jueves, 11 de junio de 2015

AZAR= LUGAR + TIEMPO + INSTRUMENTO = PREMIO

Soy de la opinión que mucho (o todo) de lo que sucede a nuestro alrededor está ligado al azar. Y el azar no es otra cosa, desde mi punto de vista, que estar en el lugar indicado (a) en el momento preciso (b) y con los materiales y equipos necesarios junto a ti.(c) Por supuesto para que el azar sea completo debe tener una compensación, un premio. (d)
Y eso fue un poco lo que sucedió ayer mientras me vestía después de una ducha reconfortante tras una caminata de casi seis kilómetros por las tierras del curso medio del Guadarrama.
Estaba poniéndome los pantalones, cuando tras las cortinas de la ventana vi que se movía algo, lo suficientemente grande como para llamar mi atención. (a)
Si no hubiéramos retrasado el paseo matinal por culpa del mal tiempo no estaría duchándome minutos antes de comer, ni vistiéndome a continuación en el dormitorio con las ventanas abiertas. Primer punto del azar resuelto.
Mis ojos alentaron al resto de los sentidos y de un salto me acerque a la ventana y vi como una preciosa libélula estaba haciendo todo lo posible para convertir la fachada de nuestro edificio en un posadero-comedero estupendo para zamparse su comida.
Por lo tanto estar en el dormitorio a esa hora era estar en el momento oportuno y se cumplía así la segunda aseveración (b)
Descalzo, salí corriendo hasta mi despachito, cogí la maquina que tenía el macro colocado y rezando para que la libélula no se hubiera terminado su comida me acerque a la ventana. Encendí mi Nikon y me dispuse como otras veces a fotografiar a un insecto que no estaba más allá de 30 cms. Se daba la circunstancia (c), tenía el equipo necesario para fotografiar.
Claro que si pasaba alguien por la calle se hubiese extrañado al ver salir por la ventana a un individuo medio vestido, torso desnudo, con una máquina de fotos fotografiando al infinito, pero la realidad es que el azar me había puesto ahí el premio (d).
Con el os dejo.
Se trata de una libélula preciosa, grande, comiéndose a lo que creo que era una abeja melífera. El azar en este caso fue negativo para la abeja, que no estaba en el sitio indicado en el tiempo preciso; en cambio la libélula si cumplía todos los requisitos: lugar, tiempo, instrumentos (su mandíbulas y la pared) y por supuesto el premio.

AZAR= LUGAR + TIEMPO + INSTRUMENTO = PREMIO

 
  
¿Por que se posa esa libelula en la fachada del edificio?

  
 Ha encontrado un lugar caliente y seco para comer



 Se esta comiendo con verdadero apetito a una abeja



 Has pasado solo unos dos minutos y cada vez se ve monos abeja



 Con cuatro de sus patas se agarra a las llagas del ladrillo. Con las otras dos sostiene a su presa.



 El ala, practicamente transparente, se interpone entre el ojo de la libélula y el mio.



 Me llaman a comer a mi también. Buen provecho amiga. Gracias por tu confianza.
 

