domingo, 10 de marzo de 2019

Pajarillos de una mañana de paseo


Una cosa muy buena que tiene el bosque, cuando se está acercando a la primavera y los arboles aun están desnudos, a punto de brotar, y el día es caluroso, es que los pequeños pajarillos se dejan ver.
Sus trinos inundan la ladera y tus ojos corren de un lugar a otro intentando descubrir donde se encuentran.

Carbonero en pleno canto amoroso.

A lo largo de la mañana puedes ver unos cuantos. Otra cosa es que se dejen fotografiar.
Están revoltosos. La primavera esta cerca. La temperatura es alta. Hay insecto para alimentarse y las flores de los endrinos dan una nota increíble de color. Hay que preparar los territorios y conseguir una pareja a base de amorosas charlas  de trinos ardorosos.
Ayer pudimos fotografiar distinto pajarillos: herrerillos, carboneros, petirrojos y al final de la tarde un tordo que contemplaba igual que yo la puesta de sol.
De los cuatro, carboneros, herrerillos y petirrojos, estos son increíblemente sociables. Son capaces de acercarse a poca distancia y en épocas de frío y hambre, no dudan en acercarse a pedirte alguna miga de pan.
Y al mismo tiempo que disfrutas de su visión tienes también la suerte de poder ir contemplando un paisaje maravilloso que te rodea. En este caso los alrededores de El Escorial.
Las dos ultimas fotos son en Villanueva del Pardillo en la puesta de sol.
Con las fotos os dejo.

 Las vistas que existen desde el monte de la Herrería son increíbles.









 Endrino florido y una mariposa Inachis Io libando en sus flores






Ya estoy deseando volver de nuevo por allí.
Sed felices
Antonio

sábado, 9 de marzo de 2019

Los tarayes de Las Tablas de Daimiel


Hace un radiante día de muy principio de marzo. Diríase que el calor es excesivo para la época.
Típica visión de las Tablas de Daimiel con las lagunas entre cañizos.

Ante mi, aparecen un sinfín de zonas de cañizos, masiegas, eneas y otros tipos de plantas lacustres o de tierras inundadas que tapan al 100% el agua de las lagunas que forman el maravilloso paraje de Las Tablas de Daimiel.
Las Tablas de Daimiel, son un enorme humedal en mitad de La Mancha, provincia de Ciudad Real, que se forma debido a los aportes de agua de los ríos Guadiana y Cigüela que inundan cerca de 1800 hectáreas de las 1925 que componen el parque nacional.


La vegetación variada, pero como veremos mas adelante predominan ciertas plantas.

Alrededor de Las Tablas, se asentaron en sus riberas pueblos íberos hace más de 3500 años.
Se encuentran alrededor del parque distintas formaciones prehistóricas denominadas “Motillas” en las que generalmente existía un pozo para la extracción de agua.
La importancia de las Tablas de Daimiel como humedal y lugar a conservar se determina ya hacia 1325 cuando el Infante Juan Manuel las describe en su libro de caza.


El arbusto y árbol dominante: el taray.

Conquistados estos terrenos y extendida la reconquista hacia el sur, la orden de Calatrava se hace cargo de los mismos y años mas tarde, en época de Felipe II, se ordena su protección.
Las Tablas de Daimiel son declaradas Parque Nacional en 1973 y Reserva de la Biosfera en 1981.
Estos humedales acogen gran cantidad de aves acuáticas como ánades, cigüeñas, garzas, somormujos, cormoranes etc. así como tras depredadoras como el aguilucho lagunero y todo tipo de pequeñas aves.

                    
Azulón en su baño de limpieza. Foto totalmente a contraluz.


                           
Un par de ánsares comiendo la vegetación del fondo de la laguna.

