martes, 12 de diciembre de 2017

Mis chinches: un mundo desconocido.

Achatados, planos, con un aspecto recio y una mala fama increíble: si esos son los chinches.
Os he colocado una serie de ellos y debajo de cada foto su nombre o el de la familia a la que pertenecen.
Todas las fotos están realizadas entre la zona de Guadarrama y Villanueva del Pardillo.


Recuerdo de niño la primera vez en el Campo de Tarragona, el Baix Camp, vi aterrizar junto a la lámpara un bicho verde y acto seguido a mi abuela dar un grito y decir: “no lo toques que es un pudent”. Pasaron muchos años hasta que me volví a interesar por estas maravillas de la creación que tienen mala fama por tres razones:


 Maccevethus sp. (Rhopalidae)


Spilostethus Pandurus

La primera porque los chinches de la cama les han proporcionado mala fama; la segunda porque muchos son perjudiciales para la agricultura y la ganadería; la tercera porque algunos para defenderse expulsan unas gotas de un liquido que huele fatal.


Eurydema ornata 

Megalocoleus sp

Los cinches pertenecen al grupo de los heterópteros, o por lo menos era así hasta hace poco, y en él hay muchísimas familias distintas y que se mueven y habitan terrenos completamente distintos. Así tenemos chinches de agua, chinches acuáticos que vuelan para desplazarse de una charca a otra y chinche de tierra.


 Rhynocoris iracundus devorando una tijereta

Deraeocoris ruber

¿Cómo se diferencian los chinches de otros insectos? Es bastante fácil, pero a veces uno puede confundirse.
Como todos los insectos tiene seis patas, pero a diferencia de otros, sus alas están recubiertas por dos hemélitros, es decir han modificado dos de sus alas para que sirvan de protección a las otras dos y dos tercios de ellas son duras, mientras que el tercio restante presenta aun nerviaciones de antiguas alas.


 Aelia sp


 Pyrrhocoris apterus 

Se diferencian también por sus formas de alimentarse que lo hacen mediante la absorción de líquidos de plantas y animales mediante una lengua modificada que se ha convertido en un punzón por el que pinchan al ser del que se van a alimentar.


 Enoplops scapha 


Lyorhissus sp o Stictopleurus sp

Los ojos los tienen colocados en los laterales de su cabeza y parecen que te están mirando con la vista desorbitada. Normalmente por delante de los ojos salen sus antenas.
Puedes encontrar chinches en todas partes. Normalmente se les ve desde principios de primavera hasta bien entrado el otoño, y a veces incluso en pleno invierno en un día soleado en el interior de España. En las costas durante todo el año.
Cuando los vas a fotografiar intentan esconderse detrás del tronco de la planta o debajo de la hoja sobre la que estén.


  Carpocoris fuscispinus 


Dolycoris baccarum 

Hay chinches que no son perjudiciales, todo lo contrario, ya que se alimentan de otros insectos e incluso de otros chinches.


Graphosoma italicum

Espero que os hayan gustado. Seguiré fotografiándolos.


Piezodorus lituratus 


Sed felices, lo demás no importa.
Antonio

sábado, 9 de diciembre de 2017

Madrid: del otro lado del espejo I

Me gusta pasear por Madrid y observar a sus gentes.
Me gusta mirar sus escaparates y los edificios viejos y nuevos que forman la ciudad.
Me encanta encontrarme con los reflejos que se producen en sus fachadas y huecos; observarlos detenidamente, para asimilar las sensaciones que transmite la imagen reflejada.
Imágenes que podrían ser el otro mundo, el mundo de los sueños perceptible en ciertos momentos en los vidrios.
Las fotografías que vais a ver hoy están realizadas en un tramo relativamente corto del Paseo de la Castellana en Madrid y otro parecido de la calle Serrano.
No hay truco ninguno, lo que la maquina ha fotografiado es lo que yo os coloco.
Las fotos son todas de diciembre de 2011, momento en que los árboles madrileños habían  perdido bastantes hojas y permitían ver mejor las fachadas de los edificios.
Si queréis os voy comentando una a una y así pasamos un rato.

Cíclopes.

Como enormes monstruos escondidos en cada ventanal, unos ojos nos observan. Sus bocas selladas permanecen cerradas bajo ellas. Unos ojos reflejan asombro y otros observan.


Las bocas parecen querer abrirse para emitir un grito, cualquier grito por cualquier motivo, pero están trabadas. 
Los gigantes están mudos y atados y es imposible que lancen enormes piedras contra los intrusos que caminamos al otro lado de los cristales. Y no hace falta, pues bastantes piedras nos tiramos a nosotros mismos sin la necesidad de cíclopes de vidrio, ladrillo y acero.

