lunes, 23 de diciembre de 2013

FLORES CON POESIA CXLVIII.- Muy apropiada para Navidad, ya vereis.

Nuestro poeta de hoy, (es la segunda vez que aparece en este apartado), nació en Granada en el año mil novecientos veinticuatro y se educo en los Jesuitas. Desde muy joven comenzó a colaborar en revistas literarias y la primera de ellas fue Vientos del Sur.
 
 
 
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En mil novecientos cuarenta y tres gana el Premio Nacional de Teatro, que le abre las puertas y acelera su éxito en el mundo de las letras.
Pero Manuel Benítez Carrasco, es fundamentalmente poeta y sobre todo poeta recitador.
Marcha a Madrid en mil novecientos cuarenta y cuatro y aunque consigue grandes éxitos con sus recitales de poesía, no consigue conectar con el público madrileño por lo que decide su aventura americana donde consigue desde mil novecientos cincuenta y cinco un éxito arrollador en Cuba y México, país este último donde vivirá hasta los años setenta casi de continuo.
Años más tarde regresa a Granada definitivamente y en su ciudad natal morirá en mil novecientos noventa y nueve.
Manuel Benítez Carrasco es uno de los poetas contemporáneos más interesantes y su neopopulismo es propio, cálido, con enormes matices de expresión y sonido.
 
 
 
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De entre sus obras Como Dios manda, De estrellas eran los geranios…, El perro cojo etc. etc. con un largo listado posible, he elegido este poema para el día de Navidad, titulado Letrillas de Maria y José esperando el Nacimiento.
Como veréis hoy, por respeto y significado del poema he intentado que todas las flores fuesen blancas.
 
 
Letrillas de María y José esperando el nacimiento
 
 
 
-¿Te acuerdas de Nazaret
y de aquella tarde, tarde…?
                                      -Si que me acuerdo, José.
 

-Estaba yo en el taller,
¿te acuerdas?, y vino un aire…
                                     -Si que me acuerdo, José.
 
 
-Vino el aire sin saber
por donde. ¡Que aire tan suave!
                             -¡Ay, que aire tan dulce aquel!
 
 
 
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-Y aquel aire se me fue,
se me fue porque era un ángel
                                   -Si que me acuerdo, José.
 
 
-Y el ángel se me fue,
llego hasta ti con el aire. 
                                                        -Si que me acuerdo, José
-Cuando vine del taller,
¿te acuerdas?, por ocultarte,
callaste como un clavel
lo que te había dicho el ángel.
                                   -Si que me acuerdo, José.
 
 
 
 
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-Pero al volver al taller,
no sé si fue aquello el aire
o el ángel, no se quien fue,
me contaron lo del ángel,
y bien que me enteré
                                 -Si que me acuerdo, José
 
 
-¡Que pronto se me hizo tarde!
Y después, después, después…
        - Calla un momento, José;
           dile al viento que se calle,
      que acaba de llegar El.
 
 
 
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-¿El que te predijo el ángel
en aquella tarde, tarde
tan suave de Nazaret?...
                   - ¡Calla! ¡Que aquella tarde,
                      con la dicha de esta noche,
                   ya no me acuerdo, José!
 
 
(Cuando el ángel se marchó)
El rastro del ángel después de la Anunciación
 
 
Temblor de plumas plegadas
en señal de adoración.
¡Que olor a gloria quemada
dentro de la habitación!
 
 
 
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Por la puerta…                                               
                                      ¡Aire que salgo!
¿Quién salió…?, ¿Quién saldría…?
 
Salió tan solo un rumor
de plumas recién abiertas,
pero en la puerta quedó
un musgo de Ave María
y un resol de Anunciación.
 
 
El rosal…          
                                         ¡Aire, que paso!
¿Quién paso…? ¿Quién pasaría…,
tan sin pies y tan de raso,
para que todo el rosal
se empinara…?
                                        ¡Aire, que paso!
 
 
 
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¡Y que murmullo de alas
movio las rosas al paso!
En la fuente…
                                         ¡Aire, que salto!
 
¿Quién saltó,                    
que, estando el agua serena,
de pronto se estremeció?
 
Sobre el agua saltó el dulce
ángel de la Anunciación,
                                                  y a su viento,
 
el cristal cuajó
de espumas su encantamiento.
Pero no.
No fue el agua que, al temblar,
frunció nevadas espumas.
Fue que, al ángel, al saltar,
se le mojaron las plumas.
 
 
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Por la pradera…
                                                ¡Aire, que vuelo!
Un rumor de alas tendidas
por la pradera se fue.
Cada flor, nube pequeña
para el apoyo del pie.
                                                ¡Aire, que vuelo!
para el apoyo del ala.
                                                 ¡Aire, que vuelo!
 
 
Y en la lejanía…
                                             ¡Aire, que subo!
la palmera se movió…
la palmera se movía
como diciéndole adiós.
 
Todo Nazaret quedó
transido de Ave Maria
y blanco de Anunciación.
--o0o--
 
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Espero que os haya gustado.
Sed felices.
Antonio

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