Mamíferos como el jabalí hociquean junto a los caminos por los que se recorre el parque conviviendo con zorros, conejos, liebres y otros mamíferos. Y lógicamente en zonas de agua tenemos a reptiles, peces y cangrejos de río.
Pero todos estos animales viven en el por dos factores: uno el agua y el otro la vegetación que se forma en sus lagunas y en sus islas.
En el cuadro adjunto, fotografiado en uno de los paseos por el Parque Nacional, se indican las especies de plantas mas numerosas.


Cartel del Parque Nacional, en el que se ven perfectamente los distintos tipos de vegetación predominante.

Y si os fijáis en el dibujo, veréis que entre todas ellas destaca un árbol: el taray.



Desde esta foto hasta el final tarayes del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel,

El taray es el árbol por excelencia de Las Tablas de Daimiel, al que le gusta o es capaz de vivir en aguas algo salobres, como las que aporta el río Cigüela y que forman bosques en casi todos los límites de cada una de las islas que forman el conjunto del parque.


Da la sensacion de ser un cuerpo totalmente tumbado.

Elviento y el suelo han hecho que este nazca inclinado.

El taray o los tarayes pertenecen al grupo de las plantas fanerógamas con unas sesenta o setenta especies distintas y todas ellas pertenecen a la familia Tamaricaceae.



Estaban sacando las nuevas hojas y creo que algo de floración.

El taray es un árbol de formas grotescas, muchas veces como arbusto y otras como árbol propiamente dicho. Sus troncos presentas rugosidades y nudos en sus cortezas y sus raíces suelen ser bastante superficiales, incluso aéreas para retornar al suelo poco después.



Sus hojas, delgadas y alargadas, son caducas y su floración, curioso esto, se da en primavera y otoño; podría decirse que son floraciones equinocciales.
La forma de colonizar los terrenos es curiosa. Estas plantas absorben sales de las aguas y su savia las distribuye por todo el árbol, incluso a las hojas. Cuando estas hojas caen al suelo, el aporte de sal es importante y ello hace que otras plantas tengan grandes dificultades para convivir con los tarayes.


Bello ejemplar, perfecto de formas, en mitad del paseo.

Es un arbusto o árbol que puede reproducirse de distintas maneras; una es por la prolongación de sus raíces que al volver a salir a la superficie forman otro individuo o por las simientes que se generan en sus flores.



Os aconsejo que cuando andéis entre las marañas de tarayes os fijéis en sus formas, observéis el colorido distinto de sus hojas y que entre sus ramas se mueven y saltan pájaros como el petirrojo, el mosquitero común etc.
Si vais a Las Tablas de Daimiel, fijaros en ellos y disfrutar con sus maravillosas y extrañas formas, incluso con el porte, cuando forman árboles de buen tamaño.


La tarde está cayendo. Las sombras de los tarayes parecen querer contarnos cuentos.

Sed felices
Antonio

jueves, 7 de marzo de 2019

Historia y geografía de España: Cazorla y Vandelvira.



Cazorla es una bella ciudad, asentada al este de Jaén y en el extremo occidental de la sierra que lleva su nombre.


Vista de Cazorla, el castillo árabe y abajo Sta. María

Ciudad de unos 7000 habitantes es la capital de la zona.
Cazorla es una ciudad milenaria. Hay en ella restos de poblados iberios que habitaron en los montes alrededor de la situación actual.


Una vista de Cazorla desde Sta María

En época romana fue un punto neurálgico a la que los romanos denominaron Saltus Tugiensis, y a sus montes Argentarius, debido a la existencia  mineralde plata en sus entrañas.


Cazorla situada al este de Jaén y al sur de Úbeda

Con la llegada del mundo islámico, Cazorla pasó a ser morisca. Cuando la Reconquista avanzo hacía el sur la zona se convirtió de vital importancia defendiendo la entrada al reino de Granada.


En esta imagen se puede apreciar el encajonamiento entre los montes de la ciudad.

Una vez conquistada la ciudad adquirió valor estratégico y comercial.
Con la toma de Granada y finalizada la Reconquista, Cazorla vuelve a ir desapareciendo poco a poco como núcleo importante, aunque tiene ciertos momentos de gloria.