Madrid naif.

Cada vez que paso bajo este singular edificio madrileño, me viene a la memoria un pequeño cuadro que compré en un mercadillo en Marbella y que representaba de forma naif a Puerto Banús.


Me pregunto si cuando se diseñaron las torres de la Plaza de Castilla se tuvo en cuenta el dibujo distorsionado, naif, que sus vidrios iban a producir en sus fachadas. Es una visión completamente irreal del mundo en el que vivimos, pero es al fin y al cabo la visión que tienen las torres de Madrid. Un Madrid que parece en la imagen apretado, convulso, inhumano. ¿Tendrán razón las cristaleras de la torre?

Tremola.

Miro en la distancia a la entrada de un gran establecimiento. Delante de él una figura de una mujer ataviada con ropajes arcaicos  parece que este temblando por causa del frio. Lo hace de tal manera que su imagen se refleja por triplicado en los vidrios de la puerta.


¿Cómo es posible que con el frio que hace en diciembre este inmóvil en la calle? ¿Por qué en vez de permanecer quieta sobre su pedestal no se mete a calentarse un rato? Cada vez que paso por delante de ella pienso en el frio que estará pasando o el calor en los meses de verano. Quizá, aunque esté al otro lado del cristal, sería bueno prestarle algo de ropa de abrigo moderna.

Dos instantes, dos imágenes.

Hay veces que un instante o un paso pueden significar un mensaje distinto en los vidrios de una fachada. Las dos imágenes que vais a ver a continuación están separadas por escasamente cinco o seis metros  y dos o tres minutos.
La primera refleja   un sueño que se está formando en el espacio tiempo. En los cristales de ese muro cortina van naciendo una serie de figuras y colores que se muestran en un parto de instantes. 


La cámara lo ha captado así, de la forma que lo veis a continuación. Parece como si el pintor escultor de otra dimensión estuviese engarzando las figuras de su espacio tiempo.

Luego, dejando discurrir el tiempo y el espacio de forma sincronizada y sin dejar de mirar la fachada voy avanzando poco a poco por la acera, absorto lo que ante mis ojos empieza a tomar forma, como si el artista del reflejo quisiera trasmitirme un algo en una imagen irreal pero tan clara y precisa que me hace quedarme mirando petrificado la fachada. Como si de un parto artístico se tratase la representación va tomando forma.
Es una imagen compuesta  a base de multitud de imágenes distintas que se conjugan en un rostro principal y en otros que hay que buscar por los vidrios, pero que están ahí.


¿Me estoy volviendo loco?  Ando unos metros y el mensaje de formas y colores va diluyéndose. Vuelvo a retroceder y de nuevo aparecen las imágenes. ¿Qué significa todo eso? No tengo ni la menor idea, pero está claro que en un instante y un lugar determinados ha habido conexión entre el artista de la vidriera y el absorto espectador que soy yo.

Dos lunas.

No, no habido un seísmo; ni siquiera los edificios se han movido un milímetro, ni la maquina al hacer la fotografía.
Es quizás el asombro que se ha producido en la fachada cuando se ha dado cuenta que en ese momento dos pequeñas lunas estaban orbitando a su alrededor. Ha querido mirarlas de tal forma que ha distorsionado todo los demás. A mí no me extraña; si descubriese yo dos lunas también orbitando  mí alrededor me quedaría pasmado, boquiabierto. 


No me extraña que ante semejante aparición los vidrios se hayan desenfocado. Así son las cosas en el mundo paralelo de los reflejos. Unas simples lunas son capaces de hacer ver las cosas de otra forma totalmente distinta. ¿Qué importancia tienen allí líneas rectas y paralelas en todos los sentidos del espacio? Está clarísimo que ninguna.

Árboles.

¿Estoy fotografiando un vidrio en el que se reflejan árboles y edificios? O los árboles ¿están por delante de las fachadas reflejadas?
Es lo interesante de fotografiar reflejos. Unas veces se ve claramente el reflejo y en otras no se sabe si estas fotografiando la realidad o la duplicidad. ¿Puede ser este el caso?
Podría serlo, pero no. ¿O sí?


Ahí queda para que cada uno mire la fotografía y opine lo que mas conveniente crea para sí mismo. A veces el mundo del reflejo es tan mentiroso como nosotros mismos y otras por el contrario es de una sinceridad aplastante. ¿Sera por esto último que muchas veces no nos gusta mirarnos al espejo?

