


Le preocupa el futuro de su descendencia, y no le gusta como está el mundo, de tal manera que ha decidido que no quiere saber nada de las noticias y las manda quitar, pero luego hablas con ella y está enterada de todo.


Muchas veces, me pongo a pensar si seria yo capaz de estar sentado durante año y medio todos los días desde las 1º de la mañana hasta las 9 de la noche, el resto en la cama, y que mis hijos me enseñasen las flores en una máquina de fotos. Creo que para eso hay que tener una fuerza mental increíble y unas ganas enormes de vivir.
La verdad es que yo quería hablar de los lirios y he hablado de mi madre… Otro día será
Sed felices.

Antonio 

domingo, 8 de mayo de 2016

Sigo viendo fantasmas en la fuente.

La fotografía no es solo ver una realidad que captan también nuestros ojos, no, es también dejar reflejado aquello que nuestra vista no es capaz de observar.
También es cierto, que luego nuestra mente tiene que ser capaz, al igual que nuestro espíritu, de ver, distinguir y apreciar lo que normalmente no deberíamos ni siquiera imaginar. ¿No estáis de acuerdo? Seguidme:

Como cada martes bajo a Madrid para asistir a la tertulia y, al hacerlo con tiempo, llevo conmigo  las maquinas de fotografiar para retratar todo aquello me llame la atención. Hay que echar pie a tierra y lo hago comenzando por la Puerta del Sol.


Como siempre las dos fuentecillas me atraen, como si me estuvieran llamando con el susurro apagado de sus aguas cayendo al pilón. Y como cada vez, me acerco a ellas con las cámaras dispuestas a volver a fotografiar las cambiantes y agitadas aguas en cascada, sabiendo que siempre serán distintas a las de cualquier otro día. 
Las imágenes que me quieran regalar las fuentes, las veré al llegar a casa pues por lo general no suelo mirar las fotos en la cámara.
Y me han regalado un montón de ellas a cual más curiosa y significativa.

Me pregunto, si me estaré volviendo loco al fotografiar constantemente esas pequeñas cortinas de agua, no lo sé; pero de lo que si estoy seguro es que cada día son imágenes nuevas, distintas, como cuando te sientas delante de una chimenea y, sabiendo que el fuego es el mismo, sus contornos cambian constantemente.

Llego a casa, después de una tertulia interesantísima, reunión escasa de personal hoy, pero fantástica. Me asombra la capacidad cultural de mis compañeros y me quedo muy chico al lado de ellos.
Dejo las máquinas encima del escritorio. Notengo prisa en abrir las fotos, quiero hacerlo con tranquilidad. Un cierto temor a abrir las fotografías me recorre por dentro con un ligero cosquilleo.
Las veo después de la cena y una tras otra me ofrecen sorpresas de todas las formas y colores inimaginables.
Los fantasmas han vuelto a aparecer en varias de ellas y caras tormentosas, difíciles de apreciar, pueden observarse en varias fotografías.
Solo recordaros que en esta plaza se lucho el 2 de Mayo y hubo muertos...


Del fondo de la fuente parecen surgir  oscuros ojos que miran vacíos, mientras unas lágrimas brillantes corren bajo ellos. ¿Por qué lloras aparición? ¿Qué te tortura? La soledad y la terrible agonía de la muerte en el tiempo, contemplando la vida. La muerte contemplando la vida… Pienso en esas lagrimas eternas bajo esos ojos sin pupilas, ojos que ven la vida desde el frío de la muerte.



Como una llamarada solar en medio de la cortina de agua explota esta imagen. Es solo luz, solo el reflejo de algo que por allí pasaba o ¿no? Igual que ha aparecido, en el siguiente disparo fotográfico ya no está, hay algo distinto, diferente. ¿A dónde va ese manto de gasas transparentes? Quizás buscando escapar de las frías aguas de la fuente.




En cada ola de agua que se desliza hacia el fondo, en esas bandas transparentes, aparecen las caras. 
En la primera franja, abajo, una cara angustiada, con el ojo izquierdo perfectamente visible y una nariz de payaso, y una boca con rictus de dolor, me mira. ¿Será un soldado? ¿Sera un madrileño del 2 de Mayo?
En la siguiente franja, a media altura, mas escondida otra cara  y, si os fijáis, en cada franja descubriréis mas. Y a la derecha abajo, como queriéndose esconder de la maquina, un rostro apagado que parece cubierto por un velo.
¿Por qué todas estas imágenes cada vez que fotografío la fuente? ¿Quiénes son? ¿Por qué se muestran? No son imaginaciones, ahí están. Las fotos no están trucadas; lo que sale, sale porque estaba ahí en ese momento. Pienso, dudo, incluso me atemorizo con cada rostro, y llego a preguntarme si alguna vez el mío aparecerá en la cortina de agua.




En esta foto, más o menos en el centro y a lo largo de toda ella pueden verse rostros deformados con bocas que parecen estar cantando con sonidos de pánico, aullidos lastimeros. Están encerradas ahí esperando eternamente… Eternamente, ¿os lo podéis imaginar? Una eternidad chillando, presenciando la vida sin poder llegar a ella. Pero sus vibraciones son tan, pero tan intensas,  que consiguen mostrarse en imágenes difusas.




Una careta de hielo sobresale del agua que está al fondo. Un rostro plano, helado, me mira inquisitivamente. Estoy asustado. Veo vida muerta, vida muerta. Y se muestra de distintas formas y figuras. Pero en todas ellas, absolutamente en todas, hay una mirada perdida. Entonces ¿Por qué apareces? ¿Por qué te muestras? Mejor sería ver solo las aguas agitadas, sin caras, sin figuras, sin hielo, sin...; mejor sería ver vida.