Nada más por ahora.
Sed felices.
Antonio

lunes, 8 de junio de 2015

Buscando la belleza en la Naturaleza a través de mis objetivos: insectos

El otro día, estando en el campo en busca de insectos, me preguntaba por qué fotografiaba los animales y las plantas, si mi profesión es otra y mis conocimientos sobre ellos son ínfimos.
Me di cuenta que realmente lo que buscaba era la belleza. Una belleza sencilla que la Naturaleza nos ha puesto, en infinidad de formas y colores distintos, delante de nosotros, para que la admiremos y la cuidemos.
Recuerdo la primera vez que dispare a una araña y una mantis con una réflex rusa que se llamaba Zenit, allá por los diecisiete años, en los campos mediterráneos de la costa gerundense con los amigos de Playa de Aro.
Hoy el enfoque de las fotos es distinto. Han pasado casi cincuenta años desde entonces y miro las cosas de otra manera. Ya no importa tanto la perfección de la foto como trasmitir el sentimiento que acarrea. Descubrir en espacios enormes pequeños detalles que alegran el espíritu, a través de los sentidos, es un placer que se va consiguiendo con los años, que se va aprendiendo con el tiempo; es como entrar en un museo al aire libre e ir aprendiendo todos los días distintos puntos de vista para enfocar correctamente las obras de arte de la Naturaleza.
Las fotos de hoy, quizás sea excesivamente presuntuoso, solo buscan trasmitir de alguna forma esa belleza que a mí me llena.
Lo he dicho por activa y por pasiva, no soy un experto en “bichitos” ni quiero serlo. A mi edad lo que realmente me importa es el sentimiento de vida que hay en cada uno de ellos, ya sean animales o plantas, y habiendo vida, seguro que la belleza esta cerca de nosotros.
No se si he titulado bien esta entrada, pero realmente cuando fotografío a través del objetivo estoy viendo la foto final, porque en la Naturaleza no hace falta cambiar nada, está ahí, el cuadro se termino de pintar hace mucho, muchísimo tiempo.
Espero que os gusten.
 

Una mezcla de pequeñas hierbas con gramíneas salvajes nos dan la entrada a las fotos de hoy. En estos paisajes es donde hemos fotografiado hoy


Una mariquita parece otear, desde los alto de una vieja santolina, donde dirigir su próximo vuelo.


Un escarabajo de la familia Carambycidae como tranquilamente en la placidez de un entorno de manzanillas.


Una mariposa, de las mas espectaculares y bellas por sus colores, descansa sobre una flor de santolina. Es una Zygaena.


La belleza sencilla de la flor de la alfalfa asilvestrada.


Una mariquita de siete puntos parece estar preparándose el lecho para pasar la noche.


Complejas formaciones para una sola flor. Simetría perfecta. Sencillez.


Seguramente no hubiese visto a  Heliothea discoidaria, si hubiese ido caminando viendo el paisaje, perfectamente camuflada encima de una flor de santolina. 


Una mantis Ameles se confunde con los tallos de una margarita silvestre. Un milagro fue verla.


La belleza de las mariposas nocturnas es espectacular. Camuflaje perfecto para de día pasar desapercibidas.


Como un tramo mas de la planta, esta mariposa se posa para libar en las flores.
Creo que es una buena foto para terminar.

 
La belleza esta a nuestro alrededor. Solo tenemos que mirar y dejarnos llevar por ella. Y os aseguro que tiene muchas formas distintas de presentarse.
Sed Felices.
Antonio

viernes, 5 de junio de 2015

FLORES CON POESIA CCXLIII.- Vida y muerte

Nuestro poeta, nace en la ciudad de Granada en mil ochocientos sesenta y cinco.
De familia de clase media se educo en esta ciudad, donde sufriría una grave lesión que estuvo a punto de costarle una pierna.
Inteligente, Ángel Ganivet en diez años consiguió realizar los estudios de Bachillerato y las carreras de Filosofía y Letras y Derecho.

Premio al mejor rosal cubre suelos

Amigo de Unamuno, Ángel Ganivet está entre un romanticismo diluido y un modernismo incipiente, considerándosele un precursor de la generación del 98. Muchos consideran que debería estar tenido dentro de dicha generación.
Abogado, bibliotecario del Estado y político, vivió en Madrid y posteriormente en distintos países de Europa por su cargo consular.
Su matrimonio, que nunca lo fue, no funciono y su compañera lo abandono.
Estando en Riga de agregado, enfermo de sífilis. Ello, el abandono de su mujer y la pérdida de las Colonias le llevaron a tal estado de postración que se suicido, tirándose desde un barco al rio Dvina en la ciudad de Riga el año mil ochocientos noventa y ocho.