Vista de Sta María desde la torre del castillo.

En la Guerra de la Independencia lucho contra los franceses.
Actualmente es un centro turístico de gran importancia.

En esta foto se aprecia la nave central y la lateral derecha perfectamente y los restos de las bases de las columnas.

Andrés de Vandelvira es uno de los grandes arquitectos renacentista que realizo su trabajo en el sureste españolen época de Carlos I y Felipe II. El trabajo que vamos a ver hoy no se sabe a ciencia cierta que fuera suyo, pero existen bastantes posibilidades de que así fuese.


Vista de la galería con la que se desvió el río. Encima están la plaza y las ruinas de Sta María.

Andrés de Vandelvira nació en Alcaraz en el año 1509, siendo su padre Pedro de Vandelvira, también arquitecto y cantero y el que le enseño durante su juventud el arte de tallar la piedra.
Caso con la hija de su maestro, Francisco de Luna, llamada Luisa de Luna, con la que tuvo una gran descendencia.


Inicio de la galería en su parte mas alta. Fijaros en las dimensiones del arco de entrada.

Una vez independizado y ya con cierta fama como arquitecto y cantero, tiene la suerte de conocer a D. Francisco de los Cobos que será su mentor en las obras a ejecutar en la provincia de Jaén, como son La Sacra Capilla del Salvador en Úbeda, la Capilla Benavides en Baeza, la Iglesia de la Asunción en Villacarrillo o la propia catedral de Jaén.


Vista de Sta. María desde la plaza. La torre izquierda era igual que la derecha y desapareció con la riada

Arquitectónicamente se le atribuye el invento de la bóveda vaída.
Demuestra con ello Andrés de Vandelvira su maestría como arquitecto renacentista acompañado siempre por la buena estrella, hasta que acomete las obras de la iglesia de Santa María en Cazorla.


Bóveda en la zona del ábside con ventanas en el testero para dar luz,

Aun se pueden apreciar los detalles arquitectónicos en la cabecera.

Cazorla en aquella época era una ciudad de origen musulmán que tenía una situación privilegiada en cuanto a su situación en los caminos que conducían a la meseta y hacia el Levante.
Se comenta, que D. Francisco de los Cobos y Molina, gentilhombre de confianza de Carlos V, quería que Cazorla encajonada entre dos montes tuviese una iglesia digna de su situación estratégica y comercial, así como una monumental plaza.


San Pedro y San Pablo, las unicas estatuas que no se pudieron derribar ni por los franceses ni en la guerra civil.

Se cree que fue él, quien encarga a Andrés de Vandelvira la realización de una plaza para la ciudad y a la vez la construcción de una iglesia, aunque esto podría deberse también al obispado de Toledo o a los marqueses de Camarasa que eran los legados del emperador en la zona.
El único lugar donde había algo de superficie que ocupar, estaba surcado por el rio Cerezuelo y no había otra opción. Aquello dejaba en el aire todas las buenas ideas surgidas hasta la fecha hasta que, se supone, Andrés de Vandelvira propone soterrar el rio, realizando para ello una enorme bóveda que recorría todo lo que sería la plaza mayor de Cazorla como la propia iglesia de Santa María.


Arpias en el capitel izquierdo del crucero.  Muy deterioradas por el paso del tiempo.

Una vez construida esa maravillosa bóveda de unos seis metro de alto por otros tantos de ancho y unos doscientos de longitud, podía pasarse a rellenar y explanar toda la superficie.
Realizada esta primera operación, que duro unos tres años se pasó a la construcción de Santa María.
Santa María era una iglesia de unos 50 metros de longitud, de tres naves, con ábside en la nave central y un crucero que no superaba en anchura las dos naves laterales.
Es una construcción del siglo XVI y en ella se aprecian ciertos rasgos que son inconfundibles de Vandelvira, como la puerta lateral que es igual a la existente en San Miguel de Jaén, los arranques de pechinas y la disposición de las torres de la entrada.
Hasta aquí es todo muy bonito, pero una vez techada la primera parte de la iglesia, aproximadamente un tercio de su longitud, para que pudiesen decir en ella misas, comenzaron las desgracias.
En 1694 comienzan los desastres.
Primeramente un gran terremoto causa daños, pero la iglesia permanece en pie, pero algunas rocas caen sobre la techumbre destruyéndola, y una enorme piedra rueda ladera abajo encajándose en la boca de la galería.