Jardín.

Los árboles del paseo han quedado atrás. Giro la vista y los veo reflejados en la cristalera como si de una ilustración de un cuento infantil se tratase. Se han deformado como si estuviesen enfadaos con la humanidad. ¿Será porque la contaminación los tiene realizando un trabajo excesivo depurando los aires contaminados?


No lo sé, lo que está claro es que no están animados. Claro que si observamos bien la foto parece que en cada vidrio de la imagen se producen a la vez multitud de otras imágenes que no quiero, ni me atrevo a interpretar.
Si estas fotos no estuvieran en mi poder y no supiese que las había realizado yo, pensaría que mi imaginación se estaba volviendo algo más loca de lo que ya pensaba que la tenía. Pero, ¡ca! son los vidrios los que se han vuelto majaretas.

Arquitecto.

Algunos de los reflejos me hacen pensar en lo que dirán los arquitectos de este mundo de los diseños que presentan los arquitectos del otro lado. ¿Estarán de acuerdo con los diseños reflejados? ¿Les gustaría a ellos realizarlos de tal forma?
Y a los arquitectos del otro lado está claro que, a casi todos, no les gustan lo que diseñan los nuestros, ya que no los copian a rajatabla.


Debe ser bastante complicado construir la torre de un palacio en el aire o retorcer toda una estructura como lo saben hacer en los vidrios. Seguramente más de una arquitecto de nuestro lado se ha copiado de los diseños del otro lado para realizar sus obras maestras.
¡Que belleza en esos tubos retorcido y en ese palacete con sus paredes abombadas!
--o0o--

Aquí termina por ahora esta visión de un Madrid que vive al otro lado del Madrid que vivo yo, tras cualquier cristal, pero que nos hace compañía de muchas formas distintas todos los días del año.
Sed felices, aunque os tengáis que mirar en un espejo.
Antonio 

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Flores con poesía CCCVI.- Los infantes de Lara.

Estamos en la época de los grandes romances históricos, el Cuatrocientos. El Cid, Los infantes de Lara, El rey don Rodrigo, etc. son algunos de ellos; no están escritos en ese momento, pero empujados por las nuevas corrientes que van desvelando el Renacimiento, se recopilan en pliegos y que serán definitivamente impresos en el S.XVI.
Todos ellos provienen de antiguas gestas, muchos de siglos atrás, que los juglares narraban por castillos y plazas de las distintas regiones de la España incipiente del momento.


A excepción de algunos, normalmente están incompletos, les faltas estrofas e incluso capítulos enteros. Pero son una nueva forma de narrar, apegada a lo antiguo pero con un pie ya en lo futuro.
Los romances, históricos castellanos o de otro estilo, son sin lugar a dudas, como indica Menéndez Pidal, son uno de los pilares básicos de la literatura española, porque como ya hemos indicado abren el camino hacia el Renacimiento.
Hoy nos toca leer unas estrofas de romance de Los Infantes de Lara, justo cuando la venganza está a punto de caer sobre don Rodrigo de Lara por medio del hermanastro de estos, Mudarra.
He respetado el castellano de la época.
Espero que os guste.

LOS INFANTES DE LARA
(Venganza de Mudarra)

A cazar va don Rodrigo,
y aun don Rodrigo de Lara:
con la gran siesta que hace
arrimándose ha  a una haya,
maldiciendo a Mudarrillo,
hijo de la renegada,
que si a las manos le hubiese,
que le sacaría el alma.
El señor estando en esto,
Mudarrillo que asomaba:


“Dios te salve caballero,
debajo de la verde haya.”

“Así haga a ti escudero,
buena sea tu llegada.”

“Disgasme tu, el caballero,
¿Cómo era la tu gracia?”


“A mí me dicen don Rodrigo,
y aun don Rodrigo de Lara,
cuñado de Gonzalo Gustos
y hermano de doña Sancha;
por sobrinos me los hube
los siete infantes de Salas.
Espero aquí a Mudarrillo,
hijo de la renegada;
si delante lo tuviese,
yo le sacaría el alma.”


“Si a ti dicen don Rodrigo,
y aun don Rodrigo de Lara,
a mi Mudarra González,
hijo de la renegada,
de Gonzalo Gustos hijo,
y alnado de doña Sancha;
por hermanos me los hube
los siente infantes de Salas;
tu los vendistes, traidor,
en el vall de Arabiana;
mas si Dios a mi me ayuda,
aquí dejaras el alma.”