Ville de Caen

Ganivet fue un poeta esporádico. Escribió muy poca poesía. El era fundamentalmente un filósofo, dolido que el estado de postración del estado español y su desmembramiento,
Os he elegido un poema titulado Vida y muerte, que espero que os guste.

VIDA Y MUERTE

Vida y muerte sueños son,
y todo el mundo sueña…
sueño es la vida del hombre,
sueño es la muerte en la tierra.

Silver Jubilee

En esos ojos cerrados
quedó grabada una idea:
“Más que ver lo que ve el hombre
vale más estar ciego en la tierra”

Meidekönigin

En esos rígidos labios
quedo una palabra yerta:
“Más que hablar lo que habla el hombre
vale estar mudo en la tierra”

Denise Grey

Si vida y muerte son sueños…
si todo el mundo sueña…
¡Yo doy mi vida de hombre
por soñar muerto en la tierra!
--o0o--

 Le rouge et le noire

Nada más por hoy. Espero que sigáis soñando siempre en la vida.
Sed felices.
Antonio

Buscando Empusas, me topé con una mantis Ameles.

He subido a la zona de la presa de La Jarosa, en Guadarrama, debajo justo de Cuelgamuros, donde está situada la cruz del Valle de los Caídos, en busca de la Empusa pennata, pero la búsqueda a resultado en ese aspecto negativa.


La verdad es que el campo a estas alturas de la primavera, húmedo aun, esta precioso.
Las plantas crecen por doquier y todas las especies serranas se afanan por asentar sus reales y que otras plantas no las dominen. Gramíneas, santolinas, manzanillas, zarzas y rosales silvestres, los árboles de ribera y de secano esplendidos, todo en fin un maravilloso paisaje para alegrar nuestra vista y la de nuestros amigos de seis patas y algún ala: los insectos.


He recorrido una a una las distintas zonas donde la Empusa pennata tiene la costumbre de presentarse todos los años y me he dado cuenta que sus alimentos, arañas, chinches, saltamontes etc. estaban presentes en las santolinas que he ido mirando una a una. Pero nada de nada. Me pregunto si serán demasiado pequeñas para verse, o si aun estarán en las partes bajas de las plantas dispuestas a devorar todo bicho que se ponga a su alcance.


Las jaras están preciosas aun en estas alturas de 1200 msnm. Sus flores, pequeños soles, albergan gran cantidad de polen que los insectos y arácnidos aprovechan para comer unos y camuflarse otros.


Fijaros en esta pequeña araña Napoleón que muestra ufana la figura del sombrero francés de la época napoleónica, un bicornio, perfectamente reflejado en abdomen. Está en una flor de jara esperando a su presa tranquilamente y la he visto, observándola un buen rato, que a insectos del tamaño de las abejas melíferas no les dice absolutamente nada.


Por debajo del mar de jaras un mundo de distintas plantas dan cobijo a diferentes insectos, como si de un fondo submarino se tratase. Campánulas preciosas comparten su hábitat con flores de alfalfa asilvestrada y pequeños islotes de santolinas que rellenan el paisaje.




Unos caballitos del diablo cierran el circulo reproductivo enlazando sus cuerpos de forma extraña y dando a la copula la forma de un corazón. Y están amarrados a una planta que saca sus tallos asemejando orugas de cualquier lepidóptero.


Y, cómo no, no pueden faltar los saltamontes que, como si fuesen camaleones, tiñen sus cuerpos del color del ambiente que les rodea. Fijaros en el pequeño aquí mostrado. Lo vi porque se movió, sino hubiera pasado totalmente desapercibido.


Todas las plantas están cargadas de flores; en todas ellas insectos de todos los tipos se alimentan y polinizan, pero quizás en esta época destaca a parte de himenópteros y lepidópteros, los coleópteros en muchísimas de sus especies.


