miércoles, 2 de noviembre de 2016

Cuando el cielo pinta.




He salido a dar un paseo y me llevo las maquinas.
Según salgo por el portal noto una curiosa luz en el ambiente y, como el que sabe que va a llover, me doy cuenta de que el cielo quiere representar hoy una increíble escena.


Me adentro solo en la parcela de siempre; solo pero con el recuerdo puesto en ti.
Observo como poco a poco el astro rey va derecho hacia el lecho, cansado después de tantas energías consumidas.
La luna lo observa escondida en un velo transparente de nubes altas.
El sol ha desaparecido. El aire se vuelve fresco. El cielo comienza a apagarse.
Me acuerdo de ti y me gustaría tenerte al lado. No puede ser,
El cielo comienza a dibujar y su paleta de colores es infinita.
Mis sentimientos son de gozo mezclado con angustia y con pena.
Comienzan a hacer una tras otras las fotos
Comienza a hacerse de noche.
Otra vez solo.
--o0o--
Hasta aquí el escrito. Ahora una a una cada foto de esta tarde por riguroso orden,
















































Sed felices

Antonio

Flores con poesía CCLXXXIV. Frente al vivir, soledad (Soneto)

Nace nuestro poeta en una familia acomodada de Granada en mil novecientos diez.
En su ciudad natal, Luis Rosales Camacho, pasa toda su niñez y juventud, estudiando en su universidad Derecho así como Filosofía y Letras.


Pronto se interesa por la poesía  y acude a las reuniones que se celebran en El Rinconcillo, donde comparte pasión y amistad con poetas como Lorca, Amigo, Gómez Arboleya y otros.
Los dos primeros murieron tragicamente en bandos distintos y es por ello que Luis Rosales Camacho, en plena Guerra Civil escribe La Voz de los Muertos. En su casa granadina se había refugiado Lorca que fue sacado por los falangistas y Amigo, que era catedrático en Ronda, fue tirado desde el viaducto que cruza el Tajo rondeño por los milicianos.
En Madrid, ya después de la guerra sigue escribiendo poesía y alcanza grandes premios literarios y entra en la Real Academia Española como miembro de pleno derecho en mil novecientos sesenta y dos.
Recibe el Cervantes en mil novecientos ochenta y dos.
Escritor en numerosas revistas de poesía, grandes publicaciones diarias y especializadas, gran orador y conferenciante.
Murió en Madrid en mil novecientos noventa y dos.
Se puede decir de Rosales que es inicialmente un clásico seguidor de Garcilaso para terminar en un modernismo surrealista.


Su poesía es intimista, espiritual, amorosa y recordatoria inicialmente, de hondo calado garcilasista, para pasar poco a poco a acercarse  la poesía surrealista, concreta y falta de adjetivos.
Os dejo un soneto titulado: Frente al vivir, soledad.

SONETO

¿No eres mi gozo tú? Ya está vencida
mi soledad de incienso en el acanto,
la soledad viril donde levanto
la esperanza de ser frente a la vida.


¿No era eterno el amor? Ya está perdida
la guirnalda de nieve del encanto;
silencio tiene el mar que amaste tanto,
silencio el corazón que no te olvida.


¿No era tiempo el dolor? Ya el viento ordena
la espuma de tu leve arquitectura,
ya el cielo se detiene en tu hermosura;


recordarte es vivir, ¡ay!, siempre ajena
soledad de varón henchida y plena,
¿no es más alta tu voz, no es más oscura?
--o0o--


Sed felices.

Antonio 

lunes, 31 de octubre de 2016

Otoño: cinco visiones distintas, cinco comentarios.

1.- PAISAJE ACUÁTICO.

Contemplo en silencio el agua. Una paleta de colores  la tiñe y solo una brisa de aire en medio del pantano consigue limpiarla.
Los árboles junto a la orilla son los pintores.
Cansados, ya desde la primavera, quieren comenzar de nuevo el largo sueño.


Sus hojas perezosas, se niegan a caer y se resisten mientras una sola gota de alimento quede en ellas para salvaguardarlo.
Reflejos mañaneros en mi soledad de paseante solitario y reflexiones en silencio.
Pienso lo solitaria que se encontrará la gaviota en medio del pantano sola, tan sola como yo que estoy en la orilla.
He elegido la costa a la que no se acerca prácticamente nadie. Enfrente niños, perros y mayores disfrutan de un maravilloso día. Están acompañados; yo estoy solo, en una soledad en el fondo deseada y a la vez odiada.
Tu,  si tu, podrías estar conmigo, acompañándome en mi silencio, ayudándome a pensar, a meditar, sin que un reflejo me despiste, sin que un árbol amarillo me distraiga. Claro que si es la belleza lo que me distrae, no me acompañes a meditar, acompáñame a vivir.
Le doy la espalda al agua y a su paleta de colores.
Subo la pequeña cuesta y salgo a la carretera que me lleva de nuevo a la prisión diaria.