“Espéresme, don Gonzalo,
iré a tomar las mis armas”


“El espero que tú diste
a los infantes de Lara;
aquí morirás, traidor,
nemigo de doña Sancha”
--o0o--


Sed felices, lo demás es secundario.

Antonio

domingo, 26 de noviembre de 2017

Recuerdos de niñez. Las hojas del espino y yo

Ya es tarde. El sol ilumina de vez en cuando las cimas de la Maliciosa pero en la zona de las Hermanitas de los Pobres, en Los Molinos, ya no llega.


Las cimas del Alto del León, Gibraltar y el paso del Arcipreste de Hita ocultan ya un sol dispuesto a esperar al siguiente día para calentar las frías y altas tierras de esta zona.
Un banco de nubes pegadas a las cumbres enturbian más aun el día. El frío se está empezando a hacerse notar y va calando poco a poco en el interior del cuerpo. Me abrocho el anorak y emprendo un paseo, solo, que no durará mas de media hora.


No me importa el tiempo. No me importa el frío. Me importa el silencio, la serenidad de la zona y su belleza y la facilidad de encontrarme a mí mismo; de centrarme en mi e intentar olvidar la falsa frialdad que he mantenido estos quince días de atrás. Mi problema es que soy cálido, no frío
Un espino en mitad del prado, con sus colores de otoño, con sus flores de otoño, me llama; me obliga a ir hacia él; parece decirme que quiere escucharme; entablo junto a él como testigo una conversación conmigo mismo.


Me llegan recuerdos de mi niñez que había olvidado casi por completo. Tomo nota para recordarlos luego en casa y  de toda una vida cuajada de penas y alegrías, de metas alcanzadas y otras por alcanzar aun. 
Recuerdos de personas queridas y de otras amadas. Amigos que lo son y amigos que dejaron de serlo porque no lo eran. (Que tristeza produce el ver que el amigo solo lo era por interés) Años cargados de pesares y angustias que pueden y deben resolverse en tiempos relativamente cercanos.


¡Cuan cortos se hacen ahora junto al espino los años pasados!
Los pinchos del espino me recuerdan aquellos pinchazos que me dio la vida y que es bueno aflorar. 
Una muerte que rondo mi cuerpo  cuando apenas tenía ocho años y a la que en aquel momento vencí momentáneamente; una victoria grande que fue solo el comienzo de una batalla que desde entonces vive una tregua débil y que tarde o temprano se romperá con la derrota decantada hacia mí. Pero asumida, aunque no deseada.


Recuerdo aquel primer día con nueve años en un mes de septiembre, cuando aún no habían comenzado las clases, acostado en una cama en un dormitorio con otras cien camas completamente vacías y sin saber la razón cierta de porque estaba allí. Recuerdo mi llanto. Recuerdo al hermano marista, grande, gigante, le llamaban mamut, que intentaba consolarme, cogiendo una silla y sentándose junto a mi hasta que me quede dormido. Aquella primera noche no la olvidaré nunca.


Y así estuve diez días viviendo en un colegio vacío hasta que mi abuela llego de Tarragona cuando había terminado la recogida de la avellana. Y es de entonces el primer amigo que recuerdo de mi estancia en Gerona: el Dar. Un maravilloso perro mezcla de bóxer y dogo que se hizo mi compañero y que murió antes de tiempo. Compartíamos la merienda y las comidas que no me gustaban cuando se descuidaba la abuela…Me esperaba a la puerta de la casa y sabia de sobras cuando subía por las escaleras.


¡Como vienen los recuerdos buenos y malos alrededor del espino!
En un momento determinado miro su contorno y aprecio la belleza de sus pequeñas hojas.
Forman grupos. Trasmiten serenidad. El frío que llega no les preocupa. Volverán a nacer el año que bien y a teñir de verde la pradera y luego, como ahora, lo harán con colores rojizos.


Me lo quedo mirando. Parece adivinar mi deseo. Una fuerza que no se de donde viene, quiere arrancármelo. ¿Sera el espino?
Mueve el aire sus hojas y me animo a decirle que quiero, si que quiero, con el amor que se puede dar en las puertas de la vejez.


¿A quién? parece que me pregunta.
Le digo que se lo contaré en primavera cuando esté verde de nuevo.
Ahora, pasadas ya unas horas aquí en casa, me arrepiento de haberle dejado con la pregunta en el aire, pero así tendré la oportunidad de hablar con él de nuevo en primavera.
--o0o--


Sed felices, lo demás ni siquiera es importante.

