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lunes, 23 de noviembre de 2020

Flores con Poesia CCCXXIX: La Tierra



Nuestro poeta de hoy nace en Sevilla en 1887, lo cual lo coloca plenamente en el modernismo, si bien fluctuó entre este y el neoclasicismo.

Francisco Serrano Anguita, conocido sobre todo como periodista, oficio que mantuvo hasta el final y donde firmaba con el seudónimo de Tartarín. Fue jefe de redacción de distintos periódicos entre los que destacan Heraldo, Tribuna e Informaciones.


Alfalfa

Se le conoce así mismo como autor dramático, con muchas obras estrenadas a lo largo de su vida, entre ellas el libreto de la zarzuela Black el Payaso.

Como poeta, es poco conocido, siendo su poesía humana, muy cercana al lector.

La métrica es perfecta y podemos decir que  como poeta siendo modernista es a la vez muy clásico.


Adelfa


Hoy os dejo su poema titulado La Tierra.

Murió donde vivió prácticamente toda su vida, en Madrid el año 1968.

Todas las fotos que he colocado corresponden a plantas que se pueden encontrar en nuestros campos.

 

LA TIERRA

Surco y mies. Polvo y sol. Ancha Castilla…

se dilata, bermeja, la llanura

y del terruño en la corteza dura

va hundiendo el labrador reja y cuchilla.

 

Cardo


Antes que flor, da fruto la semilla.

Arde el campo en rabiosa calentura.

La rubia espiga, en el trigal madura,

reclama ya canciones de la trilla.

 

Asphodellus


Dejándose llevar de su destino,

hacia el destierro, en vigoroso trote,

cabalga el Cid, guerrero y peregrino.


 Amapola

Y, gigante, yangüés y galeote,

deja volar sus aspas un molino

y llama a combatir a Don Quijote.

--oo0oo-

Agapanthus


Nada mas por hoy

Cuidaros y sed felices

Antonio

martes, 12 de mayo de 2020

Meditaciones en el jardín de los campos.


En memoria  de mi amigo Luis Fernández que se fue.
A mi amigo Moli que se ha quedado entre nosotros después de Covi-19

Después de cincuenta días encerrado necesito salir un rato a pasear. Hace un radiante día, luminoso y caluroso para principios de mayo. Pero por mi edad tengo restringidos los horarios y de siete a ocho de la tarde puedo tomar mis maquinas e irme a meditar un rato por los límites del campo y la ciudad donde vivo.


Han pasado tantas cosas desde el uno de enero de dos mil veinte, que aún no hemos tenido tiempo de asimilar lo que realmente ha pasado. No hemos tenido tiempo de darnos cuenta del drama que estamos viviendo, todos, la humanidad entera. Y por eso el paseo en soledad, al que estoy acostumbrado desde hace muchísimos años, ayuda a la meditación al tiempo que puedes gozar de los pequeños detalles que te ofrece el campo cuasi urbano.
El calor aprieta; mi gorra roja con un enorme letrero que dice “España” la voy rotando en todas direcciones de acuerdo a mi posición con el sol. Unas veces parezco un ciclista con cara de velocidad con la visera hacia atrás y otras un muchacho, ya quisiera parecerme a un muchacho, con la visera a un lado e inclinada.


Las pequeñas alondras, salen de los campos cuando me acerco a sus lugares de descanso o de nidificación. A ellas no les incumbe lo que el mundo está pasando, no, más bien estaban disfrutando de una temporada sin ser molestadas. Habíamos desaparecido casi por completo y el campo lo demuestra también, hermoso y florido hasta la saciedad. ¡Ojala llueva pronto! para que la tierra, ahora cubierta por tanta vegetación pueda aguantar la humedad y tengamos flores hasta lo más tarde posible.
Pienso en los veinticinco mil muertos que llevamos sobre nuestras espaldas. Lo mismo que diez atentados como los de las Torres Gemelas o, ciento quince como los atentados de Atocha. ¿Cómo es posible esto? Ando despacio; tantas muertes inútiles pesan sobre mi conciencia. ¿Cómo es posible? Y hasta el momento nosotros somos la décima parte de los muertos en el mundo; la décima parte; que pronto se dice…


Las espigas están soltando sus semillas. La vida volverá con ellas este año si vuelve a llover o el año que viene cuando el invierno permia que arraiguen. Tan pequeñas, tan frágiles al son de la música que el viento impone, llevan en su interior la vida. Que pronto se dice, la vida y que bien suena la palabra vida. Es todo lo contrario a la muerte. Vida, maravillosa vida que ha encontrado mil formas distintas de burlar a la muerte en un constante nacer, en un constante nacer.