Este Hadrodemus noualhieri con su vistosa V amarilla sobre su dorso reposa sobre la flor de una santolina, lugar ideal para ser cazado o bien por una Empusa o por un arácnido.


Otros coleópteros están dentro de de flores más grandes e incluso un Heteróptero, una chinche roja asesina, Rhinocoris iracundos pacientemente espera sobre la flor de una jara.


De repente sobre una mata que parece seca, un chinche está colocando su puesta. Lo hará en pequeños grupos de huevos para tener mayores posibilidades de que la prole salga adelante.
Sigo mi camino sin haber encontrado una Empusa pennata. Voy observando plantas de santolinas y otras acumulaciones de plantas bajas pero sigo sin ver nada. De las empusas ni rastro.


De repente, sobre la flor de una santolina un ente extraño, que más parece un gusano atacado por algo, me llama la atención. Me acerco. No distingo bien desde la altura, pero el instinto me dice que hay algo interesante. Le hago un par de fotos antes de que se mueva.


Es una mantis Ameles, una ninfa de apenas un centímetro y medio de tamaño.
Estoy emocionado.
Se baja al tallo de la hierba y comienza un dialogo de confianza entre ella y yo. Me observa. La observo. Poco a poco voy acercando más la cámara. Poco a poco ella va perdiendo el miedo y comienza su ascenso por el tallo. Estamos unos cinco minutos juntos.


Luego, la dejo tranquila para que suba de nueva a su flor a tomar el sol esperando a algún incauto que se aproxime a sus poderosas patas delanteras.
La mantis no ha aparecido, pero la ameles ha compensado el esfuerzo de la búsqueda. Ha valido la pena dejarse los ojos escudriñando cada centímetro de las bonitas hierbas que tenemos en la sierra.
Sed felices.
Antonio

lunes, 1 de junio de 2015

Una noche de silencio, Soledad.

En el silencio de la noche; cuando ese silencio se hace impenetrable, mi pensamiento discurre en tu busca y mis sentimientos aceleran el pulso, con solo imaginarte, Soledad.
Es un silencio perenne que sirve para meditar, un silencio que me transporta a tu figura, un silencio para recordarte facilmente mirándome, mirándote.


Como pasan los días, Soledad, raudos, increíblemente severos en su corta duración, vertiginosos como si de una carrera quisieran tratar a la vida que nos resta; dos vidas distantes, tu allí, en tu soledad, Soledad, y yo en la mía anhelándote a ti y solo escuchando el silencio impenetrable de esta noche.
El campo está cerca de la casa, pero ni siquiera el canto del grillo atraviesa la calle para acompañarme en estas horas de recogimiento. Silencio, silencio bravío, que lucha con un mundo en el que el ruido es el dueño y señor; silencio acogedor que me abraza. Silencio y susurro al pronunciar tu nombre, Soledad. Lo gritaría, chillaría y reiría si pudiera hacerlo, pero rompería entonces un secreto tan profundo, Soledad, que solamente tú sabrás interpretar y darle el justo valor que tiene.


Silencio y grito. Un grito apagado, que sale del interior del alma, ¡Soledad, Soledad!, pero que no consigue, o eso creo yo, llegar a la tuya y que tú me respondas con un grito similar. ¡Ay! Soledad, en tu desdicha te veo rodeada de un mundo en el que deberías ser reina y has sido destronada. Cuando se debería poner una alfombra para que tu nombre pasease por todos lugares y la gente y yo pudiésemos aclamar ¡Soledad, Soledad! En cambio, te veo caminar descalza por un suelo hiriente que se forma en tu propio interior, Soledad. Un camino que te han trazado y al que tú, ingenuamente quizás, te has dejado arrastrar, y en el que pisar hiere.