2.- EL HILO DE SEDA MISTERIOSO.

Colgaba la ramita con sus hojas ya amarillas de una tenue y liviana seda, que algún gusano había estado usando para descender desde lo alto del árbol  a la tierra donde enterrarse para vivir.


En cambio la rama se agarraba desesperada a la seda para seguir flotando en el aire como el resto de sus hermanas y vivir al compás de los vientos, dejándose llevar por las estaciones y no morir.
Que crueldad en el ser y en el morir, el gusano intentando enterrarse y la rama intentando que no la entierren.
Paradoja de los ciclos en que toda naturaleza en contacto permanente y conviviendo con las dos etapas: la vida y la muerte,y por supuesto el hombre forma parte de ella.

3.- TRANSFERENCIA DE ENERGÍA.

Me llama la atención los tres colores en el extremo de la rama.
Ya está preparando para la primavera siguiente el árbol sus yemas dando la sensación que son pequeños dedos que quieran coger esas hojas que están dándole las pocas energías que aún quedan en ellas para que pase el invierno.


Parecen tres estadios en la vida de una hoja. La verde comienza a dar sus reservas; la amarilla lo ha dado todo y la más oscura a parte de darlo todo a muerto agarrada a su rama como si se negara a desprenderse del cuerpo al que ha estado sirviendo entre siete y nueve meses.
Durante la vida activa de las hojas se produce en ellas la fotosíntesis. Ahora, cuando las condiciones climáticas pueden cambiar y el sol cada vez está más bajo en el horizonte,  se invierte el proceso y en agradecimiento a esos meses la hoja, llegado su fin, le cede al árbol la energía que le queda.
Y la poca que pueda quedar cuando caigan al suelo se convertirá en un magnifico sustrato que alimentara al bosque tanto vegetal como animal.
Hay una pregunta que me viene a la cabeza desde que vi las tres hojas: ¿Cuál será en este momento mi color? Sé que el oscuro no puede ser porque estoy vivo, pero ¿y los otros? Quizá este mas cerca del amarillo que del verde… ¡Quién sabe!

4.- MIRANDO AL CIELO.

Levanto mi vista por encima de álamos y chopos, que pueblan la ribera del embalse, y distingo un árbol que mira largamente hacia el cielo. Delgado y alto, sus ramas cubiertas de bello amarillo, parecen implorar algo al cielo.


No sé que le estará demandando; a lo mejor agua o nubes que le quiten estos calores tardíos que le hacen más penoso acostarse. A lo mejor está dando gracias o rogando paraqué los vientos fríos y tempestuosos del invierno no le rompan sus ramas.
Parece querer recoger con sus ramas al cielo, agarrarse a él como si de su mentor se tratase.
Cuanto me gustaría saber a mí levantar los brazos al cielo para implorar, para creer. Majestuoso universo el que nos rodea, que el hombre ha pensado que ha sido creado para él. Que mayúscula equivocación, que terrible ironía pensar que, algo tan perfecto y a la vez tan caótico, sea únicamente para que elevemos nuestros ojos al cielo en las noches claras y disfrutemos de él.
Que terrible  pasar de ver las estrellas a sucumbir por los restos bajo una tierra fría y húmeda, transformándote de nuevo en esa energía que ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Qué pena que para transformarnos haya que morir.
Levanto por las noches mis ojos al cielo porque me gustaría ser eterno y mis brazos de elevan en una plegaria sin sentido, sin respuesta posible, pues tenemos un principio y un fin…Quizá muchos principios y muchos fines, pero en cada uno queremos permanecer en el presente.
Tendría que practicar mas y alzar a menudo mis brazos al cielo suplicando, pues mis ojos siempre lo están contemplando, y así a lo mejor entendería mejor una creación que fue a su imagen y semejanza, desarticulada por una mísera manzana y una relación de amor.

5.- ME GUSTARÍA PERDERME ¿y A TI?

Hay un pequeño valle por donde discurre el antiguo cauce de un arroyo, hoy cegado por el muro de la presa, no podía ser de otra manera, y es allí donde los arboles resisten en silencio y crean un maravilloso mundo de soledad al que nadie acude.
Una alfombra de hojas de infinitos colores cubre sus suelos y me hacen pensar de nuevo en la soledad. Si  con, en y la Soledad.
Hay un extraño silencio solo roto por el ladrido lejano de una jauria.