En un rincón del jardín del campo, donde las altas hierbas han dejado paso a un cardo de hojas puntiagudas y molestas, la flor de este reluce maravillosa imponiéndose a la vista y a los pensamientos. Es un rincón de belleza natural que surge espontaneo como si un experto paisajista lo hubiese diseñado. Rodeado de viboreas y malvas silvestres el cardo tiene luz y sombra y su flor atraerá en cualquier momento a una pléyade de insectos que se alimentarán de él.
De repente me doy cuenta que mis pensamientos se han desviado, que el campo ha conseguido sacarme de mi confusión y me ha transportado a un mundo idílico de luz, color y olor.
¿Quién nos iba a decir que la humanidad iba a atravesar una crisis como esta? ¿Quien no fue capaz de gritar al aire ante los primeros síntomas que nos protegiésemos? ¿Cómo se puede no prevenir a la gente? ¿Cuál es la misión de los gobernantes? ¿Por qué nos han dejado sufrir?


Las margaritas son la alegría de los herbazales. Allí donde las hierbas altas crecen, allí ellas aprovechan y crean simpáticas alfombras que forman infinitos dibujos llenos de sonrisas. Recuerdo cuando era bastante crio, con aquella primera novieta, la de margaritas que pudimos llegas a deshojar… Si, no, si, no, como han pasado aquellos años románticos llenos de platonismo de los doce a los catorce. Sí, no…lo ves no me quieres. Y la pobre margarita desecha quedaba a los pies preguntándose porque ella debía ser el juez que marcase la veracidad del amor.
Me detengo un momento. Vuelvo a mis pensamientos. Se me ha ido un amigo y a otro he estado a punto de perderlo. Esta enfermedad, que no se quien la ha inventado, ni para que, ha destruido anti natura lo que a base de mucho tiempo hemos ido fundamentando. He podido palpar los sufrimientos y los daños colaterales que han sufrido los que la han pasado.
Angustia de familiares, de esposas y maridos, hijos que no han podido despedirse de sus padres…


La Naturaleza nos muestra su simetría en todo lo que la vista alcanza. Las hierbas de todo tipo giran por regla general alrededor de un eje  todas sus flores. Incluso algunas son capaces de llevar al sumun esto y construyen perfectas esferas transparentes de una belleza increíble que, no están hechas para la admiración, sino para extender por los aires, hasta donde los vientos quieran sus semillas en forma de helicópteros como los que tenía pensado Leonardo. Ligeras aspas que tienen por misión transportar y generar nueva vida, no nueva muerte.
Me está pegando una paliza el sol. No está acostumbrado este cuerpo a él después de tanto tiempo encerrado. Parece mentira como el ser humano es capaz de asimilar el castigo y obedecer. Encerrados en casa como si fuésemos terribles asesinos en serie a la espera de ser juzgados. ¿Por qué no se tomaron las medidas oportunas antes? Porque hacía tiempo que se sabía que venía esto…


Las espigas de la cebada han emprendido su vuelo, el viaje sin retorno a la conquista de nuevos territorios para su especie. Las glumas que las han envuelto mientras maduraban parecen aplaudir al son de la brisa que las hace danzar en una interminable y eterna sinfonía que durara hasta bien entrado los calores estivales. Mientras tanto las otras esperan impacientes que lo que en su interior han protegido durante tanto tiempo emprendan la marcha, al igual que sus hermanas.
Las consecuencias de este ataque brutal y despiadado, impensable hace seis meses, no son solo la enfermedad y la muerte. Ahora llega el momento terrible de la desesperación por la falta de trabajo. Ha llegado con la epidemia otra epidemia terrible, la epidemia del hambre y de la desesperación. Cuanta gente vive con miedo los meses venideros; están buscando la forma de encontrar un trabajo que se les niega por el miedo al contagio. Nos estamos contagiando de egoísmos absurdos, porque somos nosotros los que queremos estar por encima de las penalidades de otros, nos subimos un peldaño para que el barro no nos llegue a manchar los zapatos.