De repente las imágenes no esperadas surgen tenebrosas en medio del agua, sin formar parte de ella, estáticas, visibles, cubiertas de trapos… como los dibujan en las escenas de terror. Solo les faltan las cadenas que… Pero que digo, a quien le hacen falta cadenas si está preso en el Eternidad por los tiempos de los tiempos.
La figura blanca de la derecha parece querer taparse los ojos y no ver al otro lado de la muerte. Sus piernas están dobladas como si de rodillas rezase…A la izquierda una imagen levanta los brazos: ¿quieren asustarme? Otra, mas pequeña, parece quererimitarle, pero no puede.
En el extremo derecho, oscuras pero perceptibles, contemplan inertes la escena.Y si te fijas en la foto, veras a los fantasmas por todas partes.
Los mantos cubren un cuerpo que no existe, pero el espíritu está ahí, dándole forma suficiente.

Cambia repentinamente el agua de color, como si algo quisiera teñirla como un arco iris.







Pero no, de aquí en adelante todas y cada una de las imágenes son colores en el agua, llamas encendidas en el líquido elemento, que se muestran a través de pequeños instantes que dura una fotografía… Instantes que pueden significar una eternidad.










Se mueven ondulantes a lo largo de su ininterrumpida caída, una caída que dura eternamente desde que la fuente se puso en marcha.
¿Qué vendrá después de este cambio cromático?
Me asusta pensar en caras nuevas, en sufrimientos de ánimas perdidas entre las aguas de la fuente de la Puerta del sol.





Un último destello fantasmal aparece de repente en el último fotograma. Una aureola blanca corre tras el agua, o en ella, no lo sé a ciencia cierta, mostrándose tímidamente. Un rostro parece dejarse ver en la parte superior de la blancura, como mirando asustado. No quiero ver mas fotos, con esta termino.
--o0o--
Hasta aquí las fotos de el martes pasado.
Y aun dándome cierto resquemor el fotografiar la fuente, se que volveré a hacerlo en breve, la siguiente vez que pase por la puerta del Sol con las maquinas al hombro.
Nada más por hoy.
Sed felices.

Antonio 

viernes, 6 de mayo de 2016

Los jabalies que se alimentan del pienso de los perros.-


Plano del noreste de la provincia de Gerona con los dos monasterios visitados.

Después de un maravilloso día de playa, en Colera, provincia de Gerona, en casa de unos primos míos, decidimos hacer una tarde de románico visitando San Pedro de Roda y San Quirze de Colera, ambas, como veis en plano adjunto, en una línea recta que apunta prácticamente al cabo de Creus.

Al fondo el cabo de Creus desde la cala de Colera.

San Pedro de Roda. Un magnifico ejemplo del románico. 

Antes de seguir, comentaros que la hora a la que se llego a ver los jabalíes era ya oscureciendo y que por ello la calidad de las fotos en la distancia a que están tomadas no son muy buenas.

Iglesia románica del monasterio de San Quirze de Colera.

En San Quirze había un restaurante que en esos momentos estaba cerrado, cosa no extraña pues estábamos nosotros solos, y todos sus accesos estaban protegidos por perros impresionantemente grandes del tipo del mastín, el rottweiler y algún otro grande que no recuerdo.

Una jabalina con su fila de rayones detrás de ella en medio del barranco.

Estaba observando la ermita y me acerque al coche a ver si encontraba un plano de la zona, cuando por la ladera de enfrente comencé a escuchar un ruido inmenso, como si una locomotora bajase a través de las matas que cubren el monte.

El grupo pasando a escasos dos metros de mi. Yo encima del capó

El ruido venía directamente hacia mí y de repente apareció entre la vegetación una hembra de jabalí seguida por un montón de jabatos que la seguían en fila en el monte.
Siguió ascendiendo la jabalina seguida de sus lechones y paso a escasos dos metros de mí como si yo no existiera, con todos los pelos del lomo erizados y gruñendo constantemente.

 La jabalina camino del comedero del perro.


Comiendo el pienso de uno de los canes.

La jabalina se dirigió directamente hacia la caseta de uno de los perros, y este que había estado ladrando nuestra presencia, se calló automáticamente, se metió dentro de su caseta bien escondido y dejo que la señora se comiese su comida.
Mientras tanto los rayones agrupados esperaban a mama.

La jabalina sale corriendo en defensa de sus crías.

Al mismo tiempo un grupo de jóvenes bermejos se acercaron a la zona. A uno de ellos se le ocurrió meterse con los rayones y al chillido de estos la jabalina dejo de comer y como un rayo se fue por los jóvenes rojizos.

 Jabalina y rayones reunidos. La jabalina ha terminado de comer.


La jabalina se lleva a sus cachorros a la seguridad y tranquilidad del monte.

Reunidos de nuevos los rayones con mama, esta emprendió la retirada al monte una vez saciado el apetito con el pienso de los perros y entonces los bermejos se acercaron a la comida de los perros a cenar ellos también, mientras los canes les miraban pacientes desde el interior de las casetas.

 La jabalina se ha ido y el perro mira a los bermejos como oponiendo resistencia...

...pero son muchos.Mas vale quedarse en casita.

Fue una maravillosa experiencia como remate de una tarde fantástica. Solo deciros que si en un principio me subi al capó del todo terreno, luego entendí que los jabalíes pasaban olímpicamente de mi y eche pie a tierra, eso si, sin acercarme a ellos.
Nada mas por hoy.
Sed felices.

Antonio