Paseo tranquilamente. Me gustaría perderme entre el follaje inmenso que crea una penumbra desconcertante en un día maravillosamente luminoso.
Pero estoy solo, absolutamente solo.  Ni siquiera un latido de alguien a mi lado me acompaña. Mi sino es pasear en soledad, solo acompañado por el cliquear de las maquinas de fotografiar, los cantos de las aves cuando las hay y el susurro del viento entre las ramas.
Por eso, Soledad, tuve que inventarte. Y te he hecho tan real que a veces pienso que estas a mi lado y me gustaría perderme contigo. o acaso ¿no te he inventado? ¿Estás ahí? Me acompañas, pero permaneces muda a mi lado; me escuchas, pero no me respondes. Te beso y solo colocas tu mejilla… ¿Seré un Quijote? ¿Dónde está la realidad y la ficción en el bosque? ¿Por qué te veo? ¿Me estaré volviendo un viejo cariñoso y enamoradizo? y a ti, Soledad, ¿te gustaría perderte conmigo?
Salgo del bosquecillo y arribo de nuevo a la carretera y me doy cuenta que no has querido escaparte conmigo, estoy de nuevo solo.
Estoy deseando volver a verte...


                                                    Guadarrama, 31 octubre de 2016

viernes, 28 de octubre de 2016

El arroyo de La Peñota. Historia y geografía de España

Tenemos un país maravilloso donde podemos encontrar paisajes fantásticos e historias maravillosas que trascurrieron por cada uno de sus lugares.


Hoy le toca el turno a un pequeño arroyo que lleva el nombre de la montaña que le da sus aguas y  nace a sus pies: arroyo de la Peñota.
Situado entre Los Molinos y su cementerio, al oeste, este pequeño arroyo discurre por una zona de planicie con suave pendiente hacia el Guadarrama que discurre a unos centenares de metros desde donde se han hecho las fotos.


Prácticamente seco durante la mayor parte del año, corre en épocas invernales y en el deshielo, inundado entonces los prados y haciendo que sean ideales para el pasto.


Tiene una longitud aproximada de unos seis o siete kilómetros antes de verter sus aguas en el Guadarrama un poco mas debajo de donde nos encontramos.


El martes pasado estaba aun seco a pesar de las cuantiosas lluvias caídas durante los últimos cinco días. Ya correrá.


Podemos considerar la zona como importante en la red de comunicaciones de todos los tiempos.
Por aquí discurría la vía romana que unía Titulcia con Segovia, un camino importante hacia el norte de la Hispania romana, concretamente hacia León y las tierras de los astur leoneses.


Es interesante lo complejas que eran las vías romanas en España.
Kilómetros y kilómetros empedrados que unían estratégicamente las capitales administrativas y permitían un comercio rápido y a la vez la posibilidad de desplazar legiones enteras rápidamente de un lugar a otro de la península.


Fijaros en el plano adjunto que os he colocado, que he sacado de la red. Cubrían prácticamente la península.
Otro día hablaremos extensamente de estas carreteras romanas y de cómo se construían.


También fue zona de paso para las rafias árabes cuando marchaban hacia los reinos cristianos, si bien estos preferían el paso de lo que conocemos hoy como del Arcipreste de Hita muy cerca del alto del León.
La República construyo una carretera que aprovechando en parte la calzada romana discurría por el valle de La Fuenfría y serpenteando pasaba bajo las laderas de Siete Picos para acabar de subir en el puerto de la Fuenfría y descender ya hacia Segovia.


Como todas las tierras altas de las estribaciones del Sistema Central, sus suelos son relativamente pobres debido al afloramiento de masas graníticas muy cerca de la superficie o en esta, pero producen buenos pastos.


Es una zona de encuentro entre la dos mesetas y sus pasos y por lo tanto estratégica.


Durante la Guerra Civil Española toda la zona fue centro permanente de combates,  pues los nacionales estaban en el Alto del León y los republicanos en las zonas de la Peñota y Fuenfría amenazaban Segovia, llegando a crear una gran incursión hacia esta por La Granja.


Pero volviendo a nuestro tiempo, estas praderas y sus caminos  son  un lugar ideal para pasear sobre todo fuera de verano. Incluso en invierno, en días sin aire y soleados; el paisaje en la que están enmarcadas es impresionantemente bello y sereno. Se pueden hacer excursiones a caballo en bicicleta o simplemente andando. Eso si, ir provistos de agua pues las fuentes son escasas.


Otro tema interesante de la zona es su fauna. Grandes aves como las águilas o los buitres son visibles muy a menudo y un sinfín de aves mas, como las cigüeñas que en las épocas de prados húmedos se ven por todas partes.
Corzos y zorros pueden llegar a verse y como no ganaderías bravas y de carne.


En el mundo de los insectos un montón de ellos, pero son cosas para hablar en otra ocasión.
Desde  estas planicies se divisa todo el arco que produce la Sierra del Guadarrama desde Abantos hasta la Maliciosa.


Animaros y pasearos un poco por ahí, naturaleza a tope.
Nada mas por hoy. Sed felices

Antonio 

lunes, 24 de octubre de 2016

¡Que bien te pusieron el nombre! Soledad.