Veo a las abejas compartir una con otras el néctar que les da su vida en las flores de las malvas silvestres. Una a una van recorriendo las flores, cogiendo su polen y engrosando la bola de el que se va torneando en sus patas. Y seguirán así hasta que el peso de la bola les permita volar. Y cuando se llegue al límite volaran raudas hasta su colmena a compartir el alimento con las demás.  Vaya ejemplo nos dan algunos animales de solaridad.
He decidido que no quiero seguir pensando. Necesito que mis pensamientos vuelen en otras direcciones, en otros valles más alegras que ese. Las cifras y las estadísticas de los meses de marzo y abril las veo reflejadas en la curva que las televisiones se empeñan en enseñarnos todos los días como si las muertes se tratasen de una ecuación matemática que al final tendrá una asíntota en el infinito porque tarde o temprano nos tocará el turno a los demás.


Por ello quiero belleza. Quiero presenciar la belleza que cada metro cuadrado de vereda me ofrece para distanciarme del problema, para intentar olvidarme de él, asumiendo, deseando impregnarme del color y las formas que estas hierbas del campo me ofrecen. Y tenemos hierbas tan bellas que quieren asemejarse a pequeñas orquídeas.
Luchemos por vencer nuestro miedo, luchemos por ganar a un virus maldito; luchemos por seguir siendo nosotros y que esto no nos cambie. Estoy deseando poder dar un abrazo a la mujer, al amigo y al hijo y no un encuentro de codos que no llevan a ningún lado. Vivamos y disfrutemos de la belleza que baila a nuestro alrededor Disfrutemos con poco. 


Seamos capaces de  volver a asombrarnos con una amapola. Si conseguimos esto, volveremos a ser de nuevo humanos. Sepamos disfrutar de la que nunca debimos olvidarnos: la Naturaleza.
Sed felices
Antonio

martes, 29 de enero de 2019

Flores con poesía CCCXXVII. Jóvenes doloridos


En Bilbao nace nuestro poeta en mil ochocientos ochenta y siete.
Queda huérfano muy joven y es acogido en casa de unos familiares. Estudiara Ramón de Basterra y Zabala en Bilbao los cursos de bachillerato, trasladándose después a Valladolid y Salamanca  a estudiar Derecho.


Conoció a Unamuno, del que fue alumno y amigo y estuvo influenciado por su poesía.
Realizo oposiciones al servicio diplomático y estuvo desde mil novecientos quince por distintos países de Europa y América.
Regreso a Madrid desde Venezuela aquejado por taques de locura y murió a los cuarenta años en la capital de España en mil novecientos veintiocho.
Ramón de Basterra es un poeta que despierta distintos sentimientos en sus críticos; unos lo ensalzan y otros consideran que no aporta nada a la poesía.
 Siente la españolidad en todos los poros de su piel y lleva consigo siempre el recuerdo amargo de la perdida de las colonias y la guerra de África.
Piensa, y así lo transcribe a lo largo de su obra, en una España capaz de realizar un nuevo imperio.
Tiene un sinfín de obras, pero destacaremos sus obras poéticas, ya que escribió ensayo y teatro, así como artículos para distintos periódicos y revistas literarias.


Su primera obra poética editada es “Las ubres luminosas”, siguiéndole posteriormente entre otras “Virulo. Mocedades” y tres años mas tarde  “Virulo. Mediodía.”
Llama, un romance fue una obra editada póstumamente.
Os dejo un soneto en el que se ve la amargura que sentía en ese momento por una España hundida.

A los jóvenes doloridos

Oh joven doloroso, joven triste,
que sufres como yo de mal de España
y que una negación honda en tu entraña
tienes, clavada, contra lo que existe.