Capitel derecho con las mismas características. Impresionan la ejecución de los ojos de las arpías.

Una tormenta increíble se produce el 2 de junio de ese mismo año, enorme según las descripciones de la época, hace que el río Cerezuelo baje con gran ímpetu, pero se encuentra taponada la boca de la galería, produciéndose un almacenamiento de agua que origina un enorme lago detrás de la iglesia.
Esta no puede soportar el empuje del agua y se derrumba, llevándose por delante las bóvedas, parte de los muros laterales y la torre situada en el lado del evangelio a la entrada de la iglesia.
La verdad es que impresiona ver los farallones que se levantan a la izquierda de la iglesia y no es de extrañar que un terremoto y una fuerte tormenta produjeran tales males.
Al reventar las aguas la iglesia se dice que se llevaron por delante a un montón de vecinos del pueblo, cuyos cuerpos aparecieron 4 kilómetros rio abajo.
Pasado esto, se vuelve a reconstruir parte de la iglesia y se techa de nuevo.
Cuentan los lugareños que cayó un rayo he incendio la iglesia.
Mas adelante las tropas napoleónicas la destrozan aun mas y en la Guerra Civil termina por quedar totalmente arruinada, desapareciendo todas las estatuas que aun quedaban en ella, excepto un San Pedro y un San Pablo que no se pudieron tirar.


Arranque de una de las pechinas sobre la que se debía sostener la cúpula central del crucero.

Hay una lección en esta iglesia: nunca construir sobre el lecho de un río encajonado sobre altos riscos a su alrededor, la Naturaleza suele ser más fuerte que cualquier construcción que podamos realizar.
Está claro que esta iglesia por H o por B nació con mal pie, aunque una vez levantada debía ser majestuosa.


Frente de la torre que aun existe yal fondo la zona de ábside. Hoy es oficina de turismo.

Vale la pena conocerla y darse el paseo por la galería que discurre bajo la plaza y la iglesia.
En realidad, sean las galerías diseño de Vandelvira o no, a ciencia cierta no se sabe nada, lo que está claro es que fue una gran obra de ingeniería y construcción.
Visitar Cazorla. Vale la pena perderse por sus calles, su sierra y por los pueblos que la rodean.
Sed felices
Antonio

domingo, 17 de febrero de 2019

Trepadores azules y herrerillos comiendo en el comedero


Hace una tarde maravillosa este sábado de febrero, con unas temperaturas mas de marzo o abril que de principios de este febrero primaveral.
He salido un rato de casa, he dejado de trabajar y con las maquinas al hombro, a la caza de aquello que el día dentro del jardín me permita fotografiar.


Un trepador azul a la boca del nuevo nido. Durante un par de meses se dedicaran a ir cerrando la boca de entrada con barro para que no puedan entrar las urracas ni salirse las crías.

Los arboles del jardín están podados y sin hojas, excepto el pequeño olivo que planto mi madre con cariño hace unos años. Ello, permite observar a los pajarillos que vuelan por allí con mucha mas facilidad que en pleno verano.

Reciben el nombre de trepadores porque tienen una facilidad enorme de moverse y caminar por los troncos.

He descubierto que los trepadores azules, Sitta europaea, se han instalado en el antiguo nido que los tordos tenían en uno de los altos olmos, muy cerca de otro en él que hubo de autillos, otos, esos buhitos pequeños y simpáticos.
Al descubrir a los trepadores, que pensé que se habían marchado, fui corriendo a llenar el comedero. Había en casa nueces y almendrucos y les preparé una sustanciosa comida.