¿Por qué los días de lluvia invitan a los recuerdos ingratos y a ratos sombríos?
Los malos ratos dejan huellas en el cuerpo y en alma que se quedan ahí, como registro inmortal hasta el fin de tus días. Dejan estos tic nerviosos, sensaciones extrañas que antes no sentías y sueños que te despiertan en mitad de la noche, sudando, asustado para luego volver a caer en un sueño intranquilo.



Nos complicamos a veces la existencia valorando demasiado lo que consideramos deberes u obligaciones a llevar en secreto, sin compartirlas, sufriendo por lo que no se debe sufrir, y soportando sobre el peso de tus hombros las ausencias de otros.
Y encima la soledad de no tenerte, Soledad, sin poder comunicar contigo, sin poder contarte penas y alegrías. Me encantaría poder abrazarte y sentir el calor de tu cuerpo para que el mío reaccionase y mi corazón frÍo volviese a funcionar.


Llorar sobre tus hombros para consolar el tiempo perdido de un alma que poco a poco va siendo vencida por el tiempo. Las ilusiones de la juventud van perdiéndose al encontrarte con muros infranqueables que el tiempo no te ha enseñado a escalar o que tú, no has querido aprender a hacerlo.
Si por lo menos sintiera tu caricia, Soledad, el roce de tu mejilla en la mía y el cruce de una mirada, por lo menos podría ver la luz de una forma más clara, más diáfana, sin sombras malignas que la enturbiaran. Y es que el alma como la luz, si se apaga, se muere.
Transcurren los ratos ociosos, con miedo a sacar a relucir intimidades interiores que a nadie le importan. Las teclas del ordenador me parecen adoquines de un pavimento inerte y en cambio sé que es una especie de autopista para expresar mis sentimientos. Pero hoy no son alegres.


El día lluvioso y cerrado da tonos grises al ambiente, un ambiente que desde la ventana se ve quieto, parado, como si la gente tuviese miedo a pasear bajo esas gotas finas que manda el cielo. Gotas que van cubriendo poco a poco todo y convirtiendo la calle en un pequeño rÍo que se lleva con el mis pobres formas de trasmitir mis sentimientos.
¡Ay! Soledad que bien te pusieron el nombre. Allí sentada en un rincón sin dejar que nada ni nadie rompa la monotonía de los días, dejando escapar la vida en silencio constante, dejando pasar un beso, una caricia, que ya no volverán. ¡Qué bien te pusieron el nombre, Soledad!
Y la música de Smetana, mi Patria, suena en este momento acompañando al día. El arroyo corre delante de mí entre los bordillos de la calle. Pero a diferencia del Moldava, este río va sucio, impregnado de grasas, aceites y restos de neumáticos. Aquí no vuelan las garzas, ni siquiera las efímeras se atreven a aparecer.


Está triste el día y yo me reflejo en él. Silencio solo roto por la música del río que va poco a poco llegando a la llanura. Mis sentimientos vuelan de un estado desesperado, Soledad, a momentos de dulzura viendo caer las gotas en el cristal al compás de una deliciosa composición. Pero solo, Soledad, como tú en tu en tu aislamiento. ¡Qué bien te pusieron el nombre!


Me estoy imponiendo escribir. El teclado sigue duro y mis dedos rígidos. Pero por lo menos el tiempo va pasando y con él las pesadillas y preocupaciones del diario quehacer. Mi soledad es culpa exclusivamente mía, Soledad, pero podrías venir a sentarte a mi lado y animarme. Claro que entonces tu nombre sería otro, Alegría, y no sé si estas dispuesta a cambiarlo. Incluso no sé si cambiarte el nombre serviría de algo.
Quizá debería de pensar, Soledad, en esos maravillosos días que se visten de gala al atardecer regalándonos esas maravillosas puestas de sol que incitan a la alegría. Quizás, Soledad, debería volcarme en aquellos recuerdos y no en estas pesadillas que, en este día lluvioso y gris, me acompañan más.


Me gustaría pedirte que me acurrucases entre tus brazos; me encantaría entrelazar nuestras manos, Soledad, y charlar animadamente contándonos nuestras penas y poniéndoles unas burbujas para convertirlas en risas. Como cambian los pensamientos recordando una puesta de sol… Pero hoy el día sigue gris. Esperemos que mañana luzca el sol.

Sí, quiero que mañana salga el sol y pueda ver su puesta maravillosa y que mi alma, Soledad, vuelva a su ser. Si quiero el sol y sentirte, Soledad, notarte junto a mí en el ocaso. Realmente quiero belleza a mí alrededor y en ella estás tú…….




Si, definitivamente quiero pensar en esa puesta de sol.

                                                         Villanueva del Pardillo, 24 octubre 2016