Tu virgen corazón vibra de saña,
de santa saña, porque no tuviste
lo que pidió tu amor cuando naciste:
de la patria, una idea y una hazaña.


La general inepcia fue el veneno
que atosigo tu juventud vehemente,
y de asco y de dolor yo se te lleno.


Mas el futuro es nuestro, y esa gente
que hizo nuestra desgracia se va al cieno.
Hermano, aquí  va un ósculo en tu frente.
--o0o--


Espero que os haya gustado.
Antonio

miércoles, 15 de junio de 2016

Las praderas de la vida

Antes de comenzar, dar desde aquí las gracias a todos y a cada uno de mis amigos de Bichos de El Escorial que primero me llevaron al lugar y luego me ayudan con muchos de los nombres que vais a ver.
¿Empezamos?

¿Te sientes estresado? ¿Te sientes con angustia vital, estás bajo?
Olvídate de todo y acércate conmigo a las praderas de la vida, donde vegetales y animales conviven en armonía. Las praderas son la esencia de la vida, donde una infinidad inmensa de herbáceas, arbustos, flores etc. conviven.

Campos y praderas en los albores de la sierra madrileña: Colmenar Viejo

Es un mundo maravilloso que comienza a verse cuando los fríos del invierno dejan paso a los días más largos y cálidos de la primavera y que suelen durar hasta que las sequedades y calores convierten el prado en un erial a mediados del mes de julio.

Margaritas y amapolas comparten con otras plantas los suelos húmedos de primavera


Luego, dependiendo del año más o menos lluvioso y fresco vuelven a aparecer a finales de verano los verdes de algunas hierbas que han fabricado semillas para una segunda generación. Si el tiempo es bueno y tras las tormentas de la Virgen de agosto comienza un nuevo ciclo que durará en algún caso hasta el verano siguiente.
El mundo floral discurre por una amalgama ingente de elementos multicolores: amapolas, rojas como ninguna, margaritas de todos los colores y tamaños, herbáceas como las viboreas o la Sangre de Cristo, arbustivas como los rosales silvestres e incluso con insigne nombre de nobleza como las orquídeas que nacen en nuestros campos.

Los hipéricos aportan sus maravillosas y cuantiosas flores dando belleza y frescor al ambiente

El mundo de los animales es increíblemente largo también. Desde los mamíferos relativamente grandes, como pueden ser zorros, conejos, comadrejas etc. al de los insectos donde una extraña mezcolanza da una vida inusitada al prado.



Orchis coriophora, una orquídea que en esta época es típica de los terrenos húmedos

¿Queréis ver unas cuantas maravillas de las praderas? Pequeños pero inmensamente reproductivos y con labores muy específicas en la polinización de las plantas, los seis patas ocupan una inmensa gama que va desde los extraños y arcaicos Archaeognatha a los maravillosos duendes, neurópteros, pasando por una infinidad nada despreciable de coleópteros, himenópteros, dípteros etc. etc.

La Cuerda Larga cierra el horizonte. Las praderas siguen dándonos sus encantos

Y como no, los arácnidos no se quedan cortos y gracias a ellos las praderas regulan de alguna manera la cantidad de insectos, como también lo hacen lagartijas y lagartos ocelados que abundan en nuestros campos.

Un pequeño Archaeognatha de no mas de 5 mm de longitud sobre roca de granito

Las praderas tienen otra función cuando andas por ellas y vas fijándote en sus habitantes: consiguen sacarte de la cabeza todos aquellos problemas que te atosigan, son capaces de hacerte olvidar a los políticos e incluso te desprendes durante unos instantes de las personas a las que añoras; son un relajante natural, limpio, tranquilo, sereno y barato. Lo único que se exige para sumergirte en ellas es respetarlas.

Una pequeña avispa Chrysis ignita de preciosos y vivos colores

Una Melitaea phoebe descansando de su vuelo y absorbiendo seguramente la humedad del suelo

Las praderas de la vida… debíamos tener cada uno de nosotros un trocito de ellas adjudicado para cuidarlo y paraqué nos cuidase de forma reciproca.
Sus terrenos están tan bien aprovechados que no hay metro cuadrado que se desperdicie.