Yo, no puedo ofrecerte un camino con alfombras, Soledad; mi camino es quizás mucho más peligroso y dañino que el que vives tu hoy en día, pero ello no quita para que en mi pensamiento estés, Soledad, en el ultimo silencio de la noche y en el primero sonido del despertar.
Tecleo tu nombre, Soledad, y me asusta el ruido de mis dedos sobre cada una de tus letras. Intento acariciarlas como si te estuviera acariciando a ti, Soledad. S  O  L  E  D  A  D.
Que perfidia tiene tu nombre. Estoy ahora contigo en el silencio de mi despacho, Soledad, y en cambio no te tengo a mi lado para poder darte un sencillo beso, otro sencillo beso…
Mañana, cuando leas esta, si eres tú, Soledad, cuando la leas, descubrirás, sentirás, me añoraras y desearás. Si eres otra, dejaras pasar estas palabras, sonreirás…


Ahora, cuando mis cabellos cada día son mas blancos, puedo expresarte mis sentimientos tranquilamente, al fin y al cabo, Soledad, solo tú y yo sabemos quién eres ¿o no?

Buenas  noches, Soledad.

Los rosales silvestres.

Ayer anduve por algunos parajes de la zona de Guadarrama.

El campo está en ese momento fantástico, entre los rigores del invierno y del verano y aun, cuando ya empieza a amarillear, la lozanía de los verdes y los infinitos colores de las flores, lo hacen apetecible.

Siete Picos en el centro de la imagen. Los rosales en flor.

Desde la Jarosa, al fondo la fila de montañas que forman el Sistema Central en la Sierra del Guadarrama se presentan sublimes, azules, con Siete Picos justo detrás de unos álamos y unos rosales silvestres llenos de flores.


Típica colocacion de las rosas en un rosal silvestre.

  Cuando se pasea por nuestros campos y montes es posible encontrar dos especies que se parecen mucho, pero que son completamente distintas; os hablo de las zarzas y de los rosales silvestres.



Flores rosadas y con cinco pétalos.

Las primeras dan unos frutos redondeados, formados por multitud de drupas que se reúnen en una esfera que cambia de color a lo largo de su proceso de maduración, pasando desde el verde al negro oscuro.


Escaramujos de un rosal silvestre. No se parece en nada a una mora de la zarza,

Los rosales silvestres, tienen un fruto que se denomina escaramujo, si bien popularmente se denomina tapaculo, con una fuerte coraza externa y muy rico en vitamina C.


 Cuatro o cinco flores pueden nacer en el mismo ramillete, pero es más común una sola.


Extrañas flores con solo cuatro pétalos. Curioso.

Los rosales silvestres, rosales caninos, son unos arbustos de unos dos metros de altura que al igual que las zarzas se van extendiendo horizontalmente. Durante los meses de mayo a junio inundan el paisaje de colores blancos y sonrosados que destacan y contrastan con las especies arbustivas de su alrededor. 


Una sola flor, por norma general lo mas normal.

Las flores, de cinco pétalos, presentan colores que van del blanco al rosado intenso y pueden agruparse en tres o cuatro o bien aparecer solas y aisladas en el rosal.
Se denominan rosales caninos, por la forma que tienen sus espinas, muy parecidas a los colmillos de los perros.
En los rosales silvestres podemos encontrar una fauna que vive alrededor de ellos muy interesante que van desde las lagartijas a insectos y arácnidos que viven en ellos y de ellos.

 Uno de los habitantes en los rosales silvestres. En este caso un macho de Araniella.


Son multitud de escarabajos pequeños los que vivien en los rosales silvestres.

Arañas como la Araniella curcubitina, que toma los colores de la planta para pasar desapercibida, caza bajo sus hojas, moscas como las Asilidae esperan a sus presas tomando el sol etc.


Una flor no abierta aun del todo.

Los nombres que reciben los rosales silvestres cambian de un lugar a otro, pero destacamos entre ellos los siguientes: escambrujo, agavanzo, zarzaperruna, alcaracache, rosal de culebra, etc.


Nada más por hoy.
Sed felices

Antonio