Esta foto es demostrativa de lo que os explico. Fijaros que ya tiene dos trozos entre los picos y si puede cogerá otro para esconderlo.

No tardaron ni cinco minutos en descubrir los trepadores el rico manjar y se lanzaron al comedero sin contemplaciones.
Estos pájaros tienen la costumbre de la comida que van recolectando incrustarla en las hendiduras de los árboles que les interesa, sobre todo de aquellos que tienen cortezas rugosas donde poder almacenar las semillas y gracias a la longitud de su pico a profundidades donde no llegan por ejemplo los herrerillos.
Comenzaron a volar la pareja de trepadores azules de su nido al comedero y de este al gran chopo que hay a la salida del porche. Cogen un trozo de nuez o de almendruco y a la despensa.


El trepador en lo alto de una de las ramas podadas de un olmo. ¿No os recuerda a un pingüino?

Luego, uno de ellos se sube al otero, la parte superior de un olmo, y desde allí vigila su dominio.

Un herrerillo, un Parus major, observa desde el cable de teléfonos.  Ya han visto la comida como los trepadores.

Pasado un rato, los movimientos y el ir y venir de los trepadores, llamó la atención de los herrerillos, Cyanistes caerulens y Parus major, que sin acercarse al comedero otearon y espiaron a los primeros desde los cables del teléfono que discurren por la calle.

A escasos 120 cms del borde del tronco donde está el comedero.

Luego, poco a poco se fueron acercando hasta el olivo, como el que no quiere la cosa.
El trepador azul, al principio, mientras estaban en la lejanía los miraba pero mantenía una sensación de que le importaban nada y menos.
Los herrerillos ante tal poca defensa del territorio se animaron a darse vueltas por el olivo.

El trepador se ha marchado y el herrerillo decide comer. Le dejaran estar muy poco.

Incluso en un momento determinado uno de ellos, ante el abandono del comedero, bajo a comer algún grano.
A diferencia de los trepadores azules, los herrerillos comen sobre la marcha y tienen que aprovechar el momento en que los otros o han llevado comida al nido o están escondiéndola por todos los recovecos de los troncos y ramas de los árboles.

Cogiendo pedazos de almendra y nuez. Calorías tiene la comida.

Pero es solo un instante. Como una centella se lanza el trepador hacia el olivo y el herrerillo busca refugio mas allá. Saben que no tienen nada que hacer contra el pico de su oponente.

El herrerillo al ataque. No cejará, pero los trepadores se lo ponen dificil

Observando desde la puerta peatonal, después de que le hayan echado.

El trepador está enfadado. Eso de que los herrerillos hayan bajado al comedero no le ha gustado nada y cuando los ve entre las ramas del olivo va a por ellos y los echa.

Mirando a su alrededor observando donde están los intrusos en su comedero.

Pero es solo una amenaza pueril, pues a los pocos minutos están de nuevo la pareja alrededor del comedero en las ramas del olivo.

Haciendo tiempo y observando el percal. Tendrá su momento.

Son elegantes los trepadores azules. Me encanta verles de cerca. Es curioso pero me dejan acercarme hasta dos metros del comedero.

Y así seguirán durante toda la temporada.

Otro tipo de herrerillo, el Sitta euroaea, también en el olivo dispuesto a coger su bocado en cuanto haya el mas mínimo descuido.

Tendré que colocar un cebadero para que puedan turnarse unos y otros en distintos sitios del jardín. Y distintas comidas.

Un trepador en una de sus posiciones de oteo.