Un duende, un insecto maravillosos de nombre científico Nemoptera bipennis.

Una pequeña y preciosa araña Phylaeus defendiendo su territorio

Insectos y arácnidos compiten por cada centímetro cuadrado de terreno y de flor. Libelulas en ramas de encinas cerca del rio y arañas esperando en su flor a un insecto que se coloque a tiro. Y las moscas libando el néctar de las flores, mientras las mariposas comen desaforadas en su ultimo intento por terminar su ciclo vital colocando el máximo numero de huevos.

Un saltamontes de las matas desplazándose por un bosque de gramíneas

Una pequeña ameles en su territorio de caza. Subirá a lo mas alto a alimentarse de cualquier insecto 

Y todos, incluidos nosotros mismos, formamos parte de esa cadena alimentaria, la cadena trófica, en la que unos se come a otro y a su vez sirve de alimento al siguiente, como si un continuo trasiego de vida pasase de unos a otros.

Oruga que sera avispa voladora de la familia Cimbex  

Una mosca de la lluvia libando en la flor de un Tagarno, Thapsia villosa.

Al formar parte de dicha cadena, y aunque asi no fuere, hay que respetarla. Se nota en aquellos lugares donde se ha dejado de cultivar y las plantas, gramíneas y herbaceas, nacen a su libre albedrio como aumenta el numero de insectos y de plantas sobre el terreno. Ello se debe a la supresión de los insecticidas en los campos. Por ello es importante que en las Reservas Naturales, los cultivos sean ecológicos, asi como los alimentos que se les pueda dar al ganado que en ellos pastan.

 Prionyx kirbii (Sphecidae) una avispa parasitaria que son una preciosidad


Una Tituboea sexmaculata (Chrysomelidae, Clytrinae), duerme tranquilamente agarrada a su espiga

Tanto antibiótico se les da a las reses, para que no cojan enfermedades, que en sus boñigas no se ven escarabajos ni gusanos en muchísimos prados de pasto.
En los pequeños charcos de temporada que se forman en las hondonadas existe a la vez un sinfín de anfibios y reptiles que viven en ellos y una flora muy especifica como las orquídeas.

Una hormiga pastoreando cochinillas que no pulgones en la caña de una gramínea

Una Lycosa hispánica observa a la puerta de su guarida. Son de las arañas mas grandes de la Península Ibérica 

Vale la pena salir de vez en cuando al campo con la mente abierta, y los ojos bien lavados, para observar un mundo que se mueve a nuestro alrededor en infinitas combinaciones de tamaños, color y movimientos. Cuando salgais a las praderas no temais a los bichos que zumben cercade vuestros oídos. Por regla general no os atacará ninguno. Solo hay que tener cuidado con los avisperos que pueda haber cogido a alguna hierba consistente.

Alopecosa sp. (Lycosidae) transportando sobre su abdomen a la nueva generación

Y observar también a los arácnidos. Los hay de todos los tipos, colores y formas posibles. No hay que temerles. Por regla general no son venenosos y solo alguna especie grande puede darnos un ligero picotazo que pasa rápidamente. Pero lo mejor  es no tocarlos y solo observarlos.
Por hoy nada mas. Sed felices.
Antonio




viernes, 20 de mayo de 2016

Filosofía de albañil: el sendero de la vida

Cojo el sendero que discurre a cada lado de los campos sembrados de cereales, por los linderos, que, por su apariencia, probablemente son trigos que tarde o temprano se convertirán en pan, pero para entonces habrán pasado muchos días y algunas lunas.


Comparado con estos días de atrás, el día es cálido, y al sol se nota en la espalda, pero cuando entras en las sombras de las grandes encinas que en algunos lugares bordean el camino se siente un frescor agradable.


Voy arrastrando mis pensamientos, mis pesares, mis ausencias y mis pecados entre las flores de un jardín maravilloso que algún gran jardinero imaginó en su momento. Su visión ayuda a llevar mis sentimientos encontrados, mis errores, repetidos uno tras otro hasta la saciedad, como un autómata.



Y sobre el jardín, o en su interior, una gran cantidad de pequeños animales de seis u ocho patas ayudan con su visión a perder durante instantes esos agobios que te acompañan durante el día y a algunas horas de la noche.