Antonio 

martes, 21 de noviembre de 2017

¡Vacia esta la presa! Filosofía de albañil.


(Tras la conversación con un amigo)

¡Vacía está la presa! Tan vacía que da pena mirar a sus orillas y no reconocerlas.


Las antiguas lindes de las fincas se hacen ahora visibles y el camino que conducía a la ermita se aprecia claramente.
¡Vacía está la presa!
Las luces de un atardecer de otoño obligan a mirar los arboles de ribera que amarillean en el horizonte cercano, mientras que los pinares, imperturbables al paso del tiempo, ponen tintes verdosos y azulados a las montañas de la Sierra del Guadarrama.


¡Vacía esta la presa!

Ando tranquilamente por el antiguo camino de la ermita, que cubren normalmente las aguas, acompañado por el silencio de un aire manso que no levanta ni olas en las aguas retraídas. La soledad es mi compañera de viaje desde hace tanto tiempo que me da miedo encontrarme con el bullicio, como si él de un nuevo examen se tratase. Vacío, estoy vacío. Me he ido vaciando con el paso de los años viviendo en un extraño mundo que las circunstancias han ido creando a mí alrededor.


¡Vacía está la presa!

Me pregunto cuántos días han pasado desde que me di cuenta que algo no iba bien. Muchos, no, muchísimos. Aguantando estoicamente el devenir de los hechos templando sobre mis hombros los nervios de sus consecuencias, tragándome las palabras y creando en mi interior con ellas un vocabulario ajeno a los pensamientos de los demás.


¡Vacía esta la presa, como el alma mía!

A veces incluso pienso que mi actitud mas que de valentía podría ser considerada de estoica. El sufrimiento soportado, la incomunicación con una sociedad que solo habla con los vencedores, el seguir con la cabeza erguida mientras la espada te va lacerando el corazón y no gritar, es puro estoicismo. Pero a diferencia de los ideales del estoicismo, la felicidad se  ha apartado del camino y aquellas previsiones de alcanzar la sabiduría se han quedado en un mero y burdo saber.


 ¡Vacía está la presa!

Amor, sabiduría, belleza, logros… todo se diluye en las aguas del pensamiento, como se ha ido vaciando la presa. Poco a poco, casi sin percatarte, hasta que de repente notas la ansiedad y la necesidad de beber y te das cuenta que tu interior se ha vaciado, se ha ahogado en un agua llena de lodo y de amargura. Tus ideales se han roto por intransigencias de pensamientos a tu alrededor. Porque te das cuenta que el sacrificio de tantos años pende de un hilo y que el resultado incierto solo tiene un final más o menos próximo.


¡Vacía esta la presa!

La luz, cada vez más tendida. Da color al valle y enciende aun mas los amarillos de los arboles de ribera. El sol está cansado y sus rayos ya no calientas como hace un rato. Una ligera bruma muy tenue que ya estaba cuando llegue, me impedía ver al cuervo que graznaba encima mío, la cruz que se levanta en el horizonte y poco a poco se ha colado en mi interior impidiéndome ver mi propia luz.


¡Vacía esta la presa!

Aun así,  sigo empeñado en encontrar la felicidad y la sabiduría, buscando una solución en medio de la niebla, del agua enfangada y de la sociedad perdida.
Si una sociedad que se ha perdido, convirtiéndose en un inmenso robot manejado por un pequeño y microscópico aparato llamado microchip, diluyéndose en los mundos perdidos de la incomunicación. De repente los arboles de ribera me dicen lo que realmente soy. Soy un robot en una sociedad de millones de robots que hemos dejado nuestros ideales y nuestro mundo para sumergirnos en los mundos misteriosos de la electrónica y el dinero como verdaderos esclavos.


¡Vacía está la presa! ¡No! No puedo estar vacío como la presa, no debo estarlo. No quiero ser una maquina sin contenido. Me doy cuenta que mirando a mi alrededor es todo belleza, desde el pequeño mirto que vuela de rama en rama en bandada parlante y alegre, al enorme pinar que me rodea. Hay vida a mí alrededor, y si la aprecio, no puedo estar seco. Ahí te quedas angustia. Ahí te quedas angustia, que yo me pongo de nuevo en marcha, hay demasiada belleza a mi alrededor como para despreciarla. Retomaré el camino del estoicismo y de la vida.


Espero que las lluvias llenen la presa y limpien el fango.
--o0o--



Sed felices, ya veis que lo demás casi no importa.

Antonio