No hubo tiempo para más. Ya habrá días en los que pueda observarlos. Han cambiado de nido unos y seguro que en al abandonado llegaran otros.
Sed felices
Antonio

miércoles, 6 de febrero de 2019

El hombre de la cabeza gacha.-


En los últimos viajes que he realizado en el metro he observado y mirado descaradamente a mi alrededor y me he dado cuenta de que vivimos en un mundo cada vez mas distanciados los unos de los otros , más lejano para aquellos con los que no mantenemos unas relaciones de amistad o de familia. Surge, cada vez que se toca este tema, la discusión si las técnicas modernas acercan o alejan; si se lee mas ahora con los móviles o las tabletas que con los libros de papel. Pero lo que es cierto es que cuando subes a un vagón de metro solo ves ojos puestos en los aparatos electrónicos y no se desvían de ellos como si mirar a otro lugar  fuese saltarse una norma de urbanidad.


Y hace falta observar para darnos cuenta que no estamos solos; nos rodea un mundo de miseria, de desgracia y desesperación, que aquellos que algo tenemos, no queremos ver y preferimos mirar a nuestros aparatos electrónicos, a nuestro interior.
Un mundo de silencios acompañados de una música celestial que llega a los oídos a través de infinidad distinta de tipos de cascos, pero con oídos sordos a los lastimeros gemidos de aquellos que quieren hablarnos de sus penas, de aquellos que nos suplican su atención. Y nos rodean a cientos, incluso cada uno de nosotros puede ser uno de ellos, porque hay muchas penas distintas en este mundo.
Las más vistas son aquellas que tienen relación con el dinero, el paro y la falta de tener cubiertas las mínimas necesidades, que conducen primero al resquemor, ala vergüenza, luego a ejercitar la mendicidad solicitando unos euros, comida, un cigarrillo, alcohol, luego cualquier cosa. Y esa desesperación que no queremos mirar o ver, conduce a caminos tan dispares como el ostracismo, la desesperación, el robo o el suicidio, esto último de infinidad de maneras distintas que no tienen porque llevar a una muerte física; a veces esta ultima mucho mejor que una muerte psíquica y de desesperación.
¿Por qué escribo esto? Tan sencillo como la presencia de tres indigentes distintos en un espacio de veinte minutos y seguramente rodeado de algunos más que aun no habían atravesado el primer estadio de lo dicho anteriormente.
El que más destacaba, era un hombre al que se le veía desesperado. Doblado sobre si mismo, mirando al suelo; no se atrevía a levantar los hombros como si una terrible carga recayera sobre ellos. Sus zapatos, casi botas, recias, miraban hacia adentro, como señalando el punto a donde sus ojos de se perdían en la desesperación. Ocupaba un asiento al extremo de la fila. Daba la espalda a todo el que se sentaba a su lado. Estaba solo; solo y rodeado de gente. Ni una sola vez levanto la vista hacia mí, ni hacia nadie. Cuando sus manos se desenlazan, abre algo los brazos, como si quisiera aceptar algo, y vuelve a entrelazarlas. Sigue mirando al suelo. Así seis o siete estaciones. ¿Cuál será su problema?
Seguro que la falta de trabajo y de dinero. La desesperación del que desea y no puede dar; desesperación si hay hijos pequeños a los que alimentar.
Sigue sin levantar la cabeza, sigue buscando una solución a su problema. Seguramente estará pensando que la suerte le ha abandonado, que todo está perdido…
Y todos seguimos mirando a nuestros móviles o escuchando música con la mirada perdida como si estuviéramos viendo un recuerdo, como si aquel hombre de la cabeza gacha no existiese.
Y realmente para los que vamos en el metro los hombres de cabeza gacha no existen porque no queremos verlos; no queremos sentir cerca de nosotros la pobreza. Nos asusta, nos da miedo que llegue un momento en el que tengamos que enfrentarnos a lo mismo y no queremos saber nada del hombre de la cabeza gacha, de los hombres de cabeza gacha. En el fondo con tanto transistor, con tanto adelanto, nos hemos convertido en maquinas egoístas que solo nos miramos a nosotros mismo y no queremos ver reflejada en nuestra mente la miseria de los demás.
Sed felices
Antonio