Un manojo de margaritas me distrae de mis pensamientos. Han nacido espontáneamente, seguramente ocupando un día de viento el lugar de otra planta con unas semillas dispuestas a enraizar. En el fondo, ese maravilloso jardín, no es mas que una guerra continúa entre especies por apoderarse de los lugares húmedos y soleados para reproducirse. Y ello me hace pensar que, al fin y al cabo, el hombre hace lo mismo: se pelea en su jardín por conseguir el dominio de un terreno mejor, más rico y productivo, dando igual la supervivencia.


A las flores que estoy viendo, amapolas, margaritas de todos los colores y tamaños, dientes de león con sus molinos preparado a recibir la primera brisa fuerte, las viboreas, la sangre de Cristo y un enorme etc, cubren una pequeña extensión a derecha e izquierda del camino. Tienen sus límites marcados, como si de una carretera se tratase, por los sembrados que alternativamente van naciendo a sus costados.
Y es curioso, que cuando miras esos campos maravillosos de cereales, increíblemente iguales unas espigas a las otras, no aparecen en ellos rastros de flores como cuando en mi niñez veías en medio de ellos aquellas amapolas rojas bailando con el trigo o la avena al compás del viento. Ya no se ven. No, los herbicidas no dejan que en sus dominios crezcas, amapola: ¿para qué?



Dentro de unos días, cuando los calores de junio comiencen a apretar irán desapareciendo esos campos verdes y floridos para dejar espacio a las matas altas del hinojo o los cardos secos y enormes que con sus flores darán de comer a los insectos que por allí pululen.
Y en realidad me doy cuenta que ese vivir y morir de las plantas en como nuestra vida. Crecen, se reproducen y mueren como morimos nosotros todos los días. Y me pregunto: ¿Cómo medirán las plantas sus años, sus días de vida, sus instantes de gozo? Y entonces surge en mi la duda, pues me doy cuenta que mi vida es como una primavera y que dentro de poco llegará el estío, y con él, la muerte. Hoy las flores me están gastando una mala pasada. Necesito ánimos y me gustaría ser feliz, pero… el viento de la vida maneja mis penas como le da la gana y las alegrías las barre en suspiros que no retornan. Hay Soledad, mi querida Soledad, cuán lejos quedan aquellos días en los que solo se veía la vida, y solo en el paseo, hoy comienzo a ver el otoño que se aproxima a increíbles velocidades. Antes el verano con la guadaña segara la mies de los campos y de paso, arrastrara más de una vida con ellos.


Sigo andando, hoy la angustia esta clavada muy adentro como si fuese una garrapata cogida al alma, y a cada vuelta el camino cambia su fisonomía. En las zonas soleadas está exuberante de plantas, mientras que en los llanos de tierras pobres y secas solo una pequeña capa de margaritas multicolores cubre los suelos.



Camino en silencio. Voy observando vida. Aquí una mosca que toma el sol tranquilamente sobre una flor sin importarle mi presencia. Allá, entre pétalo y pétalo de una efímera amapola, una araña espera tranquilamente a su presa si prisa. Ya llegará. Un mariposa cruza rauda por delante mío y se esconde en lo más alejado del sendero. Una enorme tulipa, de ojos verdes enormes, me mira con desconfianza presta a echarse a volar.
Bulle vida a mí alrededor, en cada mata, en cada flor, tan efímera como a la madre naturaleza le apetezca, con sus ciclos de frío, calor, sequedad.
Continúo el camino, como llevo tantos años haciéndolo, pero creo que esta vez se me hace mas cuesta arriba la vida… No quiero seguir el paseo, pero ¿quiero seguir la vida?



Mañana será un nuevo día, ya veremos cómo están las sendas, como sigue la vida. Esperemos, llevo tanto tiempo esperando que mañana un rayito de felicidad nos ilumine.
Me despierto. Abro los ojos y me doy cuenta que el camino puede ser aun largo y costoso, pero sigue habiendo camino, sigue habiendo esperanza. Aunque el camino tenga cardos, también tiene flores...
Sed felices.



Antonio